Pobreza y exclusión

Que el discurso oficial va por un lado y la realidad, por otro, es, casi desde siempre, un lugar común. El primero es de sobra conocido. Hasta la náusea nos lo repiten en los medios oficiales y oficiosos. Veamos cuál es la segunda. Siete de cada diez hogares no perciben en absoluto la tan cacareada recuperación económica. Son precisamente aquellos que más sufrieron los efectos de la crisis. En otras palabras, a 7 de cada 10 españoles no le han llegado los efectos supuestamente positivos y beneficiosos del crecimiento económico. Y es que una cosa son las grandes cifras, la macroeconomía, y otra la vida cotidiana de las personas, con sus precariedades, con sus llegadas a duras penas a fin de mes, con sus salarios por los suelos …

Y esto, como pueden comprobar a poco que tengan interés, no lo dice alguien de la malvada oposición al partido gubernamental, que todo lo ve negativo y que cuanto peor, mejor, o como se diga la embarullada e incomprensible frasecita del ínclito presidente. No. Lo afirma, asegura y rubrica alguien que se supone que representa un argumento de autoridad para el Partido Popular (siempre que le bailen el agua, claro), una fundación de la iglesia católica, apostólica y romana. Se trata del informe anual sobre exclusión y desarrollo social en España de la Fundación FOESSA, de Cáritas.

Según ese informe, la mitad de las familias españolas se encuentran peor que antes de la crisis, aunque el empeoramiento ha sido más intenso para los hogares pobres (78%), hogares monoparentales o monomarentales (74%), aquellos cuya persona sustentadora principal se encuentra en paro (72%), y entre las familias numerosas en las que siete de cada diez tienen a día de hoy menos capacidad para afrontar situaciones adversas.

La capacidad para ahorrar y el ahorro acumulado -se dice literalmente en el informe- han empeorado para seis de cada diez hogares, mientras que cinco de cada diez hogares han visto como se hacía cada vez más difícil el llegar a fin de mes, el comprar cosas, el hacer frente a una reforma de la vivienda necesaria, o el poder tener una semana de vacaciones al año en un lugar diferente al de su domicilio. Por ejemplo, en números absolutos, en el caso de necesidad de reforma de vivienda más de 9,8 millones de hogares habrían empeorado en su posibilidad de realizarlo.

Por otro lado, cuatro de cada diez hogares han visto como empeoraba la estabilidad de sus ingresos económicos, su capacidad de acceder a necesidades de salud no cubiertas por el sistema público de salud, o su capacidad para pagar los refuerzos educativos de los hijos o los suministros del hogar. Más de 5 millones de personas habrían empeorado su capacidad de hacer frente a la compra de medicinas que necesitan.

Y esto es solo una minúscula parte extraída de ese informe de 66 páginas que describe la realidad tal cual es observada, sin apriorismos ni partidismos que supuestamente podrían enturbiarla. Para cuando desde el gobierno y sus voceros se hable de empleo, téngase en cuenta lo que se expresa en el informe: “Sabemos que el empleo es una herramienta fundamental en el proceso de integración social. Pero su debilidad, tanto cuantitativa como cualitativa, le está convirtiendo en una estrategia cada vez más relacionada con el sobrevivir y menos con el bienestar”.

El informe, seguramente, paradójicamente, pasará desapercibido para esa parte de la ciudadanía que, según el gobierno, vivía por encima de sus posibilidades, y que ha sido doblegada y disciplinada -por su propio bien, dirían los de arriba- para que las grandes cifras cuadren a la hora de ser presentadas en Bruselas, en el Banco Central europeo o en las instituciones y círculos de economía más conspicuos del neoliberalismo.

No será fácil que esas instancias, nacionales o supranacionales, bajen a la cruda realidad del día a día de millones de seres humanos. Sus torres de marfil están demasiado alejadas para que perciban lo que acontece por sus respectivas rúas. Como se escribe en el informe, “se hace imprescindible que aquellos y aquellas que trabajan en el diseño e implementación de políticas y estrategias dirigidas a la inserción social y laboral, partan de comprender cómo este nuevo capitalismo introduce elementos que vulnerabilizan a las personas vinculando la desigualdad con el aislamiento, gobernando a la ciudadanía a través de la precariedad, la incertidumbre y el miedo, condicionando y contractualizando el acceso a los derechos. Y esta comprensión obliga a rechazar el concepto de individualización, así como a revisar las estrategias que de este concepto se desprenden”. Y se añade lo siguiente:

“Tal y como proponen algunas voces, convertir a la economía en una herramienta de transformación social, una economía al servicio de las personas, introduciendo cambios en la producción y en el consumo, desde criterios éticos y de justicia social. Las personas vulnerabilizadas deben ser también partícipes de este tipo de economía, y así está ocurriendo, a través de diversas iniciativas de economía social y solidaria. La auto-organización y el trabajo colectivo, como formas de apoderarse de esos espacios de nuestra vida que hemos delegado, y que deben ser recuperadas”.

“Incorporar el empoderamiento en todos los ámbitos de intervención, entendido este como un proceso dinámico fruto del esfuerzo individual y colectivo, implica instaurar una nueva noción de poder, compartido, asentado en mecanismos de responsabilidad colectiva en la toma de decisiones, pero ante todo de toma de conciencia de derechos, en los que se identifiquen áreas de discriminación y subordinación. El empoderamiento tiene el poder de sacar del aislamiento, no solo a las personas vulnerabilizadas, sino también a los y las que trabajan en estos procesos de integración social: ¿qué respuestas dar cuando no hay recursos?: organizar, para la toma de conciencia y la defensa colectiva de los derechos”.

