Emblemas fronterizos

Leí este tuit en agosto: “En Asturias han asesinado a un concejal de IU, y la hipótesis que se maneja en este momento es que se trató de un asesinato premeditado, perpetrado por al menos dos personas y no personal, sino político. Pero la cosa no está generando ningún ruido más allá de Pajares. ¿Por qué?”.

Es de suponer que todo el mundo sepa lo que significa Pajares. Los asturianos, desde luego que lo saben. Y lo padecen. Es el accidente orográfico -y metafórico- que les ha impedido más de un avance en su desarrollo como comunidad.

En esa línea pensé que las fronteras interiores de un Estado no existen, pero haberlas, haylas. Y no las ponen precisamente los independentistas. Las ponemos la gente común, los habitantes de cada territorio con respecto a los otros, a los forasteros. No son barreras arquitectónicas. No tienen fielatos. No hay controles policiales. En realidad no suponen ninguna separación entre vecinos de uno y de otro lado. Son fronteras naturales y las gentes de ambos lados se mueven y acceden libremente del uno al otro sin cortapisas. Pero vaya si las hay. Aunque sean de pega. Un ejemplo muy visual. Si usted viaja en coche, por ejemplo, verá cómo cambian las calzadas de las carreteras cuando pasamos de una a otra. Incluso dentro de una misma comunidad, de una provincia a otra se notan si dedicaron recursos al asfaltado y cuidado de sus vías.

Son fronteras ficticias, culturales, seculares…. Pero mucha gente las siente como propias. Cuando alguien las atraviesa se convierte automáticamente en un “invasor” de su idiosincrasia, de su paisaje, de sus costumbres. Luego, según la hospitalidad de cada pueblo, te tratarán mejor o peor, pero eres el de fuera. Aunque, afortunadamente, la buena acogida de los forasteros suele estar bastante generalizada por la geografía de los pueblos ibéricos. Incluida Portugal.

Y hay símbolos, emblemas, iconos, que representan esa frontera entre unos y otros. En Asturias saben cuál es: “Seguramente si eres del norte o si vives con alguien que haya nacido más allá de Pajares…”

Y en Cataluña: “Una vez más he podido comprobar que el fet català sigue gozando de buena consideración más allá del Ebro”. O esta otra: “Al sur del Ebro, incluso muy al sur, vivimos los acontecimientos actuales de Catalunya con una particular mezcla de inquietud y desazón”.

O en el País Vasco (Por qué los nacionalistas vascos no han parado de perder votos y siguen ganando las elecciones):  “¿Tú te crees que sabiendo como están algunos del Ebro para abajo esperando a la mínima, van a ser tan imbéciles para jugársela?”

O en Galicia: “Siete días de negociaciones de las que se desprende que el Gobierno local de Marea Atlántica encuentra menos dificultades para alcanzar acuerdos cuando el interlocutor se mueve más allá de Pedrafita”.

O en Andalucía: “De Despeñaperros pa’ arriba y de Despeñaperros pa’ abajo”. Y, por su parte, el ínclito académico, que no es andaluz, reconoce también la fuerza de la imagen serrana. Lo escribía así en un artículo sobre Chiquito de la Calzada: “De Despeñaperros arriba, la historia necesita gracia. De Despeña-perros abajo, el chiste nos da igual.”

Para los extremeños de hace veintitantos años, antes de que las autovías surcasen aquellas tierras, la frontera y el obstáculo natural entre Castilla y Extremadura era lo que este articulista escribe así: “Hace años escribí que el túnel de Miravete es la frontera entre lo excelso y la mediocridad, porque todo depende de en qué lado del túnel se esté”.

Soledad Bravo, refiriéndose probablemente a otras fronteras, escribió y cantó que “entre tu pueblo y mi pueblo hay un punto y una raya, la raya dice no hay paso, el punto vía cerrada”. Pero seguidamente añadía: “Porque esas cosas no existen sino que fueron trazadas para que mi hambre y la tuya estén siempre separadas”. Pues eso.

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Derramar leche delante de niños hambrientos

Si en cualquier rincón la gente menesterosa, hambrienta y con gravísimos problemas de subsistencia, asistiera al derroche de los opulentos, de las toneladas de comida que a diario se tiran directamente a la basura en los países del Norte, los del primer mundo, los ricos, los desarrollados, o como quiera que se les denomine, supongo yo que a la desesperación que ya deben arrastrar se uniría un sentimiento de ira y de indignación. Si es que aún les queda mayor capacidad de mortificación.

Cuando se leen noticias en las que se informa de que España es el tercer país de la Unión Europea en tasa de riesgo de pobreza, con dos millones y medio de niños afectados (un 29,7%), y prácticamente pasan inadvertidas para el gran público, acostumbrado a deslumbrarse con cualquier banalidad que le cuelen en la caja tonta (o lista) de alienación y propaganda, vulgarmente llamada televisión.

Cuando para quienes trabajan en determinadas áreas urbanas, metropolitanas o rurales (sanitarios, docentes, servidores públicos y oenegés de todo signo), la realidad se hace insoportable por la impotencia de ver que la situación de las personas es penosa y que las cosas no cambian ni a la de tres.

Cuando todo eso sucede lejos y cerca, pero no lo vemos cada día porque nos lo ocultan sistemáticamente, piénsese en lo que era este país hace cien años y lo que podía sentir y sufrir la gente que lo pasaba mal por hambre, necesidad y pobreza.

Precisamente, se cumplen ahora cien años de la elección como secretario general de la CNT en Cataluña de Salvador Seguí, que llegó a decir a los suyos que la sensación que tenía asistiendo al discurso de un exaltado y demagógico Lerroux, en su primera etapa obrerista y anticlerical,  era como si viera “derramar leche fresca por el suelo delante de niños hambrientos”. Un hombre que sabía lo que era la pobreza, porque venía de ella, y que le sublevaba la realidad de miseria que tenía a su alrededor.

Acabo de terminar la biografía de este sindicalista, El Noi del Sucre, como fue conocido desde su primera militancia, siendo un crío, en los círculos anarcosindicalistas. Apóstoles y asesinos, un libro de 440 páginas de Antonio Soler, que nos cuenta no solo la extraordinaria y emocionante vida de esta personalidad del sindicalismo libertario, sino que describe toda una época, convulsa y terrible, de nuestra historia.

El libro tiene una lectura muy amena y apasionante, al tener una forma novelada, aunque está extraordinariamente documentado. Por allí aparecen y tenemos un fiel retrato del Companys de su primera época, de Leyret, de Lerroux, de Cambó, de Pestaña… Y de algún personaje cruel y violento (carnicero o asesino institucional, lo llama Antonio Soler, y el escritor Miguel Unamuno dijo de él que su mayor distracción era hacer degollar a las gentes en su presencia) como el gobernador militar, primero, y luego civil Martínez Anido, cuya trayectoria se prolongaría más tarde durante la dictadura de Primo de Rivera y aún como ministro de Franco. Y hay relatos brillantes como el episodio de la huelga de La Canadiense en Barcelona.

Desde mi punto de vista es absolutamente recomendable para quienes tengan interés en conocer un cachito de nuestra historia que, aunque esté situado en su mayor parte en Cataluña, tanta importancia tuvo en el devenir posterior de España. Eran tiempos de revoluciones en Rusia y de precuelas de lo que más tarde sería la dictadura de Primo de Rivera, la 2ª República y la sublevación militar seguida de la guerra civil.

