El cuento de nunca acabar

Yo no sé muchas cosas, es verdad. Digo tan sólo lo que he visto. Y he visto: que la cuna del hombre la mecen con cuentos, que los gritos de angustia del hombre los ahogan con cuentos, que el llanto del hombre lo taponan con cuentos, que los huesos del hombre los entierran con cuentos, y que el miedo del hombre… ha inventado todos los cuentos. Yo no sé muchas cosas, es verdad, pero me han dormido con todos los cuentos… y sé todos los cuentos.

Así habló León Felipe. Si quieren, con el acompañamiento de fondo del Zaratustra de Strauss. No se le puede criticar que utilizara la parte del genérico masculino por el todo de los seres humanos. Aún hoy, tengo amigos que mantienen y defienden el uso de esa metonimia para referirse a la humanidad. Al Gobierno y a sus voceros no le hacen falta demasiadas figuras retóricas. Para ellos y ellas, la crisis ya habría concluido y se otorgarían a sí mismos, sin complejo alguno, un sobresaliente cum laude por su resolución.

Poco importan para su relato los vientos de cola que han favorecido la evolución de determinadas magnitudes macroeconómicas. Cierto que se cuidan muy mucho de decirlo así con todas las letras, no vaya a ser que cesen esos vientos favorables y la locomotora del crecimiento se pare o dé marcha atrás. Frente a las cifras que suelen propagar, unas ciertas y otras falaces (el empleo, por ejemplo, que tanto citan, tiene que ir necesariamente contextualizado en el tipo de contratos que se realizan y las condiciones precarias en que se prestan), nunca jamás hablan de la igualdad. ¿Por qué? ¿Porque les trae al pairo que nuestro país encabece el ranking de desigualdad de la distribución de la riqueza? ¿Porque no comparten el valor republicano de la egalité? ¿Porque entienden, como ha hecho el papa Francisco que ese concepto no lo arregla ni la varita mágica de Dios?

Si, como señalé en un post anterior (Pobreza y exclusión), el informe anual de la fundación de Cáritas recogía que “siete de cada diez hogares no perciben en absoluto la tan cacareada recuperación económica”, ahora es la Confederación Sindical de Comisiones Obreras quien en un informe sobre la protección social en la España de 2017 recoge unas cifras escalofriantes sobre la desigualdad realmente existente, que se resumen en este artículo:

“Hay dos millones y medio de personas que deberían estar recibiendo una ayuda por dependencia que no lo están haciendo; 650.000 hogares sin ningún tipo de ingreso, más de un millón de personas; el 43% de los parados no recibe ninguna prestación del Estado, frente al 22% de 2008 y el 18% de 2010; El 62% de las prestaciones son asistenciales, frente al 39% de 2008; y las pensiones, único colectivo que ha mantenido su estatus, empiezan a peligrar tras la reforma del sistema por el PP en 2012”.

El caso de las pensiones es verdaderamente sangrante. Que las pensiones sólo puedan subir como máximo un 0,25%, según la ley que promulgó el PP y como quiere el FMI , del que tan fervorosa seguidora es la Unión Europea, me parece uno de los mayores atropellos que nos han colado como sociedad.

La gente joven, casi por definición, no es consciente todavía de lo que le aguarda cuando se haga muy mayor y día que pase sin que se movilice desde ya contra la barbaridad que supone tanto el aumento de la edad de jubilación como el conjunto de medidas que se promueven desde instancias gubernamentales, con la complicidad de los partidos de derecha y de una prensa infecta y conchavada con la banca que fomenta los fondos de pensiones privados, estará jugando en su contra, haciendo prácticamente irreversible los recortes que, transversales y masivos, se han llevado a cabo en la gestión de esta crisis que, una vez más, están ganando los ricos por goleada (¿verdad, míster Buffet?).

Pasado el verano asistiremos en el Parlamento al debate de la proposición de ley que ha presentado el grupo confederal de Unidos Podemos / En Común Podem / En Marea. Ahí veremos qué plantean -y votan- unos y otros y ahí deberían estar atendiendo no sólo los y las pensionistas, vigilando y defendiendo el escaso futuro que por ley de vida les espera, sino la gente joven más responsable y concienciada que se preocupa por el bienestar de sus mayores y lucha por la igualdad de sus conciudadanos, tengan estos la edad que tengan.

Naturalmente, los grandes medios de comunicación, los que crean opinión, nos guste o no, se retratarán. Y no hace falta jugar a las adivinanzas para intuir por dónde irán los editoriales que dictarán sus dueños banqueros. Algunos ya han empezado a mojarse y los portavoces del neoliberalismo que preconizan el desmantelamiento del Estado de medioestar ya andan poniendo el grito en el cielo con los engaños y previsiones mentirosas de siempre. Se impone la pedagogía. La batalla de las ideas y de la propaganda está servida. ¿Se llevarán una vez más el gato al agua?, ¿conseguirán desviar el agua a su molino? o ¿arrimarán el ascua a su sardina? sin que se lo podamos impedir.

Mundo rural

Mucho me temo que en las ciudades, y más si se trata de las grandes, desconocemos bastante de lo que acontece en el denominado mundo rural. Supongo que muchos argüirán que ellos sí conocen los pueblos; que quien más quien menos visita el de sus padres o abuelos; que en las vacaciones se visitan algunos pueblitos pintorescos perdidos en el monte o en el valle; o que en infantil o en primaria se hacen excursiones a granjas escuelas en donde se enseña a niñas y niños las vacas, ovejas y gallinas, que nos suministran de leche, de queso o de huevos para las tortillas.

