Estupidez y pensiones

Al hilo de la intervención de Máximo Pradera en un programa de televisión por internet, recordé la teoría de la estupidez del italiano Carlo Cipolla, especialista en historia de la economía. Este intelectual y profesor consideraba que la gente estúpida es “el tipo de persona más peligrosa que puede existir” y llega a formar “un grupo más poderoso que grandes organizaciones como la Mafia, el Complejo Militar Industrial (MIC), o la Internacional Comunista”.

Ignoro el tamaño de los colectivos que citaba Cipolla, pero el formado por los estúpidos debía de considerarlo como el más relevante, cuantitativa y cualitativamente hablando, pues la primera ley de su teoría es que “siempre e inevitablemente cualquiera de nosotros subestima el número de individuos estúpidos en circulación”.

Advirtamos, rápidamente, entre paréntesis, que el DRAE define la estupidez como la “torpeza notable en comprender las cosas”, al estúpido como al “necio, falta de inteligencia” y al necio como al “ignorante y que no sabe lo que podía o debía saber”. Pero lo más significativo en la estupidez humana, su ley de oro según Cipolla, sería la definición de una persona estúpida como aquella que “causa daño o pérdida a otra persona o grupo de personas sin obtener ella ganancia personal alguna, o, incluso peor, provocándose daño a sí misma en el proceso”.

Pues bien, más allá de las teorías cipollanas (o cipollinas), lo que quiero comentar hoy son los cuatro grupos de individuos que dice el científico que habría en el mundo: 1º) Inteligentes, 2º) Incautos, 3º) Estúpidos y 4º) Malvados, y cómo cabría extrapolarlos al terreno de las pensiones y al de los y las pensionistas, actuales y futuras. A mi modo de ver, y sin perder de vista cuanto de sátira, humor y divertimento hay en las tesis del humanista italiano, podríamos incluir en cada grupo a las siguientes personas o instituciones.

En el grupo 1º (el de los inteligentes), por ejemplo, se podrían añadir aquellos individuos que se movilizan contra el 0,25% de subida o  batallan por unas pensiones dignas, por vincular la actualización al coste de la vida, por defender el blindaje constitucional de las pensiones o, en general, suscriben la tabla reivindicativa de los colectivos de pensionistas que están en las calles. Serían, en palabras de Cipolla, quienes, con su lucha, “beneficiarían a los demás y a sí mismos”.

En el grupo 2º, de incautos o desgraciados, se incluirían aquellas personas que comprenden y aceptan sin rechistar las disposiciones gubernamentales que, aunque sea en una parte muy reducida, “benefician a los demás”, como por ejemplo quiere hacer el gobierno al incrementar un 3% las pensiones más bajas –aunque sólo a una cuarta parte de ellas- y al colectivo de viudas -aunque no sea a todas- y “se perjudican a sí mismos”, porque no les subirán ni un céntimo más allá del 0,25%, ni, lo que es peor, se les garantizará que eso se modifique en años sucesivos.

En el grupo 3º, el de los estúpidos, se podrían incluir todas aquellas personas que no tienen criterio alguno, sus acciones lo mismo son de aplaudir a rabiar a los representantes del gobierno que los está machacando, que de ciscarse en todos, sin distinguir explotadores de explotados, pensionazos de pensionistas, políticos que gobiernan y opositores frontales a esa gobernanza. Con su actitud irracional de confundir tirios y troyanos,  con su comportamiento servil, casi siempre impredecible o inoportuno, ya sea de mala o de buena fe, o con su voto a las opciones que no les garantiza mejora alguna no sólo están perjudicando notablemente a los demás sino a sí mismos.

Y, finalmente, el 4º grupo, el de los malvados o bandidos, es el de quienes persiguen ganar a costa de lo que sea. El de quienes no tienen escrúpulos algunos en “perjudicar a los demás y beneficiarse a sí mismos”. Aquí metería a todos aquellos, gobernantes, bancos y voceros en los medios de comunicación, que están llevando a cabo o bien políticas contra los pensionistas actuales, recortando derechos, igualando por abajo, y contra los futuros, incrementando la edad de jubilación, aumentando los requisitos para tener derechos a la pensión, o bien perjudicando gravemente las expectativas de conseguir una pensión digna, promoviendo legislaciones restrictivas o la proliferación de los fondos privados de pensiones, que aunque dicen que son complementarios de los públicos, vienen a ser sustitutivos, en la medida en que los públicos devengan insuficientes, cuando no predican abiertamente la privatización del sistema público.

Y luego quedaría una mezcla de grupos. Por ejemplo, el de los malvados estúpidos, que serían aquellos que consiguen unas ganancias inferiores a las pérdidas que provocan. Porque, al final, los fondos de pensiones privados tampoco consiguen todos los beneficios que les gustaría (en España sólo absorben un 12,8% del ahorro, frente a una media europea del 37,5% ) pero el daño que causan a la población es tremendo y cuasi irreversible, en cuanto a la incertidumbre, angustia, desesperanza o quiebra de la confianza en el Estado que originan.