Como se dice en esta página, “combinando todo lo anterior, el resultado es una obra maestra donde el autor recrea de una forma espectacular el terror que se siembra desde todos los bandos y que va envolviendo poco a poco la atmósfera de Barcelona hasta ahogar a quienes viven en ella, ya que el más mínimo motivo podía hacer que alguien acabara con una diana en la espalda, convirtiéndose en el objetivo de cualquiera de las partes.”

Y como también se dice en este otro blog, “lo cierto es que el libro puede leerse, en gran medida, como una novela de gánsteres o la crónica de una guerra mafiosa, que resultaría de lo más amena sino fuese porque, además de que hablamos de asesinatos reales, sabemos hoy que constituyó un antecedente claro del desquiciamiento posterior.”

Recojo a continuación algunas anotaciones hechas en la lectura de este excelente libro:

“Una huelga de metalúrgicos al lado de un piquete muy activo le acarrea la primera estancia en un calabozo. Son apenas unas horas de arresto, pero el Noi del Sucre sale de aquel cubil reforzado en sus creencias, engrandecido. Tiene quince años y ya empieza a considerarse a sí mismo un veterano de la lucha obrera. Cambian el nombre original (Els Fills de Puta) por el de Els Fills Sense Nom”

“El abogado Companys parece que quiera cambiar el mundo y hacerle la guerra a los de su propia casta. Así que obreros represaliados, militantes y trabajadores perseguidos por su filiación política o sindical empiezan a convertirse en su principal clientela. La intención de Pajarito es magnífica, los resultados aceptables, el negocio funesto. Unos clientes no pagan nunca y otros lo hacen tarde”.

Después de leer a Aristóteles, el Noi citaba con frecuencia las dos primera frases lapidarias de la Metafísica: “Todos los hombres tienen naturalmente el deseo de saber. El placer que nos causan las percepciones de nuestros sentidos son una prueba de esta verdad”.

Seguí “discute, aguijonea, escribe, no se conforma. Da charlas, participa en mítines semiclandestinos, polemiza, entra en cólera, apacigua, une, divide. Se agranda, crece, se multiplica. Se gana adhesiones incondicionales, lo persiguen críticas venenosas.”

Primera guerra mundial: “El beneficio que se obtiene con las exportaciones no se compensa con la importación. La guerra rompe la producción de materias primas que hasta antes del conflicto llegaban con normalidad y a un precio razonable a España. Esas materias primas empiezan a escasear. Los especuladores entran en acción. Explotan, estrangulan, obtienen unos beneficios desorbitados y los productos de primera necesidad se encarecen de un modo insostenible. Comienza el llamado ‘problema de las subsistencias’”

“Ya hay quien en la CNT lo mira de forma torcida.  Algún murmurador lo tacha de heterodoxo: El Noi del Sucre es un disconforme, un cajón aparte, escucha Teresa un día al azar, pasando por la puerta de la redacción de Tierra y Libertad. Un relapso, eso es lo que es.”

“Moderado, sindicalista por encima de anarquista. Desviado. Relapso, contumaz, rebelde, providencial, lúcido, insobornable. El Noi del Sucre ya está entre las dos orillas. Lo adoran o pretenden someterlo a cuarentena. No hay término medio”

“Al ejército se unen pequeños grupos del somatén. Som atents. Son burgueses muy conservadores, viejos carlistas, eso que luego se llamaría ultraderecha”.

Con la muerte del anarquista Castillo, miembro del comité nacional de CNT, “quedaba inaugurado el terrorismo de la patronal, conocido a partir de entonces como el Terrorismo Blanco”.

“Salvador Seguí comprendió la estrategia de la patronal con un solo golpe de vista. Escribió y habló. Se reunió con dirigentes anarquistas propensos a la respuesta violenta y a todos les recalcó que no mordieran el anzuelo. El Tero, Castillo, las palizas en los calabozos. Todo eso es un señuelo. Nos quieren en la calle, violentos, atacando. Quieren excusas para emplearse a fondo. Vamos a usar la cabeza. Vamos a ser fuertes. Más fuertes que ellos. Vamos a vencerlos”

“En su discurso en las Cortes, el diputado Francesc Layret i Foix había dividido a la clase trabajadora de Cataluña y de todo el mundo en dos corrientes fundamentales. Una partidaria de la evolución de los cauces legales y otra que cree que con estas vías legales los obreros no conseguirán nunca la transformación de la sociedad, porque los gobiernos y la burguesía recurrirán siempre a poderosos medios para dominarlos, obligándolos a acudir a los procedimientos violentos hasta llegar a predicar el atentado personal y el régimen de terror. Decía Layret que para poder juzgar a esos obreros había que conocer la realidad en la que vivían”.

Así se describe el desastre de Annual, en Marruecos: “Cientos de soldados sitiados en una fortaleza, a casi cincuenta grados, sin agua, van bebiendo primero las existencias de vinagre, la tinta de las oficina, su propia orina endulzada con azúcar y puesta a enfriar al frescor de la noche para disminuir la repugnancia. Luego, después de rendirse y de recibir la promesa de ser respetados, viene la matanza. Serán despiadadamente torturados y asesinados, los oficiales quemados vivos. En apenas cuatro horas son asesinados 2.500 españoles y 1.500 soldados indígenas adscritos al ejército de España. Pocas semanas después, el desastre se repetirá en el Monte Arruit. En esta ocasión la masacre se salda con tres mil hombres muertos”.

“Seguí reflexiona sobre la existencia de una sociedad paralela. Ya no se trata de que la clase obrera arrebate su lugar a la burguesía y sustituya a ésta como clase dominante. Históricamente, piensa, se ha demostrado que esa vía conduce al fracaso, a una derrota de los trabajadores. La experiencia confirma que no se puede acabar con la burguesía e inmediatamente desmantelar la sociedad capitalista. Así que la lucha debe ir orientada a crear una sociedad transitoria, paralela al capitalismo, coexistente con la burguesía pero que atienda preferentemente las demandas de los avasallados, propugne la equidad y reivindique la dignidad de todos sus miembros. Una sociedad que progresivamente avanza hacia la justicia”.

Neoesclavismo

Se extraña el economista Juan Torres (La esclavitud moderna, también en España) de que los medios españoles hayan ignorado el informe hecho público recientemente sobre el crimen de la esclavitud. No me extraña. ¿A quiénes interesa hoy que se hable de ese asunto tan desagradable? ¿A la banca y a las grandes corporaciones que dominan el capitalismo global e imponen la agenda de comunicación que sea más favorable a sus intereses? Algunos, incluso, de buena fe, o por ignorancia supina, llegarán más lejos y se preguntarán: pero ¿existen hoy día los esclavos? Veamos qué incluye ese informe, elaborado al alimón por una fundación privada y la Organización Internacional del Trabajo, en el concepto de esclavitud moderna:

Situaciones en las que una persona, mediante amenazas, violencia, coacción, abuso de poder o engaño, le quita a otra su libertad para controlar su cuerpo, para elegir o rechazar un determinado empleo o para dejar de trabajar. Todo lo cual puede manifestarse bajo formas diferentes: explotación sexual, trabajos forzados, tráfico laboral de adultos y de niños y niñas, niños soldados, matrimonios infantiles y de adultos obligados, esclavitud por deudas o la llamada esclavitud por descendencia, cuando una persona está condenada a permanecer en una de estas situaciones porque sus ancestros lo estuvieron”.

