El funcionamiento del cotarro

Un día antes de nombrar como presidenta de la Sala de lo Penal de la Audiencia Nacional a una magistrada que ya fue recusada en un sumario que afectaba al PP, la periodista Elisa Beni lo anticipaba en este artículo, en donde lamentaba que no fuera designada otra candidata de Jueces para la Democracia, ejemplo de juristas que “no se han plegado a pasar por el aro de hacer lo que es preciso hacer si quieres progresar”.

No dudo de que la magistrada que presenta Beni sea “una candidata idónea, cabal y ecuánime”.  Cuando los no elegidos son progresistas, pueden escribirse unos estupendos artículos y se puede echar pestes –con toda razón– de la estrategia del PP, que parece obedecer a la toma concienzuda* de los puestos clave en fiscalía y judicatura, para así hacer frente al calvario judicial que le espera en función de los múltiples sumarios que deben sustanciarse en los próximos meses.

A mi parecer, sin embargo, casi nunca se aborda el quid dela cuestión, el meollo del asunto, que no es otra cosa que el cómo se nombra la cúpula de jueces y fiscales, desde el ámbito provincial, al de comunidad autónoma, al estatal e, incluso, al supranacional. Y para eso lo primero que hay que cuestionarse es el método de selección del órgano de gobierno de los jueces: el Consejo General del Poder Judicial.

Este órgano constitucional (en los otros –Tribunal Constitucional, Tribunal de Cuentas, Defensor del Pueblo, etc.– pasa tres cuartos de lo mismo), desde su creación, ha sido un campo de batalla entre los dos partidos que han gobernado desde la restauración de la democracia. Según el color del partido que disponga de la mayoría parlamentaria, así han sido los jueces (y escasas juezas) y fiscales designados en los puestos más altos del organigrama. La politización ha sido más que evidente y siempre ha existido una sospecha de nula independencia y de favoritismo sin complejos a quienes pertenezcan al sector del partido gobernante en ese momento.

Mientras persista este escandaloso reparto de cromos entre PSOE y PP (y la cuestión no es ampliar los partidos del reparto), en la línea del hoy por ti, mañana por mí, el cotarro no tiene solución. Cuando el que manda es el PP, la mayoría y las presidencias del CGPJ, TC o TC, son personas afines a ese partido. Y cuando es el PSOE el que cuenta con más apoyos en el Congreso, se traslada inequívocamente esa mayoría a los órganos de gobierno correspondientes.

Cuando esos comportamientos parecen producirse en otros países muy lejanos, se pone el grito en el cielo de la prensa y los políticos. Espero, de una puñetera vez, un comportamiento menos hipócrita y que en el Parlamento se aborden pronto estas cuestiones, fundamentales para nuestro sistema democrático, que constituyen el núcleo central de este gran negocio que es controlar con afinidades y canonjías el status quo. Mientras tanto, se escribirán brillantes columnas, sesudos editoriales, soflamas pertinentes; se protestará airadamente; o se recurrirá inútilmente a un maestro armero que siempre hace caso omiso. Mientras tengan la sartén de las instituciones por el mango de su dirigencia, los y las responsables dormirán a pierna suelta. Todo seguirá atado y bien atado. ¿Les suena?


*Escrito este texto, leo un tuit del juez Joaquim Bosch que abunda en esta idea: “Es sobrecogedor. Hay un asalto enorme del poder político para colocar jueces y fiscales afines en órganos decisivos que juzgan la corrupción”.

Más viejo que la tana

Hasta 1989, con la caída de la URSS, Franco, primero, y los demócratas de nuevo cuño, después, agitaron continuamente el fantasma del comunismo, como si se tratase del principal peligro que se cernía sobre la sociedad española, para así aplicar y hacer colar con más facilidad sus políticas antilaborales, antisindicales y antisociales, implementadas a sangre, fuego y cárcel en el caso de la dictadura, con sangre y fuego todavía en la Transición, y a golpes represivos o recortadores de derechos en la democracia recién restaurada (recuérdense las masivas movilizaciones y huelgas generales habidas, por ejemplo, con las distintas reconversiones industriales, o con la primera y gran reforma laboral que abordó el gobierno de Felipe González).

Las fuerzas de la oligarquía política y económica estuvieron huérfanas de discurso intimidatorio durante un tiempo. Claro, Cuba, se les quedaba pequeña, con sus doce millones de habitantes y su pequeño territorio en el Caribe, para asustar con que pudiera poner en peligro el orden internacional. Pero en esas llegó Hugo Chávez: el nuevo fantasma  que se zarandea por doquier, dando a Venezuela un papel protagónico en el devenir de los pueblos de todo el mundo, que ni tiene, ni creo que aspire a tenerlo, ni parece que nadie pretenda que lo tenga en continentes diferentes al del país latinoamericano y, en ningún caso, en una Europa, que bastante tiene con defenderse de troikas, austeridades, regresiones en los estados de medioestar y otras calamidades para la ciudadanía.

Pero los argumentos son siempre semejantes. Las amenazas cambian de estilo, se adecuan a los tiempos. Y no siempre se recurre a ellas para desacreditar al adversario político al que se teme. Como el status quo no parece que haya estado demasiado en peligro durante los años transcurridos entre las postrimerías del siglo pasado y los albores del actual, por mor de la coalición que de facto ha gobernado Europa entre conservadores y socialdemócratas, que con lenguajes aparentemente distintos han aplicado políticas intercambiables, los fantasmas del comunismo, ya fuere en su versión bolivariana, chavista o de los países latinoamericanos con gobiernos progresistas, han renacido con nuevos bríos (el último sitio que vimos fue en la campaña para las presidenciales francesas) para acusar directamente a la izquierda consecuente de intentar cargarse el ordenamiento existente y la civilización occidental.

Recientemente, un diputado de Podemos dejó al descubierto la utilización vergonzosa del gobierno del PP y de su socio naranja del significante Venezuela para atacar a la oposición realmente existente. Conviene que le echen un vistazo al vídeo en el que Pablo Bustinduy le da un repaso a la bancada de la derecha, denunciando el ruido que desesperadamente quieren montar para desviar la atención de los continuos casos de corrupción que vinculan al PP con tramas auténticamente mafiosas.

