El Buen Morir

En mi anterior post me hacía eco de un artículo que hablaba del Buen Vivir (BV). Un concepto que se define como vida plena e implica la armonía interna de las personas, con la comunidad y con la naturaleza. Comparto la teoría del BV de la misma manera que, en el envés de la moneda que es la vida, estoy completamente a favor del, digamos, Buen Morir (BM). Es bastante paradójico que tener un BM sea una aspiración de una inmensa mayoría de personas y que, sin embargo, sea un tema quasi tabú en los grandes medios de comunicación. Aunque las obviedades resultan difíciles de explicar, no conozco a nadie, aunque sé que puede haberlo, que no quiera tener una muerte digna cuando todo está perdido y no hay esperanzas de prolongar la vida en condiciones aceptables para la propia persona y para su entorno familiar.

Es lamentable que a estas alturas del devenir histórico todavía haya que explicar que el “derecho a la vida que protege la Constitución lleva aparejado el deber de respetar la vida ajena, pero no el deber de vivir contra la propia voluntad en condiciones penosas”, como dice esta experta de asociación Derecho a Morir Dignamente (DMD), quien añade:

«El Estado debe proteger la vida, pero no imponer el deber de vivir en todas las circunstancias. Nuestra asociación tiene el fin primordial de promover el derecho de toda persona a disponer con libertad de su cuerpo y de su vida y a elegir, libre y legalmente, el momento y los medios para finalizarla. Defendemos el derecho de los enfermos terminales e irreversibles a morir pacíficamente y sin sufrimientos, si éste es su deseo expreso».

En este asunto, como en tantos otros que han tenido como protagonista al cuerpo humano, la religión ha sido un freno cuando no un obstáculo insalvable para gobernantes y políticos a la hora de legislar. Sería plausible que la voluntad reformadora del papa Francisco también en esto supusiera un avance en el pensamiento religioso anacrónico. Es muy lamentable e inconcebible que la ley no defienda nítidamente “la libertad de toda persona a decidir el momento y forma de finalizar su vida, especialmente, cuando padece un deterioro irreversible y un sufrimiento insoportable”. De ahí que entre los objetivos de DMD estén los de influir en los partidos políticos para que se legisle sobre la eutanasia y que el suicidio asistido sea eliminado del Código Penal.

Y eso que aquí todavía estamos lejos de la legislación más avanzada que hay en otros países de nuestro entorno. En Holanda, por ejemplo, donde ya existe una ley de eutanasia que goza del apoyo mayoritario de la sociedad, hay un debate abierto sobre incluir un nuevo supuesto que contemple si pueden acabar con su ciclo vital quienes lo consideren completo.  Como se dice en esta información, “más obvio es preguntarse si los que sientan que su vida concluirá con gran dolor, y serán una carga (también por culpa de un sistema de cuidados degradado) pueden terminar cuando todavía no sufren tanto, ni son un peso para ellos mismos y para los demás”. A mi juicio, el BM también implicaría que se regulara la ayuda a morir de las personas que aleguen “cansancio vital”, sin enfermedad o dolores insoportables, como ya se están planteando las autoridades holandesas.

Mientras tanto, mientras todo llegue y mientras se lo piensen nuestros políticos, que tendrían la obligación de hacer normal en las leyes lo que en la calle es normal, tenemos una herramienta a nuestro alcance, muy limitada, pero que en este mundo posibilista del algo-es-mejor-que-nada, supone un escape para situaciones personales difíciles. Se trata del Testamento Vital, regulado por la ley de autonomía del paciente. Bien es verdad que en ocasiones el BM, o el morir bien, depende del médico que te toque y del grado de comprensión que muestre a los derechos del paciente al final de su vida.

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P.S. Una vez redactado este texto, me entero de que el grupo confederal de Unidos Podemos ha presentado una proposición de ley para regular la eutanasia. Veremos quién y por qué apoya o se opone a su toma en consideración. Aquí les dejo el youtube de presentación.

La casa común, maltratada

¿Qué es el Buen Vivir?