Ah, se dirá desde el cuñadismo más chabacano, yo pensaba que estábamos hablando de negritos, de látigos, de azotes, de grilletes, de cadenas, de mazas o de cepos. Y, claro, que se haya llevado al cine el excelente libro de Adam Hochschild, Enterrad las cadenas, situado en otro siglo ya lejano, tiene esas consecuencias: que mucha gente se crea que ese asunto tan feo de negreros y de brutal explotación brutal de seres humanos ya ha sido felizmente superado. Pero, claro, en la “neodefinición” que señala el informe traído a colación entran muchos millones de personas. Pues, naturalmente. Para algo se inventó el prefijo “neo”. Para enmascarar los males reciclados en nuestros días. Neoliberalismo, neofascismo, neocolonialismo… Neoesclavismo.

Los datos del informe, de los que se hace eco el profesor Torres, son demoledores. Se calcula que en todo el planeta hay “40,3 millones de personas en estas situaciones, de las cuales el 71% del total son mujeres y niñas, 10 millones son niños y niñas, 24,9 millones empleadas en trabajos forzados, 15,4 millones son esposas forzadas, y 4,8 millones son personas explotadas sexualmente”.

Y son cifras que, según el propio informe, se quedan cortas. Por ejemplo, nada más que en cuestión de prostitución, se considera que hay más de 40 millones de mujeres en el mundo sometidas de algún modo a un evidente “neoesclavismo sexual”. Dice Torres que el descubrimiento más relevante del informe “quizá sea que la esclavitud no se registra solamente en los países de menor desarrollo, sino que se produce también en los más ricos”. Porque el que Asia sea el territorio de la nueva esclavitud laboral, o que África tenga unas espeluznantes cifras de explotación infantil (en el trabajo de las minas a cielo abierto, la captación como niños soldado, o las mutilaciones y violaciones de niñas y mujeres), parece como si la gente lo tuviera asumido y lo percibiera como un asunto muy lejano del que no quiere acordarse. Pero es que las cifras de los países ricos son también dramáticas: “en Estados Unidos hay 403.000 personas esclavas, 167.000 en Alemania, 136.000 en Reino Unido y 1,3 millones en el conjunto de los 28 países de la Unión Europea”.

Y, yendo a lo más cercano, dice Torres que “el informe sitúa a España en el lugar 124 de los 167 países estudiados, lo que significa que está entre los mejores en cuanto al número de personas esclavas, pero peor de lo que nos correspondería si se exigiera correlación entre nivel de riqueza y ausencia de esclavitud. Entre nosotros hay 105.000 personas esclavas, sólo el 2,27% del total de la población, pero un número absoluto muy elevado que nos debería avergonzar y obligarnos a actuar. Sobre todo, sabiendo que nuestra tasa de vulnerabilidad o peligro de caer en esclavitud es mucho mayor, el 12,8%”.

No por sospechado, los datos dejan de parecer terribles. Que a día de hoy se den ese tipo de situaciones en los países supuestamente defensores de los derechos humanos y con sistemas políticos formalmente democráticos, es muy lamentable e indignante y exige una respuesta decidida desde los poderes públicos.

Hace dos años, el 23 de agosto de 2016, Día Internacional del Recuerdo de la Trata de Esclavos y de su Abolición, escribí un texto haciendo referencia al discurso leído en 1802 por el geógrafo, jurista y periodista turolense Isidoro de Antillón, eximio liberal (cuando esta palabra tenía el sentido progresista que tendría hoy, no el que quieren asignarle las derechas actuales) y diputado en las Cortes gaditanas que proclamaron la Constitución de 1812.

El texto, que se convertiría en uno de los más importantes y tempranos alegatos de la humanidad contra la trata de esclavos (piénsese que en España la abolición de la esclavitud llegó algo tardíamente en 1870, mientras que en Inglaterra se produjo en 1833, en Francia en 1848 y en Estados Unidos hacia la década de 1860), decía entre otras cosas lo siguiente:

No empezaré mi discurso amontonando razones en favor de la libertad, y demostrando con argumentos incontrastables toda la absurdidad, toda la injusticia de la esclavitud. Montesquieu no pudo resolverse a tratar con seriedad esta cuestión. Si él creyó, y con razón, que se degradaba y hacía poco honor a los hombres empeñándose en combatir tan sacrílega institución, más justamente podré yo persuadírmelo cuando hablo a un congreso de ciudadanos ilustrados acerca de la más horrorosa, la más vil de todas las esclavitudes. Si alguno se atreviese todavía, en medio del grito de la naturaleza y de las luces del siglo, a defender este infame sistema, no merecería más contestación, dice un escritor sensible, que el desprecio del filósofo y el puñal del negro. Así, paso a indagar el origen de esta esclavitud, que despuebla el África, riega con sangre de millares de infelices la América, y cubre de ignominia a la Europa.[…]

No se puede pintar sin horror, dice el elegante historiador de las dos Indias, la condición de los negros en el archipiélago americano. Sellados en el brazo o en la tetilla con la marca de su esclavitud, sufren el tratamiento más cruel; su alimento es escaso y mal sano; en la dureza de su cama más bien se desconcierta que reposa el cuerpo, y su vestido es un conjunto de roídos andrajos que anuncia a primera vista la opresión y miseria del que lo lleva. Los amos especulan sobre el exceso de su trabajo; su crueldad iguala a su avaricia; y no temen ni evitan la muerte de los que llaman arados vivos si el fruto que sacan de sus sudores cubre los gastos de la compra. Sus fríos e interesados cálculos han llegado a poner por axioma, que para salir ventajosos en el comercio de esclavos, deben estos a los 18 meses de su llegada a las Indias haberles dejado ya libres las dos terceras partes del coste.[…]

Tantas y tan duras calamidades como agravan las cadenas, ya de por sí insoportables, de la esclavitud, el azote siempre levantado del tirano que les hace trabajar, la imposibilidad casi absoluta de reproducirse en los negros, a quienes sus grandes privaciones y lastimosa condición alejan de los placeres más consoladores e irresistibles de la naturaleza, son las verdaderas causas de la increíble mortandad de éstos en las islas. Según algunos calculan, muere cada año una séptima parte de esclavos; según otros, de los que llegan anualmente muere la mitad a los tres años, y a lo más una cuarta parte deja posteridad. La codicia de algunos dueños, cuyo corazón sin duda se formó para ocupar el cuerpo de un tigre, llega hasta imponer el ordinario trabajo, con violencia y ferocidad, a los miserables negros, cuando atacados del pian y mal de estómago, dos enfermedades que les son comunes, se ven poseídos de una aversión por todo lo que es ejercicio tan irresistible, que prefieren perder la vida a palos a la ocupación más ligera. Parte por efecto de estas enfermedades, de las cuales la primera casi jamás se comunica a los blancos, y parte por el duro tratamiento que experimentan, es cierto que de 8 a 9 millones de negros que en diferentes épocas han recibido las colonias americanas, apenas quedan hoy un millón y 400 o 500.000.

Para mayores, con reparos

Hace nada menos que doce años, doce, escribí en la versión anterior de este blog un artículo (con el título de este post) sobre la controversia que hay en la sociedad a propósito de la prostitución femenina. Decía, entre otras cosas, lo siguiente:

Es sabido que hay, básicamente, dos tesis sobre este asunto. La tesis abolicionista y la contraria al abolicionismo. Grosso modo, la primera, que parte de que se trata de una práctica intrínsicamente degradante, es contraria a toda reglamentación de la prostitución (aunque algún manifiesto habla de legalización/despenalización, hay que recordar que en España no es delito y, por tanto, no hay que despenalizarla) y promueve penalizar todas las modalidades de proxenetismo, incluida la de los autodenominados “empresarios del sexo”, medie o no consentimiento de la persona prostituida, así como señala con el dedo al prostituidor/cliente, de quien dicen que es responsable con su demanda del desarrollo de la industria del sexo. Promueven un manifiesto* de 10 razones para no legalizar la prostitución, que puede consultarse fácilmente en la red.

