Intente no deprimirse

Con las tres palabras del título de este post termina su artículo Gervasio Sánchez (Lecciones de una película), uno de los pocos periodistas que creo que cuentan con el reconocimiento de toda la profesión, por su profesionalidad intachable y por su dedicación durante años al oficio de reportero gráfico en multitud de conflictos bélicos por todo el mundo.

El texto tiene una parte de reseña de la película Los archivos del Pentágono y otra de reflexión sobre la prensa en España. Es la que me interesa resaltar hoy porque es la que a este pobrecito veedor le preocupa, por deformación académica y por conciencia cívica -¡qué le vamos a hacer!-y, de hecho, quienes siguen este blog algo habrán leído de mis críticas al establishment mediático que nos ha tocado en suerte.

Qué mejor en un 23F que recurrir a la auctoritas de, en este caso, un profesional del ramo para transcribirles algunos párrafos del texto del muy laureado Gervasio Sánchez -que comparto plenamente-, si bien recomiendo su lectura íntegra en La Marea.

“En los últimos tiempos algunos prohombres del periodismo español se han mostrado preocupados ante la creciente influencia de las redes sociales e intentan desacreditar todo lo que circula sin el control de los grandes grupos mediáticos. También se han sentido molestos por la aparición de nuevas formaciones políticas, ellos que se subordinaron a los partidos tradicionales. Utilizan su poder y mucho papel para dar lecciones.”

“Se permiten el lujo de hablar de manipulación informativa desde sus poltronas como si ese cáncer del periodismo, existente desde los tiempos inmemoriales, se hubiese descubierto hace algo más de una década con la creación de Facebook o Twitter. Se quejan (el cinismo no tiene límites) del daño que las noticias falsas están haciendo a las instituciones, olvidando que ellos también fueron promotores de manipulaciones obscenas y frenaron investigaciones periodísticas en función de sus negocios mediáticos o de sus conveniencias a la hora de entender el negocio periodístico.”

“Son los mismos que han mantenido relaciones preferenciales con partidos mayoritarios (nacionales y autonómicos) sin investigar sus vergüenzas durante años y décadas. Los mismos que han blanqueado la imagen de presidentes y expresidentes con entrevistas pactadas sin preguntas comprometidas a cambio de favores prestados.”

“El periodismo muere en todos aquellos que durante años han silenciado los impúdicos negocios de sus patrones. La valentía, la independencia, la autocrítica y la excelencia han brillado por su ausencia en muchos puestos claves. Pero también en los comités de redacción y de empresa. Han callado jefes y soldados. Colaboradores exquisitos y maltratados.”

“El buen periodismo permite mejorar la salud informativa de los ciudadanos mientras que el mal periodismo destruye su capacidad crítica. Los periodistas hemos perdido el prestigio por culpa de las vinculaciones vergonzosas con los poderes fácticos. Existe un cierto regusto en presentarse como periodistas independientes (también ocurre en la política y en la empresa) después de abandonar alguno de los buques insignias o de ser sustituidos en los puestos de responsabilidad. La falta de memoria estimula a las personas más tramposas a blanquear sus currículos. Pero las manchetas no mienten aunque pasen décadas”.

“Relegar o pisotear una investigación cuando se tiene un puesto de responsabilidad es infringir el código deontológico. Es insultar a los ciudadanos. Es agraviar un derecho constitucional. No hay excusa que valga ni hecho diferencial y me temo que la prensa española, en general, se ha visto afectada por comportamientos similares a lo largo de las últimas cuatro décadas.”

 

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Desde el patio de butacas

Con frecuencia, los académicos de la RAE -en su mayoría, varones-, cuando se suscita algún debate lingüístico, se aferran a su fuero, salen a la palestra a poner a caldo a quienes osen cuestionar su superioridad filológica y pontifican para aplacar a la plebe de pardillos iletrados que se dejan llevar por las emociones y no por la Alta Razón de la Sabiduría Semántica (ARSS), que solo poseen los escogidos. ¿Por quién? Eso da igual, alguien los habrá elegido. El pueblo, no. Léase a estos efectos El cura y los mandarines (Historia no oficial del Bosque de los Letrados), de Gregorio Morán.

Algunos de ellos, los más lenguaraces, ungidos por la ARSS, insultan directamente desde sus privilegiados púlpitos a quienes propongan el uso de algún término o la sustitución de algunas de las definiciones que se recogen en el DRAE. Da igual el grado de razón que les asista. La soberbia de sus respuestas no suelen dejar indiferentes al género humano local, si bien tienen una claque (léase clá, en castizo, que no recoge el DRAE) de seguidores repartida por radios y televisiones que se encargan de jalear lo que emana del poder filológico.

Concretamente, el mundo feminista anda bastante airado con el mundo académico, que ejerce de un machismo que apesta. El primero denuncia el sesgo heteropatriarcal del lenguaje (y de la sociedad, por supuesto) y el segundo no sólo ignora ese término sino que lo ridiculiza. La práctica feminista se compadece poco con la teoría de los sabios, tan poco humildes ellos. Las escasas sabias se pronuncian poco y cuando lo hacen es para apoyar a sus colegas varones.

Y es que hay algunas materias en las que si no se dispone de un conocimiento empírico y de una praxis cotidiana y se quedan en la mera teoría, difícilmente se podrá entender en qué consiste su razón de ser. Viene al caso lo que hace unos días escuchaba en la radio  de la persona que más tiempo ha estado viviendo fuera del planeta Tierra. El astronauta en cuestión, que ha estado un año orbitando en el espacio, venía a decir que, efectivamente, ha podido ver desde allí arriba (valga la metáfora espacial de barrio Sésamo) el tiempo meteorológico, las tormentas, los ciclones, los rayos, la lluvia… pero no ha podido sentirlos. No ha experimentado la brisa en el rostro, el calor del Sol en su cuerpo, ni se ha mojado con la lluvia y ni siquiera ha podido oír los truenos que suceden al aparataje eléctrico. Es decir, no estaba en la Tierra para sentirlo. No formaba parte en esos momentos de los seres vivos (sintientes, que diría Ruth Toledano) que perciben los efectos de la meteorología, del clima de su particular hábitat.