“El Buen Vivir (BV) se entiende como el goce efectivo de los derechos de las personas, comunidades, pueblos y nacionalidades, y el ejercicio de sus responsabilidades, en un marco de democracia participativa, convivencia armónica ciudadana y convivencia armónica con la naturaleza, en el que prevalece el bien común y el interés general. La convivencia armónica ciudadana comprende la interculturalidad, el respeto a las diversidades y el respeto a la dignidad de las personas y las colectividades. La vida armónica con la naturaleza implica la garantía de sus derechos. Por un lado, el derecho a que se respete integralmente su existencia y el mantenimiento y regeneración de sus ciclos vitales, estructura, funciones y procesos evolutivos. Y, por otro lado, el derecho a la restauración en caso de haber sido afectada. Así, el BV tiene que ver con los derechos de las personas, los derechos colectivos y los derechos de la naturaleza.”

“Una economía para el BV debe definirse en términos sustantivos, es decir, de tal forma que la economía no esté aislada de la sociedad y de la naturaleza y se priorice el sustento antes que la escasez. Es necesariamente una economía integrada o arraigada a la sociedad y la naturaleza, una economía social y ecológica.”

“El BV a través del principio de suficiencia limita la creación de riqueza: obtener de la naturaleza sólo lo necesario para la subsistencia. Esto impone el vivir una vida con simplicidad, sin un exceso de acumulación material que ponga en riesgo los derechos de la naturaleza. De hecho, la abundancia que se ha logrado actualmente en el mundo sería suficiente para satisfacer las necesidades básicas de toda la población mundial. En el BV las justificaciones para limitar la riqueza son la existencia de desigualdades económicas que rompen la armonía social y la acumulación de riqueza que afecta la armonía con la naturaleza. El compartir los excedentes aparece como un deber moral de los ricos. Las grandes desigualdades del ingreso y la riqueza afectan la armonía social en la comunidad.”

El clima como bien común

“Muchos de aquellos que tienen más recursos y poder económico o político parecen concentrarse sobre todo en enmascarar los problemas o en ocultar los síntomas, tratando sólo de reducir algunos impactos negativos del cambio climático. Pero muchos síntomas indican que esos efectos podrán ser cada vez peores si continuamos con los actuales modelos de producción y de consumo. Por eso se ha vuelto urgente e imperioso el desarrollo de políticas para que en los próximos años la emisión de dióxido de carbono y de otros gases altamente contaminantes sea reducida drásticamente, por ejemplo, reemplazando la utilización de combustibles fósiles y desarrollando fuentes de energía renovable. En el mundo hay un nivel exiguo de acceso a energías limpias y renovables.”

La cuestión del agua

“Mientras se deteriora constantemente la calidad del agua disponible, en algunos lugares avanza la tendencia a privatizar este recurso escaso, convertido en mercancía que se regula por las leyes del mercado. En realidad, el acceso al agua potable y segura es un derecho humano básico, fundamental y universal, porque determina la sobrevivencia de las personas, y por lo tanto es condición para el ejercicio de los demás derechos humanos. Este mundo tiene una grave deuda social con los pobres que no tienen acceso al agua potable, porque eso es negarles el derecho a la vida radicado en su dignidad inalienable. Esa deuda se salda en parte con más aportes económicos para proveer de agua limpia y saneamiento a los pueblos más pobres.”

Pérdida de biodiversidad

“Mencionemos, por ejemplo, esos pulmones del planeta repletos de biodiversidad que son la Amazonia y la cuenca fluvial del Congo, o los grandes acuíferos y los glaciares. No se ignora la importancia de esos lugares para la totalidad del planeta y para el futuro de la humanidad. Los ecosistemas de las selvas tropicales tienen una biodiversidad con una enorme complejidad, casi imposible de reconocer integralmente, pero cuando esas selvas son quemadas o arrasadas para desarrollar cultivos, en pocos años se pierden innumerables especies, cuando no se convierten en áridos desiertos. Sin embargo, un delicado equilibrio se impone a la hora de hablar sobre estos lugares, porque tampoco se pueden ignorar los enormes intereses económicos internacionales que, bajo el pretexto de cuidarlos, pueden atentar contra las soberanías nacionales. De hecho, existen «propuestas de internacionalización de la Amazonia, que sólo sirven a los intereses económicos de las corporaciones transnacionales». Es loable la tarea de organismos internacionales y de organizaciones de la sociedad civil que sensibilizan a las poblaciones y cooperan críticamente, también utilizando legítimos mecanismos de presión, para que cada gobierno cumpla con su propio e indelegable deber de preservar el ambiente y los recursos naturales de su país, sin venderse a intereses espurios locales o internacionales.”