La segunda tesis, también a grandes rasgos, sostiene que negar la evidencia del comercio de servicios sexuales es hipócrita, estúpido y favorece la explotación y la violencia hacia las mujeres, que la realidad no se puede abolir y añade que la tesis prohibicionista encubre argumentos morales, respetables en el ámbito privado de las creencias y las conductas individuales pero inaceptables en su extrapolación al ámbito de la ética pública o del derecho. Alguno de los que se han manifestado contrarios al abolicionismo, concretamente Frabetti, ha escrito lo siguiente: “Las medidas coercitivas directas, como la ley sueca que penaliza al cliente, tampoco son lícitas. ¿Quién y cómo puede determinar que una mujer que pasea por la calle, por muy ‘provocativamente’ que vaya vestida, es una prostituta? Y si yo me acerco a ella, o ella a mí, intercambiamos unas palabras y luego nos vamos juntos, ¿quién tiene derecho a entrometerse o tan siquiera a sacar conclusiones?” Y ha concluido: “Considero terrible que una mujer se dedique a la prostitución. También considero terrible que una mujer se meta monja de clausura, o caiga víctima de la depresión del ama de casa y ahogue sus penas en alcohol. ¿Podemos prohibir la religión, los conventos, el matrimonio, el alcohol…? Ojalá acabemos con todo ello, pero desde luego no será mediante ‘aboliciones’. Y mientras haya prostitución, matrimonio, religión y alcohol, tendremos que respetar la libertad de elección y los derechos de las trabajadoras del sexo, las monjas, las amas de casa y los alcohólicos.

El debate, pues, no solo está inacabado sino que, por mor del registro (según la ministra, indebido) de un sindicato de trabajadoras sexuales, está de nuevo servido. ¿Cómo concluirá?  Yo no me atrevo a pronosticar. Entre otras cosas porque todavía no he tenido oportunidad de asistir a un diálogo sosegado y reflexivo en esta cuestión. Las más de las veces he oído y leído argumentos expresados de forma maniquea y simplista, cuando no vociferante y desabrida. En otras ocasiones, las formas adoptadas por sus defensores/detractores han sido poco tolerantes, intransigentes, cuando no con un enfrentamiento brutal. Como en todos los procesos de cambio social, el conflicto es inevitable.

Como señala Juan Carlos Escudier, “Si, como parece, el Gobierno es partidario de la tesis abolicionista, puesta en práctica en varios países nórdicos, no es admisible la demora en ponerse manos a la obra. La solución sueca –castigar al cliente con multas y pena de cárcel- ha asestado un duro golpe a la trata, ha hecho desaparecer la prostitución en la calle y ha reducido drásticamente la explotación encubierta. Francia ha seguido recientemente este camino frente a la corriente legalista que considera la prostitución un trabajo que ha de regularse y que se mantiene en Holanda, Dinamarca o Alemania, focos de atracción del turismo sexual en Europa […] Considerar a las prostitutas como víctimas, entender que su actividad supone una vulneración de los derechos humanos y una forma de dominación, y culpabilizar a proxenetas y clientes no es suficiente. No basta con retocar el Código Penal. Se requieren ayudas y soluciones vitales para alejar a las mujeres de ese entorno”.

Lo que parece claro es que las cosas no están ni mucho menos claras. Ni en el propio ámbito de las prostitutas (a los prostitutos nunca se les oye, son invisibles), ni en el mundo de la mujer (hay feministas muy respetables y con gran solvencia en ambos bandos), ni en el de los hombres (los hay también que mantienen, con gran rigor y altura intelectual, las dos tesis); ni en el terreno de la política, ni en el de la judicatura, mundo académico o gestión municipal (véanse las declaraciones de la señora Colau al respecto) y, ni siquiera, en el ámbito estrictamente de moral religiosa. Cualquiera podría plantear que si se hubiera prohibido en su momento, Jesús de Nazareth quizás no habría tenido oportunidad de redimir la figura de María Magdalena.


* En 2016, el manifiesto era básicamente el mismo que en 2006.

Redondillas de una negociación

Leída la serie de artículos que viene escribiendo Julio Llamazares sobre la novela picaresca, acudí a la fuente original que cita, el Libro de entretenimiento de la pícara Justina, publicado nada menos que en el año 1605. Libro del que, dice el escritor leonés, los leoneses están orgullosos sin haberlo leído casi ninguno y que, como también señala, a pesar de las opiniones negativas que sobre el mismo se han dicho, tiene “una particularidad que lo hace único entre los de su género: se trata de la primera novela protagonizada por una mujer en la historia de la literatura española”.

Inspirándome en los versos que se recogen en el capítulo primero del libro cuarto, Del pretendiente tornero llamado Maximino, he parafraseado -o directamente calcado- los avatares de los candidatos a marido de la pícara mansillesa para parodiar cariñosamente las negociaciones que se están llevando a cabo entre el Gobierno del PSOE y el grupo parlamentario de Unidos Podemos. Espero contar con la licencia del autor, que en gloria o en donde fuere menester estuviese. 

Redondillas de una negociación en dos consonantes

Un enviado de Podemos,
por ir de menos a más,
quiso, chispa más o menos,
poseer de mí lo más.

Yo le dije que no hay más,
que lo mínimo es que, al menos,
acordar pudiera más,
y pedir debiera menos.

Dijo Podemos: Al menos,
no me quitarás jamás
que pretenda mucho más
de lo que quisieres menos.

Si así procedes, de hoy más,
tal es lo más, por lo menos,
ruégote vamos a menos,
no me niegues más y más.

Y si es extremo tu más
y es otro extremo mi menos,
estima menos tu más
y así valdrá más mi menos.

Sube un poco más mi menos,
baja un poco más tu más,
y con eso, desde hoy más,
Podemos no será menos.

Aquesto dijo Podemos,
y trescientas cosas más,
y aunque nunca exigió más,
nunca yo le diese menos.

Porque al ser él algo menos,
y yo también algo más,
creceré yo tanto más
cuanto él fuere de menos.

Capitalismo pasado por la túrmix

En los poemas que desde hace años nos manda cada día Ricardo a un grupo de amistades (nunca será bien ponderada la labor de antología de nuestro amigo), recibí hace algunas semanas el que más abajo reproduzco. Me gustó esa especie de pasar al capitalismo por la túrmix de la poesía. Para espíritus y estómagos delicados que no admitirían los epítetos que se merecen ese sistema criminal. El resultado de ese proceso, a mi modo de ver, brillante. Quise averiguar algo más de su autora y encontré otros poemas en esta web y una reseña de su último libro de poemas, Economía de guerra, en una revista de crítica literaria, que comparto con ustedes. Dos párrafos tan sólo.

Ana Pérez Cañamares es una de nuestras poetas españolas que con más saña realiza una crítica implacable de todo el sistema capitalista que todo lo envuelve, ese feroz neoliberalismo que nos recorta la existencia y los derechos, no en vano señala en uno de los primeros poemas del libro, Ya sé que no es dios –con minúscula-: es la Economía, para también afirmar que, Son buenos tiempos / para vosotros que nos robáis / el agua y el hielo / y lo guardáis en vuestro whisky“.