Sucede algo parecido con el debate que existe en algunos círculos –muy reducidos, a mi parecer- sobre las razones del presunto divorcio que existe entre la clase obrera y la izquierda. Como dice Ricardo Romero “Nega” y Arantxa Tirado en este artículo: “¿Por qué molesta tanto que la clase obrera tome la palabra y denuncie que otros están hablando por ella? Entonces, saltan las alarmas y cierta izquierda que no proviene de nuestra clase, se incomoda con el debate y tilda de “obrerista” (como si esto fuera un insulto) a quien pone el incómodo tema de la clase en el centro.” Y sigue: “La clase obrera grita pero nadie escucha, seguramente porque no lo hace desde Twitter ni desde tribunas como ésta”.

“El problema no es que voten a quien no nos gusta, el problema nuclear sigue siendo que las clases populares sencillamente no votan en el mismo porcentaje que otras clases sociales. La desconexión no es sólo electoral sino intrínsecamente política: la izquierda –salvo honrosas excepciones- está dirigida por personas que dicen defender a la clase obrera pero que sólo han pisado un barrio obrero en campaña electoral. Efectivamente, la clase obrera milita menos y, cuando lo hace, no tiene la misma “habilidad” para trepar en los partidos que otros que gozan de mayor capital cultural, son “hijos de” o, sencillamente, le echan tanta jeta a la vida que son capaces de fraguarse carreras políticas fulgurantes a sus tiernas edades.”

Y el argumento de pertenecer al núcleo gordiano lo rematan los articulistas de este modo: “La izquierda ha asumido, al menos en la teoría, que cuando se habla de recortes en sanidad hay que escuchar a los sanitarios y profesionales médicos; que cuando se habla de violencia machista hay que escuchar a las mujeres; que cuando se hable de racismo hay que escuchar a personas negras o árabes; que cuando se habla de medio rural hay que escuchar a la gente que vive en el medio rural. Y es completamente lógico, razonable y justo que así sea. Pero en cambio es lo más normal del mundo que un señor politólogo que en su vida ha trabajado para una empresa privada, nunca vivió en un barrio obrero y además proviene de una familia acomodada, nos diga lo que es la clase obrera. Ante este argumento hay quien, sin pudor, saca a relucir los ejemplos de Marx, Engels o Lenin, todos ellos provenientes de la clase acomodada. Compararse con los padres del socialismo científico es tener un ego del tamaño de la Vía Láctea, pero no teman, estamos dispuestas a escuchar a quien renuncie a sus privilegios y se dedique a expropiar a su padre, como Fidel Castro, o a armar a los trabajadores con fusiles para asaltar palacios.”

Acuse de recibo

Cada siete días, quienes estamos suscritos a CTXT recibimos una carta, por correo electrónico, de algún periodista de ese semanario en la que nos cuenta cosas, relacionadas con el periodismo o con la rabiosa (nunca entendí este calificativo, reservado para otras acepciones más acordes con los estados de ánimo que con la temporalidad) actualidad. La semana pasada, por ejemplo, Ángeles Caballero nos confesaba sus, según ella, incoherencias. Aunque no creo que sean para tanto sus contradicciones (¿quién no las tiene?), ella lo contaba de esta manera:

“Enciendo la televisión. En la pantalla sale una presentadora y a su izquierda una señora con los ojos llorosos. La señora recuerda cómo descubrió la infidelidad de su marido y la pena que lleva a las espaldas porque el hijo de ambos se fue a vivir con él y lleva años sin verle. Un rótulo indica que el reencuentro entre ambos está a punto de producirse. La presentadora saliva y recuerda que Elena tiene 50 años y que entre la ausencia, la pena y la menopausia luce como si tuviera 80. Para eso está ella y su programa, para borrarle de un plumazo todos sus problemas porque van a maquillarla, ponerle ropa nueva y probablemente cambiarle el color del pelo.”

“Mientras salen los anuncios yo me pregunto qué le habrá llevado a Elena a salir en la tele a contar sus miserias a cambio de un tinte nuevo. Si le compensa ese morbo de hurgar en su alma. Quizá, pienso, la vida le pese tanto que acudir a ese plató sea una huída de su día a día. “Luego ahondaremos en los motivos por los que tu hijo decidió irse con su padre”, dice la presentadora. Apago la televisión.”

“Entonces pienso que quizá estoy siendo condescendiente, porque hace unos días he estado en televisión, me han maquillado y me he sentido un poco reina por un día. Lejos de mi vitrocerámica y del cesto de la plancha.”

Y terminaba diciéndonos “lo necesario que es el periodismo, que como buen psicólogo te pone un espejo delante. Cuando te cuenta que lo que estás haciendo con otros no se parece nada a lo que quieres para ti mismo”.