A las personas más jóvenes que consulten este blog, que junto a millones de personas nunca estudiaron la Guerra Civil porque no hicieron Bachillerato o porque nadie les contó la guerra en las asignaturas de Historia, conviene refrescar de vez en cuando la memoria. La colectiva y la personal. En un programa de TVE, Documentos TV, de hace ya cinco años, se recordaron “los acontecimientos que se produjeron en 1962 en las cuencas mineras de Asturias y que supusieron el primer conflicto laboral al que debió hacer frente el régimen de Franco”. Eran los años del Plan de Estabilización que llevó a cabo la dictadura franquista, que consiguió un incremento del PIB, un equilibrio en la balanza de pagos y una menor inflación, pero, como se decía en ese programa televisivo, “a costa de un considerable descenso del nivel de vida de los trabajadores, un aumento del desempleo y un incremento notable de la emigración”.

En ese contexto y “con el protagonismo de un puñado de militantes anti-franquistas, se inició una huelga en las cuencas mineras asturianas que se extendió por otros lugares de España”. En ese mismo año, en una concentración de alféreces provisionales en el cerro Garabitas, de la Casa de Campo madrileña, el dictador, que tenía a su lado al sonriente ministro delegado de los sindicatos verticales, empezó así su discurso amenazante: “Ante las embestidas que desde fuera se lanzan periódicamente con nuestra patria, dirigidas por las fuerzas ocultas del comunismo, nada puede ser más…”. Para continuar más adelante, con su voz aflautada, vibrando con el espantajo del comunismo dirigido a la clase obrera que encarnaban los mineros asturianos:

“Con motivo de las diferencias laborales que en la rama de la minería se produjeron y que, desde fuera, el comunismo ha pretendido explotar sembrando impaciencias y desatando ambiciones, incompatibles en la mayoría de los casos con el momento económico, debe hacerse llegar a todos los trabajadores que el pretender mejorar sistemáticamente los salarios, sin que la productividad aumente y cuando la situación de las empresas no lo resisten, constituye una quimera de imposible realización. Arriba España.”

¿Les suena todo esta verborrea de los salarios, de la productividad, del momento económico, de la pretensión de mejora por encima de nuestras posibilidades? Por supuesto, todo esto, ahora, en libertad y con una democracia tan avanzada y tan social como la nuestra, faltaría más, se dice con otros modos, se utilizan eufemismos que hacen más difícil entender qué diantres nos están vendiendo. Intuyo, no obstante, que cada vez hay más gente que no se deja engañar tan fácilmente. ¿Serán suficientes para generar un cambio? No tengo ni idea.

Menú manipulador de bandera

Es de sobra conocido el famoso decálogo de estrategias de manipulación mediática que circula por doquier. Se atribuyó falsamente a Noam Chomsky, pero él se encargó de desmentirlo a un amigo escritor: It’s a fake. I don’t know the source. Some of it is drawn from, or similar to, things I’ve said. But it is not mine. Por mucho que se haya empeñado el lingüista en desmentirlo, tirios y troyanos difunden el apócrifo como si fuera suyo y, al parecer, ya no hay quien pare el bulo.

Pero más allá de la anécdota y contradicción que implica manipular un texto sobre la manipulación, fijémonos en lo que vienen a decir las susodichas estrategias manipuladoras (los entrecomillados son de un texto de ATTAC y me sirven para sintetizarlas o reproducirlas en todo o en parte).

1. La estrategia de la distracción.-  De eso sabemos bastante por acá con lo que suele utilizar el Partido Popular para distraer sus numerosos y casi diarios escándalos de corrupción. Venezuela, Gibraltar u otro parecido asunto siempre acuden al quite cuando el agua mediática le llega el cuello a la dirigencia pepera.

2. Crear problemas y después ofrecer soluciones.- El significante “crisis económica”, imbuido hasta la extenuación en el imaginario social (no es una crisis, que es una estafa, se gritaba en el 15M y algunos economistas como Juan Torres sostienen esa tesis), habría servido para hacer aceptar como un mal necesario el retroceso de los derechos sociales y el desmantelamiento de los servicios públicos.

3. La estrategia de la gradualidad.- “Para hacer que se acepte una medida inaceptable, basta aplicarla gradualmente, a cuentagotas, por años consecutivos”.

4. La estrategia de diferir.- “Otra manera de hacer aceptar una decisión impopular es la de presentarla como dolorosa y necesaria, obteniendo la aceptación pública, en el momento, para una aplicación futura.” Sería más fácil aceptar un sacrificio futuro que un sacrificio inmediato.

5. Dirigirse al público como criaturas de poca edad.- Cuántas veces no hemos dicho: nos tratan como si fuésemos niños y no entendiéramos lo que están haciendo. Pues eso.

6. Utilizar el aspecto emocional mucho más que la reflexión.- “Hacer uso del aspecto emocional es una técnica clásica para causar un corto circuito en el análisis racional, y finalmente al sentido critico de los individuos”.

7. Mantener al público en la ignorancia y la mediocridad.- “La calidad de la educación dada a las clases sociales inferiores debe ser la más pobre y mediocre posible, de forma que la distancia de la ignorancia que planea entre las clases inferiores y las clases sociales superiores sea y permanezca imposible de alcanzar para las clases inferiores”.

8. Estimular al público a ser complaciente con la mediocridad.- “Promover al público a creer que es moda el hecho de ser estúpido, vulgar e inculto…”. Aquí podríamos señalar cómo se intenta que la ciudadanía conviva y acepte la corrupción como un hecho ineluctable. La prueba de ello, hasta ahora, ha sido la complacencia en forma de voto mayoritario al partido que más casos de corrupción tiene en toda Europa, según el decir de muchos analistas.

9. Reforzar la autoculpabilidad.- ¿Recuerdan aquello de  que habríamos vivido por encima de nuestras posibilidades, para “hacer creer al individuo que es solamente él el culpable por su propia desgracia, por causa de la insuficiencia de su inteligencia, de sus capacidades, o de sus esfuerzos”?