Carecer de argumentos y perder el púlpito

Al hilo de ver en el tuíter o en el youtube algunos vídeos, de esos que recogen algún que otro fragmento de tertulias kilométricas que, tengo la impresión, ve cada vez menos gente, estaba preparando un texto sobre la nula capacidad de argumentar de algunos periodistas que ejercen de tertulianos -o viceversa-, cuando tienen enfrente a alguien que sí utiliza razonamientos, explicaciones, datos y réplicas fundamentadas. Siempre tienen a mano un Venezuela, un Cuba, un Irán, un Y tú más, o cualquier otro significante que –ellos o ellas piensan- pueden ser arrojados a la jeta de su interlocutor/a para acallar su relato.

El caso es que nunca entran al trapo, se salen por peteneras, responden siempre ad hominem y reducen la charleta a la sucesión de una serie de latiguillos, que no por manidos resultan menos eficaces para una audiencia que practica el vicio del cuñadismo, esto es, el reduccionismo demagógico, sin fundamento alguno y sin atender a razones, de una conversación plagada de insultos, descalificaciones, lugares comunes y posverdades o mentiras repetidas hasta la náusea.

La pregunta que suelo hacerme es si en el periodismo de derechas hay o no gente razonable con la que se pueda dialogar, sin que necesariamente deba tener a mano la garrota dialéctica para zumbarte en la jeta cuando digas algo que no entre en los parámetros de su ideología. Me suelo responder que sí, que tiene que haberla, pero que los medios consumistas de opinión la descartan porque no es ese el espectáculo que da dinero en forma de publicidad. Simplificando mucho: un debate al estilo de La Clave, resultaría hoy impensable. Y, sin embargo, esa forma de dialogar es la única que, a mi parecer, podría contribuir a que el personal creciera, se cultivara y aprendiese un poquito a utilizar el coco para pensar y no sólo la boca para insultar.

Pues en esas estaba cuando he accedido, por casualidad, a una entrevista con Ignacio Sánchez-Cuenca, que recomiendo en su integridad. De este profesor de ciencia política, y de su libro, La desfachatez intelectual, ya he hecho algunas referencias en este blog. El tiempo continúa dándole la razón, por mal que nos pese. Entresaco algunas de las respuestas, sensatísimas a mi juicio, que da en la entrevista el profesor Sánchez-Cuenca:

Con relación a algunos intelectuales y prensa:

“Siguen pensando que tienen una posición de autoridad y de influencia sobre la sociedad, pero ya nadie más lo ve así más que ellos mismos. El contraste entre esa especie de sermón que lanzan a la ciudadanía y la reacción de la ciudadanía es casi cómica. Es así como del Quijote: siguen pensando que son muy influyentes o poderosos, pero no les hace caso nadie”.

Brecha generacional

“No pueden entender las críticas que se realizan contra nuestra economía y contra nuestra democracia. Fruto de esta incomprensión, de no entender por qué la gente se irrita o indigna, sale esta especie de recusación indiscriminada de la generación de sus nietos. Como ellos no entienden este tipo de indignación, la deslegitiman pensando que es un capricho. No han entendido que hay una quiebra generacional, en España y en otros países occidentales, y lo que hacen es recusar la protesta”.

La difusión en El País

“La demostración más definitiva de esto es la inutilidad de la campaña que ha hecho El País contra Pedro Sánchez, dirigida a los militantes socialistas, que en principio son sus compradores naturales. Y no lo han conseguido. Es una constatación bastante incuestionable de la pérdida de influencia. Ahora, eso no quiere decir que los que sigan opinando desde esas plataformas mediáticas no sigan siendo los de siempre o sea gente nueva que no se desvía demasiado de lo que ellos opinaban”.

Involución con respecto al apoyo de nacionalistas

“Zapatero era investido con los votos de Esquerra Republicana en 2008. Esquerra Republicana ya era independentista entonces. Pero aquello no se cuestionaba desde las filas de la izquierda, ni lo cuestionaban los intelectuales progresistas o de centro izquierda. Y eso que fue hace diez años, hoy esta posibilidad se ve como una especie de aberración política.

En España sigue gobernando el PP por el bloqueo del PSOE ante los posibles apoyos de grupos nacionalistas catalanes. Que el PSOE haya renunciado a reemplazar al PP por no aceptar el apoyo de los nacionalistas catalanes es muy significativo de hasta donde llega esa obsesión nacional, de cómo la respuesta inmediata de las élites españolas es que esto hay que ponerle freno con una línea roja, una especie de trinchera, en lugar de abordarlo políticamente.”

La cuestión catalana

“En los principales medios españoles la posición mayoritaria de los analistas es incluso crítica por no ser más duros, por no meter en cintura a los políticos catalanes, por no suspender la autonomía de una vez, por no mandar a la Guardia Civil o lo que sea. No hay ningún esfuerzo de entendimiento que permita un posterior diálogo. Al revés: lo que se hace es endurecer mucho el ambiente para que los políticos queden sin margen de maniobra para tratar el asunto. A la derecha de Rajoy hay una legión de analistas y escritores, desde los Arcadi Espada hasta los Albert Boadella y Jon Juaristi, presionando todo el tiempo al PP para que no se ablande con este asunto, para que no ceda ni un milímetro”.