Otra semana, Guillem Martínez nos proponía un ejercicio comparativo con la historia a propósito de las medallas que algunos quieren otorgar a quienes se sobrepasaron en el ejercicio de su profesión.  Y así nos cuenta que “tras el desastre del 98 hubo otro desastre, más determinante, más prolongado, peor descrito y del que nadie se acuerda. Fue, es decir, se inició, en 1906. La Comunidad Internacional decidió dejar que España siguiera jugando a tener un imperio, a través de la cesión de una colonia en el norte de Marruecos. Aquella cesión fue una ruina en todos los aspectos. España no practicó el colonialismo -colonialismo: dar vacunas, catequesis y escuelas a cambio de todo lo demás-, sino una especie de saqueo poco rentable y mal planificado. Lo que daba igual, pues la gestión de aquel territorio pareció, desde un primer momento, tener otro objetivo. Resarcir el honor de los militares, seriamente herido en Cuba. Ese honor se reconstruyó en una serie de campañas, mal planificadas y sangrientas, contra un enemigo en principio débil y asumible. Aun así, fueron notorios los desastres iniciales. Tras el desembarco de Alhucemas -tras la ayuda francesa, vamos- la situación se recondujo. Y empezó, ahora ya sí, el reparto del honor a través de multitud de batallas victoriosas y épicas. Es decir, pequeñas y desproporcionadas escaramuzas, contra pocos individuos mal armados, presentadas como batallas épicas en la prensa”.

Y la carta del periodista venía a decirnos que “todo aquel ejercicio de brutalidad innecesaria se tradujo en multitud de medallas, promociones y aumentos de grado. Es decir, en honor. Marruecos fue, a partir de entonces, el laboratorio en el que se recuperó, de manera económicamente y humanamente costosa, todo lo perdido, o incluso, todo lo no disponible, en un Estado colapsado durante décadas. La última de esas campañas de Marruecos fue sin duda la más sangrante, la más determinante, la más prolongada, la más salvaje. Duró tres años. O, quizás, cuarenta. Se realizó también con el núcleo central formado por tropas regulares marroquíes, y fue dirigida por aquellos oficiales y mandos africanistas, que había demostrado al mundo, desde 1906 su inoperancia, su baja formación, su irresponsabilidad, sus tácticas poco elaboradas, su indolencia. Se llamó Guerra Civil Española.”

Por su parte, en la carta de Vanesa Jiménez, se reseñaba The Post, la película de Spielberg sobre los Papeles del Pentágono (por cierto, fue uno de mis primeros libros que aún conservo, en una edición con tapas duras y hojas con cantos dorados) : “El relato es conocido: un analista filtra a la prensa siete mil páginas de un archivo secreto del departamento de Defensa –encargado por su secretario, Robert McNamara– que contiene las mentiras de todos los Gobiernos de Estados Unidos sobre Vietnam, una guerra que prolongó a sabiendas de que estaba perdida. Varios diarios publican parte de este material, el gabinete Nixon intenta pararlo, y el Supremo da la razón a los periódicos: <<La prensa está al servicio de los gobernados, no de los gobernantes>>”.

Llevado el asunto a juicio, seis de los nueve jueces de la Corte Suprema “avalaron la publicación de los documentos secretos en lo que se consideró una de las grandes victorias de la Primera Enmienda  –libertad de expresión, libertad de prensa. El magistrado Hugo Black declaró tras el fallo del Tribunal: <<El poder del Gobierno para censurar a la prensa se abolió para que la prensa se mantuviera siempre libre para censurar al Gobierno. Se protegió a la prensa para que pudiera destapar los secretos del gobierno e informar al pueblo. Solo una prensa libre y sin restricciones puede sacar a la luz de manera eficaz los engaños del gobierno>>”.

Y su pasión de periodista lo refleja en este párrafo: “Los 116 minutos que dura la cinta son un ejercicio de maestría, belleza y talento, también de amor al periodismo y a lo que significa. El milagro de componer un periódico cada noche con tipos móviles, titular a titular, frase a frase, página a página… La imponente rotativa elevándose hasta el techo de una nave interminable. Los símbolos de un oficio tan importante a veces como insignificante otras”.

Desconozco si todos los colegas de Gerardo Tecé harán como él, que a principios de año se proponía hablar de un propósito profesional que se sentía en la obligación de intentar aplicar de manera radical. Así lo describía en la carta que recibimos a primeros de enero:

“No es nada sencillo aunque suene fácil: entender al otro -ese otro más débil- aunque el coste de hacerlo sea ceder privilegios. Hablo de feminismo. De cómo cada día está más claro que ha llegado el momento de que la mitad de la población privilegiada cambiemos de forma radical nuestra visión y actuación, nuestra manera de entender a la otra mitad con menos privilegios. De que entendamos las circunstancias que provocan que, con el mismo talento, haya menos mujeres que hombre haciendo el trabajo que yo hago”.

“Hablo de consumo. De cómo nuestra forma de consumir marca la vida y el futuro de quienes son esclavizados para que vistamos (yo lo hago) camisetas de 6 euros cosidas en otro continente. No puede ser más. Hablo de migraciones. De cómo a veces nos marcan el tiempo y las agendas las disputas políticas por banderas mientras en España un retenido se suicida en esos campos de concentración que son los CIEs. Hablo de medioambiente. De que no puede seguir ocupando (en CTXT nos lo tomamos en serio) un puesto secundario en el menú informativo que la casa de todos se vaya al carajo para las futuras generaciones que lo sufrirán con toda su intensidad. Hablo de la necesidad de que, quienes trabajamos en medios, no sólo nos tatuemos ese lema del reportero Enrique Meneses: <<fuerte con los fuertes y débil con los débiles>>. También tenemos que ampliarlo: y dispuestos a perder privilegios aunque a corto plazo nos duela.”

Son solo cuatro ejemplos. Este es el periodismo y la gente que lo ejerce que me interesa. Cada semana espero impaciente la carta de Contexto y Acción. Un verdadero placer esta correspondencia.