10. Conocer a los individuos mejor de lo que ellos mismos se conocen.- “Gracias a la biología, la neurobiología y la psicología aplicada, el sistema ha disfrutado de un conocimiento avanzado del ser humano, tanto de forma física como psicológicamente. El sistema ha conseguido conocer mejor al individuo común de lo que él se conoce a sí mismo. Esto significa que, en la mayoría de los casos, el sistema ejerce un control mayor y un gran poder sobre los individuos, mayor que el de los individuos sobre sí mismos”.

Estaba pensando en todo esto cuando leí un tuit del pope cultural del diario, Juan Cruz, que, supongo que apoyando al actor, reproducía el título del editorial del periódico en el que milita: “Con Antonio Banderas”. No estaba enterado demasiado del asunto de que el internacional actor malagueño había renunciado a invertir en un proyecto cultural en su ciudad natal porque -habría dicho- que se sentía humillado. Se ha escrito y manipulado tanto sobre este caso, que me he tenido que documentar un poco para tener una idea más o menos completa de lo que ha debido de suceder.

Claro que si leo el editorial de El País -el periódico global y manipulador por excelencia de todo lo que huela a la izquierda que no sea el PSOE (por supuesto, el de la facción liberal que representa Susana, Felipe y Rubalcaba, esto es, el que parece que más coincide con sus intereses empresariales)- resultaría que el proyecto banderiano habría recibido “una inmerecida lluvia de acusaciones de favoritismo hacia el actor”, en la que, cómo no, estarían implicados Podemos e IU. Y, por supuesto, este era un proyecto “de alto interés” pero “el sectarismo y la envidia han acabado con él. Una pena”.

Tesis cebrianista muy parecida a las manifestadas tanto por un competidor de la derecha extrema, el diario ABC,  como por un panfleto de la extrema derecha que se publica en internet, dirigido por un señor que ejerce de periodista, tertuliano y difamador, que responde al nombre de Alfonso Rojo, y que titulaba así su libelo que me niego a enlazar: El acoso de Podemos a Banderas le cuesta a Málaga millones de euros. Con un par.

Como decía, he leído, entre otras, esta información de El Confidencial, o esta otra de El Mundo, y he leído un artículo de David Bollero (Lo que no te cuentan del proyecto de Antonio Banderas en Málaga) y otro (El gran Banderas y la farsa de la Antimálaga) de un profesor de comunicación, que algo debe de saber pues imparte clases en la Universidad de Málaga y, a la sazón, ejerce de tertuliano en la Cadena Ser, que mantiene una tesis totalmente contraria a la explicitada por el diario del mismo grupo mediático. Ambos textos abundan en el papel de víctima que se quiere arrogar el actor andaluz (habrá que añadir “y universal” para no ser tachado de antipatriota) y en las sombras de todo tipo que acompañan su proyecto cultural.

El ejercicio de manipulación, pues, está servido. Elijan ustedes cuál o cuáles estrategias comunicativas y manipuladoras se habrían aplicado por algunos de los medios de prensa mencionados.  A mí se me ocurren varias. Pero no quiero tratarlos como a criaturas sin criterio. Ustedes mismos.

Dignificar a las víctimas

Cuando no tengo nada que decir tengo dos opciones: no escribir o, como en este caso, servir de altavoz -obviamente, modestísimo- a quien merece ser escuchado. Una de esas personas es el periodista Gervasio Sánchez. En numerosas ocasiones me hice eco de lo que decía, escribía o fotografiaba. Porque Gervasio es reportero y ha estado en muchas guerras, viendo el horror en primera persona, sin que nadie tenga que contárselo, no como otros colegas de profesión, por fortuna, minoritarios, que “escriben a miles de kilómetros de distancia“.

Por mucho que intentemos ponernos en su lugar será imposible, pero nos ayudará a entender, a interpretar lo que pasa en el mundo y, sobre todo, lo que le ocurre a las personas que sufren la barbarie de la guerra. Personas grandes y chicas y medianas y, generalmente, pertenecientes a ese segmento de la sociedad, clase social le llaman todavía unos pocos irredentos, que más sufre las penalidades que nunca estarán completamente descritas. Porque los ricos, los pudientes, los poderosos (llámenlos como quieran) se suelen escapar de los conflictos y mandan a sus pajes a combatir por ellos y para ellos. ¿Que es demagogia? No lo crean, lean a Gervasio Sánchez y juzguen ustedes. Los párrafos que reproduzco forman parte del discurso que hizo cuando le dieron el Premio Gernika por la Paz y la Reconciliación 2017. Está completo en su blog.

“Me gustaría decirles que las guerras son protagonizadas por monstruos. Si fuera así estaríamos todos salvados y las guerras se extinguirían en pocos meses o años por falta de mano de obra. Porque si yo preguntara aquí: ¿cuántos de ustedes serían capaces de hacer monstruosidades en una guerra tales como asesinar al vecino, violar a la vecina, descuartizar a su siguiente víctima?, estoy seguro de que nadie levantaría la mano.”

“El problema es que las guerras las protagonizan personas como nosotros. Los que ejecutan, los que señalan o los que miran a otro lado, los que actúan cobardemente, los que esconden los crímenes, los que silencian a los familiares de las víctimas, los que eternizan el conflicto sangriento, se parecen a  nosotros. Son como nosotros y nosotros seríamos como ellos si nuestra sociedad se desmoronase. He conocido a muy pocas personas que prefieran morir antes que matar. […]”

“La guerra no finaliza aunque se entreguen todas las armas. La paz más sobresaliente siempre es imperfecta si la comparamos con la guerra, la cumbre de la perfección, siempre mortífera, siempre sangrienta. Por eso es más difícil hacer la paz que continuar una guerra.”

“La paz más imperfecta debe reforzar sus cimientos con acciones y decisiones que persigan acabar con las consecuencias del conflicto.”

“La paz es desmovilizar a los combatientes menores con un serio plan de rehabilitación sin importar su coste económico. La paz es limpiar de minas las veredas, los sembrados, los caminos para asegurar el tránsito de los desplazados y refugiados durante su retorno por muy compleja que sea la orografía del país.”

“La paz es encontrar a todos los desaparecidos y entregarlos identificados a sus familiares en simbólicas ceremonias de dignificación de las víctimas por mucho que se opongan los asesinos.”

