Dibujar una puerta violeta

SER MUJER, de Beatrice Borgia

nena
tráeme un vaso de agua
pilla unas birras para los colegas
y abre las piernas que descargue

ser mujer

y llorar callada los dolores
caer y volver a caminar
ser la elegida para traer vida
e ir debajo del brazo del hombre
para ser protegida

ser mujer

y trabajar cien días más al año
y la casa
y los niños
y los estudios
y el gimnasio
y no envejezcas

ni engordes

ser mujer

hetero lesbiana virgen sumisa rebelde
madre soltera casada loca cuerda
o puta

ser mujer

en las oficinas
los supermercados
las puertas de los colegios
las barras de los bares
los segundos pisos

y los desiertos

SER MUJER
y escribir poemas que destripen

pero también otros que pierdan plaquetas
y enfundarse camisetas negras o minifaldas de colores
lanzarse a las calles con pompas de jabón en los labios
acodarse en los garitos hasta las tantas
hablando de política y cultura
o del sexo en las barricadas

y volver sola a casa

ser mujer
ser mujer
ser mujer ser mujer ser mujer

ser ser ser ser ser ser ser ser ser
SER

MUJER

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El otro 11-S

El otro 11 de septiembre. Quienes lo vivimos de aquella manera, en el directo que se podía seguir por entonces, sin redes sociales, sin internet, sin la globalización informativa, siempre lo tendremos presente. En todos sus detalles. En todos sus matices. En todos sus pormenores. Una ficha más en el archivo personal que pretendo que sea este blog. Por si mañana un eclipse neuronal se cruza por estos pagos.

El discurso del doctor Allende en la ONU fue pronunciado el 4 de diciembre de 1972, nueve meses antes del golpe militar. Dedicó una apartado a hablar sobre el papel nefasto y la falta de control de las multinacionales, “el capítulo anterior al neoliberalismo que hoy domina el mundo”. De los 2:55 del vídeo, 1:05 son de aplausos.

Una noche de verano

De esto que sabes que tienes una dormida prolífica y una producción onírica de dimensiones siderales. Vamos, que sueñas mogollón. Y que algunos sueños, incluso, los recuerdas perfecta y vívidamente. De esto que tienes más o menos pergeñado en tu mente somnolienta un texto esplendoroso para tu blog. Original. Atrevido. Con rasgos de humor e ironía. Y lo tienes perfectamente estructurado. Con una sintaxis perfecta. Te parece magnífico para lo que tú sueles dar de sí. Pero todo eso dormitando. O durmiendo. O dormido. Que vaya usted a saber si esa distinción tiene sentido, a tenor de la que dicen que hizo el senador real Camilo José Cela entre estar jodiendo y estar jodido.

De esto que dejas pasar las primeras horas del día siguiente. Que sabes el asunto, la matriz, el núcleo de lo que querías decir, pero que te pones a escribir creyendo que te saldría de corrido, tal como lo habías soñado, como lo has hecho en otras ocasiones,  pero que… ¡naranjas de la China! Que aquello no sale ni a la de tres. Que comienzas a rellenar el papel en blanco con frases supuestamente brillantes y que… ¡verdes las han segado! Que no te sale nada medianamente inteligible ni, sobre todo, publicable.

De esto que vas borrando párrafos enteros a medida que los vas releyendo, porque el texto es infumable, lleno de anacolutos, de inconsistencias, de lugares comunes. Pero, ¿cómo es posible que no te salga nada de lo que habías enhilado en la dormida de la noche anterior? ¿Cómo se puede esfumar una construcción tan perfecta, unas figuras retóricas tan atrayentes, una elipsis tan sugerente, un hipérbaton tan inédito, una anástrofe tan arcaica?

De esto que piensas que deberías haberte despertado y tomar notas, como has hecho en otras ocasiones, aunque a la mañana siguiente no hubieras entendido lo que quisiste apuntar entre sueños. De esto que sabes que la cosa iba de por qué no ves televisión, de por qué no sirve de nada cambiar de canal porque en todos es lo mismo, de por qué la sustituyes por la lectura, de por qué eso no te hace mejor ni peor frente a los demás ni a los demás frente a ti, de para qué ver lo que te irrita, te aburre o sencillamente te produce erisipela mental, de para qué tener que ver la jeta o escuchar las soflamas de tanto cantamañanas, masculino o femenino, que pulula por cualquiera de las cadenas públicas o privadas…