¿Por qué creo que sabemos poco de lo que pasa por esos pueblos del plurinacional Estado Español? Les cuento. Hace unos días Podemos celebró un Consejo Ciudadano Estatal, dedicado monográficamente al mundo rural. Quien presentó el informe inicial fue Irene de Miguel, ingeniera agrónoma y diputada en Extremadura. A un servidor, que es de pueblo, estas cosas me interesan y, por fortuna, prefiero ilustrarme con cuestiones que desconozco, en lugar de asistir a los campeonatos diarios del tedio que se emiten en las aparente y falsamente plurales cadenas de televisión. Además, tenemos disponible para ese menester otra red social, la del youtube, que nos facilita estar al cabo de la calle de lo que nos concierne como seres humanos.

A mí me ilustró sobremanera la brillante exposición de la diputada, pues me aportó una serie de datos y fui conocedor de una problemática que, aunque me sonara ligeramente, entiendo que es suficientemente importante y estratégica para cualquiera que se dedique a la cosa pública. Y más si a esa dedicación contribuimos todos con nuestros impuestos.

Por ejemplo, unas breves pinceladas para comprobar lo que sabemos en realidad de nuestro mundo rural:

¿Sabíamos que el 80% del territorio está gestionado por el 20% de la población? Sensu contrario habrá que concluir que el 80% de la gente vive, apiñada, adosada, arrejuntada en el reducido cuchitril que representa el 20% del territorio.

¿Sabíamos que de los 8.117 municipios españoles, 5.831 (el 72%) tienen menos de 2.000 habitantes y, por ende, pueden ser considerados como mundo rural?

¿Sabemos que el concepto de soberanía alimentaria es el derecho que cada pueblo tiene a decidir sus políticas agrarias y de alimentación?

¿Sabemos que la tierra está siendo acaparada por la gran industria agroalimentaria y que ahora mismo está en menos manos que antes de la guerra civil?

¿Sabemos que si ya España es el país más envejecido del planeta, el mundo rural se halla sobreenvejecido y masculinizado?

¿Sabíamos que nos han hecho creer que mantener el mundo rural vivo es un privilegio que no nos podemos permitir y que, sin embargo, a pesar de la marginación y olvido secular por todos los gobiernos, es innegable la importancia de este espacio para el bienestar de toda la sociedad, pues no sólo nos provee de alimentos, de energía, de agua, de paisaje, sino que es donde se encuentra nuestro patrimonio arquitectónico histórico y nuestro patrimonio cultural que forja nuestra identidad como pueblo?

¿Sabemos que el aspecto plurinacional de nuestro país se sustenta precisamente en la diversidad cultural de nuestro mundo rural? A este propósito, recomiendo una interesantísima entrevista con el filósofo Daniel Innerarity para entender un poco más de eso de la plurinacionalidad. Estoy seguro de que a muchas personas hablar de confederación, de federalismo, les suena a chino. Pero, de hecho, ya convivimos con regímenes fiscales diferenciados y estructuras nacionales consolidadas y específicas (País Vasco, Navarra), sin que pase nada ni nadie tenga que estar a cada momento recordando que ya somos iguales en la desigualdad y desiguales ma non troppo en la igualdad (entre paréntesis, mejor sería para el bien común y para el Estado, que la ínclita Susana Díaz, por ejemplo, cuando hablara para los socialistas andaluces, españoles y la humanidad, se informara un poquitín e hiciera un poco menos de demagogia y un mucho más de pedagogía de esta singular cuestión, en lugar de exacerbar diferencias de trato entre territorios).

¿Sabemos en qué medida afectan los tratados internacionales como el CETA  a la industria agroalimentaria, al tipo de agricultura y ganadería que se va imponiendo a escala global y al tipo de alimentación que nos obligan a consumir?

Parece claro que, aunque aporten menos votos al granero partidario, los 10 millones de personas (población equivalente a la de nuestra vecina Portugal) que habitan los núcleos rurales precisan también –igual que se hace con los urbanos, que concentran mayoritariamente el voto- de escuelas, de servicios públicos, de hospitales y servicios sanitarios, de políticas específicas para la violencia machista, de una política agraria que deje de subvencionar más a quienes tengan más tierras que a quienes producen, etc.  Sólo puedo añadir que quienes consigan incluir en su agenda estratégica de prioridades las necesidades de esta población olvidada tendrán todo mi apoyo y, supongo, que el de todas las personas sensatas y razonables, que diría el otro.

Puertas azules y gente sin casa

Hay gente que confunde la autoría de algún poema del que proviene una canción con el intérprete que lo versiona. Pasa, por ejemplo, con Serrat y Machado, que ya no se sabe quién fue el primer compositor de tanta belleza. Con la canción de La muralla sucede otro tanto. Aquí, en España, la promocionaron Víctor Manuel y Ana Belén. Y, si acaso, algún coetáneo pensaría que sus autores fueron los Quilapayún. Pero pocos conocen -intuyo- que quien escribió esos versos fue Nicolás Guillén. Aquí, en el Centro Virtual Cervantes, sí lo saben.

Me vino a la cabeza esa cancioncilla, que hablaba de abrir puertas, digo murallas, a la rosa y al clavel, leyendo el relato de María González Reyes sobre el proyecto autogestionado de crianza en el que participa. La web de OMAL acoge desde hace algún tiempo los textos de esta singular escritora, que, con frecuencia, hace poesía cuando escribe prosa y música cuando construye un poema. Y leyendo este relato de puertas y de niñas y niños que crecen y de adultos que acompañan, me topé en las redes con un trabajo, muy cortito pero muy eficaz, sobre infancia y desahucios. Por su evidente interés, me hago eco de ambas creaciones, reproduzco el relato mencionado e incluyo el enlace a la web de la PAH.