“Hay una generación entera de escritores que tiene como seña de identidad una oposición frontal a toda reivindicación nacionalista. Se trata más que nada de deslegitimar al nacionalismo por todos los medios posibles. Entonces ahí están Vargas Llosa, Muñoz Molina, Fernando Savater, el propio Javier Cercas (aunque a veces tiene posiciones más flexibles)… En general, el punto de partida es que ellos son demócratas más puros y gente más cosmopolita precisamente porque se oponen por todos los medios a su alcance a cualquier forma de reivindicación nacionalista. Esta es la marca de la casa de esa generación escritores y analistas”.

Final de época

“Cuanto peor mejor para todos y cuanto peor para todos mejor,
mejor para mí el suyo beneficio político”
(Mariano Rajoy Brey, a la sazón presidente del gobierno)

¿Tiene que ver la condición de buen o mal parlamentario con la de buen o mal orador? La respuesta no es fácil y está en disputa:

“Mientras los académicos de la lengua en pleno, tras sesión urgente, agotados, convocan una beca para ver si algún joven cerebro logra hacer el análisis sintáctico de la frase de Mariano Rajoy, el resto del país se sobrepone a los incendios y los calores y busca la serenidad necesaria para analizar la moción de censura de Podemos”.

Quien así escribe es el catedrático de filosofía José Luis Villacañas, en un excelente artículo que analiza el último gran debate que se ha producido en el parlamento español (“Unas veces los parlamentos arden por fuerzas oscuras; otras veces desde ellos se incendian países enteros. En este caso concreto no fue ni una cosa ni otra. El Parlamento fue puro parlamento”).

Por su interés, reproduzco algunos párrafos del citado artículo, cuya lectura íntegra recomiendo.

“Carl Schmitt decía que las élites son aquellos grupos que no permiten que se escriba su biografía. Y añadía que en su lugar, para tapar el hueco, esos grupos ofrecen una poetización y un sentido romántico de la historia. Eso ha funcionado en España muy bien a lo largo de siglos. En las actas de Cortes, en las crónicas, en los libros de historia, en las conferencias de los académicos, allí no se dejaban expuestos los crímenes. Los regueros de vicio y amargura se cubrían con la poesía de la historia. El día 13 de junio se rompió esta tradición histórica. En la ocasión solemne de una moción de censura, en el Congreso, con luz y taquígrafos, se levantó acta notarial de una realidad que no podrá cubrir ninguna poesía de la historia (ya se sabe, el bla bla bla de que somos un gran país, la nación más antigua de Europa, y demás). Quien no observe la moción de censura desde esta dimensión histórica no podrá ver su profundo significado.”

“Y este es que un grupo de jóvenes libres exige su lugar representativo y directivo en el presente, sin sentir la menor tentación de cubrir con tenebrosas complicidades las fechorías de sus mayores. Nunca pasó esto antes en nuestra historia. Eso los caracteriza respecto del PSOE, que todavía tendrá que decidir si está dispuesto a un ajuste de cuentas con el pasado. Mientras no lo haga, la decencia política de este país está solo con Podemos. Frente a esta consideración, los errores que pueda haber cometido Iglesias en el pasado no se pueden objetar ahora. El caso es que sólo sobre la premisa de lo que se dijo en la moción de censura cabe una política nueva. De forma sorprendente, Ciudadanos no se sumó. Podría haber reconocido la verdad: que hay consenso en acabar con una dirección política corrupta, pero que no lo hay sobre un programa común. Pero confesar esto compromete a buscar un horizonte nuevo, y al parecer Albert Rivera ya tiene agotados sus compromisos con lo viejo. La única verdad que le resta es recordar a Iglesias que Solé i Tura no son dos palabras agudas.”

“La moción de censura ha causado la impresión general de que Rajoy sobrevive en el tiempo de la basura porque la conmoción política ha sido tan fuerte, que los actores no se han asentado lo suficiente como para ultimar la jugada. Pero él no da la sensación de control, sino de estar noqueado. Podemos ha tenido que medir su punch y su pegada, su flexibilidad y su consistencia para darse cuenta de que no basta tener cintura, sino también fuerza. La moción de censura ha sido un golpe seco y eficaz. Ni el más cerril de sus enemigos puede negar que, tras la moción de censura, Iglesias parece un político más consistente. Ahora que se ha marcado el antes y el después, que estamos ante un nuevo comienzo, el siguiente paso debe ser medido con esmero, de tal forma que el próximo golpe sea igual de duro.”

“Y esto sólo puede significar una cosa. Estudiar bien al rival y saber dónde tiene el punto débil. Y acerca de esto no caben dudas. Con el tal Francisco Granados largando por ahí con infinita desfachatez, y el juez Eloy Velasco dudando que la contratación con Arturo Fernández fuera legal, parece evidente que la guerra de los sectores de Esperanza Aguirre con Cristina Cifuentes va a arreciar. Que esos sectores se volcarán hacia Rivera, apenas podemos dudarlo. Así las cosas, con el partido de Madrid en trizas, y a año y medio de las elecciones, es el momento político maduro de dejar claro que las heridas de Podemos se han cerrado y que se atiende a la objetividad de las cosas. Si el martes pasado decía que la batalla no ha hecho sino empezar, hoy parece evidente que la batalla se llama Madrid.”

Esperando a sus señorías

Cada poco tiempo la prensa nos ofrece el testimonio de alguien que está sufriendo la intemerata y desea poner fin a sus días. Dependiendo del medio, o de la relevancia del sufriente, el asunto tiene más o menos recorrido y, en ocasiones, hasta está en la agenda de alguna tertulia o, incluso, en el mejor de los casos para la persona afectada, se hace algún programa con notable audiencia que pone de relieve este terrible problema. Que no es otro que comprobar si el ser humano se puede o no autodeterminar, si tiene o no autonomía para decidir el destino de su vida.