De esto que recuerdas que tu sueño iba de literatura, o de su antagónica televisión, y que en él aparecían, no sabes a cuento de qué, el Tesoro de la Lengua Castellana o Española, de Sebastián de Covarrubias, y el Diccionario ideológico de la lengua española, de Julio Casares, que tienes tan desencuadernados por trillados y que un día de estos tendrás que plantearte muy seriamente empastarlos como se merecen. De esto que sabes que ya no podrás reproducir aquel artículo tan chispeante, tan sobresaliente, que tanto te deslumbró… entre sueños. De esto que sientes que has perdido tu oportunidad y que, aunque con toda seguridad se presenten otras, nunca jamás podrá ser como aquella que soñaste en la dormida de una noche de verano.

La risa

Advertido por el tuíter, leí ayer lo que escribía mosqueado Juan Cruz, el columnista de guardia en el verano de El País. La contrariedad del columnista se debía a que la peña, en esa red social, se había descojonado con un joven de barbas, al parecer de origen andaluz, que había reivindicado para el DAESH la autoría de los atentados de Barcelona y Cambrils. Junto a obviedades (“Reír es saludable, pero no siempre”), lanza su soflama anti-risas a sus lectores: “Esta broma infinita con la que ahora queremos reducir el terror a la nada la pagaremos; es decir, la seguimos pagando”. No sé si será por la edad o por andar un tanto fuera de juego, lo que parece claro, es que a don Juan no le gusta que en estos asuntos la gente utilice el humor. No sé qué diría (porque seguro que algo escribió) cuando el atentado de Charlie Hebdo, pero si esa revista satírica le hubiera hecho caso, y no se hubiera sobrepuesto a la barbarie mediante el humor, ahora habría unos cuantos trabajadores en la calle. Porque viven de la risa, la sonrisa y el jolgorio, y hay gente, a lo que se ve, que la repele su utilización en casos tan dramáticos como estos.

A mí también me hizo gracia hace algunos meses un hilo que leí en el tuíter (red en la que el prolífico periodista nos anuncia periódicamente que se va, que se va, que se va, pero nunca se ha ido). Sucedía que criticaba Juan Cruz, cómo no, el tramabús de Podemos, en el que aparecía su jefe, Cebrián, y otro de sus santos laicos: Felipe González. Y eso para él son palabras mayores. Y escribía al respecto Isidro López (@suma_cero): “Si a Juan Cxxz, conocido gafe cuyo nombre no me atrevo a reproducir sin tocar madera, no le mola, el tramabus vivirá”. Y seguía: “Gafe evidente. Yo ya he arriesgado bastante enlazando su artículo”. Y terminaba: “Cuantas necrológicas de ‘grandes amigos’ ha escrito Juan Cxxz. Miles. No puede ser casualidad. Es gafe seguro.” Y le contestaba otro, no recuerdo el nombre: “Pero es que, además, siempre les había visto por última vez ‘hace unos días’, ‘esta misma semana’, ‘en su última visita a España’ “.

Ahora en el tuit que el propio Cruz ha escrito para enlazar su artículo, alguien le ha recordado una frase de Umberto Eco: “La risa mata el miedo y sin el miedo no hay lugar para Dios”. A mí me parece que quedarse de guardia en el verano da para escribir muchas simplezas (la gente anda despistada por playas y montes) y la del artículo citado es una más de las que le he leído a este periodista. Tiene derecho, faltaría más, a escribir lo que se le ponga, pero tanto como el nuestro a que lo consideremos como tengamos a bien. Las percepciones son libres. Y a mí tampoco me gustó su alegato contra la risa. Terminemos con un canto que lo contrarreste. El poema Tu risa, de Pablo Neruda:

Quítame el pan, si quieres,
quítame el aire, pero
no me quites tu risa.

No me quites la rosa,
la lanza que desgranas,
el agua que de pronto
estalla en tu alegría,
la repentina ola
de plata que te nace.

Mi lucha es dura y vuelvo
con los ojos cansados
a veces de haber visto
la tierra que no cambia,
pero al entrar tu risa
sube al cielo buscándome
y abre para mi todas
las puertas de la vida.

Amor mío, en la hora
más oscura desgrana
tu risa, y si de pronto
ves que mi sangre mancha
las piedras de la calle,
ríe, porque tu risa
será para mis manos
como una espada fresca.

Junto al mar en otoño,
tu risa debe alzar
su cascada de espuma,
y en primavera, amor,
quiero tu risa como
la flor que yo esperaba,
la flor azul, la rosa
de mi patria sonora.