1. La puerta azul

La puerta tiene el borde pintado de azul. Se abre y se cierra tirando de una barra que hace de tirador. Azul también. Cada día se abre y se cierra muchas veces. Se abre para que entre Pablo (siempre un rato antes de las 9) que coloca y cuida que todo esté preparado. Después llegan. Unos en bici, otras caminando, otros en brazos, otras en carrito. Ninguno de ellos ni ellas puede abrir la puerta. La puerta azul requiere de la ayuda adulta para ser abierta. Tiran de la barra. Se abre. Entran. Buenos días Palo. Y comienzan a jugar, a leer un cuento, a comer fruta. Me voy, luego te vendrá a buscar la abuela. Vale, beso, yo cierro la puerta. Y salen las personas adultas. Y se quedan las niñas y los niños dentro. Dicen adiós por la ventana y lanzan más besos.

Entonces, en un mundo diminuto, comienza la magia…

Detrás de la puerta azul las cuerdas se convierten en mangueras que riegan, los rulos de la cabeza son macarrones, las piezas de madera se colocan unas sobre otras formando torres imposibles.

Detrás de la puerta azul se puede saltar en los colchones que sirven también para echarse la siesta y las niñas y niños se comen los caramelos que aparecen dibujados en los cuentos.

Detrás de la puerta azul hay conflictos y aprenden a resolverlos diciendo con voces pequeñas no me gusta que hagas eso, cuando yo acabe de jugar te lo doy, ahora no me apetece.

Detrás de la puerta azul cuando alguien tiene ganas de gritar se va al cuarto de la siesta para no molestar al resto.

Detrás de la puerta azul se come comida ecológica no solo para cuidar la salud de los cuerpos sino para cuidar al planeta.

Detrás de la puerta azul, chicas y chicos a los que el sistema educativo expulsó a programas para gente “diversa”, se convierten en cuidadores de peques, en generadoras de cuentos, en dadores de caricias, en lo que no se les permite ser en otros lugares.

Detrás de la puerta azul los adultos son acompañantes respetuosos, que miran más que intervienen, que dan muchos más abrazos de los que serían suficientes.

Detrás de la puerta azul se hacen asambleas de las familias con Pablo para ver cómo organizar, cómo construir, como gestionar, cómo cuidar y cuidarse.

Detrás de la puerta azul se hacen pompas de jabón en las clases de música y se reparte la comida ecológica de la cooperativa de consumo en cajas de cartón.

Detrás de la puerta azul las familias dan la merienda de manera compartida mientras hablan de las cosas del día a día, de lo que les preocupa, de distintas iniciativas de movimientos sociales, de a quién le toca el turno de limpieza. Se ríen.

Detrás de la puerta azul se construye una red que se extiende más allá de la puerta, que llega al centro de mayores, al instituto, al huerto que se hizo en medio de una plaza, a cada una de la casas, a cada persona a la que se le cuenta que es posible un proyecto así.

Detrás de la puerta azul las niñas y los niños construyen los hilos para tejer la red. Todas, todos, han aprendido a tejer la red.

Detrás de la puerta azul se construye otra manera de caminar, pisando suave la arena, otra forma de ver el mundo, un ensayo de lo que podría ser.

La puerta se abre, poco a poco van saliendo.

Todas. Todos. Adultas. Pequeños. Han vivido el ensayo de lo que podría ser.

2. Infancia y desahucios

¿Quiénes son los bárbaros?

Para hablar sobre las personas refugiadas llegadas a Europa, “el académico condenado por plagio” recurría a la comparación con las invasiones bárbaras que destruyeron el Imperio romano. Por escribir un artículo con esa premisa el tipo recibió 6.000 euracos de un premio. No me extraña lo más mínimo viendo la composición del jurado.

Dejando de lado el olor “a criadillas, rabo de toro y sesos escalfados” del “gran macho man de las letras españolas”, me parece a mí que los que podíamos ser denominados como bárbaros somos nosotros. Los que vivimos desde que nacimos en esta Europa que ahora se cierra a cal y canto a la acogida de quienes huyen despavoridos de la guerra, del hambre o de la persecución política.

Resulta que nosotros, tan modernos, civilizados y avanzados, vamos por el mundo avasallando. Y allá donde aposentamos nuestros reales, viajando por doquier, a los lugares más recónditos o más afamados, vamos destruyendo lo que se pone a nuestro paso. Pondré ejemplos cercanos para ilustrar lo que digo. Barcelona, 2017. Las organizaciones vecinales de la ciudad reniegan del turismo masivo que la invaden durante todo el año. Palma de Mallorca, 2017. La asamblea vecinal ‘La ciutat per a qui l’habita’ protesta por el encarecimiento de la vivienda originado por el turismo a gran escala. Igual se podría decir de Venecia, de Lisboa, de Valencia… El fenómeno se llama turistificación y empieza a tener tintes preocupantes para millones de personas.

¿Quiénes son los bárbaros, pues? Recuerdo haber visitado en otra época, y sin limitación ni reserva alguna, sin citas previas ni colas, sin masificación de ninguna clase, las cuevas de  Altamira, o las de Tito Bustillo, o la Alhambra; haber recorrido los Pirineos casi entre amigos; haber atravesado en cualquiera de sus sentidos el cañón de Añisclo, o visitar el parque de Ordesa sin tener que pedir permiso ni para acceder al parque ni para hacer senderismo por la senda de los cazadores… Y eso en los meses en que se suponía que había más personal por esos pagos.