Inequidad planetaria

“Quisiera advertir que no suele haber conciencia clara de los problemas que afectan particularmente a los excluidos. Ellos son la mayor parte del planeta, miles de millones de personas. Hoy están presentes en los debates políticos y económicos internacionales, pero frecuentemente parece que sus problemas se plantean como un apéndice, como una cuestión que se añade casi por obligación o de manera periférica, si es que no se los considera un mero daño colateral. De hecho, a la hora de la actuación concreta, quedan frecuentemente en el último lugar. Ello se debe en parte a que muchos profesionales, formadores de opinión, medios de comunicación y centros de poder están ubicados lejos de ellos, en áreas urbanas aisladas, sin tomar contacto directo con sus problemas. Viven y reflexionan desde la comodidad de un desarrollo y de una calidad de vida que no están al alcance de la mayoría de la población mundial. Esta falta de contacto físico y de encuentro, a veces favorecida por la desintegración de nuestras ciudades, ayuda a cauterizar la conciencia y a ignorar parte de la realidad en análisis sesgados. Esto a veces convive con un discurso «verde». Pero hoy no podemos dejar de reconocer que un verdadero planteo ecológico se convierte siempre en un planteo social, que debe integrar la justicia en las discusiones sobre el ambiente, para escuchar tanto el clamor de la tierra como el clamor de los pobres.”

Deuda ecológica

“La deuda externa de los países pobres se ha convertido en un instrumento de control, pero no ocurre lo mismo con la deuda ecológica. De diversas maneras, los pueblos en vías de desarrollo, donde se encuentran las más importantes reservas de la biosfera, siguen alimentando el desarrollo de los países más ricos a costa de su presente y de su futuro. La tierra de los pobres del Sur es rica y poco contaminada, pero el acceso a la propiedad de los bienes y recursos para satisfacer sus necesidades vitales les está vedado por un sistema de relaciones comerciales y de propiedad estructuralmente perverso. Es necesario que los países desarrollados contribuyan a resolver esta deuda limitando de manera importante el consumo de energía no renovable y aportando recursos a los países más necesitados para apoyar políticas y programas de desarrollo sostenible. Las regiones y los países más pobres tienen menos posibilidades de adoptar nuevos modelos en orden a reducir el impacto ambiental, porque no tienen la capacitación para desarrollar los procesos necesarios y no pueden cubrir los costos.”

La debilidad de las reacciones

“Estas situaciones provocan el gemido de la hermana tierra, que se une al gemido de los abandonados del mundo, con un clamor que nos reclama otro rumbo. Nunca hemos maltratado y lastimado nuestra casa común como en los últimos dos siglos. Llama la atención la debilidad de la reacción política internacional. El sometimiento de la política ante la tecnología y las finanzas se muestra en el fracaso de las Cumbres mundiales sobre medio ambiente. Hay demasiados intereses particulares y muy fácilmente el interés económico llega a prevalecer sobre el bien común y a manipular la información para no ver afectados sus proyectos.”

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Nota.-
Los tres primeros párrafos pertenecen a un artículo de la FUHEM Ecosocial sobre la noción del Buen Vivir, incorporada a la Constitución del Ecuador del año 2008. Ese concepto surge en un contexto mundial de gran preocupación por la sostenibilidad del planeta, amenazada fundamentalmente por el calentamiento global.