Ríete de la noche,
del día, de la luna,
ríete de las calles
torcidas de la isla,
ríete de este torpe
muchacho que te quiere,
pero cuando yo abro
los ojos y los cierro,
cuando mis pasos van,
cuando vuelven mis pasos,
niégame el pan, el aire,
la luz, la primavera,
pero tu risa nunca
porque me moriría.

En tiempos de tribulación

No sé si Ignacio de Loyola tuvo o no razón cuando aconsejó no hacer mudanza en tiempos de desolación, de turbación o de tribulación (que de todo se atribuye al dicho jesuítico). Si por mudanza se entiende cambio, parece claro que algunos se lo están tomando al pie de la letra y están dejando que pase la congoja y el desconcierto para retomar sus afanes. Unos, para que todo cambie. Otros, para que todo permanezca. Unos terceros, que prefieren cambiar pero para que todo siga igual. A las gentes que nunca saldrán por la tele, salvo que les toque el gordo de navidad, me creo que no le consultarán sus preferencias.

En estos tiempos convulsos, en los que, unos gestionan correctamente la incertidumbre y otros tratan de aprovecharse de ella, para pescar en río revuelto, conviene de vez en cuando, y no sólo cuando vienen mal dadas, acudir a los clásicos, que siempre sosiegan el espíritu y nos estimulan para no perder el norte, el hilo que debería ser conductor de nuestras acciones u omisiones. Y no me dirán que la Declaración Universal de Derechos Humanos no es uno de esos textos, clásicos donde los haya, al que se acude demasiado poco. Empecemos, como siempre, por el principio. Dos articulitos tan solo. Dedicados especialmente a esa caterva de intolerantes que anteponen sus ombligos, rebosantes de odio, al mínimo común múltiplo del bienestar colectivo.

ARTICLE_01

Artículo 1º

Todos los seres humanos nacen libres e iguales en dignidad y derechos y, dotados como están de razón y conciencia, deben comportarse fraternalmente los unos con los otros.

Artículo 2º

ARTICLE_02

Toda persona tiene todos los derechos y libertades proclamados en esta Declaración, sin distinción alguna de raza, color, sexo, idioma, religión, opinión política o de cualquier otra índole, origen nacional o social, posición económica, nacimiento o cualquier otra condición. Además, no se hará distinción alguna fundada en la condición política, jurídica o internacional del país o territorio de cuya jurisdicción dependa una persona, tanto si se trata de un país independiente, como de un territorio bajo administración fiduciaria, no autónomo o sometido a cualquier otra limitación de soberanía.

Y continuemos, para terminar, leyendo a Mohamed Beldris Benhmida, estudiante de psicología en la Universidad de Barcelona, para quien es primordial luchar para “hacer de este mundo un lugar más digno, más justo y mejor”. ¡Ea! Salud, pues.

Escribir ya no es lo que era

Secuencia 1. En la película documental The Act of Killing, de Joshua Oppenheimer, aparecen jactándose de su hazaña unos cuantos de los asesinos en masa que en la Indonesia de los años 1960, bajo el gobierno del dictador Suharto, acabaron con un millón de compatriotas. Fue una persecución en toda regla de gentes de izquierdas y de demócratas opositores al régimen, todos agrupados bajo el rótulo de ‘comunistas’, y las matanzas se llevaron a cabo por mercenarios y bandas de gánsteres, con la complicidad o dirección del gobierno. En un pasaje del documental aparece el editor de un periódico, que aún ejerce como tal, que confiesa abiertamente: “Como editor de prensa, mi trabajo era hacer que el público odiase a los comunistas”.

Secuencia 2. Steve Bannon, que ha sido el principal asesor del presidente Trump y que está considerado como una referencia para la derecha más reaccionaria, además de ser el mentor ideológico del nacionalismo populista con el que el primero ganó la elección presidencial, ha dimitido y regresa a la publicación Breitbart News, que presidió hasta entrar en la campaña de Trump y que es una plataforma clave del nacionalismo más extremista y antisistema. Bannon que, también es exdirectivo de Goldman Sachs, dijo a su salida: “Puedo luchar mejor desde fuera. No puedo luchar tanto contra los demócratas desde dentro como puedo desde fuera”.