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Lecturas de primavera

GB84, David Peace

Este libro, según escribe Daniel Bernabé en su excelente prólogo, “es una ficción basada en un hecho, con un gran trabajo de investigación detrás, con memoria viva de sus participantes, con exactitud en muchos detalles, en apariencia poco relevantes, que sin embargo dotan a la maquinaria narrativa de la verosimilitud necesaria”. GB84, sigo citando a Bernabé, “se publicó originalmente en 2004, es decir, veinte años después de los acontecimientos que dan cuerpo y naturaleza a la historia: la huelga minera que tuvo lugar en Reino Unido entre el 6 de marzo de 1984 y el 3 de marzo de 1985. Un año en el que se libró el mayor conflicto laboral de la Europa de posguerra, pero también en el que posiblemente murió una época, la del pacto del Estado del bienestar, y comenzó otra, la del neoliberalismo o restauración victoriana. Hoy, 34 años después, la novela de David Peace toma un nuevo significado después de la crisis económica de este último lustro: el animal herido se comporta de manera errática, agresiva e impredecible. Si en aquel momento el asesinato fue premeditado, ejecutado por la fría mano de la hija del tendero, hoy el cuchillo es empuñado por aprendices mucho más atroces. […] David Peace declaró en una entrevista que uno de los motivos que le había impulsado a escribir GB84 fue el asco y la estupefacción que sintió al conocer los detalles de los métodos utilizados para destruir la huelga y trasladar la responsabilidad del conflicto a quien solo se estaba defendiendo de él.”

Con una estructura narrativa un tanto peculiar, el libro, como se recoge en esta otra reseña, además de ser “una novela arrolladora sobre un hecho histórico que no debería olvidarse jamás, resulta desoladoramente actual. La represión policial. La cobardía de otros sindicatos y, sobre todo, el anteriormente dirigente Partido Laborista —nunca olvidemos, el mejor continuador del legado de Thatcher fue un criminal de guerra llamado Tony Blair—, oculto en su impotencia y servidumbres. La censura. La corrupción sistemática de la justicia y la prensa, lacayos del poder. ¿Os suena? ¿Hace falta decir que no me refiero únicamente de Reino Unido? De aquellos barros, estos lodos…”.

Por lo que de concomitancias tiene con nuestra realidad actual, entresaco una brevísima descripción que se hace de la situación de represión de los mineros en un momento dado:

“Expresiones. Asertos. Declaraciones. Testimonios. Manifestaciones. Aseveraciones. Denominaciones. Locuciones. Afirmaciones. Juramentos. Promesas. Garantías. Certidumbres. Compromisos. Informes. Noticias. Información. Versiones. Inteligencia. Consejos. Nuevas. Saludos. Frases. Secretos. Claves. Muletillas. Consignas. Lemas. Señales. Llamadas. Señas. Contraseñas. Códigos. Mandamientos. Órdenes. Anuncios. Enunciación. Proclamaciones. Pronunciamientos. Juicios. Peleas. Polémicas. Disputas. Enemistades. Altercados. Controversias. Debates. Discusiones. Gritos. Preguntas. Contestaciones. Respuestas. Datos. Cifras. Mensajes. Interrelaciones. Interacción. Relaciones. Transmisiones. Conexiones. Contactos. Intercomunicaciones. Comunicaciones. Intercambios. Notificaciones. Relato. Deliberaciones. Articulación. Retórica. Vocalización. Diálogo. Discurso. Habla. Comentario. Acotación. Observación. Opinión. Crítica. Ocurrencia. Cháchara. Conferencia. Confabulaciones. Charlas. Rumores. Cotilleos. Habladurías. Chismes. Escándalo. Sugerencias. Indirectas. Connotaciones. Murmuraciones. Quejas. Murmullos. Quejidos. Mentiras. Gritos. Susurros. Palabras. Sólo palabras. Nada más que palabras. Lenguaje. El aire está lleno”.

Edward Bunker

Me he leído dos libros de este autor californiano ya fallecido. Si les gusta el género carcelario no se pierdan La fábrica de animales. Una magnífica historia de 2 presos y la amistad que surge entre ellos en la prisión. Parece bastante evidente que el realismo con el que se retrata la vida carcelaria se debe a que el propio autor fuese exladrón y hubiese estado encarcelado en San Quintín. El otro libro, No hay bestia tan feroz, es para el célebre James Ellroy, “la gran novela de los bajos fondos de Los Ángeles; el libro más bello jamás escrito sobre el tema del atraco a mano armada”.

El protagonista, que intenta reinsertarse en la sociedad, ironiza sobre cómo tendría que buscar trabajo: “Estimado Sr. Le escribo para solicitar un puesto de trabajo para un ladrón especializado en allanamiento, estafas, falsificación y robo de coches; también tengo experiencia como atracador a mano armada y chulo, así como en falsificación de documentos, entre otras cosas, Empecé a fumar marihuana a los doce años y a pincharme heroína a los dieciséis. No tengo experiencia con el LsD y el speed. Se hicieron populares después de mi encarcelamiento, He sodomizado a jovencitos guapos y homosexuales afeminados (pero solo mientras he estado encerrado y apartado de las mujeres). En el lenguaje de las cárceles, reformatorios y demás pozos de mierda (algunos de lujo), soy un cabrón, y no lo digo en el sentido literal. En mi mundo, el término, tal y como yo lo uso, sirve para alardear de ser el puto jefe, un virtuoso del delito. Por supuesto, por ser un cabrón en ese mundo, soy una basura en el suyo. ¿Me contrata?”.

El peor de los tiempos, Alexis Ravelo.

Demoré la lectura de un estupendo regalo de navidad que me hicieron. es una pena que algunos libros se terminen tan pronto. Éste, tan bueno como todos los de este autor. Un nuevo caso de Eladio Monroy que entusiasmará a quienes ya son seguidores de Ravelo y que no defraudará a quienes se acerquen a la literatura de este escritor canario. Para mi gusto, uno de los mejores del panorama del noir español. Por cierto yo debo de estar en alguna de las categorías de tontos que se cita en el libro: la de quienes prestan libros y la de quienes los devuelven. Sus constantes referencias a la situación socio-política española lo hacen todavía más entretenido: “en este tiempo de mierda… en los que el mal no tiene rostro sino logotipo, no tiene nombre sino número de cuenta bancaria”.

La uruguaya, de Pedro Mairal.

