¿Demandar a Dios?

Leyendo hace unos días lo que ha dicho  la condesa de Bornos sobre que va a demandar a Manuela Carmena por las restricciones al tráfico en la Gran Vía madrileña (“cierre esperpéntico”, dijo ella), me vino a la cabeza la demanda que en 2007 puso un senador de Nebraska contra Dios, de la que ya me hice eco en su momento en este blog.

El senador en cuestión acusaba a Dios de provocar directamente, o a través de terceros, “atroces terremotos, horrendos huracanes, terroríficos tornados, pestilentes plagas, feroces hambrunas, devastadores sequías y guerras genocidas, entre otros, en diferentes partes del mundo que generan sufrimientos humanos”. Lo que el político pretendía en realidad era “llamar la atención sobre las deficiencias del sistema judicial estadounidense, donde cualquiera puede demandar literalmente a cualquiera y plantear las peticiones más estrafalarias

En mi opinión de lego en leyes, pero todavía con algo de lógica entre el serrín de la testa, la señora Esperanza Aguirre, con tan singular ejercicio del derecho, entraría a formar parte de ese núcleo de gentes con afán de notoriedad (a ella le pirra la exposición de su imagen por tierra, mar y aire) que no dudan en demandar a Satán, a Dios, o al lucero del alba, aunque sea con demandas estrambóticas, que deberían ser rechazadas de plano por la autoridad competente, por supuesto judicial, con advertencia de multa por su carácter temerario. Me temo que, como dijera aquel otro individuo dueño del imperio del monopolio (“no hay cojones en España para negarme una televisión”), no hay juez que le tosa a la doña susodicha por más que sus ocurrencias, dictadas al calor de su carmenafobia particular, sean dignas de los casos jurídicos a estudiar en las facultades de derecho, sobre el uso torticero de la justicia en favor de intereses políticos manifiestos.

Supongo que, al igual que con la absurda demanda contra Dios del senador estadounidense, la sentencia (si es que llega hasta ese momento procesal lo que, en mi criterio, debería finiquitar con la inadmisión a trámite) fallará contundentemente en contra de la conducta extravagante de la reclamante, que bien podría considerarse dolosa, manifiestamente temeraria y, por ello, “arbitraria, caprichosa y abusiva”, como se calificaba en una sentencia del T.S. sobre otra cuestión y por utilizar una cadencia tripartita de adjetivos similares a los que suele emplear la aristócrata madrileña. Y más considerando que los argumentos en que se pretende basar el recurso contra la decisión municipal de acotar la Gran Vía hacen referencia al artículo 19 de la Constitución Española, ese que dice que los españoles tienen derecho a “circular por el territorio nacional”. ¿Y qué hacemos con las procesiones, fiestas de guardar, encierros y demás eventos municipales que cierran no una sino decenas de calles para facilitar el jolgorio o el recogimiento multitudinarios? ¿Eso no es impedir circular por esos lugares a quienes no participen de ellos?

Se desconocen los términos en que finalmente se formulará la demanda colérica de Aguirre (si es que se presenta y no es todo esto un montaje propagandístico, tan del gusto de la interfecta), pero a diferencia de la idea que pretendía el negro más irascible de Nebraska de “protestar contra el abuso del sistema judicial por los juicios frívolos”, el juicio que suscita la concejala madrileña es precisamente ese: el de la frivolidad. No en vano, las competencias de un ayuntamiento, gusten más o gusten menos a la burguesía que habita el centro de las ciudades, atribuyen al gobierno municipal la regulación y ordenación del tráfico, el cierre de calles y paseos y la peatonalización de la vía pública en aras del bien común, siempre superior al de los particulares que se sientan afectados negativamente, que no serán tantos como pretende la doña.

En todo caso, los memes, ese cachondeo en forma de montaje de imágenes que las redes sociales divulgan con profusión y que tan poca gracia le hacen a las y los políticos carentes de humor (algunos hasta quieren prohibirlos), ya dictaron el juicio paralelo contra la aristócrata venida a menos en la política y en su partido, aunque todavía con gran predicamento en los medios, básicamente por el juego que les da sus profusas adjetivaciones de todo bicho viviente.

Parafraseando un párrafo de la célebre novela de Pedro Antonio de Alarcón, El capitán Veneno, “tiene usted, señora condesa, la mala fortuna de tener el carácter más enrevesado e inconveniente que Dios ha echado al mundo. No diré yo que me parezca enteramente un demonio; pero sí que se necesita ser de pasta de ángeles, o quererlo  por ley natural y por lástima, para aguantar sus impertinencias, ferocidades y locuras. ¡Bástele a usted saber que las gentes disipadas y poco asustadizas con quienes se reúne en el Partido y en los cafés, le han puesto por mote Capitán Veneno, al ver que siempre está hecha un basilisco y dispuesta a romperse la crisma con todo bicho viviente por quítame allá esas pajas!”

Autor: elpobrecitoveedor

Este blog es continuación de otro, que fue creado en junio de 2005 y que se publicaba con la url www.elpobrecitoveedor.net/blog

Deja un comentario

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s