“La paz es pedir responsabilidades políticas y jurídicas a las personas que han participado en la ejecución de crímenes de guerras y no olvidar que se puede ser culpable por acción o por omisión. La paz es oponerse al sobreseimiento de los crímenes de lesa humanidad.”

“La paz es impedir que se escondan las responsabilidades en el baúl del olvido aunque afecten a las más altas autoridades de un país. La paz es, en definitiva, memoria, verdad y justicia. Repito con mayúsculas: MEMORIA, VERDAD Y JUSTICIA. […]”

“La paz es también proteger a los seres más indefensos. La paz es custodiar los derechos inalienables de las personas heridas. La paz es dignificar a las víctimas.”

Diccionario feminista

Qué tiempos aquellos de El segundo sexo, de Simone de Beauvoir; de La primera fue Lilith, que ya no me acuerdo de quién era; del cómic feminista con una de sus pioneras, Nuria Pompeia; del Calibán y la bruja; de la sexualidad femenina a partir de Freud, Castilla del Pino o de la pareja de Masters y Johnson. Qué tiempos aquellos, y los precedentes, y los históricos, en que las mujeres se pusieron al frente de una lucha decidida por su derecho a la igualdad, al voto, a la participación en la política, en el gobierno, en la elaboración de las leyes, a no ser discriminadas en el trabajo, en el hogar, en la familia, en los estudios, en la calle, en la vida en general. Cuántos años hablando, debatiendo, intentando entender, compartir o vindicar la igualdad de mujeres y hombres.

En todo ese tiempo no existían eso que ahora llamamos redes sociales. Tiempos en que si querías estar al corriente de lo último de lo último tenías que pasar por caja. La de los libros, la de las revistas, la de los periódicos. Que, naturalmente, siempre se tenían que conseguir fuera de casa: en la librería, en el quiosco, en la facultad, en la biblioteca…

Ahora, desde el cuarto de estar de cada cual, la revolución democrática de internet permite -todavía, aunque no sabemos cuál será su futuro*- el acceso libre y universal a cantidad de información, de modo que se podría afirmar que quien no está informado actualmente es porque no quiere estarlo o forma parte de ese ejército realmente existente de excluidos sociales, ignorados por los poderosos. Cierto que hay todavía un segmento social reacio al uso de las tecnologías. Pero es cuestión de tiempo. Se curará. Probablemente, dentro de unas pocas décadas alguien dirá lo que yo he escrito al inicio: qué tiempos aquellos en que…

Pero la lucha, en singular y en plural, por la igualdad entre mujeres y hombres no ha terminado. No está ni muchísimo menos conseguida. Probablemente se manifieste ahora con otros modos y formas de expresión. Pero todos los días tenemos la prueba de ello. La violencia machista, la esclavitud sexual, el sexismo impenitente de la publicidad, la brecha salarial, el techo de cristal, el trabajo de los cuidados o el doméstico, son la expresión más palpable de todo lo que falta todavía para una completa emancipación de la mujer. Condición indispensable para cualquier revolución, para cualquier otra posible concepción del mundo.

Es en este contexto en el que los nuevos modos de expresión, en las redes sociales, tienen sus propias formas, sus propios códigos, que permiten acceder a millones de personas a un contenido pedagógico, que no tiene por qué ser aburrido o infumable, con solo un click del ratón. Si, por ejemplo, quieren comprobarlo, prueben a acceder a esta página del diario Público, o en youtube a El Tornillo, el microespacio feminista de LaTuerka. Además de aprender, se puede pasar un buen rato. Les dejos dos vídeos con sendos ejemplos de vocablos o conceptos, que todo el mundo conoce, pasados por un prisma feminista muy singular. Disfrútenlos.
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* El día siguiente del ciberataque mundial escucho hablar en la radio de ciberamenaza, ciberdelincuentes, ciberseguridad, ciberagentes, ciberguerra, ciberterroristas y ciberbulos. Demasiada cibernética para el cuerpo. Como para pensar en el futuro.

El libro de la inclusa

Cada año que pasa me caben menos libros en las estanterías. Menos mal que mi base de datos doméstica, aunque tenga veinte años, cumple su función y aún sé lo que tengo. Por el camino personal recorrido, que ya va siendo inabarcable, quedaron algunos ejemplares ya leídos, los más viejos, los menos consultables, los menos transferibles, pero la pulsión de la lectura fue siempre superior a mi capacidad de almacenaje. Menos mal que aún me queda la opción de la biblioteca pública y de la lectura digital. En todo caso, un día de éstos tendré que plantearme muy seriamente dejar de acumular y ver qué hacer con tanto papel encuadernado y llenos de letras de toda laya. ¿Dejarlos a mis deudos? ¿Regalarlos? Pero, ¿quién los querría? ¿Venderlos en el Rastro? Mas, ¿acaso algún chalado los compraría? ¿Donarlos a una biblioteca?, pero ¿los admiten todavía?

Termino de hilvanar estos pensamientos deshilvanados y exploro en el gúguel a ver si hay alguien acongojado como yo. Seguro que las redes sociales tienen alguna respuesta. Escribo en el buscador “No caben más libros”, así, entre comillas, y obtengo 3.670 resultados. No me sorprende. Alguien ha reproducido o pensado en esa frase. La primera entrada que aparece está firmada por Carlos. Deduzco que se trata del poeta Carlos Marzal y se corresponde con un artículo que publicó en ABC, año 2014. Escribe cosas que yo no podría decir mejor y con las que me identifico plenamente:

“Los anaqueles están repletos, las bibliotecas abarrotadas, las casas de los lectores (esa curiosa y diminuta especie de maníacos) ya no dan más de sí. Alguna vez soñé con poseer una biblioteca ordenada, en donde sobrase el espacio, en donde todos los volúmenes estuviesen bien clasificados, por orden de géneros, o por orden alfabético, o por cualquier otra ordenación caprichosa. Pero el caso es que tengo una biblioteca anárquica, con libros en triple fila, y en la que resulta casi imposible encontrar el libro que se busca”.

El poeta valenciano, como yo, no sabe qué hacer con los libros: “A veces los libero en un banco de la Gran Vía del Marqués del Turia. Los saco de sus cajas y los echo a andar, para que se busquen la vida. Pero nadie los quiere. Les dan un vistazo y los dejan allí, expósitos. Los libros deberían tener una inclusa”.