Encontré el otro día en la biblioteca del barrio este muy buen relato de este autor argentino. Todo un descubrimiento. Entretenidísimo y muy divertido (por ejemplo, cuando el médico le dice “te vas a aplicar la crema en el área prurriginosa, ¡hijo de un camión lleno de putas, ¡el área prurriginosa!, por qué no decís ‘el lugar donde te pica’, la concha de tu hermana, reverendo sorete grandilocuente”).

Una excelente prosa, obviamente, con giros, expresiones y términos que se utilizan en la Argentina y que a mí, particularmente, me encanta leer. Ojo, no así escuchar en el cine, donde, a veces, me resulta dificultoso escuchar la dicción de su lengua española de las Américas. Me hizo gracia cómo describe las desventuras que les suceden a todos los padres y madres del mundo: “Si realmente hicieran un curso integral de cómo criar hijos, nadie los tendría. Hace falta ignorancia para que continúe la especie, generaciones de ingenios que se meten en un baile del que no tienen ni idea. Un curso que anticipe todos los peligros y padecimientos de la paternidad y la maternidad espantaría a todos. Podría estar esponsoreado por alguna marca de preservativos”.

Libres para decidir

Unidos Podemos, en colaboración con un grupo muy cualificado de sociólogos, juristas, catedráticos, enfermeras y médicos, presentó hace poco una iniciativa para despenalizar la eutanasia. La diputada de En Comú Podem, Marta Sibina, enfermera de profesión, presentó la ley y este vídeo recoge su intervención. A pesar de que la inmensa mayoría de español@s está a favor de despenalizar la eutanasia, la bancada reaccionaria del PP, los liberales del siglo XIX y el otrora partido de los derechos civiles, el PSOE, o votaron en contra o se abstuvieron. Si la eutanasia fuese legal, como se dice en el siguiente vídeo, no aumentarían las muertes sino que disminuiría el sufrimiento. Se trata de reconocer un derecho humano: el derecho a morir con dignidad. Parece simple… y lo es. Basta con discutirlo y legislarlo ya.

Charlatanes radiofónicos

Soy oyente de la radio ma non troppo y a piñón fijo. Quiero decir que la sigo relativamente poco y en momentos muy concretos. Vamos, igual que les pasa a muchos de ustedes. Será por eso que me chocan (y me repatean más) determinados anuncios que siempre se emiten a la misma hora y que los tengo archisabidos.

Hace ya dos años que escribí sobre uno que repetía aquello de que compramos tu coche, compramos tu coche, compramos tu coche. Una vez conseguido el objetivo de darse a conocer, bien es verdad que repitiendo su lema hasta la náusea, aquél desapareció. Lo sustituyeron pronto otros eslóganes, que supongo que serían eficaces por lo que duraron en antena.

No hace mucho escribía aquí sobre las empresas de seguridad, esas que meten el miedo a señoras y caballeros que han escuchado que al vecino le han entrado a robar, “y menos mal que no estaban dentro”, para así llamar inmediatamente al “experto” en seguridad de la zona que le instalará al momento un sistema por el que ya podrá “descansar” usted y los suyos.

Otro de los anuncios insoportables es el de quienes practican el tranquiler, y alquilan su vivienda “sin riesgos” y con la tranquilidad que da que alguien se “ocupe de todo, pagando directamente las rentas a los propietarios sin retrasos”. De nuevo la seguridad. Ignoro si esta agencia tiene algo que ver con otra empresa encargada de “desokupar” viviendas, dicen que por “métodos legales”, mediante un comando ad hoc de boxeadores y expertos en artes marciales, bien musculados y bregados en mil reyertas. Como lo califican aquí, el “mercado de la intimidación” está servido.

Y el último que les quiero contar tiene que ver con el confort. Que según peroran las dos mujeres encargadas de su dicción, para hacer más llevadero el masaje intelectual, es para todas las edades. Para estudiantes, trabajadores y jubilados, dicen. Tachán. El cojín tracatrá. Que “si se ha vendido tantos millones en el mundo será porque es muy cómodo”. Se recurre al manido argumento de las moscas, que no pueden estar equivocadas porque acuden por millones a la misma mierda. El clásico argumento de los números, por el que un libro es bueno porque fue comprado por miles, una película es magnífica porque la vieron millones en todo el mundo o un programa de televisión es el mejor porque tiene la audiencia más alta.

Escuchando este anuncio del cojín “indicado especialmente para el descanso de la zona lumbar”, “vamos lo que llamamos familiarmente los riñones”, me vienen a la cabeza los charlatanes de feria que había en otras épocas y que en algunas películas, curiosamente los western americanos, reflejaron tan graciosamente (recuerdo los dos hermanos de El día de los tramposos, en la que el charlatán engañaba a los fieles de una iglesia, pasando el cepillo al final de la función y el supuesto sordomudo gritaba despavorido cuando se quemaba el trasero con la estufa).

Los creadores de la publicidad del cojín llegan al paroxismo cuando junto al argumento de los números recurren a los sentimientos paterno-filiales. Y ahí la cosa pasa de castaño a oscuro. Porque el cojín, dicen, también sirve para regalárselo a tus padres, ya que “cualquier momento es bueno para tener un detalle con ellos que mejore su calidad de vida”. Y ¿quién se sustrae a hacerle la puñeta a sus progenitores no regalándole el cojín de marras?

Y ya para rematar, “si lo compras durante la próxima hora (cuestión que repiten insistentemente todos los sábados) te hacen una superoferta: dos por el precio de uno”. Pero ahí no queda la cosa. Porque, además, a los cuarenta primeros pedidos le regalan unos calcetines compresivos “completamente (sic) gratis”, valga el pleonasmo. Ozú, ¡qué fatiguitas!