El trabajo es uno de los asuntos que suele tratar (“El trabajo que nos aleja de los que amamos, de los que queremos, por una mísera soldada que hipoteca nuestras vidas“). Otro es la naturaleza. No en vano, como dice el reseñista, “esta comunión con la naturaleza no es fortuita, ya que la salida a la crisis, más allá de sofisticada ingeniería económica, de complicadas recetas relacionadas con las grandes magnitudes macroeconómicas, la verdadera salvación vendrá a través de nosotros, de nuestro hermanamiento, de compartir la tan necesaria piedad que un ser humano debe de inspirarle a otro, no en vano Ana Pérez Cañamares afirma en un verso que podía ser estandarte de este libro: Si hay salvación, estará en la ternura”.

Capitalismo, de Ana Pérez Cañamares

El hombre seboso y trajeado se cuela en nuestra cama cada noche
después de follarse al universo viene a susurrarnos nanas
su obsesión por nosotros no descansa nunca
en nuestros sueños nos persigue
con su disfraz de perro, de vendedor, de cura
de espiga de trigo, de pistola en el bolsillo
su disfraz de muerte, su disfraz de vida

sé que tú le gustas con ojeras
yo le pongo cachondo cuando estoy cansada
me quiere flaca aunque me tienta con chucherías
y a ti elegante aunque te duelan los huesos

me empuja a emborracharme pero no por diversión
sino para olvidar
que mis horas de ocio se cierran siempre con balance negativo

cuando estamos a punto de enfermar por agotamiento
nos premia con unas vacaciones
y nos tiende los billetes como el cazador
lanza un hueso al galgo que ahorcará mañana

me instiga a desear cosas que no necesito
aunque él nunca tiene para mí un regalo

dice que mis enemigos son aquellos
que quieren lo mismo que yo
porque no hay bastante
nunca hay bastante para todos

y nos cobra por lo que no es de nadie
por el agua de lluvia
por el sol y la arena
por los claros del bosque
y los manantiales

secuestra a mi amor durante 10 horas cada día
y cada día me lo devuelve más viejo

con sus brazos lascivos abraza a mi hija
y yo grito ¡huye! -he visto los primeros signos de rendición
en su rostro inocente-
pero no sé mostrarle la puerta de salida

y más que mi felicidad, lo que a él le preocupa
es atisbar en mi cara un rastro de consuelo
que me permita llegar hasta la próxima tregua

cada día me pone café en los labios
para que aguante, y luego una pastilla
que me aplaque los nervios para que descanse y duerma
mientras él sigue haciendo conmigo lo que le viene en gana

(a veces se tumba sobre mí y yo con los ojos abiertos
miro al techo, y si se da cuenta me dice
que ya va siendo hora de pintarlo)

envenena la comida con que me alimenta
me prohíbe fumar mientras engorda mi ansiedad
y me quita los chupetes que podrían consolarme

provoca mi llanto
y después me obliga a maquillar las señales de la tristeza

si me pongo rebelde, ríe paternalista
cuenta que él también pasó por esa época
y mi rebeldía la rebaja a moda
que luce en camisetas los sábados por la mañana
cuando sale a comprar los cruasanes y el periódico

él me da detalle de cada asesinato, de todas las guerras
de las violaciones y los golpes de estado

pero tanta información me deja sorda y ya no escucho
los crujidos ni los llantos en voz baja
las señales del desmoronamiento

y él calla que cada muerto, cada herido
las mujeres violadas y los que sufren torturas
todos recibieron su visita antes de convertirse en lo que son ahora

se zafa de las culpas con promesas
pero yo sé que una palabra suya
bastará para condenarnos

y si desaparece es para espiar a salvo y oculto
en los bares, en los hoteles, en los baños, en las celdas

tengo que darle las gracias porque
¡tú eres una mujer moderna!, grita animoso
de las que habla inglés, trabaja en casa y en la oficina
va al gimnasio y aparenta menos edad de la que dice el dni
tienes nociones de pedagogía aunque apenas veas a tus hijos

y además fuiste bendecida con una vocación
para que puedas sentirte mejor que otras
(y yo callo que yo no quiero ser artista
si eso va a convertirme en diferente
porque ya me siento lo bastante sola
y no quiero competir en más carreras)

si muestro debilidad, susurra, todos querrán aprovecharse
(como si él dejara algo para los otros)
mejor será que despliegue arrogancia
(con todos menos con él)

de todo me habla pero no de quién recogerá los restos del naufragio
ni en qué lugar nos reuniremos los náufragos para organizarnos
para hacer un fuego, compartir la comida y quitarnos el frío

aunque antes hay que hacer acopio de fuerzas
para no abandonarse cada uno en su rincón

Un día, no sé cuándo, yo le voy a cobrar
sus cadáveres, las humillaciones
el secuestro de la inocencia
el expolio de los sueños

yo le voy a cobrar, no sé cuándo

y la primera puñalada que le voy a meter
va a ser por las caricias que no nos dimos
por los polvos que no echamos
tú y yo
cada vez que se cuela en nuestra cama
y nos dice que mañana, mañana, mañana
mañana el despertador sonará a las 6:30

y veinte minutos más de sueño
nos hará mejores soldados a su servicio

Te lo juro, mi amor. Una puñalada
por cada polvo que nos robó
y luego ya el resto, por los presos, por los indigentes
por los que dejan atrás casa y familia
por el dolor que no merecemos sufrir ni ver
por los campos arrasados
por los animales que se hacinan
por los niños que trabajan
por los ojos que se cierran por el cansancio y la muerte
por el tiempo que no volverá
por la vida que nos robaron
por la vida
mi amor
por la vida

Jerga y transparencia

Vivimos tiempos de transparencia. O eso dice las administraciones, las empresas, las corporaciones, la política, el deporte. A todo el mundo se le llena la boca con el término y todos exigen su cumplimiento, como si solo bastara con eso para acabar, por ejemplo, con la corrupción. Porque siendo cierto que ésta se combate con transparencia, también lo es que se debe complementar con otras medidas como la rendición de cuentas, la supresión del oscurantismo de los poderes públicos y por ende el acceso a la información pública en eso que se llama gobierno abierto, etc., etc. etc.

Supongo, en cualquier caso, que su significado no será igual para todos. A mí me gusta una de las acepciones de transparente. Esa que lo define como “claro, evidente, que se comprende sin duda ni ambigüedad”. Todo lo contrario de las jergas a las que nos tienen habituados las distintas profesiones que cortan el bacalao en sus respectivos ámbitos. Empezando por la jurídica, que utiliza un lenguaje para entendidos en materia de legislación, autos y sentencias judiciales, etc.; la económica, que hace lo propio con los saberes que solo dominan unos pocos expertos en la materia, se supone que para así mantener en la inopia a quienes son o deberían ser el objeto de todos sus desvelos (todo para el pueblo pero sin el pueblo, que decían los déspotas ilustrados); o la llamada clase política, que pone de moda latiguillos y expresiones que difícilmente pueden conectar con mucha gente que, por eso y por otras cuestiones, se alejan justamente de quienes deberían cuidar hasta el extremo la comunicación con la ciudadanía que tiene que votarles cada cierto tiempo.

Porque parece obvio que el lenguaje claro, sencillo, promueve la transparencia. Y el abstruso, el ininteligible, el críptico y arcano generan desconfianza, incertidumbre, ansiedad y desapego de las personas hacia las instituciones y las personas que lo formulan. Le escuché decir a Adela Cortina, catedrática de ética y filosofía política, que “sin el lenguaje claro y llano en determinados sectores no existen sociedades democráticas”. Cuestión que necesariamente debe ir acompañada con la coherencia del discurso. Porque, como también dice la catedrática mencionada, «si los mensajes son claros, pero hay contradicción entre lo que se dice y lo que se hace o lo que se pretende hacer, la confianza de los afectados se evapora con toda razón. Y la confianza es el principal capital ético de los países, difícil de conquistar, fácil de dilapidar».