Llegará el día, no tardando demasiado, en que no será menester almacenar tanto libro. Lo cual no significará que necesariamente se tenga que leer menos. No tengo certezas para aventurar un juicio sobre el devenir de los libros en papel, pero intuyo que el futuro podría no estar demasiado descaminado de la línea que pronostica este divulgador informático:

Yo creo que la irrupción de los Ebooks hará aumentar la producción de libros. El motivo es sencillo, será mucho más fácil publicar. No hay que pasar por filtros de editores… no hay que usar la infraestructura industrial de las imprentas y no hay que usar canales de distribución físicos. Yo no veo el apocalipsis que mucha gente ve con la desaparición de todos los intermediarios. Tendremos una fase de transición, donde convivirán los dos modelos de negocio. Pero a la larga el que triunfará será la edición digital. Los libros en papel irán reduciendo la tirada y quedando para ocasiones especiales y para lectores que quieren todavía usar ese medio de lectura. Además toda la posibilidad de los medios digitales llevarán a más cambios”.

Había pensado a menudo en esto de los libros y al recibir el poema del miércoles, por la gentileza del CARDO (Comité de Aturdidos, Resistentes, Diletantes y Obesos), me puse a escribir sobre ello. En esta ocasión, Antonio Zozaya y su soneto Los libros tienen la culpa de este post:

Alineados, de roble en los estantes,
mis libros, cual legión de mesnaderos,
adustos me recuerdan y severos
grandezas y saber que fueron antes.

Conservo en los infolios deslumbrantes
hazañas de famosos caballeros,
sentencias de filósofos austeros,
frases de amor y dichos de bergantes.

Y, apartado del fárrago infinito,
en un rincón que a meditar convida
y por su noble oscuridad bendito,

he colocado mi obra más querida,
que se llama “La dicha de la Vida”,
y en cuyas páginas, ¡ay!, no hay nada escrito.

Siempre paganos

Según el DRAE, pagana es coloquialmente la persona que paga, generalmente por abuso, las cuentas o las culpas ajenas. Y en el Tesoro de la Lengua Castellana o Española, de Sebastián de Covarrubias, se dice que a semejanza del aldeano que está como desterrado en su alquería, se llamaron paganos los que no tenían el derecho de la ciudad. Algo de esto está pasando por estos pagos, con buena parte de los paganos y paganas, que aunque hayan pasado de la aldea a la ciudad, alcanzando con ello la condición de ciudadanía, se pueden seguir considerando desterrados de las normas, prácticas y vicios que favorecen a los poderosos realmente existentes en cada tiempo y lugar.

Leo en eldiario.es que el expresidente de la Comunidad de Madrid y ex secretario general del PP madrileño, el preso preventivo Ignacio González, imputado por delitos de organización criminal, malversación de fondos públicos, fraude en la contratación, prevaricación, falsedad documental y blanqueo de capitales, cobraba de La Razón 4.500 euros mensuales por dos textos semanales. Ignoro si desde Soto del Real se le permite seguir practicando sus dotes escritoras en ese o en otros medios. Igual por eso lo primero que preguntó es si la cárcel tenía internet.

Además del agravio que supone para la profesión periodística, ya de por sí depauperada, precarizada y explotada (véase el reportaje de La Marea, Vergüenzas ocultas del periodismo español), me pregunto si ese dinero en realidad no se lo estamos pagando o se lo hemos pagado ustedes y yo mismo. Por vía indirecta, digo. De matute, que se decía antes.

Sigo remitiéndome a informaciones de la prensa alternativa, que es donde hoy se pueden encontrar respuestas a ciertas preguntas (en la tradicional, infectada de anunciantes que compran el silencio de sus prácticas irregulares, hace muchísimo tiempo que renunciaron a ello). Si desde el negociado correspondiente de la Administración Pública se le “regala” a ese periódico, y a otros de parecido calado, una publicidad institucional, a todas luces sobrerrepresentada en relación con la audiencia que tienen, se puede afirmar, sin riesgo de equivocarse, que los dineros públicos, que son de todos, van a parar a minorías que son del agrado del gobierno de turno y que, en buena lógica, le devolverán el favor con su correspondiente línea editorial. En plata, el sueldazo que Marhuenda le paga a Ignacio se lo estamos financiando entre todos, al darle más dinero del que le correspondería a través de los anuncios de las campañas publicitarias de los ministerios.

Algo parecido pasa con marcar la X de la Iglesia Católica en la declaración de la renta. Aquí hay dos cuestiones a considerar. Por una parte, hay un segmento de la ciudadanía, esa que antes denominaba como pagana, que está convencida de que la financiación de la Iglesia católica depende exclusivamente de los católicos que marcan la cruz. Siguen sin saber que el dinero que se destina a la Iglesia se paga entre todos, compartan o no esa confesión religiosa, y que “lo que determina quienes marcan la casilla es el monto que se da a la Iglesia Católica, no quién lo da”,  “puesto que el contribuyente que marca la casilla de la iglesia no paga más impuestos por esa razón ni tampoco ve disminuidos en ninguna medida los servicios, transferencias o deducciones fiscales a que tenga derecho”.

Y la otra cuestión también se puede dilucidar con un silogismo en bárbara: si, queramos o no, todos financiamos a la Iglesia con nuestros impuestos, y ésta destina buena parte de esos ingresos al sostenimiento de su cadena episcopal 13tv, ustedes -y yo, por supuesto- estamos financiando la programación que emite esa televisión y, en última instancia, le estamos pagando, pongamos por caso, a los Corcueras, Marhuendas, AntoniosJiménez y demás compañeros mártires de la extrema derecha, sus apariciones en las tertulias del prime time. ¡Manda carallo!

En resumidas cuentas, que decía mi abuela, por fas o por nefas, el sector pagano de la sociedad, sin saber a ciencia cierta qué se está haciendo con sus impuestos, está financiando a gentes o instituciones, que pueden ser muy dignas, muy mangantes o muy contrarias al interés general y al bien común, que de todo hay en la viña del señor, sin que su voluntad sea esa en modo alguno. Y es que en cuestión de dineros, como diría el poeta, es tanta su majestad, / aunque son sus duelos hartos,/ que aun con estar hecho cuartos / no pierde su calidad. / Pero pues da autoridad / al gañán y al jornalero, / poderoso caballero / es don Dinero.