Estas dos secuencias resumen el papel que juega una parte de la prensa en cualquier país del mundo. Tanto en dictaduras como en democracias. En las primeras son los propios gobiernos, mediante medios de comunicación sumisos o directamente a su servicio, quienes ejercen a su antojo el control social de la prensa y, por ende, de las libertades de expresión, de información y de opinión. En las segundas, los poderes financieros o las grandes corporaciones, de modo indirecto, invierten en medios que saben contra quiénes deben trabajar, como Bannon o como el editor indonesio. Y tienen claro que nunca jamás van a tirar piedras contra su propio tejado.

Naturalmente, en todos esos medios hay profesionales que creen trabajar libremente y la propia prensa cultiva una apariencia de informar libremente. Pero los límites de esos profesionales vendrán determinados por las rayas rojas -que nunca podrán cruzar- que los intereses de sus propietarios habrán señalado previamente a través de sus consejos de redacción, de sus directores y de sus redactores jefes. Directivos, todos ellos, a los que no hará falta adoctrinar en cada caso, por supuesto, porque para eso fueron elegidos en esos puestos clave.

Y pocas parcelas importantes de la sociedad se escapan a lo que es importante para los bancos. En todas las que pongan sus largas manos: el mercado inmobiliario, la privatización de las pensiones, de la sanidad o de la educación, el destino de las inversiones que realizan o dejan de realizar en sectores estratégicos o del interés general del común, etcétera. A todas ellas corresponderá el oportuno tratamiento informativo en la prensa afín y será preciso acudir a fuentes de comunicación alternativas si es que se desea estar al tanto de la actividad que realizan. Aunque siempre queda hacer como el avestruz, y hacer como si no nos diésemos cuenta de quiénes están detrás de los medios.

Pascual Serrano, autor de numerosos libros sobre el mundo de la comunicación, escribe un artículo (Prensa escrita, reinventar o morir) en el que aporta varios ejemplos de cómo la prensa de papel está buscando nuevas vías de financiación para desempeñar libremente su rol, imprescindible en una sociedad que se quiera democrática y que no debe tolerar que nos enteremos “solo de lo que algunos quieran”.

Parece claro que “los contenidos no consiguen los ingresos necesarios para cubrir los gastos de un enviado a Siria o para remunerar las muchas horas de un trabajo de investigación”. Serrano apunta: “O inventamos algo o no habrá enviados especiales ni corresponsales que nos cuenten lo que pasa en el mundo ni investigación periodística más allá de las filtraciones interesadas. Por otro lado, quizás esta crisis pueda ser una oportunidad para poner en marcha otros medios que no dependan de grandes empresas anunciantes y grandes accionistas. En realidad son estos emporios los que se están desplomando para empezar a jugar en la misma división de los medios cooperativos, comunitarios o autogestionados por periodistas y organizaciones sociales”.

Las experiencias de Le Monde Diplomatique, en España y Francia, de la Jornada, en México, de Le Courrier, en Suiza, o del semanario The Nation, en los Estados Unidos, cada una con su singularidad en lo tocante a estructura accionarial, gestión, fuentes de financiación, publicidad, etc., son relevantes y dignas de estudio y “muestran la necesidad de renovarse, de reinventarse y de una sociedad concienciada en que o apoyamos unos medios o nos quedamos sin saber lo que pasa en el mundo”.

Hace unos días me hacía eco en el twitter de dos modelos de negocio en el mundo de la prensa escrita. Uno el que se ponía de manifiesto en esta entrevista al director de El Diario Cantabria, que señalaba lo siguiente: Las redes sociales han transformado nuestra forma de comunicarnos. Los medios apostamos por tener más seguidores y más ‘me gusta’. Hemos pasado de compartir en pandilla a tener miles de ‘amigos’ que nos leen y nos siguen ávidamente y que quieren ser escuchados y participar. Comentar, apostillar, aclarar o simplemente dar su opinión. Las redes nos permiten comunicarnos a cualquier hora del día con cualquier persona, aunque viva en otro hemisferio y en otro huso horario […] ¿Cómo nos diferenciamos los medios? Estructurando contenidos. Separando el grano de la paja. No todo es noticiable. Pero entendiendo que el mensaje debe ser bidireccional y debemos escuchar y respetar las opiniones de nuestros lectores siempre y cuando no insulten, maltraten o desprecien. La interacción es positiva, siempre que sea bien gestionada”.