Pues bien, en esas estamos cuando desde los discursos de quienes tienen la capacidad de formar opinión y de influir en la que mucha gente tiene, desde los movimientos sociales, desde quienes actúan para cambiar el status quo, de por sí manifiestamente mejorable, se vienen utilizando vocablos nuevos, expresiones que en mi opinión resultan incomprensibles para mucha gente. Aunque esto es un juicio de valor no contrastado empíricamente.

Me fijaré en tres conceptos: empoderamiento, resiliencia y sororidad. Así, en el orden en el que yo los he conocido. El primero de ellos hace referencia a la acción de “hacer poderoso o fuerte a un individuo o grupo social desfavorecido”. Se suele utilizar para describir las actuaciones que se llevan a cabo desde los poderes públicos, los movimientos sociales, las organizaciones no gubernamentales, en favor de grupos vulnerables de la sociedad, de colectivos desprotegidos, discriminados secularmente, que son objeto de explotación o de agresiones a su modo de vivir, de expresarse o de relacionarse con los demás. Dos ejemplos: las minorías étnicas o las mujeres, tradicionalmente relegadas en la sociedad patriarcal.

Con la resiliencia (término que proviene de la física) se describe la “capacidad de adaptación de un ser vivo frente a un agente perturbador o un estado o situación adversos”. Eso se ha llevado al seno de las organizaciones y, así, se dice que una institución, un organismo, un colectivo es resiliente si sabe adaptarse a un entorno que no favorece su existencia ni mucho menos su consolidación y crecimiento.

La sororidad aparece con el movimiento feminista. Ni siquiera el DRAE ha sido capaz de incorporarlo todavía. En la Fundéu definen el término como válido para aludir a la relación de solidaridad entre mujeres.

Sucede, empero, que cuando escuchamos a quienes normalmente tienen acceso a los medios de comunicación –periodismo y política van de la mano en este caso- emplear esos vocablos hay que hacer un esfuerzo para ir traduciendo mentalmente lo que nos quieren decir. Muchas veces ni nos enteramos. Otras, sencillamente, desenchufamos porque parece que nos están tomando el pelo. ¿Por qué no se hace pelín de pedagogía? ¿Por qué comunicar como si todos supieran de lo que se habla? ¿Por qué seguir empeñándose en utilizar la jerga, reservada a una minoría, cuando eso aleja a la ciudadanía de su emancipación?

Publicidad marxista

Es conocido, al menos por un segmento ilustrado de la sociedad, el viejo principio de don Carlos Marx que viene a decir que “de cada cual según sus capacidades, a cada cual según sus necesidades”. Quienes también parece que lo han tenido en cuenta han sido los encargados de colocar la publicidad en según qué programas radiotelevisivos. Les citaré tres anuncios radiofónicos, pero podrían ser muchos más. Por cierto, este sería un buen tema para el estudiantado de las facultades de Comunicación.

Uno es ese en el que una señora le dice a su pareja, “oye cariño, aprovechando que este fin de semana nos vamos a la casa de la playa, he llamado a los de la compañía equis para que instalen una alarma; así estamos más tranquilos…”.

El segundo se refiere a una casa de apuestas y aquí los protagonistas son los propios periodistas deportivos, que cada dos por tres te anuncian la casa de fulanito, “donde apuestan lo que apuestan desde mil novecientos…”.

En el último se anuncia un hotel para que vayas con tu pareja con discreción y privacidad: “No verás a nadie y nadie te verá”.  “Disfruta con tu pareja de momentos inolvidables, con sauna y jacuzzi en la habitación”.

Vayamos por partes. El primero de ellos lo colocan a cualquier hora. Mañana, tarde y noche, que hay que pillar al público femenino o masculino cuando esté en casa, a la hora que sea menester. Los miedos a ser robados de la clase media acomodada (con casa en la playa) no tienen horario y se disparan a tenor de la proliferación de este tipo de anzuelos. Estoy seguro que unos cuantos espabilados están haciendo un buenísimo negocio jugando con la inseguridad y los temores de la peña. ¿Se habrán terminado los robos en los domicilios cuando ya estén conectados a la alarma de la seguridad privada los 18 millones de hogares existentes? Y después, ¿qué inventarán para seguir haciendo negocio con los canguelos ancestrales de la gente a perder lo poco o mucho que tengan.

El segundo, obviamente, está insertado en esa masa de radioescuchas, mayoritariamente hombres, que sigue con atención el carrusel de goles que se marcan en los campos de fútbol. Momento ideal para inocularte el gusanillo de la apuesta.  Da igual donde estés, vienen a decir, si estás ahora con la tablet, el móvil, el ordenata, por cualquier sistema puedes probar. Por cada eurito que apuestes, puedes conseguir cinco, diez o veinte eurazos. ¿Quién se resiste a dejar de ganar unos cientos de esa manera tan segura? Ah, eso sí, “siempre con responsabilidad”, terminan siempre su mensaje, obligados por el código de conducta de las comunicaciones comerciales de la actividades de juego. Lamentablemente, de vez en cuando salen informaciones que no dejan en muy buen lugar este tipo de apuestas.

El tercero tiene toda la pinta de estar dedicado a todos aquellos machotes (alguna mujer podrá sentirse aludida, pero me creo que sus destinatarios no son principalmente ellas) que tienen preferencia por echar una canita al aire de vez en cuando. Se inserta en un programa deportivo de mediodía (¿qué tipo de público masculino escucha la radio en esa franja horaria para que hayan decidido ubicar ahí su reclamo?) y anuncia un hotel alejado de la ciudad, en donde “nadie te verá y tú no verás a nadie”, entrando directamente desde el parking a la habitación… Ya me dirán. Un picadero de lujo. Por horas o por días enteros. Además, en la página web te ofertan que si consigues echar 15 polvos en sus habitáculos, te regalan el decimosexto. Bueno, así tan basto no lo dicen. Y, pásmense, otra de las advertencias es que “no se permite bajo ningún concepto la entrada de más de tres personas a las habitaciones (siendo éstas dos mujeres con un hombre, nunca dos hombres con una mujer, atención)”. En fin.

El relato de Fidel

Le dejo a sus detractores los epítetos más abominables.  Hay quien directamente preferiría que no existiera. La reproducción viral de la maldita hemeroteca es para muchos un auténtico quebradero de cabeza y de insomnios perversos. Para mí, sabiendo “quebrantar la mies tendida en la era y separar el grano de la paja”, el tuíter es una fuente de información heterogénea de primer orden y, como verán, de solucionar cuestiones domésticas.

Construyendo su relato

Vayamos a lo primero. Con el tuit de un tipo que ha eliminado su perfil y por ende lo que tenía escrito, se puede apreciar la estrategia que muchos ansían que sucediera en Cataluña. El fulano respondía a la acción llevada a cabo por el partido Ciudadanos en Reus de arrancar (los periódicos hablan de retirar o sustraer) una pancarta del ayuntamiento que no era de su agrado. Y escribía: “La acción es buena. Muy buena. Hay que forzar la reacción violenta de los independentistas. El relato de rotura social lo tenemos bien construido pero faltan actos de violencia suyos donde consolidarlo. Al final saltarán, es cuestión de insistir”. Transparente, ¿no?