Ahorrar, para qué

Hace unos días el presidente del gobierno ha exhortado a la ciudadanía a que ahorre en fondos de pensiones, para la educación de los hijos o para “superar cualquier revés que nos pueda traer la vida”. Una inversión, dijo, para el futuro a la que se pueda recurrir cuando sea necesario. Además del sarcasmo que supone pedir ahorro cuando el sueldo más habitual en España no llega a los 1.000 euros netos al mes y las personas que no tienen dinero para gastar no contribuyen en absoluto al funcionamiento de la economía, el gobierno del PP se convierte en un agente comercial de la banca para vender el gran negocio (la gran estafa, dicen algunos) de los planes y fondos de pensiones, sabiendo –o debiendo saber- que ahorrar con planes de pensiones solo es rentable para quien gane más de 60.000 euros anuales. Además, inmovilizar los ahorros no genera beneficio colectivo alguno, en la medida en que se trata de especular en la economía financiera, muy alejada de las inversiones para satisfacer las necesidades de la población española y mundial.

Releía hace poco el Elogio de la ociosidad, de Bertrand Russell (Pdf, 34K), en el que hace una encendida defensa del ocio frente al trabajo, que debería repartirse entre los habitantes de la Tierra para que así pudieran disponer de tiempo para su ocio y recreo productivo. Así lo explica:

Si el asalariado ordinario trabajase cuatro horas al  día, alcanzaría para todos y no habría paro—dando por  supuesta cierta muy moderada cantidad de organización  sensata—. Esta idea escandaliza a los ricos porque están  convencidos de que el pobre no sabría cómo emplear tanto  tiempo libre. En Norteamérica, los hombres suelen trabajar largas horas, aun cuando ya estén bien situados; estos hombres, naturalmente, se indignan ante la idea del  tiempo libre de los asalariados, excepto bajo la forma del  inflexible castigo del paro; en realidad, les disgusta el ocio  aun para sus hijos.

Pero, a lo que iba, en relación con la materia del ahorro, el filósofo y matemático británico lo tenía claro:

Lo  que olvida la gente es que un hombre  suele gastar lo que gana, y al gastar genera empleo. Al gastar sus ingresos, un hombre pone tanto pan en las bocas de los demás como les quita al ganar. El verdadero  malvado, desde este punto de vista, es el hombre que ahorra. Si se limita a meter sus ahorros en un calcetín, como  el proverbial campesino francés, es obvio que no genera  empleo. Si invierte sus ahorros, la cuestión es menos obvia, y se plantean diferentes casos.

Y, sin conocer todavía lo que representan los fondos de pensiones, continúa diciendo:

Una de las cosas que con más frecuencia se hacen con  los ahorros es prestarlos a algún gobierno. En vista del  hecho de que el grueso del gasto público de la mayor parte de los gobiernos civilizados consiste en el pago de deudas de guerras pasadas o en la preparación de guerras  futuras, el hombre que presta su dinero a un gobierno se  halla en la misma situación que el malvado de Shakespeare que alquila asesinos. El resultado estricto de los hábitos de ahorro del hombre es el incremento de las fuerzas  armadas del estado al que presta sus economías. Resulta  evidente que sería mejor que gastara el dinero, aun  cuando lo gastara en bebida o en juego.

Obviamente, en los planes ideales de don Bertrand Russell no entra el ahorro, que ahora predica con tanto afán el ínclito Rajoy, en la medida que lo que plantea es justamente lo contrario, trabajar menos y, por ende, ganar menos y así disponer de tiempo para lo que crea conveniente:

Cuando propongo que las horas de trabajo sean reducidas a cuatro, no intento decir que todo el tiempo restante deba necesariamente malgastarse en puras frivolidades. Quiero decir que cuatro horas de trabajo al día  deberían dar derecho a un hombre a los artículos de primera necesidad y a las comodidades elementales en la  vida, y que el resto de su tiempo debería ser de él para  emplearlo como creyera conveniente. Es una parte esencial de cualquier sistema social de tal especie el que la  educación vaya más allá del punto que generalmente alcanza en la actualidad y se proponga, en parte, despertar  aficiones que capaciten al hombre para usar con inteligencia su tiempo libre. No pienso especialmente en la  clase de cosas que pudieran considerarse pedantes. Las  danzas campesinas han muerto, excepto en remotas regiones rurales, pero los impulsos que dieron lugar a que  se las cultivara deben de existir todavía en la naturaleza  humana. Los placeres de las poblaciones urbanas han llegado a ser en su mayoría pasivos: ver películas, presenciar  partidos de fútbol, escuchar la radio, y así sucesivamente.  Ello resulta del hecho de que sus energías activas se consumen completamente en el trabajo; si tuvieran más  tiempo libre, volverían a divertirse con juegos en los que  hubieran de tomar parte activa.

Los defensores de la Renta Básica Universal andan también por estos derroteros. El escritor Luisgé Martín lo razonaba así:

“Vivimos en sociedades ya lo suficientemente ricas y tecnificadas como para que pueda considerarse con seriedad el establecimiento de una renta básica universal, un salario que se cobre simplemente por ser ciudadano del país. Los suizos —que no son extraterrestres ni leninistas— acaban de tomarlo en consideración. Nos convertiríamos así en rentistas de la herencia de nuestros antepasados, y nos podríamos dedicar, como los aristócratas de antes, al diletantismo. Por supuesto, quien quisiera trabajar ganaría más dinero, podría comprarse coches de lujo y tener casas más grandes. Pero lo haría por propia elección, no por fatalidad.”

Y terminaba de este modo:

“La verdadera humanización de nuestras sociedades está en el ocio, en la vacación, en la disposición libre de nuestro tiempo para ocuparlo en lo que deseemos, sea hacer transacciones financieras delante de un ordenador o leer un libro debajo de un árbol. Ése debería ser a mi juicio el derrotero ideológico de la izquierda europea, como quería Paul Lafargue: el elogio de la pereza. Impedir la competencia con países donde rige el esclavismo laboral, atajar la economía especulativa y propiciar la distribución racional del trabajo”.