El resto de epígrafes no corresponden a las tesis ni al programa de ningún grupo ecologista o político concreto. Están entresacados de la Encíclica Laudatio Si, del Papa Francisco, sobre el cuidado de la casa común. No me extraña que el Pontífice, por esta y por otras materias, tenga tantas resistencias en el seno de su propia iglesia. Estoy seguro de que alguno de mis lectores, que frecuente las sedes de esa confesión religiosa, podrá comprobar si en ellas se hace o no referencias a los posicionamientos políticos que se desprenden de la carta pastoral del Papa que vive en Roma. En mi opinión de ciudadano ajeno a ese mundo confesional y a tenor de las declaraciones que trascienden a los medios de comunicación de la curia diocesana, por lo común bastante retrógradas, pareciera que sus preocupaciones distarían mucho de las que denota el texto papal, en gran medida coincidentes con las grandes corrientes de pensamiento y de acción política comprometidas con la consecución de un mundo mejor.

Albada de esta tierra

El drama de los emigrantes, de nuevo. Jóvenes que deben salir de su tierra, dejar a su gente, para buscarse la vida allá donde hay otras posibilidades. Y no, como sería muy plausible, por “inquietud” o “amplitud de miras”, como dijo un ministro hace unas semanas, sino por necesidad. Como hace decenas de años. Lo malo de la historia se repite en forma de tragedia. Y muchos querríamos que también fuera lo bueno lo que se repitiera. Afortunadamente, ahí están las fonotecas para echar mano de los viejos cantautores. Hoy es la Albada de Aragón, de José Antonio Labordeta, pero podía haber sido la murga de los currelantes, de Carlos Cano. Los cantantes que están comprometidos con su gente, o son muy escasos, o no tienen acceso a los grandes medios de persuasión. La música enlatada o los concursos de voces o se desentienden de la cruda realidad de sus compatriotas o se escuchan a horas intempestivas para noctámbulos. ¿Quiénes son hoy los labordetas o carloscanos a los que puedan corear solidaria y multitudinariamente los y las jóvenes que se van o se quedan también?

Adiós a los que se quedan
y a los que se van también.
Adiós a Huesca y provincia
a Zaragoza y Teruel.
Esta es la albada del viento
la albada del que se fue
que quiso volver un día
pero eso no pudo ser.
Las albadas de mi tierra
se entonan por la mañana
para animar a las gentes
a comenzar la jornada.
Arriba los compañeros
que ya ha llegado la hora
de tener en nuestras manos
lo que nos quitan de fuera.
Esta albada que yo canto
es una albada guerrera
que lucha porque regresen
los que dejaron su tierra.

José Antonio Labordeta

La vida, de serie negra

En el espacio de una semana, a caballo entre el nefasto 2016 y el año primo que le sigue, he leído en la prensa digital tres noticias con un rasgo en común. Las tres podrían ser perfectamente el núcleo central argumental de una buena novela negra (si oviesse buen señor, como se decía en el Mío Cid). En ellas se puede encontrar algunos de los ingredientes típicos del thriller policíaco: trasfondo social o político, corrupción policial, altos cargos de gobiernos implicados, sexo, etc. El marco de dos de la noticias se sitúa en territorio español y el de la tercera se va hasta el Brasil. Pero las tres podían haberse producido en cualquier lugar del mundo, porque los individuos, en lo esencial, nos movemos, para bien o para mal, por los mismos parámetros, propios de nuestra condición humana, finita y perdurable a la vez.

En una de ellas, con muerte violenta de por medio, se entrevén los dos motivos tradicionales de un asesinato: sexo y poder. Ahí está  el meollo. Como diría el escritor brasileño Rubem Fonseca, sólo se mata por pasta o por coño, o por las dos cosas a la vez. La gran dama de la novela negra británica Phyllis Dorothy James, más conocida como P.D. James, lo diría de un modo más elegante: la letra L (en inglés) basta para abarcar todos los móviles para asesinar:  lujuria, lucro, odio y amor (Lust, Lucre, Loathing, Love).

Y es que a la noticia del asesinato del embajador de Grecia en Brasil, en el que estarían implicados su esposa y el amante de esta, un policía militar, se le podría sacar toda la punta que la imaginación le quiera sacar, convirtiendo lo que la policía califica de “crimen pasional” en algo más complejo como un asunto político, con ramificaciones de espionaje, o derivadas de narcotráfico o decenas de subtramas con una componente de intriga, suspense y acción.