Fidel

El Ministerio de Agricultura publica un tuit que, entre imágenes de fuego, decía “Ya lo decía Fidel en 1988… Si eres mi amigo, combate el fuego conmigo #StopIncendios”, haciendo referencia al personaje del conejo Fidel, símbolo de la protección de los bosques en España durante los 70-80.

Pues bien, la gente de Ciudadanos, que está a la que salta, entró al trapo confundiendo el culo con las témporas. No es la primera vez que caen estrepitosamente en el error. En esta ocasión, dos de sus dirigentes, Marta Rivera de la Cruz y Juan Carlos Girauta, creen que el Ministerio está haciendo algo así como apología del cubano presidente Fidel Castro y patinan en sus retuits.

Como no hay solo dos tontos, otro que tal baila en la caverna, un tal Hermann Tertsch, desbarra en su infinita estupidez: “Mucho antes que Fidel, que solo generó miseria, lo de combatir el fuego lo dijo Franco que repobló forestalmente como nadie en la historia de España. Y construyó los pantanos para llevarles agua, con incendio y sin ellos. El ministerio de agricultura de España debería saberlo”. Como ha escrito Máximo Pradera, “Es lo bueno de las personas hiperagresivas como Tertsch o Girauta: que saltan antes de pensar, como si tuvieran un cepo por cerebro, y te pegas unas jartás de reír”.

Ronaldo

El diario Público titulaba “Cristiano Ronaldo Hacienda acepta el pacto de Cristiano Ronaldo con la Fiscalía: pago de 19 millones y dos años de cárcel. El jugador no entrará en prisión a cambio de declararse culpable de cuatro delitos fiscales”. Y servidor escribió: “¿Se le puede ya llamar delincuente a este sujeto, ídolo de millones de niños en el mundo? ¿Y a los periodistas que lo ensalzan, qué les podemos decir, ilusos, ineptos o mantenedores del tinglado de la antigua farsa de la superestructura futbolera?”.

Días después, el mismo diario decía: “Hacienda devuelve dos millones de euros a Cristiano Ronaldo. La devolución deriva del pago de IVA por la cesión de sus derechos de imagen, que Hacienda considera que el delantero realizó el pago sin tener obligación legal de hacerlo”. Un tuitero lo resumía magníficamente a su manera: “Una de las mayores estafas en España. Hacienda le ha devuelto hoy 2M€ a Cristiano Ronaldo. Ocultó 150M€ en paraíso fiscal, defraudó 26,7M€ y ha tenido que pagar una multa de solo 16,7M€. Su fraude fiscal le ha salido a devolver (+10M€)”.

Porque en esta historia están los delincuentes, llámense Ronaldo o Messi (el abogado del Estado en el juicio a este último lo llamó “el capo de una estructura criminal”), y la corte de periodistas que le hacen la ídem, poniéndolos como ejemplo a la chavalería. ¡Vaya tropa!

Aguado

Otro ciudadano de pro, preocupado por “el pequeño comercio” de boquilla y favorecedor de las leyes y reglamentos (por ejemplo, de horarios) que privilegian a las grandes superficies. Se trata de un diputado en la Asamblea de Madrid que publica el siguiente tuit para denunciar a los manteros: “La dejadez de Carmena permite que las mafias hagan su particular agosto en Madrid. Está en juego la seguridad ciudadana y la economía de los comercios que sí pagan sus impuestos.”

En la foto que ilustra la denuncia se puede apreciar que la gente viste con ropa de abrigo, a pesar de que señala que tal cosa sucede en agosto. Publicar en la redes sociales inconsistencias es un riesgo que mucha gente no pasa por alto. Algunas de las réplicas al diputado son buenísimas. Vean, vean.

Afeado el comportamiento, al diputado escaldado no le quedó más remedio que enmendarse con otro tuit, ahora pidiendo fotos para denunciar la avalancha. No se pierdan las respuestas.

A esta gente, como no tienen bastante con la matraca de las personas inmigrantes, del acercamiento de presos y del procés, tienen que seguir buscando asuntos que suponen que conectan con la gente de orden. Ahora les ha dado por hacer una campaña contra un colectivo que se tiene que ganar la vida como puede, porque no tiene otra forma de ganársela. A ver si se enteran de una puñetera vez. ¿Habrán leído acaso esta información?

Manzanares

Primero en El Salto y después en el tuíter de Santiago Martín Barajas, se denunció a principios de julio el cierre de la presa número 9 del Río Manzanares, por interferir gravemente en el proceso de renaturalización que se había iniciado hacía meses.

Desde ese momento, un sinfín de tuiteros ecologistas se movilizaron en las redes para pedir la apertura de la presa y la vuelta a que las aguas discurrieran como venían haciéndolo hasta su cierre, básicamente para no dañar la fauna y la flora que en el río habían renacido con el proceso regenerativo que se estaba llevando a cabo en colaboración con el Ayuntamiento de Madrid.

Yo tampoco me pude sustraer a la polémica y escribí un tuit: “Joan Baez podría sumarse a la protesta: La presa número nueve hay que abrirla, pero ya. / Está dejando a este río como si fuera un canal. / La fauna va a fenecer, la flora no brotará / ¿Por qué murió tanto pez y los pájaros se van?”.

Mes y medio después, la protesta ciudadana y ecologista ha tenido resultados y las aguas han vuelto a su cauce. El ayuntamiento atiende así las razones esgrimidas. El propio Martín Barajas ha escrito: “Por el tramo del Manzanares que hasta hace unos días estaba embalsado, ya corre el agua limpia y se ve el fondo. Se observan ya algunas aves. Los contornos de las islas se han mantenido y esperemos que en las próximas semanas se cubran de nuevo de vegetación. La vida se recupera”.

Por mi parte, he vuelto a escribir sobre el particular: “Joan Baez, contenta, parafrasea y versiona su vieja melodía: “La presa número 9 dice Inés que la abre ya. / Ha costado casi un mes, pero al fin el agua va. / La fauna vuelve a nacer, la flora germinará. / Que las canoas son guays, pero siempre en un canal, / que el Manzanares es un río que hay que regenerar / y que precisa del agua continua y sin embalsar”.

Iberdrola

Aunque hay cauces supongo que más efectivos, la denuncia o la crítica a las empresas, corporaciones y servicios públicos también surte efectos en el tuíter. En julio escribí esto: “He tenido que rehacer 3 veces lo que estaba escribiendo por culpa de otros tantos cortes de luz de @TuIberdrola. ¿Qué pasa, que hay tormentas en la sierra madrileña que repercuten en la urbe? ¿Que se dispara el consumo de aire acondicionado y las subestaciones colapsan?”. Inmediatamente, la empresa me respondió interesándose por el problema: “Hola, Pierre. Desde aquí somos la comercializadora y no tenemos información sobre las incidencias en red. No obstante, si nos facilitas tu dirección por privado, podemos consultar a tu distribuidora de zona cuándo prevé que el servicio se restablezca”.

Ayuntamiento

Del mismo modo y aunque en la denuncia tuitera hacía referencia tanto al ayuntamiento como a la Comunidad de Madrid, (“Carretera de Castilla: parada bus @MADRID con basura acumulada cuya recogida es competencia de la @ComunidadMadrid. Un verdadero asquito insalubre”), el ayuntamiento me contestó rápidamente: “Buenos días, ponemos en copia @Lineamadrid para que tome nota de su incidencia. Gracias.” y más tarde Línea Madrid añadía: “Buenos días, ¿Podrías concretarnos a que altura de la carretera de castilla se encuentra la incidencia? Gracias” y “Hola, comunicamos la solicitud de limpieza con número de aviso 5181754. Gracias. Un saludo”.