La niña de la Expo

Los más jóvenes, obviamente, no la conocieron o eran muy chicos cuando sus padres arrearon para el Sur, a pasar calor por aquellos parajes. Pero en España hubo una vez una Expo Universal. En Sevilla. Hace 25 años. Y un AVE. Controvertidos ambos. Antes, durante y después de su celebración y puesta en marcha, respectivamente. En el caso de la Expo, además de la fantástica operación de imagen, para la ciudad y para el país, y de los réditos políticos para los gobiernos central y autonómico, del despilfarro de pabellones que fueron pasto de las llamas o abandonados y de los espacios que con el tiempo, y con buen criterio, se reciclaron para uso del personal, hubo gentes que vivieron del cuento de la Expo, de algunas corruptelas se habló y algunos aprovechados o listillos vieron la ocasión de hacer sus particulares negocios al calor de la eclosión mediática y jaranera que supuso el montaje. Pero todos estos años transcurridos no han servido para sacar a la región del secular atraso en la cuestión fundamental del empleo, causa primera de que la juventud andaluza tenga que emigrar a territorios más propicios a buscarse la vida. De las 15 ciudades españolas con mayores tasas de paro, 10 son andaluzas. Y, sin tanto ruido, lo que se ha demostrado en algunos otros lugares es que se puede y se debe hacer buena gestión de eventos multitudinarios, teniendo en cuenta criterios ambientales y de sostenibilidad, hoy mucho más presentes en la cosa pública que por aquel entonces.

Para el caso del AVE, nadie se acuerda hoy de las polémicas que por aquel 92 se daban en torno a su financiación, comisiones y chanchulletes varios. Ahora, todo el mundo dice que quiere un AVE a la puerta de su casa. Que se hayan cerrado líneas que prestan un servicio esencial en zonas desabastecidas de buen transporte público, no parece importar ya a casi nadie. Al menos, no hacen el ruido suficiente para que los escuchemos los demás. Ecologistas en Acción, y otras plataformas ciudadanas y organizaciones sociales, nos recuerdan que más que AVE lo que haría falta es “la mejora de los servicios públicos ferroviarios por sus enormes ventajas ambientales, económicas y sociales”. Y reclaman “la necesidad de un tren de calidad, accesible, asequible y de titularidad pública, cuyo objetivo primordial sea el de dar un buen servicio a personas usuarias y ser una alternativa a la carretera”.

La flor y nata de lo que hoy se conocería como la casta política se reunió hace unos días en Sevilla para felicitarse de lo bien que lo hicieron con la Expo, de cómo se lo pasaron, chico, de cómo pasa el tiempo, oye tú, y de la supuesta modernidad que se alcanzó con tal acontecimiento. Discursos tópicos, palmaditas en la espalda a los señores y besitos a las señoras, sonrisas de oreja a oreja y… mamoneo. Paralelamente, con la efeméride del AVE, la cadena SER, cómo no, perteneciente al mismo grupo del periódico cuyo director fue premiado con la medalla de oro de Andalucía por la señora presidenta de Triana, hizo su programa desde Sevilla. Con Felipe, naturalmente. Que todo quede en casita. ¿Habrían acordado previamente las preguntas con Alfredo, el flamante consejero de redacción del periódico?  Hay que ver cómo ha cambiado el país, dicen que dijo Felipe. Me imagino que se referiría al Estado, no al periódico. Maruja Torres, defenestrada por el periódico en el que había “militado” durante 32 años, hizo su particular crónica en el tuíter. Un compendio de periodismo en la mitad de caracteres que le permiten: “25 años de AVE, batallitas en la SER, por favor, una de naftalina para todos.”

Estoy seguro de que en ninguno de los dos recordatorios nadie echaría en falta a Carlos Cano y a su Verigüés Fandango. Merece la pena tararearla, especialmente el estribillo en inglés con acento y fonética granaína:

Maruja Pérez Limón, natural de Salipón,
de la provincia de Sevilla,
con más plumas que un zorzal,
y de cascos dislocá, jartica de Andalucía.

Una noche cogió el tren
y a los Madriles se fue con pena en el corazón.
Artista de porvenir, a servir fue a Chamberí,
y en la Ballesta acabó.

De Madrid saltó al Japón,
que la contrató Pulpón de artista fundamental.
Trabajó en un cabaret,
en lo alto de un tonel bailando por soleá.

Y en Nagasaki un inglés la puso a Havi Metal
y alucinó de color.
Y se fue pa Nueva York a triunfar en el rocanrol
igual que los Rolling Stones.

Verigüés fandango egüivare yu fandango,
guan tu tri fandango, bailando fandango fandango cañí.
Guan mor taim fandango, biutiful fandango
si yo me arremango, ay, míster fandango fandango for mí.

Maruja Pérez Limón volvió p’al 92 a la Expo de Sevilla.
Llamó a Jacinto Pellón no sé cómo lo lió qué atrincó una casetilla.
Un chiringuito montó pa enseñarles flamenco a los guiris con parné.
no naino naino nanó, no naino naino nanó, el fandango verigüés.

Farolillos de papel
sevillanas a granel
¡que viva el arte andaluz!

La niña por fin triunfó,
salió en la televisión una noche en Canal Sur.
Peineta, bata de cola, con la mantilla española,
¡que está de moda la copla, oye tú!
Señores pasen a ver, arsa que toma y olé, el fandango verigüés.