En enero pasado escribí aquí algo sobre el particular (El Buen Morir) y conviene insistir cuantas veces sea necesario hasta que sus señorías, diputados y diputadas de la XII Legislatura, tengan a bien legislar en un asunto que no sólo está demandando buena parte de la sociedad (las encuestas son abrumadoramente favorables) sino personas concretas, con nombre y apellidos, que periódicamente nos miran a los ojos, nos llaman a la conciencia con un grito como el de Luis de Marcos, que sólo espera que su sufrimiento “sirva para algo” y que añade: “Por desgracia, los seres humanos no nos damos cuenta de lo que es hasta que no lo sufrimos en nuestras propias carnes, y esto le podría pasar a cualquiera”.

Pues bien, hace tres meses el grupo confederal de Unidos Podemos-En Comú Podem-En Marea presentó una proposición de ley, trabajada concienzudamente con la sociedad civil (expertos de todos los ámbitos: médicos, enfermeras, juristas, filósofos…), para regular y desarrollar los servicios para hacer realidad una muerte digna. Dicha propuesta fue rechazada no sólo por el PP, contrario siempre a conceder ni un gramo más de libertad a los individuos, sino por la abstención infame de PSOE y Ciudadanos, aunque esgrimieran argumentos diferenciados. En esta crónica se cuenta bien los posicionamientos políticos escuchados en el Congreso. Me interesa resaltar la postura del grupo parlamentario del PSOE. Se dice en la crónica citada que ese grupo defendió “que el debate es necesario y  que está socialmente instaurado”, pero que es “precipitado” y se mostró favorable a regular determinados derechos del final de la vida, pero no la eutanasia.

En el vídeo de abajo, se recoge la brillante y emotiva intervención de la diputada Marta Sibina, enfermera de profesión y perfecta conocedora de la realidad que se está dando cada día en hospitales con la vida de las personas, demandando al grupo socialista que explique cuándo piensa dejar de considerar que la sociedad “está madura” y tomar partido por un asunto tan urgente y necesario.

La pregunta sigue pues presente para el “nuevo” PSOE, que dicen que sale de su 39º congreso: ¿Hasta cuándo hay que esperar a que sus debates den luz verde o no, clara y rotundamente, sobre el asunto de la eutanasia, que cada día está afectando a muchas personas que no pueden aguardar más sus interminables dudas e inacciones? ¿Cuándo dejarán de abstenerse o votar en contra de medidas que no son de izquierdas ni de derechas, sino de sentido común, que pueden afectar a cualquiera de sus militantes,  simpatizantes o simplemente conciudadanos, sólo por el hecho de que no provienen de ustedes en primera instancia?

Dejen de marear la perdiz, pónganse manos a la obra con quien sea menester, pero legislen ya, ahora que hay números para ello, para alumbrar uno de esos derechos civiles que, como otros que se prodigaron en la primera legislatura de Zapatero, califican a una sociedad como moderna y avanzada, y no a una comunidad rancia, añeja y troglodita que se regodea en el dolor ajeno, con el cruel mensaje de que esto es un valle de lágrimas y que a la persona que le toque, que se encomiende a supuestos seres superiores que nunca la librarán ni a ella ni a sus allegados del drama que supone vivir una situación tan lamentable.

Y al volver la vista atrás

Las efemérides están asociadas, por definición, a los recuerdos. Los individuales y los colectivos. De los primeros nos ocupamos cada cual, rememorando, por ejemplo, situaciones vividas de todo tipo, con amigos, familiares o compañeros de fatigas, o también celebrando cada año nada más y nada menos que seguimos vivos. De los segundos nos suelen avisar los medios de comunicación. En muchas ocasiones, hasta nos abruman con tanto pasado. Y, peor aún, interesadamente. De algunos hasta se podría parafrasear aquello de que quien hace la ley hace la trampa, diciendo que quien construye el recuerdo hace la trampa de su interpretación.

La mirada retrospectiva puede servir para muchas cosas. Una de ellas sería conocer la historia. Aprehenderla y aprender de los errores que hubo en ella para no repetirlos. Otra puede conducir a la nostalgia, a la añoranza, a la melancolía del tiempo que no volverá. Otra más, la que me interesa hoy, es ponernos a prueba, cada uno de nosotros, de cómo vamos en materia de neuronas. ¿Cuántas hemos perdido de aquellas que almacenan las remembranzas? De las buenas y de las malas, porque las regulares, seguro que no se guardan en ninguna célula y se desechan por economía y eficiencia del sistema nervioso.

Casi no recuerdo las onomásticas y poco los cumpleaños y no dedico demasiado tiempo a volver la vista atrás. No sé si porque, de chico, se me quedó aquello de la mujer de Lot o porque, como decía Woody Allen, me interesa más el futuro “porque es el sitio donde voy a pasar el resto de mi vida”. No puedo o no quiero sustraerme al recuerdo del aniversario de las primeras elecciones que se celebraron tras la restauración de la democracia. Hay que subrayar, para quienes no lo sepan, que no fueron plenamente democráticas. Solo pudieron votar los mayores de 21 años. La mayoría de edad a los 18 años fue establecida 20 días antes del referéndum constitucional del 6 de diciembre de 1978. Hubo partidos que no pudieron presentarse con sus siglas sino que tuvieron que concurrir en candidaturas que agrupaban a varios de ellos. En el Senado todavía había miembros por designación real. El partido comunista había sido legalizado tan solo dos meses antes y el resto de partidos, un poco antes del PCE. El acceso a los medios públicos de radio (entonces casi no había privados) y televisión (única) estuvo muy limitado.