La segunda y curiosa información la daba un digital con el siguiente titular: Joyas, dinero, una colilla de L&M… El extraño robo en la mansión del exministro Soria. Ciertamente, en el relato que hace el periodista se pueden encontrar multitud de incógnitas (la casa no estaba revuelta, como suelen hacer los ladrones que no conocen la existencia de cajas fuertes escondidas; las luces estaban encendidas, lo que denota que los asaltantes no se molestaron en usar la habitual linterna; no había huellas pero sí que se encontró la colilla de una marca de tabaco no identificada como propia por los dueños, etc.) que hacen singular este caso y que alguien con oficio y mucha imaginación podría transformar en un asunto de “Papeles de Panamá 2”, robados de una caja fuerte al parecer con fácil apertura, o de implicaciones con las altas esferas, o de turbios negocios, o de robo de papeles políticos comprometedores… o vaya usted a saber la mente de un escritor avezado lo que puede dar de sí. Porque en este caso, también, la policía habría señalado que no se descarta ninguna posibilidad, lo que, según le escuché a un tertuliano de esos que todo lo saben, significaría que no tienen ni pajolera idea de por dónde se andan.

Y la tercera noticia es lamentablemente recurrente. Detenidos la mitad de los guardias civiles de Isla Mayor (Sevilla) por narcotráfico. Naturalmente, ha sido la propia Guardia Civil quien ha desarticulado una organización dedicada a esos menesteres, introduciendo hachís en las lanchas que navegan frecuentemente el río Guadalquivir y que algún programa de televisión ha denunciado anteriormente. Échenle ustedes al mejunje todo lo que se les antoje: detención de unos compañeros por otros, acción, intriga, suspense, conexiones, soplones, implicaciones por arriba o por abajo, condiciones de trabajo y salarios precarios, etc. etc. etc.

Como suele suceder con frecuencia, la realidad continúa superando a la ficción y ésta se nutre de noticias, un suponer, como las reflejadas. La vida, de por sí, ya es de serie negra y todo consiste en saber escribir y trasladar a la masa lectora, o veedora, si se trata del cinematógrafo, una historia que sea verosímil, atractiva y que, además, te descubra algo desconocido o, cuando menos, que te resulte particularmente de interés. Si a eso se le puede añadir una denuncia de la realidad circundante, una reflexión sobre los porqués del modo de conducirse de los seres humanos para concluir que no todo el mundo es tan malo como parece ni tan bueno como dirían las buenas lenguas, pues tendríamos algo parecido a lo que actualmente se entiende por novela negra. Género que según un autor canario, José Luis Correa, habría venido a ocupar en la actualidad el espacio de la novela realista, la novela social, de denuncia, de pensamiento.

A este propósito, en la ubicación de mi anterior blog escribí hace varios años lo siguiente:

Efectivamente, coincido con el novelista canario en que la novela negra toca todos los temas que preocupan al ser humano. Allí tienen cabida todas las miserias de la condición humana, pero también todos los grandes valores de la solidaridad, sentido de la justicia, amor por la libertad…  Y allí aprendí a mirar por debajo de la edulcorada realidad que nos quieren hacer ver quienes no les gusta que se hurgue  en su ruindad. Lo más turbio de la sociedad, la sordidez de algunos espacios públicos y privados, las condiciones de vida que han de sufrir los infortunados de la historia, la corrupción a todos los niveles, los manejos y cambalaches de los poderosos, cuando no sus crímenes impunes, lo que difícilmente sale por los telediarios o por los programas de entretenimiento de la tele, se encuentra en los libros de este género que, ciertamente, ha llenado el hueco de lo que otrora fue la novela social, tan mal vista por la crítica literaria desde hace tiempo.

¿Y qué hacemos?

En Isla Mayor algo se barruntaban. El trasiego de remolques para mover embarcaciones que pasaba por delante del cuartel y el dinero que gastaban los guardias (“Con un sueldo de 1.500 euros, ¿cómo se puede comprar coches de cinco millones —de pesetas—, o un piso en la playa, o una bicicleta de más de 6.000 euros?”) mosqueaba a algunos. Pero, ¿cuántos eran los que presentían los acontecimientos? Porque, como dice otro vecino, “a toro pasado todos dicen que se olían el tema”.

