Estupidez y pensiones

Al hilo de la intervención de Máximo Pradera en un programa de televisión por internet, recordé la teoría de la estupidez del italiano Carlo Cipolla, especialista en historia de la economía. Este intelectual y profesor consideraba que la gente estúpida es “el tipo de persona más peligrosa que puede existir” y llega a formar “un grupo más poderoso que grandes organizaciones como la Mafia, el Complejo Militar Industrial (MIC), o la Internacional Comunista”.

Ignoro el tamaño de los colectivos que citaba Cipolla, pero el formado por los estúpidos debía de considerarlo como el más relevante, cuantitativa y cualitativamente hablando, pues la primera ley de su teoría es que “siempre e inevitablemente cualquiera de nosotros subestima el número de individuos estúpidos en circulación”.

Advirtamos, rápidamente, entre paréntesis, que el DRAE define la estupidez como la “torpeza notable en comprender las cosas”, al estúpido como al “necio, falta de inteligencia” y al necio como al “ignorante y que no sabe lo que podía o debía saber”. Pero lo más significativo en la estupidez humana, su ley de oro según Cipolla, sería la definición de una persona estúpida como aquella que “causa daño o pérdida a otra persona o grupo de personas sin obtener ella ganancia personal alguna, o, incluso peor, provocándose daño a sí misma en el proceso”.

Pues bien, más allá de las teorías cipollanas (o cipollinas), lo que quiero comentar hoy son los cuatro grupos de individuos que dice el científico que habría en el mundo: 1º) Inteligentes, 2º) Incautos, 3º) Estúpidos y 4º) Malvados, y cómo cabría extrapolarlos al terreno de las pensiones y al de los y las pensionistas, actuales y futuras. A mi modo de ver, y sin perder de vista cuanto de sátira, humor y divertimento hay en las tesis del humanista italiano, podríamos incluir en cada grupo a las siguientes personas o instituciones.

En el grupo 1º (el de los inteligentes), por ejemplo, se podrían añadir aquellos individuos que se movilizan contra el 0,25% de subida o  batallan por unas pensiones dignas, por vincular la actualización al coste de la vida, por defender el blindaje constitucional de las pensiones o, en general, suscriben la tabla reivindicativa de los colectivos de pensionistas que están en las calles. Serían, en palabras de Cipolla, quienes, con su lucha, “beneficiarían a los demás y a sí mismos”.

En el grupo 2º, de incautos o desgraciados, se incluirían aquellas personas que comprenden y aceptan sin rechistar las disposiciones gubernamentales que, aunque sea en una parte muy reducida, “benefician a los demás”, como por ejemplo quiere hacer el gobierno al incrementar un 3% las pensiones más bajas –aunque sólo a una cuarta parte de ellas- y al colectivo de viudas -aunque no sea a todas- y “se perjudican a sí mismos”, porque no les subirán ni un céntimo más allá del 0,25%, ni, lo que es peor, se les garantizará que eso se modifique en años sucesivos.

En el grupo 3º, el de los estúpidos, se podrían incluir todas aquellas personas que no tienen criterio alguno, sus acciones lo mismo son de aplaudir a rabiar a los representantes del gobierno que los está machacando, que de ciscarse en todos, sin distinguir explotadores de explotados, pensionazos de pensionistas, políticos que gobiernan y opositores frontales a esa gobernanza. Con su actitud irracional de confundir tirios y troyanos,  con su comportamiento servil, casi siempre impredecible o inoportuno, ya sea de mala o de buena fe, o con su voto a las opciones que no les garantiza mejora alguna no sólo están perjudicando notablemente a los demás sino a sí mismos.

Y, finalmente, el 4º grupo, el de los malvados o bandidos, es el de quienes persiguen ganar a costa de lo que sea. El de quienes no tienen escrúpulos algunos en “perjudicar a los demás y beneficiarse a sí mismos”. Aquí metería a todos aquellos, gobernantes, bancos y voceros en los medios de comunicación, que están llevando a cabo o bien políticas contra los pensionistas actuales, recortando derechos, igualando por abajo, y contra los futuros, incrementando la edad de jubilación, aumentando los requisitos para tener derechos a la pensión, o bien perjudicando gravemente las expectativas de conseguir una pensión digna, promoviendo legislaciones restrictivas o la proliferación de los fondos privados de pensiones, que aunque dicen que son complementarios de los públicos, vienen a ser sustitutivos, en la medida en que los públicos devengan insuficientes, cuando no predican abiertamente la privatización del sistema público.

Y luego quedaría una mezcla de grupos. Por ejemplo, el de los malvados estúpidos, que serían aquellos que consiguen unas ganancias inferiores a las pérdidas que provocan. Porque, al final, los fondos de pensiones privados tampoco consiguen todos los beneficios que les gustaría (en España sólo absorben un 12,8% del ahorro, frente a una media europea del 37,5% ) pero el daño que causan a la población es tremendo y cuasi irreversible, en cuanto a la incertidumbre, angustia, desesperanza o quiebra de la confianza en el Estado que originan.

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One Reply to “Estupidez y pensiones”

  1. Dos cosas son infinitas: la estupidez humana y el universo; y no estoy seguro de lo segundo”. Albert Einstein.

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