El peso del dinero

Y pues es quien hace iguales
al rico y al pordiosero,
poderoso caballero
es don Dinero.
(Francisco de Quevedo y Villegas)

No sé si los caminos de la mística serán o no inescrutables, pero en esta ocasión las cosas de la religión me han llevado nada menos que al mundo del fútbol. Veamos por qué. Al parecer no es la primera vez que Jorge Bergoglio emite juicios (supongo que no con carácter de infalibilidad) sobre la relación que podía tener el mensaje de la iglesia con el comunismo. Sabido es que hay quien sostiene que Jesucristo fue el primer comunista de la historia y que no en vano hay un denominado comunismo cristiano que, por mucho que pueda parecer una boutade, no es un oxímoron.

Según cuenta Alba Rico, hace dos años, ante los participantes del Encuentro Mundial de Movimientos Populares celebrado en Roma, el papa Francisco dijo ser consciente de que podía “ser tachado de comunista” antes de resumir en voz alta su programa: “¡Ninguna familia sin vivienda! ¡Ningún campesino sin tierra! ¡Ningún trabajador sin derechos! ¡Ninguna persona sin la dignidad que da el trabajo!”.

Pues bien, recientemente, en otro encuentro con los Movimientos Populares, al que este año ha acudido Diego Cañamero, el jornalero, sindicalista y diputado de Podemos, el Papa ha vuelto a insistir en un mensaje parecido. Según cuenta Público, el periodista quería saber si el pontífice estaba interesado en construir una sociedad de inspiración marxista y la respuesta fue la siguiente: “Son los comunistas los que piensan como los cristianos. Cristo ha hablado de una sociedad donde los pobres, los débiles y los excluidos sean quienes decidan. No los demagogos, los barrabás, sino el pueblo, los pobres, que tengan fe en dios o no, pero son ellos a quienes tenemos que ayudar a obtener la igualdad y la libertad”.

Desconozco, o se me olvidó que lo olvidé (¡queda tan lejos la fe!), las enseñanzas que transmitió Jesús de Nazareth, y por tanto no me atrevo a calificar lo dicho por Francisco ni como una tesis socialmente avanzada ni como una “falsedad o una majadería de primero de peronismo“.  No seré yo quien ofenda a los cristianos, como hace el otrora comunicador estrella de la cadena de los obispos, que lo llega a llamar “vulgar matón peronista”,  “S. S. Francisco I de Perón y Guevara”, o “Su Santidad el Papa Francisco, que Dios confunda y el Diablo se lleve”. Cristianos, curiosamente, que no se escandalizan con esos calificativos de un tipejo ultraliberal al que suelen escuchar, pero sí ponen el grito en el cielo y una denuncia en los juzgados cuando Mongolia, en uso de su libertad creativa, dibuja una portada imaginativa para la revista.

El mismo Papa que no se corta en señalar algo que, como dice Santiago Alba Rico, con arreglo a la Ley de Seguridad Ciudadana, podría llevar a un ciudadano español a la cárcel: “Sé que es peligroso decir esto pero el terrorismo crece cuando no hay otra opción y cuando el dinero se transforma en un dios que, en lugar de la persona, es puesto en el centro de la economía mundial”. O que explica que su mayor preocupación es el drama de los refugiados e inmigrantes, y reitera que es necesario “abatir los muros que dividen, intentar aumentar y extender el bienestar, y para ellos es necesario derribar muros y construir puentes que permitan disminuir las desigualdades y dar más libertad y derechos“.

Y aquí viene el engarce entre los dioses. El del Dinero, que domina nuestras vidas, y quizás también los milagros de la iglesia, con ese otro dios al que siguen inmensas masas en todo el planeta: el del Fútbol. Que ya no es lo que era por “culpa” del dios Dinero. O del Negocio. O de las Finanzas,  que tanto da.

Un exentrenador y exjugador argentino, Ángel Cappa, que además de practicar y gustarle el deporte suele decir lo que piensa, ha escrito un libro en el que denuncia que “también nos roban el fútbol”. Y señala: “Este deporte ha cambiado, aunque no hace falta ser muy inteligente para darse cuenta de eso. Y ha cambiado el significado del fútbol, que es lo más importante. No la forma, no la formalidad. El fútbol tenía un significado y ahora tiene otro. El negocio le ha inculcado sus valores y lo ha transformado en otra cosa, en un objeto de consumo. Antes, el fútbol era un modo de expresión, sobre todo de la gente de los barrios. Era un vehículo de expresión y de alguna manera de sentir diferente, de sentir el orgullo, por ejemplo, que le niegas a la gente pobre. Y a través del fútbol, podían sentir orgullo, acercarse a la belleza y a otras sensaciones que no encontraban de otra manera. Y eso, el negocio, poco a poco lo fue transformando hasta convertirlo en un simple objeto de consumo”.