Parole, parole, parole. El escritor Ramón Gómez de la Serna, creador de las famosas greguerías, lo bordaría hoy en día como guionista de una publicidad que, aunque parezca para imbéciles, no lo es en absoluto y a las pruebas me remito. No me digan que la retórica de don Ramón, allá por 1928, con su fantástico mónoculo sin cristal y con la mano convincente, junto al estanque del Retiro, no es para un doctorado cum laude. Son 4 minutos deliciosos.

Hay quien no sabe qué es brindar

En estos tiempos de asueto, que tocan a su fin, me gusta recordar que hay gente que, como en el título, no sabe qué es brindar, como cantaba Silvio Rodríguez. No se lo han enseñado. Nunca pudieron hacerlo porque nunca tuvieron motivos para ello. Las penalidades, la miseria, la angustia de la incertidumbre del presente y del futuro, los desplazamientos forzados a otros territorios, a otros países, que tendrán que acometer mañana o pasado mañana o que nunca podrán realizar por la falta de recursos, les impide alcanzar toda la felicidad a la que tienen derecho. Nada mejor, pues, que acudir al sosiego de la poesía para pensar en nuestra situación personal y en la de tantas personas, de la que nunca podremos sustraernos porque la comunidad, también la internacional, existe y forma parte de nosotros aunque nos pese.

El poema es de Beatriz Gimeno y se titula Obligatorio ser feliz

Declaro que es urgente ser feliz.
A partir de ahora es obligatorio despejar el corazón y la cabeza,
Desde hoy mismo es imprescindible librarse de la pena,
Raspar este dolor tan aferrado a la conciencia que se ha hecho cuerpo y órgano con ella
Abrir de par en par las puertas,
Y de ahí, del exterior, elegir lo más claro.

Desde esta misma tarde queda establecida la obligación de ser feliz
De ser contigo, de ser conmigo misma,
De dejar que se pierda para siempre el recuerdo malsano del  dolor ya podrido,
De encontrar otras rutas que soñamos que existen,
de caminar despacio disfrutando el camino que nos marcan los pies.

Ahora mismo, ya, tenemos, tu y yo, la obligación de ver salir el sol,
de verlo ponerse,
la obligación de mirarnos a los ojos  y  reirnos
De leer el periódico, de tomarnos juntas un café,
de respirar despacio, de comernos un pollo con las manos
y de acariciarnos luego con esas mismas manos.

Me impongo la obligación de no morirme a cada paso,
Te impongo el deber de seguir viva
De caminar erguida por la vida,
De librarme del miedo que me pesa en la espalda;
De liberarte a ti, para que no te mueras en mis brazos.

Desde esta tarde misma estoy obligada a responder al teléfono si suena,
A ser amable, a ser sincera, a no esconderme, a no llorar por las esquinas.
A encender las luces por la noche
y tener buenos sueños, de ovejas y  de lobos que se quieran.

Entre el desdén y la apropiación clasista

Por su evidente actualidad e interés y porque a Joaquín Urías, profesor de Derecho Constitucional de la Universidad de Sevilla, al  que no conozco personalmente pero del que sigo su trayectoria desde hace años, le tengo un especial aprecio por su criterio y erudición jurídica y por el valor moral y ético que deduzco de su trayectoria profesional y compromiso personal con las personas refugiadas, hoy por hoy uno de los colectivos más ignorados por los poderes públicos, reproduzco a continuación en su integridad el artículo Semana santa del pueblo, del que es autor, precedido de la advertencia que hacía el propio Urías en el tuíter:

TUIT SÓLO PARA SEVILLANOS- Mucha gente en esta ciudad vivimos intensamente la Semana Santa sin darle necesariamente un toque religioso. El pregón no nos representa. Y estamos hartos de escondernos.

“En Sevilla estos días mucha gente sobrevivimos entre la espada de nuestros amigos de izquierdas que desprecian la semana santa y la pared de la Sevilla más clasista que se la quiere quedar. A la gente de fuera no podemos explicarle –porque no lo entendería- que necesitamos estas tardes buscando cofradías pero que no comulgamos con la religiosidad capillita de tanto soberbio que se repeina con agua bendita y se llena los bolsillos de estampitas. No podemos, pero es así.

Urge un discurso que reivindique esa semana santa popular que nos emociona porque es sólo de la gente. Una semana santa callejera que no aparece en las advocaciones marianas de los pregones, porque no pertenece a la iglesia, ni a las hermandades, sino a los barrios. Una semana santa sentida y popular que no aparece en las declaraciones de los concejales que se visten de chaqué mientras humillan su cargo ante el obispo de turno y compadrean con hermanos mayores muy contentos de conocerse.

Es la semana santa que han vivido los barrios desde siempre. La de mi abuela con su silla de enea en la calle Parras, o de las familias que quedan para almorzar el domingo de Ramos en el Porvenir. Una semana hecha de detalles como el runrún de un rosario rozando el varal de un palio por la calle feria. Recuerdos que se aprenden desde chico y se quedan grabados para siempre en la memoria del niño que fuimos.

Con la edad se inventan nuevos ritos personales y se nos clavan en la cabeza nuevos detalles que se siguen repitiendo mágicamente año tras año. Puede ser la voz de un capataz a la entrada del puente de Triana ordenando a los costaleros “Vámonos pa Sevilla”; o el sonido de una flauta mientras la virgen del museo huye de su plaza; los estudiantes que buscan los sones del gaudeamus iguitur en el andén de la Universidad; la gente del Cerro intentando oír el himno de Andalucía al salir su paso. Cada familia, cada persona, sin que importen las clases sociales, tiene sus detalles propios de estos días. Los de tu barrio, o los de tu historia personal. Los coleccionan como los niños las bolas de cera. Y los guardan de un año para otro para volver a ser lo que fuimos. Semana Santa son las torrijas que hacía tu abuela y que nos anuncian un pequeño paraíso. Por eso nos echamos a las calles.