La pregunta clave la hace un ciudadano: “¿Y qué hacemos?”. Que es la misma pregunta que se hacía un vecino de Córdoba que paseaba con su perro y se acerca a ayudar a una pobre mujer que está tumbada, inerte, en la acera (*). Merece la pena transcribir el diálogo que se establece entre varios vecinos que contemplan la escena o quieren intervenir para ayudar:

Señora que pasa con su niña: Está frita… la pobre.

Vecino que quiere ayudarla: ¿Está frita? Lo que yo no sé es cómo no está muerta, si está tó el día tirá en la calle.

Vecino que pasa por allí: Pues la iba a atropellar un coche y se ha puesto como una fiera…

Vecino que quiere ayudarla: Que sí. Si lo sé. Pero es porque no está bien la mujer de la cabeza.

Vecino que pasa por allí: Y está borracha.

Vecino que quiere ayudarla: Claro que está borracha. Una persona en esta situación lo mínimo que puede hacer es beber alcohol. Vamos. Lo mínimo. Lo que pasa es que, claro, aquí nos suda la polla y tó.

Vecino que pasa por allí: Bueno, y ¿qué hacemos?

Vecino que quiere ayudarla: ¿Que qué hacemos? Pues para eso están los asistentes sociales y está uno pagando impuestos toda la vida. Para que no esté tirada en la calle y la recoja en un psiquiátrico o la recojan en algún lado. Que qué hacemos. Pues ese es el problema. Que estamos como estamos porque todo el mundo decimos lo mismo. ¿Y qué hacemos?

Vecino que pasa por allí: Si, pero….

Vecino que quiere ayudarla: Que sí, que lo sé, que es alcohólica, y que está mal de la cabeza. Si yo todo eso lo sé, caballero. Si yo no estoy diciéndole eso… Que sí, que yo lo sé. Si yo he estado dándole de comer en el Rey Heredia y sé cómo está la mujer. Y sé cómo está de la cabeza.

Vecino que pasa por allí: (habla y no se le entiende)

Vecino que quiere ayudarla: Que eso es lo que yo digo. Que estamos toda la vida trabajando y toda la vida pagando impuestos para acabar así, tirado en la calle. A ver, los asistentes sociales ¿dónde están? y ¿dónde está la gente…? Exactamente. O ¿qué pasa?, que si eres un desgraciado y un pobre, que te mueres como una rata en la calle, ¿no? Claro, eso es. Eso es porque somos una mierda, todos los demás. Eso es lo que somos.


(*) El vídeo está publicado en Twitter por @Luk_anikos, con un texto que dice: No es China, ni Venezuela, es España y este, nuestro futuro.

Cuesta de enero, febrero…

La clase pensionada comienza el año perdiendo dinero. Sus pensiones suben un 0,25% (la pensión media subirá 2,62 euros y pasará de 1.049,42 a 1.052,04 euros), y como el coste de la vida de 2016 será de 1,5%, la diferencia es bien clara: -1,25% o, lo que es lo mismo, 13 euros de media que dejan de ingresar al mes (¡qué dineral!). Pero no queda ahí la cosa. Las previsiones para 2017 no apuntan precisamente a una bajada del IPC y, por lo tanto, si en el mejor de los casos la inflación prevista se sitúa en una cifra similar a la del año anterior, quiere decir que perderán otro 1,25%. Así que desde primeros de año a su final les habrán birlado 2,5 puntos porcentuales. Que cada cual, pues, continúe haciendo sus cuentas. Y revise, si le quedan ganas, sus querencias electorales.

