Cuesta de enero, febrero…

La clase pensionada comienza el año perdiendo dinero. Sus pensiones suben un 0,25% (la pensión media subirá 2,62 euros y pasará de 1.049,42 a 1.052,04 euros), y como el coste de la vida de 2016 será de 1,5%, la diferencia es bien clara: -1,25% o, lo que es lo mismo, 13 euros de media que dejan de ingresar al mes (¡qué dineral!). Pero no queda ahí la cosa. Las previsiones para 2017 no apuntan precisamente a una bajada del IPC y, por lo tanto, si en el mejor de los casos la inflación prevista se sitúa en una cifra similar a la del año anterior, quiere decir que perderán otro 1,25%. Así que desde primeros de año a su final les habrán birlado 2,5 puntos porcentuales. Que cada cual, pues, continúe haciendo sus cuentas. Y revise, si le quedan ganas, sus querencias electorales.

Porque este es el resultado de la ley que aprobó en solitario el PP, dando una vuelta de tuerca a la que anteriormente había sacado el PSOE. Eso sí, a ambos partidos se les llenó la boca cuando aprobaron sus respectivas leyes “contra” la clase pensionada, de que las hacían para salvar las pensiones, asegurar el futuro de generaciones venideras y una jartá de frases edulcoradas y falaces. Se trata de hacer la devaluación en la bolsa de las pensiones que antes se hiciera con los salarios. Se trata en definitiva, de torear a la clase más sumisa y vulnerable de la sociedad, la del pensionado, del mismo modo que se ha hecho con trabajadores y plebe en general. Al modo natural del toreo, o sea, con la mano izquierda de sus apoyos parlamentarios, parando, templando, mandando, cargando y fulminando a todo aquel que se ponga por medio de sus intereses particulares, que son justamente los de las élites y los de la clase a la que defienden tan eficazmente. Conviene reproducir periódicamente, para la gente de frágil memoria, la sentencia descarnada de Warren Buffett: “Claro que hay una lucha de clases, pero es mi clase, la clase de los ricos, la que está librando esta guerra. Y la estamos ganando”.

¿Cómo, pues, se puede estar contento con esta gente, a la que por cierto se sigue votando y se sigue teniendo intención de votar encuesta tras encuesta? ¿No es para desanimar al lucero del alba que millones de individuos, por convicción, desidia o temor, sostengan a partidos que practican unas políticas de agresión y de engaño al conjunto de la sociedad, en beneficio de unos pocos, cuando mucha de esa gente, por ejemplo, tiene a sus hijos o a sus nietos masivamente en el paro o teniendo que emigrar a otros países por centenares de miles “por inquietud” y “amplitud de miras”, como dice el ministro, o, como decimos el resto de mortales, a buscarse la vida que no pueden tener aquí, con sus familias, amigos y entorno cercano?

Precisamente, la parte más dinámica de la sociedad, la que más puede aportar a la colectividad, la que más ganas tiene de comerse el mundo, ha de dejar el país que ha contribuido a su formación forzada por las circunstancias sociales y laborales. Y eso sucede aquí mismo, en su casa, en su familia, en su barrio, en su ciudad, en su comunidad. Porque, claro, que cualquiera puede aspirar a mucho, a más y a mejor donde le plazca. Pero la primera posibilidad de conseguirlo debe ser en su hábitat natural.

¿Estamos haciendo lo suficiente para impedir este sacrificio? Mucho me temo que no y que es harto difícil contraponer el optimismo de la voluntad al pesimismo de los datos que nos rodean. Con cuesta o sin cuesta. Nos quieren sumisos, sometidos a la dictadura de los mercados, esa que antepone el pago de la deuda, el déficit público, las magnitudes macroeconómicas al bienestar general, al bien común de todo un pueblo. Ah, pero decir esto es demagogia, populismo, bolivarismo y cualquier otro ismo que sirva para atemorizar a los más incautos y que te puedan escupir a la cara quienes mejor viven o quienes no se enteran de lo que acontece un metro más allá de sus adorados ombligos.