No. Desgraciadamente, mucho me temo que la forma de vida moderna, con el consumo y el impacto ambiental derivados de la famosa globalización, también la de los viajes a cualquier sitio de millones de personas, contribuye a que la huella ecológica esté generando un planeta cada vez más visitado, sí, pero también más vulnerable y más insostenible. Cualquiera de nosotros, en este aspecto del transporte, podemos comprobar cuál es nuestra huella ecológica personal. Entonces, ¿quiénes son los bárbaros?

La banca siempre gana

Todavía hay quien habla de la “gran banca” para referirse a algunas instituciones financieras, como si hubiera otra, pequeña, digna de aparecer como tal. Creo que ya no hace falta calificarla según el tamaño porque los procesos de absorción están dejando un panorama oligopolístico, que se está adueñando de las grandes corporaciones de todo tipo. También, por supuesto, de las mediáticas. Aquí y en todas partes.

Por deformación académica, he seguido con interés diversas intervenciones de periodistas  en la Universidad de verano de Podemos: de Enric Juliana, de Esther Palomera, de Andrés Gil o de Gregorio Morán. Y el sábado pude ver, también gracias al streaming, una interesantísima mesa redonda titulada El día que la prensa dejó de leernos (https://youtu.be/1AfwUOz8iGA), en la que han participado otros cuatro periodistas, excelentes, dicho sea de paso (Pere Rusiñol, Olga Rodríguez, Fernando Berlín y Cristina Fallarás), que han aportado su particular visión de cómo están hoy las relaciones del periodismo con el poder. Recomiendo, y no sólo para quienes estén interesados en el mundo del periodismo, ver el vídeo al menos en la parte expositiva inicial de los ponentes, por lo que de didáctico tiene y porque las opiniones allí manifestadas, muy jugosas y muy contundentes, no se tiene el gusto de escucharlas a menudo en los grandes medios de comunicación, escritos, radiados o televisivos.

Me quedo, en este post, con una extensa reseña, y hasta con algunos párrafos transcritos de la intervención de Pere Rusiñol, redactor y socio fundador de la revista Alternativas Económicas y responsable de la sección Reality News en la revista Mongolia. Hace tres años, el Coordinador del Observatorio de Multinacionales en América Latina, escribió un artículo en la revista Pueblos (La propiedad de los medios, la propiedad de la información) en el que ya se hablaba de estos mismos asuntos.

Este periodista insiste en algo que en este blog se ha dicho con reiteración: la necesidad de conocer quiénes están detrás de los medios de comunicación, quiénes son sus propietarios, para comprobar hasta qué punto nos están informando, manipulando o simplemente están haciendo propaganda.

Rusiñol, aunque extendió su análisis a otros periódicos y grupos mediáticos, se fijó en El País por ser el medio de referencia y no por ser el periódico en el que trabajó y del que salió voluntariamente. La situación en el periodismo, para él, ha cambiado sustancialmente porque, paralelamente, ha cambiado radicalmente la estructura de la propiedad de los medios.

Él viene a decir lo siguiente: hasta 2007-2008, todos los medios, con el grupo PRISA a la cabeza, se endeudaron de una manera impresionante. Ese grupo, concretamente, llegó a tener una deuda de 5 mil millones de euros, que se dice pronto. Cuando llega la crisis no se pueden devolver los créditos y, si en una empresa convencional la lógica empresarial habría llevado a que hubiesen cerrado, en la prensa, por ser un sector clave en la configuración de la opinión pública, la deuda que estaba en manos de la banca, en lugar de ser exigida, llevó a que la banca se quedara directamente con los medios.

Y ese es el gran cambio que Rusiñol ve en el periodismo reciente. Desde 2010-2011, aproximadamente. En su opinión esa es “la madre del cordero”, porque es de sentido común que nadie tiene un medio para perjudicarse a sí mismo. Nadie, en ningún medio, va a publicar portadas que perjudiquen a su propietario. Y si el propietario es el banco, “la verdad es que no se puede hablar de nada”. El banco ya no sólo da dinero y créditos, sino que, como consecuencia de la crisis, se ha quedado con todo. El periodista pone el ejemplo de La Caixa (en el accionariado de PRISA): es accionista de Telefónica, Abertis, Gas Natural, Repsol… A la hora de informar de los desahucios, de las preferentes, del sistema de pensiones -en peligro de privatizarse con los fondos de pensiones-, de la sanidad pública versus privada,  y un largo etcétera, hay que pensar que siempre hay un banco detrás.

Para Rusiñol no es lo mismo tener un editor, que tendrá sus intereses particulares, como era la familia Polanco, que tener a la banca como editora, porque todo tiene que ver con la banca. Y en ese contexto, el margen para el periodismo es muy pequeño y el panorama se va haciendo cada vez más estrecho y difícil. Es decir, aunque haya buenos periodistas que escriban en los medios, éstos pueden escribir de todo pero sin explicar lo fundamental del periodismo: los porqués. El ejemplo son las preferentes, con un millón de afectados. O los desahucios. El periodismo puede contar, y sabe hacerlo muy bien, miles de historias y de dramas humanos, pero no explica quiénes son los responsables y por qué le han quitado el piso.

Puso varios ejemplos de cómo está el patio mediático en cuanto a la propiedad.

Grupo Prisa (SER, El País, editorial Santillana), que tiene en su accionariado desde Qatar, hasta empresarios amigos de Peña Nieto, grandes fondos de inversiones, Caixabank, Banco Santander, Telefónica… y un banco clave que, según el congreso americano, está considerado como uno de los más sucios del mundo y el principal responsable en la defraudación de dinero hacia paraísos fiscales: HSBC. Y pone el ejemplo Rusiñol del tipo de periodismo que se hace cuándo salen los papeles de Panamá, en el que está implicado uno de los bancos propietarios de PRISA y aparece nombrado colateralmente Cebrián. El País titula en portada que están implicados Putin y Venezuela.