Sólo quienes hayan visto fútbol antes y ahora podrán comprender en toda su dimensión lo que asevera Cappa: “Cuando lo único que vale es ganar se comienza a jugar para no dejar hacerlo al rival, y no para ser mejor que el adversario, entonces el fútbol cambia. El negocio coincide con el cambio de estilo. Yo ya no juego a jugar. Ya me interesa que el rival no juegue. Comienzo a especular, porque lo único que importa es el resultado. El juego, que era el vehículo que a mí me convertía en alguien que tenía el derecho a gozar de algo, ya no importa. Como tantas cosas, ¿no? Como no importa el contenido de un libro, sino cuántos libros se venden… Tampoco importa el contenido de una música, sino cuántos discos vendes. Y en el fútbol igual. Ya no importa el juego. Cuando lo único que interesa es el resultado, cambia todo”.

No suelo ver demasiado fútbol pero, cuando lo hago, me suele desesperar o irritar el estilo marrullero, destructor y faltón (de hacer faltas dando patadas, hachazos o codazos a diestro y siniestro) de algunos equipos que siguen la doctrina de sus entrenadores, a fin de que lo importante sea que el otro no juegue, aunque para ello tengan que batir el récord de faltas cometidas en noventa minutos (veo una estadística en la que los dos equipos que se supone que tienen más calidad son, lógicamente, los que menos infracciones cometen). La explicación la da Ángel Cappa:

“El tema de la diversión, lo que significa el peso del dinero, no estar en la Champions… No cumplir los objetivos es una presión muy grande. El jugador ya no es libre para jugar, ya no disfruta del juego: ya comienza a trabajar, a producir. Ahí yo creo que cambia la manera de ser. El negocio tiene una contradicción en ese sentido: no le importa nada el juego, lo único que vale es ganar. Sin embargo, promocionan el fútbol a través de los buenos jugadores, no de los que corren. Ojo, que los que corren son también útiles, no estoy en contra de ellos. La promoción es de los buenos jugadores, de los futbolistas que tienen habilidad, inteligencia (Messi, Iniesta, Cristiano Ronaldo…), tipos que son distintos.”

Parece claro, para quien lo quiera ver, por supuesto, que el peso del dinero cambia todo lo que toca. Hasta el mundo del periodismo* -que se supone que es la ventana a la realidad que muchas veces no podemos acceder con nuestros propios ojos- está mediatizado por los intereses de las grandes corporaciones empresariales y financieras, que subvierten la ética y deontología profesionales de los periodistas, precarizando sus empleos, dictándoles los titulares que han de poner a sus informaciones o editándolas directamente para acomodarlas a la línea de unos consejos editoriales diseñados a la medida de sus intereses. Crematísticos, por supuesto. Pues al natural destierra / y hace propio al forastero, poderoso caballero / es don Dinero.

——-
* El propio periodismo deportivo se ve envuelto en una creciente falta de credibilidad. Un periodista de los de antes, Santiago Segurola, lo denuncia así: “Los periodistas éramos respetados e incluso temidos por los clubes y por el poder. Ahora existe una relación subsidiaria con ellos. A los clubes les interesa que se habla de estas banalidades que suponen la hojarasca del fútbol. El periodismo se ha depauperado con la dependencia económica de los clubes y del poder. Los grandes medios están hipotecados a decisiones financieras y subsisten gracias a publicidad institucional o a acuerdos privados que condicionan esa misión crítica que debemos cumplir. El periodismo ha sufrido una involución notable en su calidad”.

Opinión que es compartida por otro periodista, Ezequiel Fernández Moores, muy respetado en el panorama deportivo argentino, en estos términos: “Los dueños del fútbol están cada vez más vinculados con los dueños de la información y del poder económico. A ellos les conviene, y mucho, que nos dediquemos exclusivamente a esa información de consumo rápido. Así, mientras tanto, siguen haciendo sus negocios a oscuras. Creo, entonces, que el periodismo deportivo de calidad será cada día más una excepción”.

Autor: elpobrecitoveedor

Este blog es continuación de otro, que fue creado en junio de 2005 y que se publicaba con la url www.elpobrecitoveedor.net/blog

1 comentario en “El peso del dinero”

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