¡Vaya cara!

Me quedé estupefacto leyendo el siguiente titular en el tuíter: “Condenado un joven a 480 euros de multa por sustituir la cara de Cristo por la suya y subirlo a Instagram”. ¡Osti tú!, me dije, pero ¿acaso se ha descubierto ya -y yo no me he enterado- el verdadero rostro de Jesús Nazareth, Cristo para los cristianos? ¿No se había especulado con que el verdadero era el que se reflejaba en el controvertido sudario de la catedral de Turín, que la ciencia, por mor del carbono 14, identificó con un lienzo del siglo XIV y la fe de los creyentes con un milagro divino?

Intrigado, pulsé en el enlace y comprobé que no, que no se había producido avance alguno en la cuestión de la cara del Mesías, sino que ésta era la del rostro de una talla religiosa conocida en la catedral de Jaén por el nombre de Cristo de la Amargura. Acabáramos. Lo que había hecho el joven multado con 480 eurazos (que no es moco de pavo) fue sustituir la cara de la escultura por la suya y eso, válgame Dios, se ha considerado exactamente como un “manifiesto desprecio y mofa hacia la cofradía con propósito de ofender”. Así que una foto publicada en una red social, para consumo de sus muchos o pocos seguidores, la hemos podido conocer miles de personas por aparecer recogida en casi todos los medios de comunicación. Lo que se dice hacer un pan como unas hostias. Pero ¿quién puede asegurar, incluso desde la perspectiva cristiana, que la jeta de ese chico no se corresponde con la del hijo de Dios? ¿Lo ha visto alguien alguna vez? ¿Por qué tiene que tener el patrimonio del rostro divino una cofradía con una talla realizada por un escultor que, a lo mejor, se ha inspirado en la cara de su hijito del alma? Y, por último, ¿con base en qué se ofende el sentimiento religioso poniéndole cara a lo que nadie haya visto jamás? Conozco cristianos y hay colectivos de ellos que no están ni una pizca conformes con este desatino. Por tanto, ¿cuántos individuos de un colectivo se tienen que sentir ofendidos para que eso se considerase delito? ¿La totalidad? ¿La mitad? ¿La décima parte? ¿Uno?

Cada día, un nuevo caso. Raperos, tuiteros, titiriteros, instagraneros, humoristas, cartelistas, dibujantes, artistas en general y hasta mecánicos de coches, se ven imputados, juzgados y enchironados o multados, un día sí y otro también, por ofender los sentimientos religiosos o de los seguidores del anterior del anterior jefe del Estado, por odiar supuestamente a no sé qué colectivo, público o privado, o por haberse ciscado en la autoridad que se haya puesto por medio en ese momento.

La cosa se viene arrastrando, con más intensidad, desde la malhadada ley mordaza, considerada por muchos como un auténtico ataque a la libertad de expresión en España, si bien, anteriormente y con base en el “trasnochado” artículo 525 del código penal, otros afamados artistas fueron procesados por haber ofendido, a criterio del correspondiente juez, los “sentimientos de los miembros de una confesión religiosa”, algo tan ambiguo y tan amenazante como considere el juez de turno y que resulta impropio de una democracia avanzada, según el parecer de numerosísimos juristas y organismos internacionales que defienden los derechos humanos.

En fin. Me abstendré de cagarme en persona alguna, ya sea humana, divina, civil, militar, religiosa o ultraperiférica que pudiera sentirse ofendida -y cualquiera podría encontrarse en esa taxonomía- porque podría costarme un huevo y no estoy dispuesto a dejarme emascular ni siquiera por la sacrosanta libertad de expresión. Como calcula Gerardo Tecé, mucho me temo que “para el 2.020 ya estaremos lapidando infieles”. Un exletrado del Tribunal Constiucional, que -intuyo- algo de Derecho debe de saber, se ha solidarizado con el chaval multado colgando una foto suya con espinas. ¿Lo empurarán también?

Huelga feminista

La emocionante y bellísima canción que convoca a la huelga general feminista del 8 de marzo está inspirada en La Lega, para algunos la primera canción de la lucha proletaria de las mujeres. Como se recoge en este blog, está vinculada a la lucha de los campesinos sin tierra que trabajaban para los terratenientes en la Italia del XIX. Una canción no de lamento sino de desafío al patrón (“no tenemos miedo”, dice), de afirmación de la lucha de clases frente al capital, de expresión de una conciencia socialista.

De buena fuente

Nueva interfaz del blog. Actualizo la serie de la maqueta del Twenty a la del Seventeen del año pasado. Aunque quisiera, no puedo eliminar la publicidad que WordPress incluye en los alojamientos gratuitos. Lo siento por quien se moleste. Es lo que hay, dicen quienes se resignan. Hoy va de algunas curiosidades vistas y leídas en el twitter. 10 tuits. Son de fiar. No están jerarquizados, el orden lo pone usted.

1) El neolenguaje

2) Pobres y ricos

3) El origen de la familia, la propiedad privada y el Estado

4) Para qué romperse la cabeza con ingeniería de titulares

5) El burro mete la pata

6) Hacerse la pisha un lío con la estadística

7) El periodismo riguroso (dicen)

8) Hoy por ti, mañana por mí

9) Amor filial

10)  ¿Quiénes fabrican las armas?

¿Quién los erigió?