Esa semana santa está amenazada por quienes la quieren convertir exclusivamente en una realidad eclesiástica. Los que creen que la semana santa son cultos de la hermandad; triduos, viacrucis, besamanos y besapiés que duran todo el año. No consienten sea un fenómeno autónomo que sale de las iglesias y que explota en la calle usando a las imágenes religiosas como excusa. Por eso, antes de que nos la roben, urge crear ese discurso que realce el triunfo de los barrios populares y de la gente de a pie que se hace dueña de la ciudad reivindicándose como colectivo y como persona.

La semana santa popular sobrevive acosada. Por las autoridades, por los capillitas, por los opinadores meapilas que ocultan su clasismo bajo los evangelios y cuatro cursilerías rancias. Incluso parece que van ganando los neocristianos que quieren sacar a los nazarenos de la Macarena y la Esperanza de los bares donde se levantan el antifaz y se echan a la garganta un cafelito reparador para poder aguantar hasta el amanecer. Esos conversos a un cristianismo puritano que acabarán por decir que no es semana santa la cervecita en la peña sevillista de San Bernardo mientras la cofradía, y los vecinos, vuelven una vez al año al barrio. Por ahora se han apuntado un punto: cada vez se reparten menos caramelos y más medallitas. Es una religiosidad falsa que cala especialmente entre los frikis de la fiesta que empiezan a ser mayoría. Y resulta que de pronto a la vuelta que da la piedad del baratillo para entrar en la calle Tetuán no hay que llamarla vuelta, sino revirá. Hasta le están cambiando el nombre a las cofradías. Porque lo de los Panaderos, la Bofetá, los Negritos o los Caballos no suena bastante religioso, así que de pronto hablan de nuestro padre nosequé de nosecuanto; un farfulleo incomprensible para los que nos hemos criado diciendo montensión. Con los nombres y el lenguaje nos quieren colar también los triduos y las vallas amarillas para que la gente no se acerque a los nazarenos.

La izquierda cultural ha renunciado a reivindicar esta semana santa del pueblo que sobrevive porque materializa los barrios de la ciudad y refuerza el sentido de pertenencia a un colectivo. No ha entendido nunca muy bien la idea de que la cofradía concentra la esencia de cada barrio, que se reconoce alrededor de ella. Y le ha regalado todo el fenómeno a una iglesia acaparadora que intenta cambiar la identidad de cada barrio por una unificación cateta y sin gracia. Todas quieren ser serias como la Amargura y tan religiosas como un monaguillo franquista.

Pero una mayoría seguimos echándonos a las calles estas tardes con sensación de propiedad; de que la ciudad es nuestra. Por unos días Sevilla no pertenece a esa casta creída de sevillanos poderosos, a los que pintan algo en la ciudad. Sino a los barrios. Volvemos a callejear con prisas. A pasar por callejones desconocidos buscando una esquina determinada. A intentar ver la cofradía antes de que se meta en la carrera oficial, o de que se recoja. Las señoras que sacan sus sillitas de playa para ver pasar la lanzada por el barrio, delante de su casa, son unas resistentes.

Por supuesto que es difícil teorizar sobre esa alegría íntima que te invade cuando se te llena el pelo de los pétalos de clavel que arrojan desde un balcón sobre la virgen, mientras la música no para. Más difícil todavía es explicar la emoción colectiva, contagiosa como la histeria, cuando después de tanta espera llega por fin el paso, con sus andares propios, entre una masa conmovida hasta las lágrimas. Pero no me cabe duda de que no lloramos necesariamente por pertenecer a una iglesia, sino a un barrio.

Un antiguo anarquista de la zona de la Alameda decía que él no creía en Dios, que creía en el Gran Poder. Y con esa filosofía se ha construido esta semana. La que llega cuando se consagra la primavera. Cuando los azahares reventones llenan las calles de un olor tan dulzón, que parece incienso.”

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Otros enlaces que tratan el mismo asunto:
La semana santa que no va a misa, de O. Carballar / F. Artacho
La Semana Santa de Sevilla no es como te la han contado: cuatro aspectos que te romperán los esquemas, de Marta G. Franco.</>

Republicanos españoles en campos de exterminio

Cuando acabo de leer -en palabras de Ignacio Martínez de Pisón- “una de las cumbres de la literatura concentracionaria”: el libro del catalán Joaquim Amat Piniella K.L Reich, leo la noticia de la muerte de uno de los últimos supervivientes españoles del campo nazi de Mauthausen: el barcelonés Cristóbal Soriano, fallecido a los 98 años de edad en el exilio francés.

Hace ya muchos años leí el otro gran libro de la historia más terrible de la Europa del siglo XX: Los años rojos, del aragonés Mariano Constante, cuya lectura me conmovió profundamente. En ambos textos se relatan las penalidades que centenares de miles de personas sufrieron en los múltiples campos de concentración del régimen hitleriano.

Entre ellos, se encontraban los 9.328 republicanos españoles deportados y conducidos a varios campos nazis, de los que 5.185 fueron asesinados. Si no hubiera sido por estos autores que, junto a Primo Levi (Si esto es un hombre), relataron en primera persona los años de cautiverio en esos campos de exterminio, la barbaridad y el espanto de lo que allí aconteció no hubieran sido creíbles, por el salvajismo y dureza de sus condiciones de supervivencia y por la abyección de sus carceleros.

