Ganó el elefante

Hace algo más de siete meses escribí en mi anterior blog (Ni hablar del peluquín) un texto sobre las primarias en los EE.UU. En él reconocía abiertamente que “conozco muy poco de la idiosincrasia yanqui. Pero deduzco, de lo que he leído de sus escritores de campanillas, sus autocríticos intelectuales y la escasa izquierda que subsiste por allá, que hay una población a la que le gusta recrearse en su pasado que, aunque escaso en el tiempo, lo tienen como una gloria nacional”. Y añadía sobre el candidato republicano que “buena parte del país comulga con la bufonadas de este sujeto que no creo que sea más de ultraderecha que Ronald Reagan, al que recuerda bastante y al que, se me antoja, resulta difícil superar”.

Desde que leí a Lakoff y su No pienses en un elefante, hace ya ocho años, me interesan los análisis que hace este lingüista sobre la política norteamericana. Por eso, en marzo me hacía eco de dos artículos, uno de ellos de George Lakoff (¿Por qué Trump?), en el que el profesor de ciencias cognitivas y de lingüística en la universidad de California, escribía en un largo artículo lo siguiente:

“Las políticas conservadoras de la clase dirigente no solo las ha configurado el poder político de las iglesias evangélicas de blancos, sino también el poder político de aquellos que buscan mercados libres que permitan un laissez-faire al máximo, donde la gente adinerada y las  corporaciones establecen las reglas del mercado a su favor con una regulación e imposición estatales mínimas. No ven los impuestos como una inversión en recursos que ofrece el Estado a todos los ciudadanos, sino como si el gobierno les quitara sus ganancias (su propiedad privada) y les diera el dinero a aquellos que no se lo merecen a través de programas estatales. Este es el origen que determina las ideas de los republicanos en contra de los impuestos y a favor de la disminución del papel del gobierno. Este conservadurismo está bastante contento con la externalización para aumentar los beneficios enviando la fabricación y muchos servicios al extranjero donde la mano de obra es barata, con la consecuencia de que los empleos bien remunerados abandonan América y los sueldos bajan. Puesto que dependen de importaciones baratas, no estarían a favor de la imposición de aranceles elevados.”

Por su parte, el sociólogo Nathan J. Robinson, en un lúcido artículo –Si los demócratas no presentan a Sanders, Trump será presidente– sostenía hace ¡casi ocho meses! que “dado que parece cada vez más probable que Donald Trump sea el candidato republicano a la Presidencia, a los demócratas se les acaba el tiempo para elaborar una estrategia con la que derrotarle”. Y añadía algo que desarrollaba extensamente en su texto:  “Si los demócratas de verdad creen, como dicen creer, que Trump supone una amenaza para el bienestar del país y la vida de las minorías, deberán hacer todo lo posible para alejarle de la Casa Blanca.  Eso requerirá que se unan muy rápido en torno a un objetivo único, por muy ilógico que parezca: tienen que asegurarse por todos los medios de que Bernie Sanders sea el candidato demócrata a la Presidencia”.

Su tesis era que un emparejamiento competidor de Trump con Clinton “tiene todos los visos de convertirse en un desastre electoral formidable, mientras que la candidatura de Sanders tiene muchas más posibilidades de imponerse. Todas y cada una de las (importantes) debilidades de Clinton favorecen a Trump al resaltar sus puntos fuertes, mientras que las (pocas) debilidades de Trump favorecen a Sanders, al destacar aún más sus puntos fuertes.” Y sentenciaba: “Desde un punto de vista puramente pragmático, presentar a Clinton contra Trump sería algo desastroso y suicida”.

El estilo de campaña del hombre del peluquín, lo resumía así este analista:

“El dominio político de Trump depende en gran medida de su método audaz e idiosincrático de hacer campaña. Funciona casi en exclusiva con golpes bajos y ataques personales que resultan tan indignantes como entretenidos, y es hábil a la hora de desviar los debates públicos de los problemas reales de la gente y centrarlos en la personalidad de los candidatos. (Se refiere a estos como “perdedores”, “falsos”, “nerviosos, “hipócritas”, “incompetentes”). Cuando Trump tiene que hablar sobre políticas, queda como un tonto, porque no sabe demasiado al respecto. Por eso demanda que los medios no le hagan preguntas difíciles, y depende de que sus adversarios tengan debilidades personales y escándalos que pueda explotar a gusto y sin piedad.”