Entre el marketing y la corrupción

De toda la vida, este pobrecito se ha definido siempre como un afrancesado. No en vano, en la declaración de intenciones de este blog figura la simbología de los liberales del XIX que lucharon contra los absolutismos de los Borbones, y que también abrazaron los ideales de la Revolución de 1789 de liberté, egalité y fraternité. Que continúan vigentes dos siglos y pico después porque siguen estando pendientes de que se apliquen en toda su extensión en la vida cotidiana de las personas y de los pueblos. Por eso, hoy, el día después del terremoto político con epicentro en los cuatro puntos cardinales del país vecino, en el que todos -desde analistas de prestigio a cuñados tertulianos- evalúan, naturalmente, desde su particularísima posición interesada, los qués, los cuántos, los porqués y los quiénes, uno no se puede sustraer a hacer lo propio. Básicamente, porque tengo interés en dejar constancia de lo que pienso hoy, por si pierdo la memoria algún día. O para refrescármela. O para que en un mañana lejano, al menos los míos, sepan lo que se cocía en un diario de la época, que cada vez más se espacia en el tiempo para no repetirme en demasía.

A falta de lo que acontezca con las legislativas que se celebrarán el mes de junio, tal como yo lo veo es del siguiente modo:

  1. El turnismo, esto es la alternancia en el poder de la derecha conservadora de los republicanos y la izquierda del partido socialista, parece haber tocado a su fin. Esto nos suena bastante Pirineos abajo. En mi anterior post recogía un pequeño texto de un libro publicado en 2012 que anticipaba lo que sucedió el domingo: “Dos partidos que se reparten el poder desde hace cincuenta años, que fingen no estar de acuerdo en nada cuando lo están en casi todo“. En un programa de Salvados, Jordi Évole entrevistaba a un sindicalista incrustado en la candidatura del PS francés, que venía a decir lo mismo autocríticamente: no se puede ser muy de izquierdas cuando se está en la oposición y hacer las mismas políticas que la derecha cuando se accede al gobierno. Dicho en términos vulgares, no se puede prometer hasta meter y una vez metido, se olvida lo prometido. La gente ya no está dispuesta a comprar ese discurso embustero y deshonesto, que sólo quiere captar los votos para hacer lo que se le antoja a los poderes que realmente cortan el bacalao en el mundo globalizado.
  2. Por lo anterior, el derrumbe del partido socialista, ahora casi residual, se asemeja a su homólogo griego en casi todo. De cómo afronten su refundación dependerá su futuro. ¿Apoyarán la opción de centro derecha, que representa Macron, un alter ego de Hollande, del que fue ministro de economía e impulsor de la reforma laboral contestada masivamente? ¿Delegarán su reconversión en una salida de centro izquierda, encarnada por Hamon? En cualquiera de las dos salidas, por irreconciliables, el partido previsiblemente se rompería.
  3. La autarquía, la xenofobia, la nueva extrema derecha patriótica, que modula su fascismo original por un nacionalismo excluyente y seduce a una quinta parte del electorado, es y ha sido tradicionalmente el espantajo que agita el establishment para perpetuarse en el poder. Se inició esa burda utilización en tiempos de Mitterrand y aún continúa, ahora dicen que potenciado por el propio Hollande.
  4. Se puede afirmar con rotundidad que el triunfador ha sido el marketing, la mercadotecnia, el producto prefabricado por el sistema para que todo siga igual. Eso es lo que viene a ser Macron. Un señor banquero, que ejerció de ministro de economía con Hollande y que lleva un programa que representa el neoliberalismo hegemónico de la globalización. Austerité, como alguien ha titulado, la macron-economía a tope; liberté ma non troppo, y de la fraternité, pues sí, muy bien para los discursos, pero en la práctica el pueblo sufrirá sus consecuencias. Lo curioso del asunto es que aquí, en estos lares, los partidos de la tripe alianza tratan de apropiárselo descarada, burda y patéticamente. Rivera*, el que más, dice que Ciudadanos comulga totalmente con su ideología liberal. El sector susanista, o sea la derecha del PSOE, lo aplaude a rabiar, creyendo que así fustiga a su contrincante por la izquierda. Ignora estúpidamente que como el PSF se identifique en las legislativas como el partido macronista, su desaparición está servida. Y el PP, pues estos se apuntan a un bombardeo, aunque lo haga Trump, con tal de seguir chupando del bote gubernamental que tantos réditos económicos y políticos le están dando.
  5. Y dejo para el final a la formación de nuevo cuño de Jean Luc Melénchon. La France Insoumise, el futuro en común. Su éxito ha sido espectacular, según todos los analistas, de izquierda, centro y derecha. Su 19 y pico por ciento son bastantes millones de votos que se traducirán, con toda probabilidad en una excelente representanción en las próximas legislativas. Triplicar a su contrincante directo, el PS, del que proviene su líder, no es sólo un sorpasso, es una convulsión en el panorama de la izquierda, por mucho que aquí sean presentados como radicales, extremistas, populistas y otros istas similares a los que se suelen estilar con Podemos. Curiosamente, la adjetivación empleada denota la completa inopia en la que viven algunos, que no saben por dónde soplan los vientos del cambio global.  Es una buena noticia que la insumisión esté al alza en los países del Sur de Europa. Eso quiere decir que las políticas que vendrán desde Bruselas ya no podrán ser tan descarada e interesadamente germanófilas como lo han sido en la última década. Los pueblos así lo perciben y si lo que se desea es que la gente quiera más Europa, tendrá que ser, necesariamente, no se olvide, de otra manera, con otras políticas más sociales y menos patrocinadas por las grandes corporaciones y poderes financieros. Que la gente note en su día a día sus efectos positivos. Hacer lo contrario sería tender a su autodestrucción, en mi opinión.

Y mientras, aquí seguimos, con la corrupción nuestra de cada día, que nos aventura una sorpresa semanal y a veces diaria. Un grupo mediático, corrompido hasta las trancas, según se demuestra por las conversaciones interceptadas, que pretende hacernos creer que lo de Marhuender es una anécdota graciosa, simpática y hasta justificable por una cuestión de amistad. Grupo que por tierra, mar y aire, o sea, a través de La Razón, Onda Cero, Antena 3 y La Sexta, nos cuentan la película según le dictan su consejo de administración, silenciando que uno de los presos es nada menos que consejero delegado del periódico. Vamos, ni una sola palabra de ese rol institucional. Pero es que desde otros grupos y medios de la competencia, caracterizados precisamente por comportamientos similares (que se lo pregunten a Pedro Jota, o a Cebrián), no se cansan de darle estopa arrimando el ascua a su sardina de forma inmisericorde.