En el grupo Unidad Editorial de El Mundo, se ven más cosas de la banca española, pero como consecuencia de que es la banca italiana su propietaria, con los mismos intereses que los bancos de todo el mundo a la hora de ir por las pensiones privadas, el rescate financiero, etcétera.

En ABC, Vocento, su presidente era el albacea de Botín y vicepresidente del Santander.

La Razón, dirigido por un comisario de policía, Marhuenda, y un presidente, Mauricio Casals, que también es comisario de policía (Rusiñol llega a decir que eso no es un título honorario sino efectivo), pertenece al grupo Planeta, que están en el consejo de administración del Banco de Sabadell. Fusión mediática-bancaria que afecta también a las teles del propio grupo, A3 y LaSexta.

El dueño del grupo Godó, con La Vanguardia, es vicepresidente de La Caixa

El Periódico de Cataluña, como su principal acreedor es La Caixa, es ésta quien le pone el consejero delegado.

Y en el Heraldo de Aragón está detrás Ibercaja. Y así, sucesivamente, en casi toda la prensa regional y local.

Naturalmente todo eso significa que hay asuntos y empresas que son, dice Rusiñol, in-to-ca-bles, así, silabeando.

Y quiero resaltar un último punto que trata Pere Rusiñol: la legitimación de la crítica a los medios, que generalmente éstos suelen aceptar de muy mal grado. Hasta tal punto no la aceptan que, como dice el enunciado de la mesa redonda, llegó un día en que la prensa dejó de leer lo que realmente le pasaba a la gente. Porque cualquier crítica a los medios, de partidos o de otros colegas, es machacada automáticamente por los propios medios y denunciada como si se tratara de una falta de respeto a la democracia. La crítica a los medios, para Pere Rusiñol y para muchos de nosotros, es necesaria porque la prensa ha sido tomada por el poder y necesita que alguien la fiscalice. Precisamente, en nombre de la democracia y no, como dicen los medios, para criticar a la democracia. La sección de Mongolia, Perro come perro, sería el ejemplo de este tipo de crítica, porque ayuda a identificar los intereses que hay detrás de los medios, expresados en según qué clase de informaciones y noticias, y ayuda a comprender por qué los medios actúan con la agresividad y virulencia que actúan según contra quienes consideren sus enemigos.

Pobreza y exclusión

Que el discurso oficial va por un lado y la realidad, por otro, es, casi desde siempre, un lugar común. El primero es de sobra conocido. Hasta la náusea nos lo repiten en los medios oficiales y oficiosos. Veamos cuál es la segunda. Siete de cada diez hogares no perciben en absoluto la tan cacareada recuperación económica. Son precisamente aquellos que más sufrieron los efectos de la crisis. En otras palabras, a 7 de cada 10 españoles no le han llegado los efectos supuestamente positivos y beneficiosos del crecimiento económico. Y es que una cosa son las grandes cifras, la macroeconomía, y otra la vida cotidiana de las personas, con sus precariedades, con sus llegadas a duras penas a fin de mes, con sus salarios por los suelos …

Y esto, como pueden comprobar a poco que tengan interés, no lo dice alguien de la malvada oposición al partido gubernamental, que todo lo ve negativo y que cuanto peor, mejor, o como se diga la embarullada e incomprensible frasecita del ínclito presidente. No. Lo afirma, asegura y rubrica alguien que se supone que representa un argumento de autoridad para el Partido Popular (siempre que le bailen el agua, claro), una fundación de la iglesia católica, apostólica y romana. Se trata del informe anual sobre exclusión y desarrollo social en España de la Fundación FOESSA, de Cáritas.

Según ese informe, la mitad de las familias españolas se encuentran peor que antes de la crisis, aunque el empeoramiento ha sido más intenso para los hogares pobres (78%), hogares monoparentales o monomarentales (74%), aquellos cuya persona sustentadora principal se encuentra en paro (72%), y entre las familias numerosas en las que siete de cada diez tienen a día de hoy menos capacidad para afrontar situaciones adversas.

La capacidad para ahorrar y el ahorro acumulado -se dice literalmente en el informe- han empeorado para seis de cada diez hogares, mientras que cinco de cada diez hogares han visto como se hacía cada vez más difícil el llegar a fin de mes, el comprar cosas, el hacer frente a una reforma de la vivienda necesaria, o el poder tener una semana de vacaciones al año en un lugar diferente al de su domicilio. Por ejemplo, en números absolutos, en el caso de necesidad de reforma de vivienda más de 9,8 millones de hogares habrían empeorado en su posibilidad de realizarlo.

Por otro lado, cuatro de cada diez hogares han visto como empeoraba la estabilidad de sus ingresos económicos, su capacidad de acceder a necesidades de salud no cubiertas por el sistema público de salud, o su capacidad para pagar los refuerzos educativos de los hijos o los suministros del hogar. Más de 5 millones de personas habrían empeorado su capacidad de hacer frente a la compra de medicinas que necesitan.

Y esto es solo una minúscula parte extraída de ese informe de 66 páginas que describe la realidad tal cual es observada, sin apriorismos ni partidismos que supuestamente podrían enturbiarla. Para cuando desde el gobierno y sus voceros se hable de empleo, téngase en cuenta lo que se expresa en el informe: “Sabemos que el empleo es una herramienta fundamental en el proceso de integración social. Pero su debilidad, tanto cuantitativa como cualitativa, le está convirtiendo en una estrategia cada vez más relacionada con el sobrevivir y menos con el bienestar”.