Naturalmente, la institución que es la responsable de la limpieza, la Comunidad de Madrid, ni se dignó contestar. El community manager debe de estar de vacaciones o no se entera. En fin, la distribución competencial que no cesa en una carretera comarcal con autobuses urbanos.

La publicidad del famoseo

Una de las ventajas que tiene no ver apenas televisión es que no tienes que tragarte la sarta de anuncios publicitarios que te venden cualquier cosa. En realidad, no te puedes sustraer a su cansina influencia. Nada más enchufar la radio, empiezas a zamparte mogollón de cuñas publicitarias en la radio, salvo que estés todo el rato cambiando el dial. Excepto en la pública estatal, las emisoras privadas (o sea, todas menos una) están infectadas de anuncios que no solo promocionan productos sino servicios. Y reproducen, explícita o implícitamente, valores. Por supuesto, los dominantes en la sociedad que vivimos.

A este afán, se dedican famosetes de medio pelo, o de pelo entero y la última moda es la de los y las periodistas, que ejercen además de conductores de programas radiofónicos de las principales cadenas, que se apuntan sin pudor a la tarea vendedora. Pepa Bueno (dando pie cada día a doña Rosa Márquez, inconfundible voz del cortinglés), Carlos Alsina (he perdido ya la cuenta de lo que vende este señor), Carlos Herrera (no lo escucho, pero recuerdo cuando nos contaba las bondades de Gilmar) y Matías Prats (este en TV era la imagen de un banco, ahora no sé por dónde anda).

Que cada uno se gane la vida como pueda es un asunto que me tiene sin cuidado. Igual me sucede con quienes se declaren forofos de los anuncios o que sigan las consignas publicitarias. Literalmente, me la refanfinfla. Pero prestar la jeta dando las noticias de Kim Jong-un, de Trump, de Maduro o de Torra y al mismo tiempo, sin solución de continuidad, colarnos las bondades de un banco, de un vino, de la renfe o de una inmobiliaria, pues como que no me parece demasiado ético, desde el punto de vista exclusivamente periodístico. Allá cada cual con su toma de conciencia particular o con dormir tranquilamente con ella.

El profesor Carlos Taibo inició hace ya algunos días una campaña en Facebook y en Twitter, con el hashtag #FamososPublicidad, “que atiende al propósito de llamar la atención sobre la lamentable condición de los ‘famosos’ que hacen publicidad”. Y en el tuit inicial añadía: “Mucho agradeceré que, si a bien lo tienen, difundan su contenido”. Como me parece plausible, a ello me pongo.

Los tuits que él mismo ha ido publicando tienen todos idéntica estructura. Menciona a la persona anunciante, indica su profesión y el producto publicitado y terminan todos con la siguiente frase: “Cobra por engañar a la gente”. Obviando esta última frase y el comienzo común (“Se llama…”), por reiterativos, reproduzco unos cuantos tuits:

Se llama Pedro Piqueras y es presentador de televisión. Pone su rostro y su voz al servicio de una empresa que produce caldos supuestamente caseros.

Susanna Griso, presentadora de televisión, experta en manipulación indisimulada. Pone su rostro y su voz al servicio de empresas que anuncian yogures y pastas.

Ana Rosa Quintana, presentadora de televisión, promotora del pensamiento crítico y plagiadora profesional. Ha puesto su rostro y su voz en un anuncio de una empresa de yogures.

Imanol Arias, actor. Muy polifacético, tanto pone su rostro y su voz en provecho de una óptica como anuncia una marca de atún. Mientras defraudaba a Hacienda, pidió en un spot que se marcase la X solidaria.

Carlos Sobera. Es filósofo del encuentro y presentador de televisión. Ha puesto su rostro y su voz en un anuncio de una entidad financiera y ha enunciado las virtudes de un producto que supuestamente mejora la salud.

Se hace llamar Ana Belén. Cantante y actriz, mito de la progresía, ha puesto su rostro y su voz en anuncios de una entidad bancaria y de una empresa de yogures.

Cristiano Ronaldo, futbolista profesional y experto en asuntos fiscales. Pone su rostro y su voz en un anuncio de una firma de maletas (y en no se sabe cuántos negocios más).

Alaska, animadora sociocultural. Pone su rostro y su voz en un anuncio de una institución de loterías que explica al espectador que puede ser millonario. Pone su rostro y su voz en un anuncio de una “cuenta nómina”.

Rafael Nadal, tenista profesional. Ha puesto su rostro y su voz en anuncios de productos deportivos, ropa y entidades bancarias.

Antonio Banderas, actor. Pone su rostro y su voz en un anuncio de una marca de perfumes de su propiedad. Cobra por engañar a la gente.

Se llama Xabi Alonso y ha sido futbolista profesional. Ha puesto su rostro y su voz en anuncios de una firma de trajes.

El propio Taibo, días después, explicaba: “La iniciativa de denuncia de los famosos que hacen publicidad va subiendo enteros. Les invito a identificar más figuras que reúnen esa condición y, si les parece, a retuitear los mensajes”.

Y en otro tuit señalaba: “La iniciativa de denuncia de los famosos que hacen publicidad tiene sus detractores. Todos ellos se agarran a un mismo palo: el del desprecio que les merecen los estúpidos que se dejan influir por los famosos. De éstos, ni palabra. Será solidaridad entre castas”.

Otros tuiteros se han sumado a la iniciativa y han publicado los nombres de los bustos parlantes, o silentes, que han hecho lo propio. Recojo los más significativos:

  • Jorge Javier Vázquez y Belén Esteban, “que hacen publicidad de una empresa de bingo online”.
  • Messi, participante con sus compañeros en una campaña de publicidad para empresas de apuestas. Señala el tuitero que “así fomentan la ludopatía que afecta a 500.000 personas en España”.
  • Otro tanto con Vicente del Bosque o Iker Casillas: “¿Qué necesidad tenían de manchar su imagen fomentando la ludopatía en un anuncio?”
  • Bertín Osborne, “se publicita promocionando la usura de los créditos rápidos, es un patriota con offshore en Panamá”.
  • Ana Duato, “dio su cara para anunciar unos yogures dirigidos a mujeres, de una multinacional nacional francesa que tuvo que pagar millones por exagerar los beneficios de uno de sus productos. Pagó 970000€ tras una inspección de Hacienda”.
  • Pau Gasol. “Presta su imagen para el anuncio de un banco”.
  • Susanna Griso y Matías Prats. “Utilizan su credibilidad periodística para colarte pasta cara y productos bancarios. No les tomes en serio”.
  • Concha Velasco, “está muy concienciada con las pérdidas de orina”.
  • Clara Lago y Dani Rovira, actores, “dando la cara a las Rebajas del Corte Inglés, esa empresa que tiene al sindicato amarillo Fasga gracias al cual han conseguido un convenio basura. Trabajadoras currando gratis los festivos, etc.”
  • Jesús Vázquez “da la cara para Grupo Danone esa empresa que está recibiendo boicot en Marruecos por la subida de precio de sus alimentos y que fue sancionada por publicidad engañosa”.
  • Carmen Martínez Bordiú, “nieta del dictador Franco, esa que se jacta de no haber currado en su vida y actual marquesa de Franco, poniendo su cara, que tiene mucha, a cremas que se venden en teletienda. Parece que ser nieta de un asesino tiene tirón”.