El otro modelo sería el de la prensa escrita que no se lleva nada bien con las redes sociales, a las que ve como competidoras directas en una parcela en la que tenían un rol preponderante. Rol que ha devenido obsoleto o irrelevante en buena parte, cuestión esta que no es fácil de digerir por quienes han echado los dientes como periodistas en esos medios. Juan Cruz, periodista de El País, en un artículo reciente en el que ponía a caldo la red twitter, vendría a representar lo que una parte de esa prensa ve como una intromisión, una injerencia, una puesta en cuestión de su monopolio secular a la hora de informar y opinar: “Se está utilizando la red para amedrentar a periodistas, a políticos, a profesores o a gente que se toma en serio la existencia de estas redes como vehículo en el que es posible intercambiar puntos de vista. Ya no son aceptables los puntos de vista”. “Ese ruido infernal, esa falta de respeto, está creciendo hasta el contagio, y ya salta a los informativos, a los periódicos digitales y de papel; todo lo que es susceptible de debate se comprime en un número mínimo de caracteres en los que siempre cabe, sobre todo, la descalificación, el insulto o el irrespeto”.

No sé si escribir en España sigue siendo llorar, como diría Larra, el Pobrecito Hablador. Lo que parece seguro es que ya no es lo que un día fue. No solo por la propiedad oligopolística de los medios de comunicación, que está limitando gravemente el derecho a la información, sino porque las nuevas tecnologías están transformando los modos y maneras de escribir. Las hordas de prosumidores ya no se limitan a desayunarse con los periódicos de turno, que cada vez más se están convirtiendo en las hojas parroquiales de las iglesias de la globalización neoliberal, sino que están reclamando una participación mucho más activa que como meros consumidores: están actuando, interactuando en el ruido mediático con toda contundencia y desparpajo. Que hay excesos, es más que evidente*. Que no se pueden considerar periodismo en sentido estricto, también. Pero que son imparables estas nuevas vías para comunicarse y para estar informados es un hecho tan significativo que hoy en día, cualquiera que tenga algo que decir, si no lo dice en el twitter, no es nadie. Mañana… mañana es posible que cambien las secuencias del guión. Como se dice en las series: to be continued.

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* A horas del atentado en Barcelona, tres individuos que ejercen de periodistas, Hermann Tertsch, Alfonso Rojo e Isabel San Sebastián, aprovechándose del dolor y la conmoción del salvaje asesinato, pusieron la nota con sendos tuits, en las que mezclaron deliberadamente el yihadismo con el debate que se venía produciendo sobre la masificación turística que padece la ciudad o con la religión musulmana y la historia de la presencia árabe en España. No voy a reproducir sus textos, sería darles  una cancha a sus delirios cuasi fascistas. Son tres ejemplos de los excesos que pueden cometer en esta red miserables de esta calaña. Hubo colegas que, refiriéndose a uno de los tres satélites, apuntaron la solución: “Si los medios no van a dejar de contar con este miserable, a lo mejor otros tertulianos se podrían negar a compartir espacio con él, ¿no?”.

La ignorancia es atrevida

Tengo amistades castellanas y, de tarde en tarde, hablamos de semántica, de sintaxis y de lenguas. Desde bien chiquito, yo les cuento, tuve que sobrellevar las primeras correcciones por mi forma de hablar, que no era otra que la del pueblo jiennense en el que me crie. Recuerdo que mis primos de Málaga, por ejemplo, en una de las estancias en mi ciudad de nacimiento, me corrigieron la expresión de “alivia”, que yo utilizaba para demandar rapidez a alguien que se atrasaba en alguna actividad, por la de “aligera”. Se ve que en la capital malagueña no conocían todavía la sexta acepción que da el DRAE al verbo aliviar (“Acelerar el paso, aligerar o abreviar alguna actividad”).

Más tarde, en el instituto, padecí algo similar por parte de algún que otro profesor, ajeno a nuestra tierra, empeñado en “castellanizar” la expresión y la vocalización de sus alumnos (en aquella época el instituto público albergaba a chicos y chicas pero en clases diferenciadas). Y más adelante, la migración forzosa a latitudes de promisión, donde se pega todo menos la hermosura, arramblaron en buena parte con el acento de la tierra mamado hasta la adolescencia, básicamente para hacerte entender por quienes no comprendían, o no hacían esfuerzos por comprender, determinadas expresiones castellanas que habían decaído en la gran capital.

Veníamos de un tiempo que ya era un poco nuestro, de un país que íbamos haciendo, en donde Raimon cantaba –en catalán- las esperanzas y lloraba la poca fe. A pesar del tiempo transcurrido desde el particular éxodo familiar, aún conservo algún que otro giro del lenguaje, algunos vocablos y fonemas que, alimentados por el intercambio con mis iguales de acá o el de mis frecuentes visitas al Sur, hacen que todavía deba explicar la utilización de significantes, aclarar el significado de algunos términos, matizar el de otros y argumentar contra la crítica frecuente de que en el Sur hablamos «mu malamente».