Leo un tuit que incluye un vídeo del puente-túnel más grande jamás construido, según @BlocIngenieria. Al parecer, la gigantesca obra china, en su mayor parte sobre el mar, une Hong Kong, Zhuhai y Macao, tiene 55 km de longitud, 400.000 toneladas de acero y ha costado 16.000.000.000 €. Acudo velozmente al google maps para situarme: acojonante. Ciertamente, para las personas o mercancías que se desplacen por carretera o ferrocarril, el ahorro en kilómetros, tiempo y energías es brutal. En el país comunista-capitalista por excelencia y que bautizara Deng Xiaoping como economía socialista de mercado, no parece que se achanten demasiado con esas megaconstrucciones.  Recuérdese la faraónica obra de la presa de las Tres Gargantas, con sus impactos ambientales, de desplazamientos masivos de personas y de pérdida de patrimonio arquitectónico chino sumergido bajo las aguas.

No se suele decir en este tipo de noticias el tiempo empleado en su construcción, ni el número de obreros que lo hicieron posible, ni si se produjeron o no accidentes de trabajo en su levantamiento, ni las condiciones laborales que tuvieron, ni si trabajaron hombres y mujeres por igual, ni las profesiones que participaron (albañiles, ingenieros, físicos, arquitectos, geólogos, etc.), ni muchísimo menos los nombres y apellidos de quienes erigieron tamañas obras farónicas. Me vienen a la cabeza los versos de Bertolt Brecht, Preguntas de un obrero que lee:

¿Quién construyó Tebas, la de las siete Puertas?
En los libros aparecen los nombres de los reyes.
¿Arrastraron los reyes los bloques de piedra?
Y Babilonia, destruida tantas veces, ¿quién la volvió siempre a construir?
¿En qué casas de la dorada Lima vivían los constructores?
¿A dónde fueron los albañiles la noche en que fue terminada la Muralla China?
La gran Roma está llena de arcos de triunfo. ¿Quién los erigió?
¿Sobre quiénes triunfaron los Césares?
¿Es que Bizancio, la tan cantada, sólo tenía palacios para sus habitantes?
Hasta en la legendaria Atlántida, la noche en que el mar se la tragaba, los que se hundían, gritaban llamando a sus esclavos.
El joven Alejandro conquistó la India.
¿Él solo?
César derrotó a los galos.
¿No llevaba siquiera cocinero?
Felipe de España lloró cuando su flota fue hundida. ¿No lloró nadie más?
Federico II venció en la Guerra de los Siete Años
¿Quién venció además de él?
Cada página una victoria.
¿Quién cocinó el banquete de la victoria?
Cada diez años un gran hombre.
¿Quién pagó los gastos?
Tantas historias.
Tantas preguntas.

2 pelis, 2 libros, 2 canciones

No quiero hacer reseñas. Ni destripar nada (spoiler, dicen los cinéfilos). Sólo unas frases. La red está llena de información sobre ellas para aburrir. A mí, las seis manifestaciones culturales siguientes, seis, me gustaron. Mucho. Pero ya se sabe: para gustos…

  • Tres anuncios en las afueras (Three Billboards Outside Ebbing, Missouri). Una excelente película con tintes de género negro. Para no perdérsela. Se supone que la acción está situada en Misuri , aunque los títulos de crédito digan que se rodó en Carolina del Norte. En todo caso, una visión de la América rural (¿por qué llamar profundo a lo que viene del mundo rural?). Una interpretación prodigiosa de los papeles protagonistas (singularmente Frances McDormand) y de los secundarios. No se pierdan la charla de la madre coraje al cura del pueblo.
  • C’est la vie (Le sens de la fête. C’est la vie!) Para reír, sonreír o pasárselo bien de principio a fin y, al mismo tiempo, conocer un poquitín más la idiosincrasia gabacha, la inmigración, la convivencia multicultural y las cuestiones sociales que preocupan en el país vecino.
  • El lado oscuro del adiós, de Michael Connelly. No defraudan una vez más las andanzas de Hieronymus Bosch, Harry para los amigos. Genial el giro para que continúe como detective aunque esté jubilado. La novela negra -social, dicen ya muchos- sigue pujante.
  • El peor de los tiempos, de Alexis Ravelo. Nada que envidiar al maestro anterior. Excelente literatura noir, situada en la isla de Gran Canaria, cuyos rincones más profundos conoce como la palma de la mano el autor, especialmente la capital. Habrá que hacer (igual ya están hechas) las rutas de Eladio Monroy, como se hizo con el Estocolmo de Stieg Larsson.
  • La puerta violeta, interpretada por Rozalen. Una sensibilidad exquisita para denunciar la violencia machista (“Tengo un nudo en las cuerdas que ensucia mi voz al cantar / Tengo una culpa que me aprieta / Se posa en mis hombros y me cuesta andar”).
  • Aunque es de noche, interpretada por Rosalía. La letra de Enrique Morente en la voz de la joven cantaora se hace música excelsa (“Sé que no puede haber cosa tan bella / Y que cielos y tierra beben de ella / Aunque es de noche”).

Para más información, aquí tienen los enlaces respectivos:

https://www.filmaffinity.com/es/film652266.html
https://www.filmaffinity.com/es/film528646.html
https://edicionoriginal.com/el-lado-oscuro-del-adios/
https://tierraeditorial.com/2017/12/28/cronica-negra-de-el-peor-de-los-tiempos/
https://youtu.be/gYyKuLV8A_c
https://youtu.be/6s-MQzPZ6IE

Por una nueva cultura del agua

Hace 10 años escribía en este blog sobre las campañas que promovió el PP a favor de los trasvases. Singularmente, en la región de Murcia, una de las regiones con índices de desigualdad social mas altos de España, donde el eslogan de Agua para todos hizo picar a miles de incautos que llegaron a creer a pies juntillas que solo había un único partido que defendía sus intereses, a tenor de las repetidas mayorías absolutas que consiguió en aquellas tierras. Años más tarde devendría en uno de los más corruptos del continente europeo, si atendemos al milenario número de imputados en tramas de corrupción.