El informe, seguramente, paradójicamente, pasará desapercibido para esa parte de la ciudadanía que, según el gobierno, vivía por encima de sus posibilidades, y que ha sido doblegada y disciplinada -por su propio bien, dirían los de arriba- para que las grandes cifras cuadren a la hora de ser presentadas en Bruselas, en el Banco Central europeo o en las instituciones y círculos de economía más conspicuos del neoliberalismo.

No será fácil que esas instancias, nacionales o supranacionales, bajen a la cruda realidad del día a día de millones de seres humanos. Sus torres de marfil están demasiado alejadas para que perciban lo que acontece por sus respectivas rúas. Como se escribe en el informe, “se hace imprescindible que aquellos y aquellas que trabajan en el diseño e implementación de políticas y estrategias dirigidas a la inserción social y laboral, partan de comprender cómo este nuevo capitalismo introduce elementos que vulnerabilizan a las personas vinculando la desigualdad con el aislamiento, gobernando a la ciudadanía a través de la precariedad, la incertidumbre y el miedo, condicionando y contractualizando el acceso a los derechos. Y esta comprensión obliga a rechazar el concepto de individualización, así como a revisar las estrategias que de este concepto se desprenden”. Y se añade lo siguiente:

“Tal y como proponen algunas voces, convertir a la economía en una herramienta de transformación social, una economía al servicio de las personas, introduciendo cambios en la producción y en el consumo, desde criterios éticos y de justicia social. Las personas vulnerabilizadas deben ser también partícipes de este tipo de economía, y así está ocurriendo, a través de diversas iniciativas de economía social y solidaria. La auto-organización y el trabajo colectivo, como formas de apoderarse de esos espacios de nuestra vida que hemos delegado, y que deben ser recuperadas”.

“Incorporar el empoderamiento en todos los ámbitos de intervención, entendido este como un proceso dinámico fruto del esfuerzo individual y colectivo, implica instaurar una nueva noción de poder, compartido, asentado en mecanismos de responsabilidad colectiva en la toma de decisiones, pero ante todo de toma de conciencia de derechos, en los que se identifiquen áreas de discriminación y subordinación. El empoderamiento tiene el poder de sacar del aislamiento, no solo a las personas vulnerabilizadas, sino también a los y las que trabajan en estos procesos de integración social: ¿qué respuestas dar cuando no hay recursos?: organizar, para la toma de conciencia y la defensa colectiva de los derechos”.

Carecer de argumentos y perder el púlpito

Al hilo de ver en el tuíter o en el youtube algunos vídeos, de esos que recogen algún que otro fragmento de tertulias kilométricas que, tengo la impresión, ve cada vez menos gente, estaba preparando un texto sobre la nula capacidad de argumentar de algunos periodistas que ejercen de tertulianos -o viceversa-, cuando tienen enfrente a alguien que sí utiliza razonamientos, explicaciones, datos y réplicas fundamentadas. Siempre tienen a mano un Venezuela, un Cuba, un Irán, un Y tú más, o cualquier otro significante que –ellos o ellas piensan- pueden ser arrojados a la jeta de su interlocutor/a para acallar su relato.

El caso es que nunca entran al trapo, se salen por peteneras, responden siempre ad hominem y reducen la charleta a la sucesión de una serie de latiguillos, que no por manidos resultan menos eficaces para una audiencia que practica el vicio del cuñadismo, esto es, el reduccionismo demagógico, sin fundamento alguno y sin atender a razones, de una conversación plagada de insultos, descalificaciones, lugares comunes y posverdades o mentiras repetidas hasta la náusea.

La pregunta que suelo hacerme es si en el periodismo de derechas hay o no gente razonable con la que se pueda dialogar, sin que necesariamente deba tener a mano la garrota dialéctica para zumbarte en la jeta cuando digas algo que no entre en los parámetros de su ideología. Me suelo responder que sí, que tiene que haberla, pero que los medios consumistas de opinión la descartan porque no es ese el espectáculo que da dinero en forma de publicidad. Simplificando mucho: un debate al estilo de La Clave, resultaría hoy impensable. Y, sin embargo, esa forma de dialogar es la única que, a mi parecer, podría contribuir a que el personal creciera, se cultivara y aprendiese un poquito a utilizar el coco para pensar y no sólo la boca para insultar.

Pues en esas estaba cuando he accedido, por casualidad, a una entrevista con Ignacio Sánchez-Cuenca, que recomiendo en su integridad. De este profesor de ciencia política, y de su libro, La desfachatez intelectual, ya he hecho algunas referencias en este blog. El tiempo continúa dándole la razón, por mal que nos pese. Entresaco algunas de las respuestas, sensatísimas a mi juicio, que da en la entrevista el profesor Sánchez-Cuenca:

Con relación a algunos intelectuales y prensa:

“Siguen pensando que tienen una posición de autoridad y de influencia sobre la sociedad, pero ya nadie más lo ve así más que ellos mismos. El contraste entre esa especie de sermón que lanzan a la ciudadanía y la reacción de la ciudadanía es casi cómica. Es así como del Quijote: siguen pensando que son muy influyentes o poderosos, pero no les hace caso nadie”.

Brecha generacional

“No pueden entender las críticas que se realizan contra nuestra economía y contra nuestra democracia. Fruto de esta incomprensión, de no entender por qué la gente se irrita o indigna, sale esta especie de recusación indiscriminada de la generación de sus nietos. Como ellos no entienden este tipo de indignación, la deslegitiman pensando que es un capricho. No han entendido que hay una quiebra generacional, en España y en otros países occidentales, y lo que hacen es recusar la protesta”.