Quien así dice, desconoce la diferencia entre arcaísmos y vulgarismos; entre el uso correcto de los artículos en Andalucía y los laísmos, leísmos y loísmos que proliferan de Despeñaperros p’arriba; entre las hablas y los dialectos; entre las lenguas y los modos de hablarla; entre la comunicación de los sures y de los nortes realmente existentes. Vamos, que la ignorancia es muy osada y que a cualquier expresión que no se utiliza, que se desconoce, se la suele descalificar con frecuencia por incorrectamente manifestada. Como diría el poeta, todo lo que se ignora, se desprecia.

Un estudioso –y maestro- de las lenguas andaluzas (porque no hay un dialecto andaluz, hay, como él dice, una enorme variedad de lenguas en Andalucía, no ya entre provincias, sino entre pueblos limítrofes; vaya usted, si no, a Lanjarón o a Aracena, a Chiclana o a Baeza, a Rute o a Mojácar, a Dos Hermanas o a Fuente Vaqueros, a Ronda o a Cabra, y observe cómo hablan en cada una de esas localidades ), José Mª Pérez Orozco, catedrático de Lengua y Literatura Española, daba una lección rotunda sobre la economía del lenguaje en Andalucía, a través del significado de una anáfora que no se puede aguantar: No, ni, ná.

Y en este otro vídeo, se recoge una conferencia entretenidísima en la universidad sobre lenguaje, rica en anécdotas y chascarrillos, y basada en tres puntales: el andaluz, el flamenco y Cádiz. ¡Que lo disfruten!

https://www.youtube.com/watch?v=6-Hy2jwkSAo

El retorno de los tópicos

Hubo una vez alguien que avanzó una teoría apocalíptica, según la cual se dibujaba un futuro en el que la hinchada del fútbol correría peligro de extinción a causa del fenómeno de las retransmisiones televisivas. Tal teoría fue desactivada por Manuel Vázquez Montalbán, a quien le interesaba el fútbol “porque es una religión benévola que ha hecho muy poco daño. Existirá fútbol mientras la gente crea en un club y en unos colores como señales de identidad en una sociedad en que cada vez faltan más referencias”. El comentario de M.V.M ., hecho en 1997, se ha demostrado acertado y los campos de fútbol siguen llenándose de miles de espectadores domingo tras domingo y mucho tienen que cambiar las cosas para que no suceda otro tanto en la actual temporada y en las siguientes, dado el nivel de figuras que correrán en un rectángulo de hierba verde de 105 x 68 m.

Pues bien, de forma ya consustancial al inicio de la temporada futbolera, vuelven los tópicos a los medios periodísticos, tanto de prensa como de radio y televisión. Cada medio con su particular impronta, con sus singulares latiguillos; cada periodista con sus típicos tópicos, con sus formas de cantar los goles, con su particular manera de decir y entrevistar, con sus manidas polémicas sobre los árbitros, los presidentes de federación, los dirigentes del fútbol (o furbo, o fúlbol, o fúrgol). Aún no me explico que, con los programas de radios y teles que proliferan, y que cada año se renuevan buscando mayor clientela, se vendan todavía periódicos deportivos de papel. Por supuesto, con su chica de contraportada ligerita de ropa. ¿Acaso no leen ese tipo de prensa las mujeres? ¿O es que es un terreno acotado por el machismo imperante al que hay que ponerle algún anzuelo visual para que compre?

Aunque se han escrito cositas al respecto, creo que todavía está por hacer la antología de los tópicos del fútbol. Algún estudiante de doctorado podría plantearse seriamente trabajarlo. Todos hablan (hablamos) de los tópicos de este deporte-espectáculo, algunos redactan artículos y columnas livianos sobre el particular, pero no hay tratados en profundidad sobre el asunto.

Soy oyente de programas radiofónicos pero solo cuando me coinciden con las horas de comer y, sin embargo, creo que sabría decirles, sin riesgo de equivocarme demasiado, lo que van a decir los protagonistas del espectáculo-deporte y cómo y cuándo lo van a expresar. Y tampoco sería mucho adivinar lo que les preguntará la tribu periodística (cada cual, si quieren, con su particular manera de inquirir). O sea, lo de siempre, y quiénes van a ser los protagonistas, dónde y porqué.