Incluso, su supuesto pensamiento misógino, decía el analista que tampoco surtirá efecto: “Él responderá llenando la prensa con acusaciones de violación y acoso contra Bill Clinton y el papel de Hillary a la hora de desacreditar a las víctimas. Siempre puede recordar a la gente que Hillary Clinton se refirió a Monica Lewinsky como una tarada narcisista. Más aún, las posiciones moderadas de Trump en torno a los derechos reproductivos harán que sea difícil que Clinton lo pinte como el clásico derechista antifeminista”.

Y por eso, escribía, que ese estilo hace que Hillary Clinton sea la” adversaria ideal para Donald Trump, por el muchísimo juego que le daría”. Y a los escándalos y affaires que afectaban a Clinton y que Robinson enumeraba como suficientes para que Trump la aplastase (los emails, Benghazi, Whitewater, Iraq, el caso Lewinsky, Chinagate, Travelgate, los archivos perdidos de su bufete de abogados, Jeffrey Epstein, Kissinger, March Rich, Haití, los errores fiscales de la Fundación Clinton, los conflictos de intereses de la Fundación, Goldman Sachs), en los últimos días de la campaña se publican el asunto FBI y otros líos sexuales de algún colaborador cercano.

Total, Trump Presidente. Hace año y medio me preguntaba yo, en un post que tenía referencias lakoffianas (Paquidermos en la sopa), cómo se articula un discurso desde el pensamiento progresista para contrarrestar la forma en que las derechas (la republicana en los EE.UU. o la monárquica en España) manipulan las conciencias y los valores asumidos por la generalidad de las personas para mantenerse en el poder.

Y la respuesta la daba el sociólogo norteamericano Robinson, cuando defendía la opción de Sanders frente a Clinton: “Trump no puede hacer el ganso tanto como acostumbra en un debate contra Sanders, por la simple razón de que Sanders está empecinado en ceñirse en cada conversación a los apuros que pasan los pobres en América bajo el sistema económico vigente. Si Trump cuenta chistes y hace el bobo en ese caso, parecería que se ríe de los pobres, lo cual no es una idea demasiado buena para un multimillonario de fidecomiso que estudió en la Ivy League y se enfrenta a un funcionario de clase trabajadora que es veterano del Movimiento por los Derechos Civiles”. Y añadía:

“Sanders es por tanto un arma secreta casi perfecta contra Trump. Puede ejecutar la única  maniobra capaz de neutralizar a Trump: ignorarlo y centrarse en los problemas reales de la gente. Más aún, Sanders tendrá la ventaja de contar con un ejército de jóvenes voluntarios, que estarán entregados a la causa de hacer descarrilar el tren hacia la Casa Blanca de Trump. El equipo de Sanders es extremadamente hábil técnicamente; todo, desde sus anuncios televisivos hasta cómo organizan los mítines, pasando por su uso de las redes sociales está ejecutado con maestría. El equipo de Sanders es hábil y tiene capacidad de adaptación, y el de Clinton chungo y torpe.”

Y terminaba así Nathan J. Robinson su artículo, que era previo a la nominación de los candidatos republicano y demócrata:

“Si resulta nominado, los demócratas necesitan tomarse muy en serio cómo derrotarle.  Si no lo hacen será Presidente de los Estados Unidos, lo cual tendrá repercusiones desastrosas para las minorías raciales y religiosas, y probablemente para la sociedad en su conjunto. Los demócratas deberían analizar con cuidado cómo se desarrollaría una lucha entre Trump y Clinton, y su alternativa, entre Trump y Sanders. Por su propio bien, ojalá se den cuenta de que la única manera de prevenir una presidencia de Trump pasa por nominar a Bernie Sanders.”

El 9 de abril escribía el profesor de ESADE Francisco Longo un tuit que yo respondía. Aquí se resume la posición de las posiciones clintonianas en nuestro país, perdedoras, y las que mantendría un intelectual como Lakoff:

trump

Autor: elpobrecitoveedor

Este blog es continuación de otro, que fue creado en junio de 2005 y que se publicaba con la url www.elpobrecitoveedor.net/blog

3 comentarios en “Ganó el elefante”

Deja un comentario

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s