La vida, de serie negra

En el espacio de una semana, a caballo entre el nefasto 2016 y el año primo que le sigue, he leído en la prensa digital tres noticias con un rasgo en común. Las tres podrían ser perfectamente el núcleo central argumental de una buena novela negra (si oviesse buen señor, como se decía en el Mío Cid). En ellas se puede encontrar algunos de los ingredientes típicos del thriller policíaco: trasfondo social o político, corrupción policial, altos cargos de gobiernos implicados, sexo, etc. El marco de dos de la noticias se sitúa en territorio español y el de la tercera se va hasta el Brasil. Pero las tres podían haberse producido en cualquier lugar del mundo, porque los individuos, en lo esencial, nos movemos, para bien o para mal, por los mismos parámetros, propios de nuestra condición humana, finita y perdurable a la vez.

En una de ellas, con muerte violenta de por medio, se entrevén los dos motivos tradicionales de un asesinato: sexo y poder. Ahí está  el meollo. Como diría el escritor brasileño Rubem Fonseca, sólo se mata por pasta o por coño, o por las dos cosas a la vez. La gran dama de la novela negra británica Phyllis Dorothy James, más conocida como P.D. James, lo diría de un modo más elegante: la letra L (en inglés) basta para abarcar todos los móviles para asesinar:  lujuria, lucro, odio y amor (Lust, Lucre, Loathing, Love).

Y es que a la noticia del asesinato del embajador de Grecia en Brasil, en el que estarían implicados su esposa y el amante de esta, un policía militar, se le podría sacar toda la punta que la imaginación le quiera sacar, convirtiendo lo que la policía califica de “crimen pasional” en algo más complejo como un asunto político, con ramificaciones de espionaje, o derivadas de narcotráfico o decenas de subtramas con una componente de intriga, suspense y acción.

La segunda y curiosa información la daba un digital con el siguiente titular: Joyas, dinero, una colilla de L&M… El extraño robo en la mansión del exministro Soria. Ciertamente, en el relato que hace el periodista se pueden encontrar multitud de incógnitas (la casa no estaba revuelta, como suelen hacer los ladrones que no conocen la existencia de cajas fuertes escondidas; las luces estaban encendidas, lo que denota que los asaltantes no se molestaron en usar la habitual linterna; no había huellas pero sí que se encontró la colilla de una marca de tabaco no identificada como propia por los dueños, etc.) que hacen singular este caso y que alguien con oficio y mucha imaginación podría transformar en un asunto de “Papeles de Panamá 2”, robados de una caja fuerte al parecer con fácil apertura, o de implicaciones con las altas esferas, o de turbios negocios, o de robo de papeles políticos comprometedores… o vaya usted a saber la mente de un escritor avezado lo que puede dar de sí. Porque en este caso, también, la policía habría señalado que no se descarta ninguna posibilidad, lo que, según le escuché a un tertuliano de esos que todo lo saben, significaría que no tienen ni pajolera idea de por dónde se andan.

Y la tercera noticia es lamentablemente recurrente. Detenidos la mitad de los guardias civiles de Isla Mayor (Sevilla) por narcotráfico. Naturalmente, ha sido la propia Guardia Civil quien ha desarticulado una organización dedicada a esos menesteres, introduciendo hachís en las lanchas que navegan frecuentemente el río Guadalquivir y que algún programa de televisión ha denunciado anteriormente. Échenle ustedes al mejunje todo lo que se les antoje: detención de unos compañeros por otros, acción, intriga, suspense, conexiones, soplones, implicaciones por arriba o por abajo, condiciones de trabajo y salarios precarios, etc. etc. etc.

Como suele suceder con frecuencia, la realidad continúa superando a la ficción y ésta se nutre de noticias, un suponer, como las reflejadas. La vida, de por sí, ya es de serie negra y todo consiste en saber escribir y trasladar a la masa lectora, o veedora, si se trata del cinematógrafo, una historia que sea verosímil, atractiva y que, además, te descubra algo desconocido o, cuando menos, que te resulte particularmente de interés. Si a eso se le puede añadir una denuncia de la realidad circundante, una reflexión sobre los porqués del modo de conducirse de los seres humanos para concluir que no todo el mundo es tan malo como parece ni tan bueno como dirían las buenas lenguas, pues tendríamos algo parecido a lo que actualmente se entiende por novela negra. Género que según un autor canario, José Luis Correa, habría venido a ocupar en la actualidad el espacio de la novela realista, la novela social, de denuncia, de pensamiento.

A este propósito, en la ubicación de mi anterior blog escribí hace varios años lo siguiente:

Efectivamente, coincido con el novelista canario en que la novela negra toca todos los temas que preocupan al ser humano. Allí tienen cabida todas las miserias de la condición humana, pero también todos los grandes valores de la solidaridad, sentido de la justicia, amor por la libertad…  Y allí aprendí a mirar por debajo de la edulcorada realidad que nos quieren hacer ver quienes no les gusta que se hurgue  en su ruindad. Lo más turbio de la sociedad, la sordidez de algunos espacios públicos y privados, las condiciones de vida que han de sufrir los infortunados de la historia, la corrupción a todos los niveles, los manejos y cambalaches de los poderosos, cuando no sus crímenes impunes, lo que difícilmente sale por los telediarios o por los programas de entretenimiento de la tele, se encuentra en los libros de este género que, ciertamente, ha llenado el hueco de lo que otrora fue la novela social, tan mal vista por la crítica literaria desde hace tiempo.

Autor: elpobrecitoveedor

Este blog es continuación de otro, que fue creado en junio de 2005 y que se publicaba con la url www.elpobrecitoveedor.net/blog

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