La difusión en El País

“La demostración más definitiva de esto es la inutilidad de la campaña que ha hecho El País contra Pedro Sánchez, dirigida a los militantes socialistas, que en principio son sus compradores naturales. Y no lo han conseguido. Es una constatación bastante incuestionable de la pérdida de influencia. Ahora, eso no quiere decir que los que sigan opinando desde esas plataformas mediáticas no sigan siendo los de siempre o sea gente nueva que no se desvía demasiado de lo que ellos opinaban”.

Involución con respecto al apoyo de nacionalistas

“Zapatero era investido con los votos de Esquerra Republicana en 2008. Esquerra Republicana ya era independentista entonces. Pero aquello no se cuestionaba desde las filas de la izquierda, ni lo cuestionaban los intelectuales progresistas o de centro izquierda. Y eso que fue hace diez años, hoy esta posibilidad se ve como una especie de aberración política.

En España sigue gobernando el PP por el bloqueo del PSOE ante los posibles apoyos de grupos nacionalistas catalanes. Que el PSOE haya renunciado a reemplazar al PP por no aceptar el apoyo de los nacionalistas catalanes es muy significativo de hasta donde llega esa obsesión nacional, de cómo la respuesta inmediata de las élites españolas es que esto hay que ponerle freno con una línea roja, una especie de trinchera, en lugar de abordarlo políticamente.”

La cuestión catalana

“En los principales medios españoles la posición mayoritaria de los analistas es incluso crítica por no ser más duros, por no meter en cintura a los políticos catalanes, por no suspender la autonomía de una vez, por no mandar a la Guardia Civil o lo que sea. No hay ningún esfuerzo de entendimiento que permita un posterior diálogo. Al revés: lo que se hace es endurecer mucho el ambiente para que los políticos queden sin margen de maniobra para tratar el asunto. A la derecha de Rajoy hay una legión de analistas y escritores, desde los Arcadi Espada hasta los Albert Boadella y Jon Juaristi, presionando todo el tiempo al PP para que no se ablande con este asunto, para que no ceda ni un milímetro”.

“Hay una generación entera de escritores que tiene como seña de identidad una oposición frontal a toda reivindicación nacionalista. Se trata más que nada de deslegitimar al nacionalismo por todos los medios posibles. Entonces ahí están Vargas Llosa, Muñoz Molina, Fernando Savater, el propio Javier Cercas (aunque a veces tiene posiciones más flexibles)… En general, el punto de partida es que ellos son demócratas más puros y gente más cosmopolita precisamente porque se oponen por todos los medios a su alcance a cualquier forma de reivindicación nacionalista. Esta es la marca de la casa de esa generación escritores y analistas”.

Final de época

“Cuanto peor mejor para todos y cuanto peor para todos mejor,
mejor para mí el suyo beneficio político”
(Mariano Rajoy Brey, a la sazón presidente del gobierno)

¿Tiene que ver la condición de buen o mal parlamentario con la de buen o mal orador? La respuesta no es fácil y está en disputa:

“Mientras los académicos de la lengua en pleno, tras sesión urgente, agotados, convocan una beca para ver si algún joven cerebro logra hacer el análisis sintáctico de la frase de Mariano Rajoy, el resto del país se sobrepone a los incendios y los calores y busca la serenidad necesaria para analizar la moción de censura de Podemos”.

Quien así escribe es el catedrático de filosofía José Luis Villacañas, en un excelente artículo que analiza el último gran debate que se ha producido en el parlamento español (“Unas veces los parlamentos arden por fuerzas oscuras; otras veces desde ellos se incendian países enteros. En este caso concreto no fue ni una cosa ni otra. El Parlamento fue puro parlamento”).

Por su interés, reproduzco algunos párrafos del citado artículo, cuya lectura íntegra recomiendo.

“Carl Schmitt decía que las élites son aquellos grupos que no permiten que se escriba su biografía. Y añadía que en su lugar, para tapar el hueco, esos grupos ofrecen una poetización y un sentido romántico de la historia. Eso ha funcionado en España muy bien a lo largo de siglos. En las actas de Cortes, en las crónicas, en los libros de historia, en las conferencias de los académicos, allí no se dejaban expuestos los crímenes. Los regueros de vicio y amargura se cubrían con la poesía de la historia. El día 13 de junio se rompió esta tradición histórica. En la ocasión solemne de una moción de censura, en el Congreso, con luz y taquígrafos, se levantó acta notarial de una realidad que no podrá cubrir ninguna poesía de la historia (ya se sabe, el bla bla bla de que somos un gran país, la nación más antigua de Europa, y demás). Quien no observe la moción de censura desde esta dimensión histórica no podrá ver su profundo significado.”

“Y este es que un grupo de jóvenes libres exige su lugar representativo y directivo en el presente, sin sentir la menor tentación de cubrir con tenebrosas complicidades las fechorías de sus mayores. Nunca pasó esto antes en nuestra historia. Eso los caracteriza respecto del PSOE, que todavía tendrá que decidir si está dispuesto a un ajuste de cuentas con el pasado. Mientras no lo haga, la decencia política de este país está solo con Podemos. Frente a esta consideración, los errores que pueda haber cometido Iglesias en el pasado no se pueden objetar ahora. El caso es que sólo sobre la premisa de lo que se dijo en la moción de censura cabe una política nueva. De forma sorprendente, Ciudadanos no se sumó. Podría haber reconocido la verdad: que hay consenso en acabar con una dirección política corrupta, pero que no lo hay sobre un programa común. Pero confesar esto compromete a buscar un horizonte nuevo, y al parecer Albert Rivera ya tiene agotados sus compromisos con lo viejo. La única verdad que le resta es recordar a Iglesias que Solé i Tura no son dos palabras agudas.”