Ahora parece que la corrupción se terminaría con la dimisión de Esperanza Aguirre y con la expulsión del partido del enchironado expresidente autonómico y factótum durante quinquenios de ese mismo partido. Y que la guay del paraguay es la señora que farda, en un alarde de postfeminismo sin complejos, de ejercer de rubia para conseguir los favores de sus interlocutores. Señora que se quiere ir de rositas y que lleva la torta de años pinchando y cortando, quizás en menos proporción que sus compas de ejecutivas, consejos y gobiernos, pero con total responsabilidad solidaria en todos los tejemanejes que ahora se están descubriendo. La pregunta es: ¿hasta cuándo el pueblo español va a seguir tolerando la desvergüenza de esta gentuza?


* Las redes sociales publican el vídeo en el que Rivera ridiculiza a su portavoz en el parlamento europeo, Javier Nart, que había dicho que tuvieron una reunión Macron, Rivera y él mismo hace unos meses. No es que el tipo dijera que había sabido que se había producido una reunión. No, es que dijo que él había estado en ella. Y su jefe lo niega, lo deja con el culo al aire y añade: “si lo sabré yo, que no me he reunido”. En fin, la apropiación del ganador para fines partidistas muestra a las claras la impostura de los supuestos “regeneradores” de la vida política. Como decía el otro: es lo que hay.

Alonsanfandelapatri

El domingo se celebra la primera vuelta de las elecciones presidenciales francesas. Todo está en el aire. Veremos si el mejor competidor del reaccionarismo lepenista es la izquierda consecuente de Melénchon, el contemporizador Macron o el derechista Fillon. Acaso sean tiempos en los que, para situaciones similares, como ocurrió recientemente en los EE.UU., la gente prefiera elegir entre opciones más nítidamente enfrentadas y no, como decimos por acá, entre Málaga y Malagón. Pero eso todavía está por demostrar en más de un país y, aquí y ahora, con los vecinos del norte.

A lo que iba. Llevo una larga temporada leyendo a los mejores representantes del género noir francés. Hay quien dice que fue el poeta Jacques Prevert quien llamó negra por primera vez a lo que todo el mundo ya conoce como novela negra. Fred Vargas, Bernard Minier, Jean Claude Izzo, Jean-Luc Bannalec, Michel Bussi y Pierre Lemaitre, son autores de prestigio, reconocidos en su país y fuera de él, con una extensa literatura, que tengo trillada y que no solo aporta el interés narrativo del thriller, sino el conocimiento profundo de la sociedad en las que se insertan sus tramas, ya estén ambientadas en París, en la Bretaña, en Marsella o en Toulouse. Y que no son siempre policiales, por cierto, como bien atestigua el último libro de Lemaitre.

Con relación a este último autor, he leído todo lo que se ha publicado en España de su obra. La maestría, la solvencia, la buena literatura de Pierre Lemaitre, para mi gusto el mejor exponente de la narrativa francesa actual, hace que todos sus libros tengan un notable interés y sean altamente recomendables. El de Recursos Inhumanos, es el que más relación tiene con la crisis económica que venimos soportando desde hace una década. Las cuatrocientas páginas de vicisitudes que tiene que pasar un directivo parado son todo un compendio de thriller, humor, crónica social, reportaje periodístico y tratado sociológico. Una auténtica joya galardonada con el Premio de Novela Negra Europea y el Premio SNCF de Novela Negra. Si todavía no lo han leído, corran a la librería o a la biblioteca más cercana a pedir la vez. Transcribo un parrafito del libro:

“Catorce meses de paro. Y, en mi opinión, no va a salir fácilmente del agujero. Guéneau es como yo después de año y medio de paro. Se comporta como si todavía tuviese fe. Se agarra a ello. Me lo imagino dentro de seis meses revisando sus pretensiones a la baja en un cuarenta por ciento, dentro de nueve negociando un empleo temporal, dentro de dos años aceptando un puesto más bajo para pagar la mitad de sus letras hipotecarias. Al cabo de cinco años le pateará el culo el primer supervisor que se digne a mirarlo”.

Intercalar opiniones o reflejar el debate social y político en un relato detectivesco, policial o de suspense ya es algo consustancial al noir. Curiosamente, en una de las novelas de Bernard Minier, El Círculo, que se publicó en 2012, se recoge un diálogo que refleja muy bien el hartazgo de mucha gente para con su clase política y la encrucijada en la que se debate ahora ese país. Las concomitancias con la realidad española lo hacen más interesante. Dice así:

“La gente vota. Ellos creen que deciden… En realidad no tienen ninguna capacidad de decisión, ninguna, porque lo único que hacen es volver a colocar en el poder a la misma casta, elección tras elección, legislatura tras legislatura. Siempre se trata del mismo reducido grupo de personas que lo deciden todo por ellos […] Dos partidos que se reparten el poder desde hace cincuenta años, que fingen no estar de acuerdo en nada cuando lo están en casi todo. Hace cincuenta años que somos los dueños de este país y que vendemos al pueblo esta farsa llamada <<alternancia>>. Las cohabitaciones deberían haberles puesto la mosca tras la oreja, porque ¿cçomo pueden cohabitar dos poderes con unas opciones radicalmente opuestas? Pues no. El pueblo ha seguido tragándose la estafa como si nada, y nosotros, aprovechándonos de su generosidad […] Han olvidado que se debe representar la comedia, que hay que presentarse con un mínimo de discreción y de convicción. Se puede orinar sobre el pueblo, siempre y cuando este crea que se trata de lluvia.”

Y, por su parte, Jean Claude Izzo, en el primer libro de su trilogía marsellesa, Total Khéops, retrataba perfectamente a ese segmento de la sociedad francesa que es pasto de la identitaria concepción semiautárquica del Front National. Un parrafito:

“Todos sus rasgos eran blandos. En sus ojos, huidizos, ni una chispa de rebeldía. Amargados de nacimiento. Sólo sentirán odio por los más pobres que ellos. Y por todos esos que les comerán el pan. Árabes, negros, amarillos. Nunca estarían contra los ricos. Se veía ya lo que iban a ser. Poca cosa. En el mejor de los casos, los chicos, taxistas como su papá. Y la chica, peluquera. O dependienta del Carrefour. Franceses medios. Ciudadanos del miedo.”