Como señala Martínez de Pisón en el prólogo del libro de Amat-Piniella “el hacinamiento en trenes y barracones, la lóbrega arquitectura de los campos, las colas de presos famélicos, los recuentos a temperaturas bajo cero, etc. nos llegan a nosotros ya visualizados: los hemos visto en películas como La lista de Schindler o La vida es bella”. Pero cuando fueron publicados esos libros “esas películas no existían, y sin duda el lector de la época, no expuesto a ese tipo de interferencias, tenía que  quedar aún más subyugado que nosotros por la implacable plasticidad verbal de Amat-Piniella, que con su atención a los detalles y la fuerza de sus descripciones documenta el horror de los campos de exterminio con precisión de fedatario público”.

Pues bien, dice la información de eldiario.es que Carlos Soriano, hace dos años, cuando tenía 96, “regresó por última vez al campo de concentración con motivo del 70 aniversario de la liberación. Allí explicó a jóvenes y no tan jóvenes franceses y españoles cómo era la vida y la muerte entre aquellas alambradas. Allí también escuchó al entonces ministro de Asuntos Exteriores de Rajoy prometer que el Estado brindaría inmediatamente el reconocimiento que le debía a los deportados y deportadas españoles. Dos años y medio después, el pasado día 12, Soriano murió sin ver cumplida aquella solemne promesa”.

Es tristísimo, cuando no indignante, que en nuestro país se conmemore cada año –paradójica y singularmente por las derechas- el holocausto del pueblo judío y que el Estado español, más de 70 años después del fin de la contienda mundial, y a diferencia de otros países que sí lo han hecho, todavía no haya rendido homenaje alguno a los republicanos españoles que vivieron en carne propia el horror de los campos de exterminio y a los deportados republicanos que lucharon contra la Alemania nazi, por la libertad de Europa. Aquí, muchos nos preguntamos cuándo veremos instalada la decencia en este país que permita rendirles el homenaje que se merecen. Ya habrán muerto seguramente todos los supervivientes, pero su recuerdo para generaciones futuras sería fundamental para avanzar no solo en la democracia y en la libertad sino también en la dignidad de los seres humanos.

Recomendado por

Periódicamente, la prensa suele publicar los libros que leen determinadas personalidades, escritores, famosos, políticos, periodistas… Nada que objetar. Bienvenida sea la publicidad de los libros, afición que comparto y que me parece más productiva, desde el plano intelectual y hasta el físico, que ver televisión, pongo por caso. Sabido es, como cantaba Aute, que todo está en los libros. Incluidos los de la literatura de ficción, fantástico instrumento para interpretar el mundo, como leía hace poco en la solapa de una novela de Menéndez Salmón.

Son habituales los reportajes sobre las lecturas preferidas de, los libros recomendados por, los libros imprescindibles para, las mejores lecturas del verano, la primavera de los libros, los 10 mejores libros de 2017, los 100 mejores libros de la historia, las 12 mejores novelas del siglo XXI… Y todo esto, a su vez, desglosado o subdividido para cada uno de los géneros literarios más difundidos o por su temática o categoría narrativa.

Se llega al caso, por ejemplo, de que a algunos periodistas, bien porque tengan poco de lo que escribir, bien porque quieran publicitar su producción editorial, bien por su veneración a determinados escritores, bien porque consideren que su opinión es objeto de admiración entre su masa lectora, o simplemente porque les gusta salir en los medios más que a un tonto un lápiz (expresión ésta, a mi juicio, en franca obsolescencia por la pérdida de su cuota de pantalla en un mundo tan digitalizado, y que aun tratando de no molestar a nadie –un tonto, es aquel que dice tonterías-, pudiera ser que hiriera la sensibilidad de algunas personas por lo que de desconsideración implicase para las personas, ya fuere por su estulticia o por su escasez de entendimiento o de razón), les da incluso por escribir sus propias preferencias en los periódicos que les pagan.

Véase el caso de Juan Cruz, un veterano periodista de El País y empleado del grupo Prisa, en el que llegó a ser director de comunicación de Santillana o director de las editoriales Alfaguara y Edipaís. Ahora, como adjunto a la dirección del periódico, recomienda los títulos que considera esenciales de Mario Vargas Llosa (MVLL). Los cinco mejores libros, según Juan Cruz, reza el titular del autorreportaje, firmado por otro colega que supongo han puesto ahí para no tener que aparecer firmado por el mismísimo Cruz.

Más allá de la anécdota, que en mi opinión retrata al personaje, los libros recomendados por el periodista amigo son El pez en el agua, La verdad de las mentiras (ambos de la editorial que dirigió en una larga temporada el propio Juan Cruz, el primero de ellos con el relato autobiográfico de su brevísimo paso por la política, con su candidatura frustrada a la presidencia del Perú, y el segundo sobre la glosa que MVLL hace de escritores famosos como Joyce, Camus o Woolf), los ya clásicos La ciudad y los perros y Conversación en la catedral, y Piedra de toque I, II y III, que compila los artículos publicados en el periódico que dirige adjuntamente.

Curiosamente, advertido en el tuíter por un columnista de su periódico, añadió La fiesta del chivo, que casualmente había olvidado. Cosas de la edad.

Ni que decir tiene que Cruz está en su derecho de elegir los libros que le venga en gana, de ese o de cualquier otro escritor, ya hicieran la producción en la editorial  que él dirigió o en cualquiera otra. Faltaría más. Solo quiero subrayar dos cuestiones: la oportunidad del reportaje de Cruz sobre Vargas, o viceversa, y la inclusión en su selección de los textos escritos para su periódico o del relato justificatorio de sus veleidades políticas.