En esas primeras elecciones que luego se transformaron en constituyentes, celebradas en miércoles, formé parte, como interventor, de una mesa electoral en un municipio distinto al de mi residencia. Es la única vez en mi vida que he integrado una Mesa. Tuve que presentar en mi trabajo la justificación de mi ausencia como representante de un partido recientemente legalizado y golpeado muy duramente unos pocos meses antes. Si leo, escucho o miro los reportajes que se han hecho sobre aquellos días, se revuelven alguna de las neuronas, que aún conservo, y me dicen que lo que yo viví no fue exactamente igual a lo que dicen que fue, a como dicen que pasó. Sí, hubo imágenes que quedaron en la memoria, pero la forma de verlas, de enfrentarse a ellas es personal e intransferible. Por mucho que los exegetas de la pequeña historia arrimen el ascua de sus intereses actuales a la sardina de la recordación. Ver hoy el NO-DO de la época, y ver al ministro franquista y falangista Martín Villa, dando el resultado de las votaciones, sí que produce tristeza, por lo que hubo que sufrir, aguantar y tolerar en aras de un futuro que, ciertamente, esperábamos mejor para nuestros ascendientes, descendientes y para nosotros mismos.

Como se dijo en el debate de la moción de censura por sus proponentes, el pacto social que se hizo entonces, según el cual los hijos e hijas vivirían mejor que sus progenitores y los nietos y nietas, mejor que sus abuelos y abuelas, se rompió hace una década. Por culpa de la crisis financiera o porque así lo decidieron las élites financieras y poderosas del mundo mundial. El Estado del Bienestar, o del Medio Estar, se está desmantelando a marchas forzadas. Dicen que por nuestro bien. Así, con todo el morro. Aquí, en España, con quienes mandan a la cabeza, también se han sumado fervorosamente a ese carro. Urge reconstruir un nuevo pacto social. Una suerte de nuevas constituyentes en todos los órdenes de la convivencia. Urge rehacer un relato de la historia que no esté secuestrado por quienes siempre escriben la historia para darnos con ella en la cabeza. Me remito a mi post anterior. Lean, si no lo han hecho ya, la entrevista con el historiador Andrade. Las conmemoraciones si son críticas y no son tan gregarias, se celebran mejor.

Mitificar y mistificar

A menudo, suelo hacer referencia en este blog a historiadores que he seguido o a algunos retazos de la historia. Comparto plenamente el lugar común de que el conocimiento del pasado es crucial para entender siquiera algo del presente. En esa línea, tengo la impresión de que, aunque pudiera parecer lo contrario y por la dificultad del tiempo transcurrido y las escasas fuentes disponibles, los historiadores que han investigado el pasado lejano lo han debido de tener más fácil que aquellos que, dentro de mil años, lo hagan sobre la época actual. El volumen de información que deberán consultar, analizar o investigar, y la variedad de soportes que habrán de manejar, estará elevado a la máxima potencia con relación a lo que habrían trabajado con, pongamos por caso, el siglo V, o el XV, o incluso el XIX. El tratamiento historiográfico del siglo XXI, tras la revolución tecnológica derivada de la informática y de internet, se me antoja que se hará sumamente arduo y afanoso para quien pretenda abarcarlo holísticamente. Supongo que se impondrá una mayor especialización a la que ya existe por materias, por países, por áreas geográficas, por disciplinas académicas, etc. etc. etc.

En la historia de este blog no es la primera vez que reflexiono sobre este asunto. En 2008, escuché decir a Ian Gibson que para el género biográfico son muy importantes los epistolarios y escribí entonces que, dados los tiempos que corren, en los que ya no se escriben cartas que puedan ser incorporadas a la documentación susceptible de barajar a la hora de escribir la biografía de una persona, ¿qué harán los historiadores para analizar la personalidad de sus protagonistas? ¿Acudirán a los servidores donde  se alojan los correos electrónicos enviados o recibidos que se hubieran ido archivando a lo largo de los años? ¿Escudriñarán los blogs, webs u otros soportes electrónicos donde la persona biografiada hubiera dejado su impronta y, por ende, los datos que precisa una biografía que se precie?

Reflexionaba esto leyendo una larga e interesantísima entrevista con el historiador Juan Andrade. En ella se aborda los relatos míticos de la transición de la dictadura a la democracia en España y se desmitifica mucho de lo que nos han querido contar desde entonces sobre la derecha franquista, Suárez, Fraga, Felipe, Carrillo… E incluso se apunta una pincelada de la situación actual.

Reproduzco, para abrir boca, un pequeño fragmento en donde se habla del rol desempeñado por el PCE en aquellos años 70 del siglo pasado:

Pregunta.— El mito de la Transición comenzó a romperse por la izquierda; por el antiguo PCE, cuyas huestes fueron las primeras, no sin razón, en sentirse estafadas.

Andrade.— La historia del PCE es la de un partido que va haciendo pequeñas renuncias que son aceptadas una a una en cada momento por una militancia a la que el ritmo vertiginoso de los acontecimientos no permite verlas en toda su dimensión, pero que cuando cobra perspectiva y las ve todas juntas termina asustándose de lo que ha sucedido. El PCE fue como una olla a presión que fue aceptando cada pequeña subida de la temperatura hasta que acabó estallando; o como un combate de boxeo en el que los golpes no duelen cuando los estás recibiendo, porque estás inmerso en la batalla, pero cuando acaba el combate y constatas que has sido derrotado, si no por KO sí por puntos, empiezas a sentir en tu cuerpo los estragos de todos los puñetazos que has recibido. Ahí, más bien a mediados de los ochenta, el partido inicia una revisión de su trayectoria en la transición.