Porque este es el resultado de la ley que aprobó en solitario el PP, dando una vuelta de tuerca a la que anteriormente había sacado el PSOE. Eso sí, a ambos partidos se les llenó la boca cuando aprobaron sus respectivas leyes “contra” la clase pensionada, de que las hacían para salvar las pensiones, asegurar el futuro de generaciones venideras y una jartá de frases edulcoradas y falaces. Se trata de hacer la devaluación en la bolsa de las pensiones que antes se hiciera con los salarios. Se trata en definitiva, de torear a la clase más sumisa y vulnerable de la sociedad, la del pensionado, del mismo modo que se ha hecho con trabajadores y plebe en general. Al modo natural del toreo, o sea, con la mano izquierda de sus apoyos parlamentarios, parando, templando, mandando, cargando y fulminando a todo aquel que se ponga por medio de sus intereses particulares, que son justamente los de las élites y los de la clase a la que defienden tan eficazmente. Conviene reproducir periódicamente, para la gente de frágil memoria, la sentencia descarnada de Warren Buffett: “Claro que hay una lucha de clases, pero es mi clase, la clase de los ricos, la que está librando esta guerra. Y la estamos ganando”.

¿Cómo, pues, se puede estar contento con esta gente, a la que por cierto se sigue votando y se sigue teniendo intención de votar encuesta tras encuesta? ¿No es para desanimar al lucero del alba que millones de individuos, por convicción, desidia o temor, sostengan a partidos que practican unas políticas de agresión y de engaño al conjunto de la sociedad, en beneficio de unos pocos, cuando mucha de esa gente, por ejemplo, tiene a sus hijos o a sus nietos masivamente en el paro o teniendo que emigrar a otros países por centenares de miles “por inquietud” y “amplitud de miras”, como dice el ministro, o, como decimos el resto de mortales, a buscarse la vida que no pueden tener aquí, con sus familias, amigos y entorno cercano?

Precisamente, la parte más dinámica de la sociedad, la que más puede aportar a la colectividad, la que más ganas tiene de comerse el mundo, ha de dejar el país que ha contribuido a su formación forzada por las circunstancias sociales y laborales. Y eso sucede aquí mismo, en su casa, en su familia, en su barrio, en su ciudad, en su comunidad. Porque, claro, que cualquiera puede aspirar a mucho, a más y a mejor donde le plazca. Pero la primera posibilidad de conseguirlo debe ser en su hábitat natural.

¿Estamos haciendo lo suficiente para impedir este sacrificio? Mucho me temo que no y que es harto difícil contraponer el optimismo de la voluntad al pesimismo de los datos que nos rodean. Con cuesta o sin cuesta. Nos quieren sumisos, sometidos a la dictadura de los mercados, esa que antepone el pago de la deuda, el déficit público, las magnitudes macroeconómicas al bienestar general, al bien común de todo un pueblo. Ah, pero decir esto es demagogia, populismo, bolivarismo y cualquier otro ismo que sirva para atemorizar a los más incautos y que te puedan escupir a la cara quienes mejor viven o quienes no se enteran de lo que acontece un metro más allá de sus adorados ombligos.

El día feliz que está llegando

Atrás queda un año de sinsabores. También de regocijo. Cómo no. Como siempre. Según como cada cual lo vea. Según como a cada quien le haya ido. En la particular e intransferible balanza que cada una de las personas tenemos, el fiel se inclina según el peso que júbilo y pesadumbre albergan sus platillos. Por estos días, la esperanza en un futuro mejor anida en medio mundo. En el otro medio, que acaso viva en la desesperanza permanente de quien nada tiene, una canción también puede alumbrar un rayo de optimismo frente al pesimismo de la razón. No encuentro nada mejor para recibir el año nuevo que la canción caribeña de Silvio Rodríguez, versionada por los acordes nórdicos de dos noruegos. Una delicia.

Buenos, malos y regulares

Hace muchos años que descarté enfrentarme en términos maniqueos a la vida, a las gentes, a los países, a las cosas y que la división sin matices entre buenos y malos es injusta, inexacta y peligrosa, cuando no contraproducente. Hay gente, sin embargo, que se empeña (a veces, chillando o despotricando) en que nos planteemos continuamente esa dicotomía insana. Lo cual no es óbice para que cada uno de nosotros tengamos una escala de valores y sepamos a buen seguro, percibamos en lo más íntimo o sencillamente creamos saber lo que es bueno y lo que es malo y, en consecuencia, en cuál de esos bandos duales nos situaríamos o acaso en ninguno de ellos para militar en el eclecticismo. Ya sea como personas individuales o como parte integrante de un colectivo, ya sea nacional, étnico, político, de minoría o de clase social, etc. Obviamente, a esa conclusión llegamos tras un proceso vital, corto o largo, sencillo o complejo, y siempre desde nuestra perspectiva -subjetiva y por tanto sujeta al error- más o menos adulterada, más o menos formateada por quienes están todos los días y a todas horas con ese afán de persuadir nuestras conciencias en su propio y particular beneficio.

