Albada de esta tierra

El drama de los emigrantes, de nuevo. Jóvenes que deben salir de su tierra, dejar a su gente, para buscarse la vida allá donde hay otras posibilidades. Y no, como sería muy plausible, por “inquietud” o “amplitud de miras”, como dijo un ministro hace unas semanas, sino por necesidad. Como hace decenas de años. Lo malo de la historia se repite en forma de tragedia. Y muchos querríamos que también fuera lo bueno lo que se repitiera. Afortunadamente, ahí están las fonotecas para echar mano de los viejos cantautores. Hoy es la Albada de Aragón, de José Antonio Labordeta, pero podía haber sido la murga de los currelantes, de Carlos Cano. Los cantantes que están comprometidos con su gente, o son muy escasos, o no tienen acceso a los grandes medios de persuasión. La música enlatada o los concursos de voces o se desentienden de la cruda realidad de sus compatriotas o se escuchan a horas intempestivas para noctámbulos. ¿Quiénes son hoy los labordetas o carloscanos a los que puedan corear solidaria y multitudinariamente los y las jóvenes que se van o se quedan también?

Adiós a los que se quedan
y a los que se van también.
Adiós a Huesca y provincia
a Zaragoza y Teruel.
Esta es la albada del viento
la albada del que se fue
que quiso volver un día
pero eso no pudo ser.
Las albadas de mi tierra
se entonan por la mañana
para animar a las gentes
a comenzar la jornada.
Arriba los compañeros
que ya ha llegado la hora
de tener en nuestras manos
lo que nos quitan de fuera.
Esta albada que yo canto
es una albada guerrera
que lucha porque regresen
los que dejaron su tierra.

José Antonio Labordeta