Pregunta.— Pese a todo, una parte del PCE se niega a asumirse derrotada, y eso genera otro relato mítico: el del partido mártir que se inmola conscientemente en pro de la democracia. Alberto Garzón lo explica muy bien: el PCE quería 10 y consiguió 5, pero no asumió que consiguió sólo el 5, sino que pasó a autoconvencerse de que ese 5 era todo lo que quería desde un principio.

Andrade.— Comparto lo que dice Garzón. El PCE hizo de la necesidad virtud y pasó a plantear que lo poco que consiguió, condicionado por la presión internacional, por una correlación de fuerzas (o de debilidades) desfavorable y por la amenaza finalmente confirmada de un golpe de Estado, vino a constituir en realidad una extraordinaria victoria para la sociedad española atribuible especialmente a la audacia de un partido que nunca quiso ir más allá. A ver, un repliegue puede ser un movimiento acertado en una guerra; el problema viene cuando tú vendes ese repliegue como una ofensiva, porque cuando la realidad se imponga terminarás desmoralizando a la tropa.

Pregunta.— El mensaje que Santiago Carrillo vendía a la militancia era que se hacía lo que la infantería española en cierto refrán: no retroceder, sino dar media vuelta y seguir avanzando.

Andrade.— Sí (risas). Santiago Carrillo podía haber planteado que se había dado una batalla en la que, a fin de no arriesgar más, se acabó considerando que era bueno llegar a una transacción y aceptar la continuidad de ciertas instituciones. Pero lo que hizo en lugar de eso fue plantear que el PCE había llegado a esa transacción porque consideraba que esas instituciones eran realmente democráticas. Donde mejor se ve esto es en el caso de la Monarquía: en vez de decir que no quedaba más remedio que aceptarla para ser legalizado y que si no se aceptaba se corría el riesgo de perder posiciones electorales difícilmente recuperables después, lo que Carrillo dijo fue que la Monarquía era una institución más que aceptable, aceptable incluso en un futuro sistema socialista.

Relato secuestrado

En Andalucía nací y viví la infancia y adolescencia. Allí tengo todavía alguna familia y unos pocos amigos del alma, de los de toda la vida. Y allí vuelvo con frecuencia, porque me encuentro como en casa. Pero cuando desde la propia tierra se levantan voces que se atreven a denunciar el actual estado de cosas, tengo el deber moral de hacerme eco de las denuncias de lo que allí pasa. Aunque me duela profundamente. Al no vivir el día a día y sólo disponer de referencias de terceros, he de fiarme de algunos argumentos de autoridad, de los pocos que se prodigan en la propia región, nacionalidad, país o como quiera ser denominada en el siglo XXI su ciudadanía, sin que tengan el sesgo partidario al que nos tiene tan acostumbrados la derecha española. Y entre esos argumentos están los de mis amistades, los primeros, pero también caben los de los intelectuales honestos, los de los escritores comprometidos con su tiempo y con su gente, los de los poetas andaluces de ahora*.

En la anterior etapa de este blog ya me hice eco de un artículo (El régimen de Andalucía) publicado en 2015 por Joaquín Urías profesor de Derecho Constitucional en la Universidad de Sevilla, del que entresaco párrafos sueltos:

“Ya es hora, por tanto, de admitir sin miedo que Andalucía vive bajo el régimen del partido socialista. Y que es un régimen corrupto. Me consta que calificar nuestro sistema político de régimen ha sido un recurso frecuente de la derecha. También soy consciente de que a muchos andaluces les cuesta trabajo aceptarlo. Pero desgraciadamente es algo innegable a la vista de los hechos”.

“Básicamente de lo que se trata es de que el régimen político que impera en nuestra tierra ya no es estrictamente la democracia parlamentaria sino, más exactamente, el poder del PSOE. El entramado que emana de este concreto partido político ha ido ocupando cada rincón del poder institucional. El modo de ejercicio del poder propio de la democracia ha sido sustituido por otro basado en los intereses del partido y, sobre todo, de sus miembros”.

“Un régimen es una mancha de petróleo que se va extendiendo por las instituciones y que cala después hasta ensuciar incluso a la sociedad civil. El régimen es viscoso y da consistencia: toda Andalucía como cubierta de alquitrán; sin variedad, pluralismo ni colores”.

“Se trata de un Prestige deliberado que se ha ido derramando sobre nuestra tierra durante treinta años y por el que resbala imparable la corrupción. Eso, y no otra cosa, son el amiguismo y el clientelismo. Corrupción que en el mejor de los casos se traduce en intercambio de lealtad por protección”.

“A menudo va más allá. Y se convierte en robo. No hay duda de que los ERE o los cursos de formación son sólo la punta del iceberg… y son la consecuencia de un régimen que lo ocupa y lo mancha todo. Elementos del régimen que roban. Y Chaves lo sabía; como lo sabe Susana Díaz. Es una clásico: a veces el jefe de la mafia deja que algún aprendiz controle las apuestas o el alcohol en un barrio. Son pequeños negocios que se dejan a los subordinados. Siempre con la misma condición: que no monte escándalo y que cada vez que el jefe quiera, pueda reclamar su parte”.

“No creo que los Presidentes de la Junta de Andalucía se quedaran la calderilla de los ERE. Pero no tengo casi ninguna duda de que alguna vez habrán levantado el teléfono para pedir que se le encontrara una paguita a fulanito, que se mirara bien a menganito. Son las cosas de los regímenes: son sucios y es imposible participar en ellos sin mancharse”.