El culmen de la demagogia fue escuchar al ínclito Rajoy decir que garantizaba el caudal ecológico y “con el agua que sobre, la que se tira al mar, ayudaré a los demás, porque todos somos españoles”.

Aunque resulta agotador tener que rebatir obviedades a quien simplemente demuestra tal ignorancia conceptual y desprecia de esa forma tan demagógica y simplista lo que a estas alturas de la película debiera ya estar meridianamente aclarado desde el punto de vista científico, recurriré una vez más a la auctoritas de un experto, Pedro Arrojo, doctor en Físicas y profesor de la Universidad de Zaragoza, que define así la Nueva Cultura del Agua:

“…se puede decir que es aplicar al agua menos hormigón y más inteligencia y ver los ríos como algo más que como corrientes de H2O. […] Igual que ahora miramos un bosque y sabemos que es mucho más que un almacén de madera, la nueva cultura del agua invita a mirar los ríos y a entender que son mucho más que canales de H2O.[…] Un ecosistema, además de agua que puede usarse para producir, es paisaje, identidad territorial, identidad de los colectivos y comunidades sociales, valores lúdicos y culturales, valores de vida… Y que a través de esos ríos se articula vida en el continente y en los mares. Los ríos no se pierden en el mar, fertilizan las plataformas litorales, y muchos peces del mar dependen de los ríos. Y si hay playas es por la erosión de los ríos, así que las industrias turísticas dependen también de los ríos. La cultura del agua es entender esta complejidad de ecosistemas.”

Es relativamente fácil que el personal, poco avisado, encuentre la solución de sus males hídricos en los trasvases, especialmente si desde los medios de creación masiva de opinión no se explica que son un inútil remedio, por insostenibles,  antiecológicos y favorecedores exclusivamente de los intereses especulativos.

Me he acordado de todo esto cuando antes de ayer leí la noticia del fallecimiento del exjusticia de Aragón, Emilio Gastón, y recordé también su bellísimo alegato contra el trasvase del Ebro que hizo en el año 2000. Aunque un poco largo, merece la pena.

MANIFIESTO DEL EBRO

YO, HIBERUS-EBRO,  padre de Iberia  a quien  di nombre y padre de los  ríos ibéricos,  desfigurados y maltrechos, contesto a vuestro abrazo comprometido y me entrego a vosotros y a vuestra causa: COMIENZO DENUNCIANDO:

España está perdiendo su belleza, su riqueza en matices e identidades, su tropel de horizontes alternativos. No existe Plan de España: no existe plan de ríos, ni de paisajes, ni de tierras; no hay un plan de armonía y equilibrio de pueblos y países de España.

Sólo hay un apetito desmedido de usufructuarios instalados, de ocultos intereses económicos, fácticos, políticos, tecnarcas, agentes de inversiones, adoradores del vellocino de oro del turismo de masas, promociones masivas urbanísticas, complaces, trepadores, aprovechados y serviles sin más. Este  es el plan.

Esa rapiña disfrazada -y alejada de las pautas de Europa- está configurando con disimulo la mayor y más grave decisión económica que puede darse en estos tiempos, la más irreversible decisión de futuro que puede promulgarse para las tierras olvidadas de una España cargada de diferencias, desequilibrada e injusta; una opción sin remedio contra las ilusiones y esperanzas de recuperación social, poblacional, medio-ambiental y demográfica.

Este plan de injusticias, desolaciones y quebrantos, es encubierto por nuestros gobernantes con un apelativo legal que oculta los saqueos de vuestros sueños, oculta los estragos de ríos y paisajes de vuestra España de agua dulce.

Y aún os demandan  solidaridad. Pero la solidaridad en este caso es un concepto fariseo para desposeer a los más pobres.

Las altas tecnarquías políticas pretenden encajar el Trasvase del Ebro en la normativa europea utilizando un nombre burocrático que oculta el verdadero contenido:  lo denominan PLAN HIDRÓLOGICO NACIONAL. Nombre que disimula su condición alteradora, su motivación básica, su contenido substancial. Este llamado Plan en nada se parece  a un Plan de desarrollo sostenible, en nada se parece  a un Plan de Ordenación Territorial de Desarrollo y Armonía, sólo persigue la pronta ejecución del Trasvase de mis aguas ibéricas, que bañan vuestras tierras, hacia otras apetencias mas rentables hoy día.

La Nación Española es soberana del líquido elemento, Ama y señora de las aguas, con leves excepciones: hoy nos declina su soberanía ante el caso del submarino nuclear Tireless y ante presiones y mercedes de la especulación de las zonas costeras.

Querida España Planificadora:

Decadente de ideas, miope de perspectivas, analfabeta de futuro.  Dirigida por trepadores ávidos, trafi- cantes de ríos, anhelantes de inversiones caducas que descuartizan horizontes.

Oídme los tecnarcas hidráulicos de España, ¿Cuantos paisajes habéis roto?  ¿Cuánto despoblamientos provocados habéis?  ¿Cuantas angustias, éxodos y muertes habéis ocasionado?

Vais desequilibrando el territorio pero haciendo equilibrios y volatines para justificar los despilfarros que sufren unos y aprovechan otros, más no podéis.  Estáis creando dos Españas: una España expoliada y otra beneficiaria.

Proyectistas de obras exageradas, de canalizaciones de trasvases de cientos … mil kilómetros.  Contratistas de presas sobredimensionadas con suplemento de inutilidad y gastos públicos que nos llegan a todos.