“La moción de censura ha causado la impresión general de que Rajoy sobrevive en el tiempo de la basura porque la conmoción política ha sido tan fuerte, que los actores no se han asentado lo suficiente como para ultimar la jugada. Pero él no da la sensación de control, sino de estar noqueado. Podemos ha tenido que medir su punch y su pegada, su flexibilidad y su consistencia para darse cuenta de que no basta tener cintura, sino también fuerza. La moción de censura ha sido un golpe seco y eficaz. Ni el más cerril de sus enemigos puede negar que, tras la moción de censura, Iglesias parece un político más consistente. Ahora que se ha marcado el antes y el después, que estamos ante un nuevo comienzo, el siguiente paso debe ser medido con esmero, de tal forma que el próximo golpe sea igual de duro.”

“Y esto sólo puede significar una cosa. Estudiar bien al rival y saber dónde tiene el punto débil. Y acerca de esto no caben dudas. Con el tal Francisco Granados largando por ahí con infinita desfachatez, y el juez Eloy Velasco dudando que la contratación con Arturo Fernández fuera legal, parece evidente que la guerra de los sectores de Esperanza Aguirre con Cristina Cifuentes va a arreciar. Que esos sectores se volcarán hacia Rivera, apenas podemos dudarlo. Así las cosas, con el partido de Madrid en trizas, y a año y medio de las elecciones, es el momento político maduro de dejar claro que las heridas de Podemos se han cerrado y que se atiende a la objetividad de las cosas. Si el martes pasado decía que la batalla no ha hecho sino empezar, hoy parece evidente que la batalla se llama Madrid.”

Esperando a sus señorías

Cada poco tiempo la prensa nos ofrece el testimonio de alguien que está sufriendo la intemerata y desea poner fin a sus días. Dependiendo del medio, o de la relevancia del sufriente, el asunto tiene más o menos recorrido y, en ocasiones, hasta está en la agenda de alguna tertulia o, incluso, en el mejor de los casos para la persona afectada, se hace algún programa con notable audiencia que pone de relieve este terrible problema. Que no es otro que comprobar si el ser humano se puede o no autodeterminar, si tiene o no autonomía para decidir el destino de su vida.

En enero pasado escribí aquí algo sobre el particular (El Buen Morir) y conviene insistir cuantas veces sea necesario hasta que sus señorías, diputados y diputadas de la XII Legislatura, tengan a bien legislar en un asunto que no sólo está demandando buena parte de la sociedad (las encuestas son abrumadoramente favorables) sino personas concretas, con nombre y apellidos, que periódicamente nos miran a los ojos, nos llaman a la conciencia con un grito como el de Luis de Marcos, que sólo espera que su sufrimiento “sirva para algo” y que añade: “Por desgracia, los seres humanos no nos damos cuenta de lo que es hasta que no lo sufrimos en nuestras propias carnes, y esto le podría pasar a cualquiera”.

Pues bien, hace tres meses el grupo confederal de Unidos Podemos-En Comú Podem-En Marea presentó una proposición de ley, trabajada concienzudamente con la sociedad civil (expertos de todos los ámbitos: médicos, enfermeras, juristas, filósofos…), para regular y desarrollar los servicios para hacer realidad una muerte digna. Dicha propuesta fue rechazada no sólo por el PP, contrario siempre a conceder ni un gramo más de libertad a los individuos, sino por la abstención infame de PSOE y Ciudadanos, aunque esgrimieran argumentos diferenciados. En esta crónica se cuenta bien los posicionamientos políticos escuchados en el Congreso. Me interesa resaltar la postura del grupo parlamentario del PSOE. Se dice en la crónica citada que ese grupo defendió “que el debate es necesario y  que está socialmente instaurado”, pero que es “precipitado” y se mostró favorable a regular determinados derechos del final de la vida, pero no la eutanasia.

En el vídeo de abajo, se recoge la brillante y emotiva intervención de la diputada Marta Sibina, enfermera de profesión y perfecta conocedora de la realidad que se está dando cada día en hospitales con la vida de las personas, demandando al grupo socialista que explique cuándo piensa dejar de considerar que la sociedad “está madura” y tomar partido por un asunto tan urgente y necesario.

La pregunta sigue pues presente para el “nuevo” PSOE, que dicen que sale de su 39º congreso: ¿Hasta cuándo hay que esperar a que sus debates den luz verde o no, clara y rotundamente, sobre el asunto de la eutanasia, que cada día está afectando a muchas personas que no pueden aguardar más sus interminables dudas e inacciones? ¿Cuándo dejarán de abstenerse o votar en contra de medidas que no son de izquierdas ni de derechas, sino de sentido común, que pueden afectar a cualquiera de sus militantes,  simpatizantes o simplemente conciudadanos, sólo por el hecho de que no provienen de ustedes en primera instancia?

Dejen de marear la perdiz, pónganse manos a la obra con quien sea menester, pero legislen ya, ahora que hay números para ello, para alumbrar uno de esos derechos civiles que, como otros que se prodigaron en la primera legislatura de Zapatero, califican a una sociedad como moderna y avanzada, y no a una comunidad rancia, añeja y troglodita que se regodea en el dolor ajeno, con el cruel mensaje de que esto es un valle de lágrimas y que a la persona que le toque, que se encomiende a supuestos seres superiores que nunca la librarán ni a ella ni a sus allegados del drama que supone vivir una situación tan lamentable.