Ahora, dos años después, tras el proceso de primarias del partido de la presidenta andaluza, el periodista Raúl Solís, , escribe un análisis (El secreto de que Susana Díaz tenga más avales que votos), imprescindible para quien quiera conocer la realidad sureña, que abunda en el mismo diagnóstico de Urías: el caciquismo del PSOE. Rescato algunos pasajes del artículo:

“Fuera de Andalucía, la gente está muy sorprendida de que Susana Díaz haya tenido más avales (con nombres y apellidos) que votos (secretos). A los andaluces, desgraciadamente, no nos sorprende. Se llama caciquismo y produce miedo, a veces hasta pavor, y es el causante de que el silencio sea el idioma oficial de esta tierra bulliciosa en romerías y ferias pero que para hablar de política lo sigue haciendo tímidamente y mirando a los lados a ver si viene alguien”.

“El PSOE es la única organización andaluza, junto a la Iglesia Católica, que tiene presencia en todos los pueblos y ciudades de Andalucía. Funciona como un partido-empresa, lo controla absolutamente todo. Todo es absolutamente todo. Desde los clubes deportivos de base, pasando por entidades LGTB y asociaciones de mujeres, hasta medios de comunicación, públicos y privados, a los que la Junta de Andalucía riega con jugosas cantidades de dinero en conceptos varios. Muchas de las noticias positivas que aparecen en los medios de comunicación son en realidad publicidad pagada por la Junta. Con dos cometidos: por un lado, propaganda de las políticas del PSOE; por otro, hacer a los medios de comunicación dependientes económicamente, en una tierra con poca iniciativa privada, de las ayudas institucionales y de esta manera arruinarles las ganas de atreverse a ser más libres de la cuenta. Ni en el Madrid de Esperanza Aguirre los medios eran tan poco libres como lo son en Andalucía”.

“El caciquismo no es sólo la forma de actuar del PSOE en la Junta, se extiende a diputaciones, ayuntamientos, mancomunidades, agencias y empresas públicas de gestión del agua, de los residuos, del turismo, del flamenco, de la cultura, fundaciones creadas para la ocasión, ONG’s vinculadas directamente con el partido, poder financiero, medios de comunicación, cooperativas…”.

“Ocurre también, y sobre todo, en las zonas rurales donde, con un paro superior al 40% -a veces hasta supera el 50%- y sin posibilidad de encontrar empleo, los alcaldes meten a trabajar con contratos de tres meses a la gente que mejor sabe guardar silencio y que más lealtades muestra a las siglas del puño y la rosa. Muchas de las quejas de los sindicatos de jornaleros es que se hagan públicas las bolsas de empleos en los municipios andaluces para evitar el caciquismo. No han tenido éxito en sus reclamaciones”.

“Si no tienes ingresos y tienes que ir a Servicios Sociales, ten por seguro que como seas conocido en el pueblo por exigir derechos no vas a tener suerte con algún cheque de comida o alguna ayuda de emergencia. Si formas parte de los 20.000 contratados a dedo en la administración paralela de la Junta de Andalucía, no te atrevas a hablar porque puedes irte al paro. Y estos enchufados tienen parejas, hijos, madres y padres, por lo que la red es infinita. Si tienes una empresa y eres más valiente de lo debido y te da por denunciar que para triunfar tienes que estar vinculado al PSOE, ten por seguro que no firmarás jamás un contrato con alguna de las muchas administraciones que gestiona el PSOE en Andalucía. Si eres periodista y ejerces tu libertad, ten por seguro que no terminarás en ningún gabinete de prensa de la Junta donde Susana Díaz ha metido a muchos de los despedidos por los grandes medios de comunicación en agradecimiento a los servicios prestados”.

“Si tienes una asociación y se te ocurre enemistarte con el PSOE, no recibirás ni un duro de esos convenios que se firman con diputaciones, ayuntamientos y consejerías a cambio de dinero para que puedas desarrollar tu labor asociativa. Por el contrario, si mueves bien la bandera del PSOE y acudes a los mítines a aplaudir, ten por seguro que no te faltarán nunca los recursos para desarrollar la labor asociativa y tener a varios liberados”.

“Es la misma lógica que el PER, dar limosna a cambio de mantener las zonas rurales silenciadas y la protesta social controlada. Ningún jornalero quiere cobrar el PER, lo que quiere la gente del campo es trabajar y que se lleve a cabo la reforma agraria, para que tierras improductivas en manos de gente de apellidos largos se pusieran en manos de cooperativas y ayuntamientos para producir riqueza y crear empleo. Pero al PSOE le sería menos útil dar derechos que subsidios”.

“El caciquismo es la sociedad del primo de la tía, del sobrino del hijo, del marido de, de la esposa de, del hijo de, del militante de, del cuñado del hijo del alcalde, del presidente de la Diputación o la hija del director del periódico X y de la empresa Y. El caciquismo es un modelo que pone freno a la igualdad de oportunidades, al talento, al mérito, que castiga con el hambre a quienes ejercen su libertad y que convierte una tierra con talento y de gente trabajadora como Andalucía en un erial de gente con miedo, resignada a menos es nada y que los domingos de votaciones acuden a votar, previo aviso de los dueños del cortijo, porque en el voto se está también votando la cadena de favores que le permiten sobrevivir”.