Hace cuatro años escribí en el alojamiento anterior de este blog una reseña sobre la primera novela que escribió MVLL tras el premio Nobel: El Héroe discreto. En ella afirmaba que sin ser un experto en la literatura vargasllosiana, sí podía confirmar que había leído las tres quintas partes de la producción novelística del autor, así como tres de sus libros con forma de ensayo, memorias y relatos.

En ese texto de enero de 2014 señalaba las considerables diferencias que mantengo en términos políticos y económicos con don Mario, un defensor a ultranza del neoliberalismo económico y un crítico obsesivo de los gobiernos latinoamericanos que eligieron un camino emancipador para sus pueblos, fuera de la tutela  y designios del todopoderoso vecino del Norte. Lo cual no obstaba para que en tres ocasiones, por ejemplo, hubiera mostrado en este blog mi acuerdo con él: cuando junto a otros premios Nobel y escritores de todo el mundo suscribió un manifiesto contrario al desalojo de palestinos en Cisjordania; cuando ensalzó la trilogía del Millennium de Stieg Larson, frente al denuesto que hiciera la carcundia que representa Juan Manuel de Prada y Jiménez Losantos; o cuando se muestra partidario de votar, frente a quienes propugnan la abstención, porque siendo esa “una decisión respetable desde el punto de vista individual y moral, no es nada efectiva en términos colectivos y prácticos, pues no votar equivale siempre a votar por el que gana, ya que se renuncia a hacer algo –aunque sea tan mínimo como lo que representa un solo voto- para impedirlo”.

No puedo dejar de hacer referencia a la última perla de este individuo (supongo que pronto comentada por su exegeta Juan Cruz), tan reaccionaria como la que nos tiene acostumbrados en los últimos tiempos de exaltación patria. Para el Premio Nobel ahora resulta que el feminismo sería el más resuelto enemigo de la literatura, equiparándolo a otros “enemigos” históricos de ella como la religión y “los sistemas totalitarios, el comunismo y el fascismo”. Con gracia, el antropólogo Javier Aroca le respondía así en el tuíter: “Aquí lo tenéis, vargasllosismo, cebrianismo, felipismo, peligros para el progreso”.

Y para que no se diga que termino este artículo sin algo positivo, los libros que a mí más me han gustado de MVLL: La fiesta del chivo, El paraíso en la otra esquina y El sueño del celta. Tres joyitas.

Transformación de la energía

Aunque en las ciencias físicas no esté literalmente así enunciado, hay un principio, una ley que viene a señalar que la energía no se crea ni se destruye, sólo se transforma. Las personas mayores saben algo de eso.  Sus menguantes energías, que no necesariamente son sinónimos de fuerza física, inexorablemente, por ley de vida, se transforman en otro tipo de capacidades y de manifestaciones vitales. No les daré la vara científica. La internés está plagada de documentación de libre acceso. Basta un poquito de interés (energético) para informarse.

Sirva este exordio para hacer referencia a las masivas movilizaciones de pensionistas habidas en toda la geografía española sin excepción. La sociología, la política, la prensa, la academia, se devanan los sesos preguntándose los porqués del aquí y ahora de esa fuerza descomunal -todo lo icónica que se quiera, pero también presencial- que se deduce de las concentraciones espectaculares de personas mayores que demandan lo que consideran sus derechos. Naturalmente, sin violencia, ya no están para esos trotes, pero sí con firmeza, con dignidad, con tenacidad.

Veremos hasta dónde llega el resultado de sus justísimas demandas y hasta qué punto los poderes públicos las atienden. Pero, sobre todo, podremos comprobar en un futuro cercano si la energía que han demostrado en las movilizaciones recientes se transforma en la capacidad de derribar viejos gobiernos o poner a nuevos gobernantes con su poderosa herramienta del voto. Cierto que el hartazgo de un colectivo de muchos no tiene por qué confundirse con la sabiduría de las individualidades de cada uno de sus miembros y que a lo mejor se confunden málaga y malagón, digos y diegos, sartenes y alcuzas. El tiempo nos lo dirá.

Como muy atinadamente escribe mi colega Cive Pérez: “No hay que olvidar otro detalle: el colectivo pensionista dispone de bastante holgura de tiempo para materializar la protesta. No tiene que atenerse a horarios y disciplina laborales. Por evidentes razones biológicas, a medio plazo esa reserva de tiempo se agota. Pero el tiempo presente que nos queda lo vamos a emplear en defensa de nuestra dignidad insultada por el Gobierno. Y en defensa de un sistema público de pensiones que garantice no sólo las prestaciones actuales, sino también las futuras. Porque la Seguridad Social no es un capricho, sino una de las conquistas con las que el movimiento obrero humanizó la sociedad para alejarla del estado de las bestias. Algunos propugnan hoy volver a ese estado recuperando un capitalismo salvaje que, a la larga, despertaría violentas respuestas. Nuestro deber como ciudadanos es aprestarnos a la defensa civil de las formas solidarias de convivencia. Protestando en las calles, sí. Pero ante un Gobierno sordo a las demandas sociales hay que llevar también la protesta a la hora de votar. El corrupto Partido Popular debe probar su propia medicina en las urnas. Y en justa correspondencia a los deplorables servicios prestados por su cínico presidente, M punto Rajoy, insultando a los pensionistas con el 0,25% de revisión, sólo debería votarle, como mucho, el 0,25% del censo electoral”.

La indignación de la clase pensionada

A estas alturas de la semana, muchas personas sienten una gran confusión y, por qué no decirlo, indignación, por la coincidencia de manifestaciones de pensionistas diferenciadas en su ciudad para el 17M. Unas convocadas por la Coordinadora Estatal, que es la responsable del éxito habido en las movilizaciones pasadas, y otras por las organizaciones sindicales CCOO y UGT. Voy a tratar de explicar esta lamentable división -obviamente, desde mi punto de vista, sujeto a equivocación-, que solo beneficia a las políticas contra las clases trabajadoras y pensionadas y a los intereses de las grandes corporaciones financieras y empresariales.