Yo denuncio todo esto y más aún: yo denuncio el saqueo, la venta de aguas, la permisividad de regadíos ilegales!  en las cuencas del Júcar y el Segura, las roturaciones clandestinas con pretensión de concesiones nuevas, la explotación a tope de los ríos, el almacenamiento con destinos bastardos, la carencia de sensibilidad… y el destino de cauces como cloacas máximas de los deshechos del progreso.

Beneficiarios de la gran estafa:  ¿Qué estáis haciendo de la España interior en vuestros planes y proyectos?

¿Qué va a ser de sus pueblos que ni siquiera protegéis como reserva indígena para enseñar a los turistas? Aún estamos a tiempo:  parad vuestro derroche de nuevas inversiones -aunque  sean sabrosas- y pagad a las víctimas, -a las de ayer y a las de hoy -,antes de proyectar los sacrificios de mañana.

Ha llegado la hora de que yo, río Ebro, os hable claro:  los trasvases no van de pobre a pobre. No van del labrador expoliado de Castilla, o de Aragón, al labrador necesitado de Murcia o de Valencia. Hay un beneficiario distinto: el especulador.

Yo os digo: ha llegado la hora de los ríos, la hora de los pueblos junto a los litorales de agua dulce.  Ha llegado el momento temido por las grandes empresas y las grandes agencias inmobiliarias, el momento imparable y anhelado de la rebelión de los ríos, el único proyecto con futuro.

Ha llegado la hora de la naturaleza en su sitio.

Y os añado: hay tierra para todos, paisaje promisorio para todos…  y aguas independientes de traficantes y preferencias de mercado.  Sabed que el bienestar y la belleza…  deben ser repartidos, con brazo justiciero, por todos los rincones de la península.

Querida España rota: es más rentable y útil llevar las poblaciones a lugares con agua, que transgredir a la naturaleza alterando los ríos y sus paisajes.  Es más equitativo desarrollar países olvidados, dotados de ilusión y de recursos naturales…  que continuar enriqueciendo a los privilegiados insaciables.

Pero existe un problema: Los grandes intereses prefieren lo costoso y difícil a plazo corto -aunque  sea letal a medio plazo-. Prefieren la política mezquina de lucro pernicioso, pero inmediato.

¿Y hasta cuándo? Queridos españoles de tercera, de la España interior, de la Cuenca del Ebro con inclusión del Delta, de las zonas sin playas ni gente guapa: idefendamos lo poco que nos queda!, los ríos como fuente de vida, los parajes de ensueño, los horizontes de esperanza, el derecho a tenerlos y mejorarlos…  y el desarrollo creativo de su entorno inmediato.

Quienes tienen riqueza pueden seguir si lo desean un desarrollo sostenible.  Pero que estudien previamente su potencial acuífero marino, sus lagos subterráneos, sus precipitaciones anuales pluviométricas, sus rieras de aluviones domesticables, sus presas regulables de pequeños embalses y depósitos, su modernización mediante riegos ahorrativos, su reutilización de caudales…  y la factible desalinización complementaria de sus aguas marinas.

Pero no quieren eso. ¿Y quiénes no lo quieren?  Os lo vengo a decir.

Cuando la ambición de un país sobrepasa los límites de sus recursos naturales propios…  comienza un nuevo afán de crecimiento a costa de caudales ajenos, a costa del progreso de los demás.

Cualquier deseo de medrar, y prosperar, y enriquecerse…  es casi siempre ilimitado.

Y cuando los políticos no saben controlar…  pasa el poder a los nuevos colonialistas, a los especuladores, a los adinerados ofertantes de la sabrosa contraprestación.

Y cuando los políticos son débiles…  se inclinan dócilmente ante las compañías constructoras ansiosas y ante los intereses de la riqueza a corto plazo. Es un apoyo  suave e inocente para seguir con el saqueo, la discriminación y el infortunio, de la gran mayoría de los suelos de España.

Esa carencia de criterios desemboca en el caos. Pero hora es ya de dar alternativas y las vamos a dar.

Hay que acabar con la política parcial de trozos elegidos de la península:  Que  se reconsidere España toda, naturaleza por naturaleza,  Que se proyecte zona a zona, comarca por comarca, pueblo a pueblo….. marcando un desarrollo equitativo,  sostenible,  racional y prudente,  para evitar males mayores en las comunidades expoliadas.

Hay que aplicar medidas compensatorias y resarcir primero a los sufridos pueblos, los que ya soportaron en sus carnes la política hidráulica triunfal, la de las grandes inauguraciones, la de la placa conmemorativa y el banquete oficial.

Hay que hacer una Ley de Zonas Devastadas para recompensarles de la etapa de olvidos, de tristezas, de amenazas, adioses y derrumbes… para volver a repoblarlas con un retorno de esperanza.

Hay que limpiar los ríos, desenronarlos, asearlos, acabar para siempre con su condición triste de vertederos, de fosas receptoras de residuos y escombros del progreso.

Hay que regenerar las vistas y los ecosistemas, arreglar paisajes como parques lineales, aguas salvajes, playas para niños, espacios protegidos, sotos feraces, badinas misteriosas, baños públicos, paraísos de pesca, caminos navegables fluviales, lugares de acampada, deportivos, turísticos…

Queremos que los ríos se contemplen y se amen. De cada río un curso de pensamiento,  un trazo de alicientes y vida… una razón de estar y de sentir.

Y si esto no se hiciera, si continuamos apresando los cauces naturales en el desaforado trasvasístico rumbo… estamos condenados a la extinción definitiva de nuestro hermoso mapa posible.

Y terminemos.  Queremos un estado de derecho que modere las diferencias de riqueza de sus diversos territorios y pueblos.

Queremos que se cumpla nuestra Constitución, en pro de un equilibrio equitativo, equilibrado y armónico, de los diversos territorios de España.

Yo, vuestro río Ebro, Hiberus Flumen, os reitero mi abrazo.