Los protagonistas de la colección de tópicos la forman por igual jugadores, entrenadores y presidentes, pero también los periodistas que no hacen esfuerzo alguno por innovar. Bien es cierto que algunos se justifican por tener que rellenar largos espacios deportivos perorando por la radio o emborronando decenas de páginas cada semana y, en definitiva, estirando algo que de por sí creo que no daría tanto juego. Aunque esta es la opinión de un cuasi lego en la materia y, por tanto, alejada del sentir mayoritario de esta sociedad del espectáculo banal.

Como cada año, la rentrée política y social, la vuelta a empezar a dar por saco, el comienzo del curso y de los concursos de averquiénlatienemásgrande, no los marca el inicio de las escuelas e institutos; ni los consejos de ministros adelantados, ni el final de las vacaciones agosteñas para quien pudiera tenerlas. La vuelta a la supuesta normalidad viene determinada por el fútbol. Por el negocio del fútbol, más bien. Hoy mismo, con eso que llaman supercup, otro invento para hacer caja de esas superestructuras futboleras de dudosa dirigencia.

La peña, entusiasmada por los fichajes de relumbrón. Las audiencias, disparadas una vez más. Nadie, ni el más reacio a este deporte, espectáculo, negocio o lo que diantres sea, se podrá sustraer al influjo de la publicidad. Los sonidos del gol se escucharán, seguro estoy, en Marte. O más allá. Y si no, ya habrá algún magnate -de los países del Golfo, off course– que se encargará del boyante emprendimiento. Las voces sensatas de este mundillo, escasas, deberán competir con el desbarre de comentaristas sectarios, tertulianos fanatizados o hinchas desnortados. Los políticos se alegrarán y tuitearán las proezas de sus equipos. El negocio del fútbol de pago está servido. Los partidos en abierto quedaron en el olvido. El personal deberá pasar por taquilla o arrejuntarse en el bar de su preferencia. Quizás no sea mala cosa para ese gremio. A ver si se creían que la libertad de mercado era elegir la plaza de abastos o el super del barrio en los que comprar el pescado.

Quienes no tenemos colores en esto del fútbol, aunque nos guste, lo tenemos crudo. A mí, por ejemplo, no me importaría tener algún equipo, a ser posible que ganase de vez en cuando para saciar mis apetitos competitivos. Pero mucho me temo, empero, que si en mi vida cotidiana estuve siempre más cerca de los perdedores, cualquier equipo al que me aficionara tendría también esa condición. Y para eso, casi prefiero quedarme como estoy: compuesto y sin equipo.

Despacito, ma non troppo

De chico, tuve un maestro del que recuerdo muy pocas cosas. Una de ellas es que nos exhortaba muy a menudo a sus alumnos a que nos condujéramos despacio por la vida. Que leyéramos lento. Que no tuviéramos prisa en contestar cuando nos preguntaba y que pensáramos antes nuestras respuestas. Piano, piano, nos decía. Parece que estoy viéndolo. Muchos años después supe de la existencia de ese refrán italiano: Piano, piano, si va lontano. Esto es, Poco a poco, se va lejos. Me gustan los sinónimos que recoge el Centro Virtual Cervantes: A passo a passo, si va a Roma; Chi agisce adagio e bene, buon risultato ottiene (Quien actúa despacio y bien, tiene éxito); Chi fa in fretta, ha disdetta (Quien hace (algo) con prisa, tiene mala suerte); Chi ha fretta, vada adagio (Quien tiene prisa, que vaya despacio); Chi va pian va ratto (Quien anda despacio, anda bien); Più lunga la strada, più corto il passo (Cuanto más largo el camino, más corto el paso).

Cosas de la globalización. Una cancioncilla sin pretensiones, una letrilla a ratos subidilla de tono, una música pegadiza se ha hecho famosa en todo el mundo. No entiendo demasiado de modas ni de estéticas musicales, pero dejo constancia de la controversia que arrastra consigo el reggaeton, cuyas letras algunos las califican directamente de machistas. Me interesa de este caso, más allá de la letra, que haya posibilitado y popularizado la divulgación de una sintonía con numerosas versiones acústicas. Incluso que se haya publicado en redes una letra muy apropiada contra la violencia machista. Y, como ha pasado con otras tonadillas conocidas (estoy pensando en el Resistiré del Dúo Dinámico), a veces se convierten en hitos populares que, en este caso, tienen una tremenda virtud:  hacer un elogio de la lentitud. “Creo que vivir deprisa no es vivir, es sobrevivir. Nuestra cultura nos inculca el miedo a perder el tiempo, pero la paradoja es que la aceleración nos hace desperdiciar la vida”. Decía el autor de ese libro, Carl Honoré, que añadía: “La velocidad en sí misma no es mala. Lo que es terrible es poner la velocidad, la prisa en un pedestal…Al principio era sólo el terreno laboral pero ahora ha contaminado todas las esferas de nuestras vidas, como si fuera un virus: nuestra forma de comer, de educar a los hijos, las relaciones, el sexo… hasta aceleramos el ocio. Vivimos en una sociedad en que nos enorgullecemos de llenar nuestras agendas hasta límites explosivos”.