Valga esta digresión para constatar lo poco que sabemos de algunos conflictos y lo mucho que nos guiamos por lo que dicen otros que parecen saber, sin hacer demasiado esfuerzo por nuestra parte para intentar acercarnos a la verdad machadiana. Las sentencias del cuñadismo radiofónico o televisivo; las noticias que mezclan interesadamente información y opinión; los flashes de agencias que se reproducen por tierra, mar y aire sin matizar ni contextualizar; la repetición de falsedades y medias verdades ad nauseam, hasta parecer verdades incontrovertibles; en fin, lo que se quiere que sepamos o creamos a pies juntillas por el establishment imperante en cada sociedad… son determinantes a la hora de conformar nuestra opinión o, al menos, nuestro imaginario colectivo de buenos, malos y mediopensionistas. Siempre con la tentación de abrazar la nefasta división valorativa del pensamiento binario (paradojas de la vida: el supuesto progreso que representa las nuevas tecnologías está sustentando precisamente en una dualidad de ceros y de unos, binarismo puro).

Nos quieren tratar como a críos y no como adultos. Y a fe que lo consiguen en muchos casos. Nos quieren sumisos, ignorantes y acríticos. Y en buena medida, y a las pruebas electorales me remito, están lográndolo. Y nos cuentan sus cuentos interesados, para engañarnos, aterrorizarnos o colarnos sus corolarios. Pero queremos saber lo que se esconde tras ellos. Y descubrir por nosotros mismos lo que pasa, no lo que nos dicen que pasa. Ya sea en Siria, en Rusia, en los Estados Unidos de Trump, en Cuba, en Venezuela, en Cataluña, en nuestro país, en nuestro pueblo, en nuestro barrio, en nuestro colectivo humano. Mucho me temo, empero, que si muchas, demasiadas veces no sabemos qué acontece en nuestro entorno más cercano, cómo leches vamos a saber todo lo que sucede dos metros más allá de nuestros ombligos.

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Sé todos los cuentos, León Felipe

Yo no sé muchas cosas, es verdad.
Digo tan sólo lo que he visto.
Y he visto:
que la cuna del hombre la mecen con cuentos,
que los gritos de angustia del hombre los ahogan con cuentos,
que el llanto del hombre lo taponan con cuentos,
que los huesos del hombre los entierran con cuentos,
y que el miedo del hombre…
ha inventado todos los cuentos.
Yo no sé muchas cosas, es verdad,
pero me han dormido con todos los cuentos…
y sé todos los cuentos.

Hay quien no sabe qué es brindar

Canción de Navidad

El fin de año huele a compras,
enhorabuenas y postales
con votos de renovación.
Y yo que sé del otro mundo
que pide vida en los portales,
me doy a hacer una canción.

La gente luce estar de acuerdo,
maravillosamente todo
parece afín al celebrar.
Unos festejan sus millones,
otros la camisita limpia
y hay quien no sabe qué es brindar.

Mi canción no es del cielo,
las estrellas, la luna,
porque a ti te la entrego
que no tienes ninguna.

Mi canción no es tan sólo
de quien pueda escucharla,
porque a veces el sordo
lleva más para amarla.

Tener no es signo de malvado
y no tener tampoco es prueba
de que acompañe la virtud.
Pero el que nace bien parado,
en procurarse lo que anhela
no tiene que invertir salud.

Por eso canto a quien no escucha,
a quien no dejan escucharme,
a quien ya nunca me escuchó,
al que en su cotidiana lucha
me da razones para amarle,
a aquel que nadie le cantó.

Silvio Rodríguez, 1988

https://youtu.be/QjktaXuLsjE