Todo arranca desde la reforma de 2011 y de esta foto.

La ley de Zapatero, apoyada por CCOO y UGT, contenía importantísimos cambios que suponen en la práctica un hachazo para los pensionistas actuales y futuros: 1) elevar la edad de jubilación desde los 65 a los 67; 2) elevación de 15 a 25 años del periodo de cómputo para calcular la pensión; 3) incrementar los años cotizados para cobrar la pensión máxima (de 35 a 38);4) subir la edad para la jubilación anticipada y voluntaria (de 63 a 65) y 5) introducción del llamado factor de sostenibilidad (de empobrecimiento, en realidad) que desvincula la revalorización de las pensiones del IPC y hace depender las pensiones de la evolución de las cuentas y de la esperanza de vida.

Todas estas medidas entraban en vigor el 1 de enero de 2013. El 15 de marzo del mismo año, el gobierno del PP legisló por Decreto-Ley y fue cuando introdujo la revalorización del 0,25% para los restos mientras persista el déficit de S.S.

Sucede que mientras la inflación en los años 2014 y 2015 se ha mantenido negativa, en 2016 y 2017 ha tenido un incremento muy por encima de ese 0,25% y en 2018 se esperan cifras en torno al 2%, lo cual representa una pérdida muy importante para los y las pensionistas.

La indignación de las personas jubiladas –que han sentido como una ofensa y un sarcasmo inasumible la carta enviada por la ministra Báñez anunciándole la infame “subida” de su pensión- ha sido tan grande que ha bastado que, desde los movimientos sociales, la Coordinadora de Pensionistas, al margen de partidos y sindicatos, haya convocado manifestaciones en numerosos lugares para que haya tenido un seguimiento masivo por parte del colectivo de jubilad@s y pensionistas, tradicionalmente autoexcluido de la movilización social y masivamente inclinado a votar opciones conservadoras. Colectivo que va teniendo, cada vez más, por características propias, los rasgos propios de una clase social.

En esas movilizaciones, los sindicatos mayoritarios han visto una deslegitimación de las posiciones mantenidas por ellos en 2011, pero al mismo tiempo han visto una posibilidad de reconectar con una sociedad que les había dado la espalda en los últimos años en numerosas convocatorias que hicieron y que resultaron fallidas.

Llegado, pues, el momento de la verdad, tras el éxito sin precedentes de las manifestaciones del 22 de febrero y las de todos los lunes en Bilbao y otros sitios, se llega a la convocatoria que nace de la Coordinadora de Pensionistas para el 17 de marzo. CCOO y UGT se desmarcan de ella y la contraprograman, convocando en muchos sitios en recorridos y horarios diferentes. En Madrid a las 11 horas, mientras la Coordinadora convoca a las 18 horas.

¿Qué hay detrás de esto en realidad? Pues, en mi opinión, frente a una explicación inicial de que las causas estarían en el afán de protagonismo de unos o de otros, lo que subyace en realidad es que las reivindicaciones* de ambos colectivos, el sindical y el pensionista, y su nivel de exigencia difieren notablemente, además de que los últimos cuestionan las reformas que bendijeron los primeros.

CCOO y UGT, con la ayuda del PSOE y de buena parte de los medios de comunicación, singularmente visualizados en el grupo PRISA (no se olvide que la banca, los fondos de inversión y las grandes corporaciones son los dueños de El País y la SER), y de la corte ya clásica de intelectuales y artistas (me sé sus nombres de memoria), se proponen desactivar al movimiento de pensionistas, atemperando y minimizando sus justas peticiones, que no solo se reducen a la revalorización del IPC, sino a la exigencia de que se garanticen constitucionalmente las pensiones, se deroguen los aspectos más duros legislados por PSOE y PP en la etapa más dura de la crisis y se supriman los efectos del artículo 135 que tantos recortes ha traído y tanto sufrimiento ha representado para la ciudadanía más vulnerable.

¿Hasta dónde llegará esta movilización que se espera sea masiva? Lo que parece claro es que partidos y sindicatos tradicionalmente tienden a protagonizar y apropiarse de lo que emerge de los movimientos sociales, con fines espurios o, al menos, poco transparentes. En esta ocasión, las únicas manifestaciones sensatas que he venido observando vienen de organizaciones políticas como Podemos, Izquierda Unida y Equo, que han difundido las convocatorias de la Coordinadora de Pensionistas con el único ánimo, dicen, de “acompañarlas” y “apoyarlas”. Ese es y debe ser el camino.


*Demandas de la Coordinadora:

  • Mantenimiento del poder adquisitivo de las pensiones públicas y rechazar el ridículo 0,25% de subida que el gobierno del PP viene aplicando para este año y los anteriores, provocando una constante pérdida del poder adquisitivo de las pensiones públicas.
  • Denunciar la entrada en vigor el 1 de enero de 2019 del “Factor de Sostenibilidad”, como aberrante recurso para adaptar la cuantía del cobro de las pensiones a la esperanza de vida del pensionista.
  • Recoger las pensiones como un derecho constitucional e incluir las mismas en los Presupuestos Generales del Estado.
  • Restablecer la jubilación ordinaria a los 65 años.
  • Exigir la jubilación anticipada con el 100% de la prestación, sin penalizar, con más de 40 años cotizados.
  • Recuperación del subsidio para mayores de 52 años.
  • Pleno funcionamiento de la Ley de Dependencia, eliminación del copago farmacéutico y restablecimiento de los derechos sanitarios.
  • Reducción hasta la desaparición de la brecha de género en las pensiones.