Efectivamente, pienso que conviene que nos tomemos algunas cosas con un poco más de sosiego. Otras, sin embargo, no tanto. Convendrán conmigo, por ejemplo, en cómo es posible que se mantenga todavía en el poder un partido, del que las noticias nos traen un día sí y otro también múltiples casos de corrupción y en la urgencia, aquí sí, que convendría que tuviera su abandono de los poderes del Estado.

En todo caso, apliquémonos el cuento, dejemos que pase la canícula, que no aconseja tomarse las cosas con demasiadas prisas y retomemos más pronto que tarde ese objetivo tan patriótico. Este pobrecito veedor hará lo propio en este mes y se tomará también la pausa acorde con el tiempo de asueto. Sin que sirva de precedente (o sirviendo, que da igual), les dejo los enlaces a los youtubes de tres versiones chulísimas de la famosa melodía, dos de ellas acústicas. ¡Que las disfruten!

La realidad no se va de veraneo

La cruda realidad, en estas fechas, se suele llevar el primer premio al aguafiestas del año. Veamos sus méritos. Los conflictos interminables en numerosas partes del planeta; las hambrunas inmisericordes en el sur de todos los sures; los accidentes laborales, que no se terminan de extinguir allá en donde dicen que se produce un crecimiento de la economía; la desidia, la burocracia inclemente y los servicios que no te sirven en el norte de los sures; la explotación de los recursos humanos; la sobrexplotación de los recursos naturales no renovables; la subexplotación de los recursos renovables; las migraciones de los seres humanos, que vienen desde el origen de los tiempos y que se agudizan como consecuencia de las guerras, de las desigualdades socioeconómicas y de la vulneración de los derechos humanos, en busca de espacios de bienestar, de oportunidades, de libertad y de felicidad; los desplazamientos que llevará aparejado, ineludiblemente, los efectos del cambio climático; los llamados desastres naturales que siempre acontecen en los mismos lugares, lo que hace que cada vez sea más natural que ocurran y menos naturales sus perniciosos efectos…

Parece evidente que las condiciones objetivas de la realidad no se van de veraneo.

A esta dura realidad no hay modas que la domeñen. En esta realidad, asfixiante para muchos, no hay estaciones climáticas, ni solsticios ni equinoccios, porque lo del eje terrestre y el movimiento alrededor del Sol, lo de las zonas frías y las templadas, lo de las noches cortas o largas no acontece para todos los seres humanos del mismo modo, aunque todos sobrevivan en la misma zona de la corteza terrestre. Es de rigor reconocer que el Sol no sale ni calienta a todos por igual, que nunca llueve a gusto de todos y que el azaroso comportamiento de la climatología no está ni justa ni medianamente repartido.

Aquí, en lo que llaman Norte, tan ansiado para tantos sureños que vienen en pateras, cayucos, lanchas, barcazas o barcos negreros, la realidad es que muchos querrían irse de veraneo, pero casi no tienen dónde caerse vivos y no digamos lo de caerse muertos, que a muchas familias les resulta, como a Oscar Wilde, por encima de sus posibilidades. A muchos les gustaría viajar por placer y no por necesidad. La dura realidad es que a muchas mujeres, por ejemplo, les gustaría no tener que estar sobrecargadas y atadas a sus afectos, cuidando mayores impedidos que les impide vivir en condiciones mínimamente gratificantes. Dicen que en los países nórdicos (los del norte del Norte), no son las familias las que cubren determinadas necesidades y servicios, sino que es el Estado quien se ocupa de ellas, y que en los países meridionales (los del sur del Norte) estas carencias son cubiertas precisamente por las redes familiares, que atienden lo que el Estado no les proporciona y dedica al pago de la deuda infinita.

Decididamente, la realidad no se va de veraneo.