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*Balada para los poetas andaluces de hoy, de Rafael Alberti:

¿Qué cantan los poetas andaluces de ahora?
¿Qué miran los poetas andaluces de ahora?
¿Qué sienten los poetas andaluces de ahora?Cantan con voz de hombre, ¿pero dónde están los hombres?
con ojos de hombre miran, ¿pero dónde los hombres?
con pecho de hombre sienten, ¿pero dónde los hombres?Cantan, y cuando cantan parece que están solos.
Miran, y cuando miran parece que están solos.
Sienten, y cuando sienten parecen que están solos.¿Es que ya Andalucía se ha quedado sin nadie?
¿Es que acaso en los montes andaluces no hay nadie?
¿Que en los mares y campos andaluces no hay nadie?¿No habrá ya quien responda a la voz del poeta?
¿Quién mire al corazón sin muros del poeta?
¿Tantas cosas han muerto que no hay más que el poeta?Cantad alto. Oiréis que oyen otros oídos.
Mirad alto. Veréis que miran otros ojos.
Latid alto. Sabréis que palpita otra sangre.No es más hondo el poeta en su oscuro subsuelo
encerrado. Su canto asciende a más profundo
cuando, abierto en el aire, ya es de todos los hombres.

Periodismo decente

Hace unos días escribí un tuit en el que me preguntaba qué se puede hacer para que toda la gente que le gusta comprar un papel diario lea un periódico decente e independiente de la banca. Juan Cruz, el sempiterno periodista de El País, se dio, al parecer, por aludido y me troleó de esta guisa: “Defina decente e independiente. Y defina periódico. Y defínalo con independencia, con decencia y periodísticamente”. Les ahorro lo que le contesté, siendo consciente de que un debate en torno a todos los conceptos apuntados por Cruz no tienen cabida en un soporte en el que se constriñen los caracteres de la respuesta. Ahora bien, sabiendo que, con toda decencia, se pueden suministrar a patadas ejemplos para demostrar lo que no es decente ni independiente, les facilito el último del que he tenido constancia, que prueba justamente todo lo contrario, esto es, que hay un periodismo decente, honrado, profesional, que no se achanta ante el abuso de poder ni ante el trato degradante que posibilitan las leyes vigentes, aprobadas con la mayoría parlamentaria absoluta que tenía el PP en un pasado reciente (y todavía no derogadas, a pesar de las promesas de algunos que tienen la llave para ello).

El periodista Raúl Solís ha sido multado con 150 euros por, según se contiene en la notificación policial, haber “pedido explicaciones de manera despectiva a los agentes, cuestionando y menospreciando la actuación de los mismos”. Obviamente, la versión del periodista es muy diferente. Aquí se explica con todo detalle lo que pasó el día de autos, no se lo pierdan.

Como señala Solís, “no es cuestión de dinero. Yo los puedo pagar, pero no me da la gana pagarlos y no lo voy a hacer porque es manifiestamente injusto, porque por lo que me denuncian es por ejercer mi profesión y mi derecho fundamental a la libertad de prensa, al derecho a la información y al libre ejercicio de la profesión periodística, consagrados como derechos fundamentales en el artículo 20 de la Constitución Española de 1978. Jamás me salté ningún cordón policial porque no lo había. O si lo había, no estaba delimitado por ninguna señalización visual. Tampoco me dirigí a la policía en tono despectivo. Sí lo hice con firmeza, como me enfrento y me enfrentaré siempre al abuso de poder, pero no les falté el respeto en ningún momento y ni siquiera alcé la voz. Todo mi empeño era saber qué estaba pasando con el adolescente y saber por qué llevaba tanto tiempo retenido entre dos furgonetas que impedían su visibilidad”.

Y como continúa explicando: “lo peor no son los 150 euros de multa que me piden, ni la preocupación que pasé durante toda una noche pensando qué sería la carta de la Delegación del Gobierno que tenía que ir a recoger a Correos, sino que nos están diciendo como sociedad que es normal la ausencia de libertad y que los periodistas no tenemos derecho a preguntar a un policía el porqué retiene y empuja a un adolescente y que a lo más que podemos aspirar es a que no respondan con trato degradante y abuso de poder. Lo importante no son los 150 euros ni que no se pueda difundir una grabación, ni siquiera los límites que le ponen al derecho a la información, lo realmente grave de todo esto es que están construyendo un Estado represivo para parapetarse de la rabia que producen la injusticia y el empobrecimiento a la que nos están sometiendo las políticas antipersonas del PP que tienen a un tercio de la población española en la pobreza. Primero aprobaron la Reforma Laboral; por la que los sueldos han descendido entre un 20 y 25% y gracias a la cual más del 40% de trabajadores andaluces cobra menos de 650 euros; segundo, aprobaron la Ley Mordaza que castiga la protesta social y limita las libertades públicas. Empobrecimiento y represión es lo que han hecho y hacen todos los regímenes tiránicos. No lo saben, pero no tendrán policías suficientes para frenar tanta desesperanza, rabia e injusticia como están produciendo entre las capas más sencillas de la población.”

El ejemplo de la decencia en el periodismo, de la que hablaba al principio de este texto, se contiene en el último párrafo del artículo explicatorio de este periodista:

“No podemos aceptar como normal lo que es una anomalía democrática, un retroceso en libertades que nos sitúa más cerca de Marruecos que de Dinamarca.  Mi abuela, que vivió la represión franquista y las humillaciones por ser mujer y pobre, cuando era chico me decía: <<Hijo, estudia, para que puedas mirar a los señoritos a los ojos>>. Y yo he estudiado para eso, para mirar a los ojos a quienes pretenden ponernos de nuevo de rodillas como pusieron a mi abuela, a mi madre, a mi padre y a generaciones enteras que se dejaron los mejores años de su vida conquistando las libertades que hoy nos están arrebatando a pasos agigantados.”