Fútbol y poesía (1)

Que se puede hacer poesía con cualquier cosa, es más que evidente. El otro día escuché a Benjamín Prado, poeta, decir que hasta de un neumático se puede hacer poesía. Partiendo de la definición que del término ofrece el DRAE (Manifestación de la belleza o del sentimiento estético por medio de la palabra, en verso o en prosa), ¿quién, que sea futbolero, niega la belleza de algunos de los goles que hemos podido ver en el Mundial de Rusia marcados por Di María, Kroos, Mbappe, Perisic, Quaresma o Modric? Y, en todo caso, el sentimiento estético que produce en algunas personas un acto tan simple como introducir una pelota entre tres palos con una red, aunque pudiera ser verdaderamente un misterio, es tan personal e intransferible como que algunos reputados intelectuales, ¡y hasta algún poeta, madre mía!, puedan escribir sobre la supuesta belleza de un pase natural en una corrida de toros. ¿Habráse visto cosa más extraña que alguien pueda percibir como arte lo que no es sino la masacre más infame que se produce en el albero?

He tenido la oportunidad de seguir la cadencia de poemas que, sobre el campeonato del mundo recién terminado, el cantautor Marwan ha venido recitando en la edición digital de El País. A mí me han gustado. Como son largos, los transcribiré en dos días. Pinchando en el título del poema se accede al vídeo correspondiente.

Comienza el mundial (I)

Comienza el mundial y mi cabeza
se llena de instantáneas al instante
y así se me evapora la tristeza,
igual que al reencontrarse dos amantes.
Y allí aparece siempre Maradona,
dejando ingleses rotos por la hierba,
haciendo a la Argentina campeona
con un país colgado de su pierna.
Vi tantas cosas que perdí la cuenta
y vi a Cruiff llorando al borde de la gloria
y al gran Pelé de México setenta
fallando el gol más bello de la historia.
Vi a Kempes, a Garrincha, a Roger Milla
y vi a Zidane jugar contra el olvido,
vi a Fico, a Xavi, a Pirlo y a Casillas
y al pulpo Paul, yo vi a los elegidos.
Recuerdo a Luis Enrique ensangrentado,
su cara nos dejó un país deshecho
y a Iniesta, el manchego iluminado,
que puso una estrella en nuestro pecho.
Y ahora llega una nueva cita
con Messi reclamando su corona,
qué mas da si Argentina es favorita,
se sabe sucesor de Maradona.
Brasil llega con Neymar y Paulinho,
mezclando samba y bloques de cemento,
ya no es sólo un país barbilampiño,
aquí coexisten músculo y talento.
La gente dice que es la favorita,
junto a Alemania que les hizo un siete
y no olviden a Griezman en la cita,
pues Francia busca sitio en el banquete.
No existe Portugal en las quinielas,
Ronaldo ya tuvo con la Eurocopa,
pero Hércules vino de buena escuela
y no vende barata su derrota.
Y luego, por supuesto, viene España,
ya saben, con Iniesta y compañía,
con Ramos y Piqué, qué cosa extraña,
los egos conviviendo en armonía.
Nos sobra el talento y el talante
tenemos vocación de fantasía;
ahí están Isco y Thiago y adelante
nos falta solo un dios: la puntería.
Aún hay tiqui-taca para rato,
aunque no somos un país sensato
en fútbol sólo hay una ideología:
jugar igual que pintan los artistas
un fútbol hecho por renacentistas,
jugar como escribiendo poesía.

Mi primer resumen (II)

Tan solo dos jornadas y en España
ya hay mil razones para el optimismo,
igual que el algodón que nunca engaña,
si aquí rueda el balón, pasa lo mismo.
Buen fútbol, buenos goles, buen talante,
la roja siempre da buena respuesta,
dejamos un mensaje importante:
está bien engrasada nuestra orquesta.
Nos faltan cosas, no verlo es de memos,
debemos corregir nuestros errores,
pero al juzgar no nos precipitemos:
David de Gea es de los mejores.
Cristiano sacó un punto de la nada,
nos dio tres balonazos en la frente,
a veces, con tan solo tres patadas
se salva a un equipo inexistente.
Él solo, él solito echó a Marruecos,
su equipo: diez machacas con oficio,
qué poco gusto, sólo tapan huecos
haciendo un monumento al estropicio.
¿Les gusta el tequila mexicano?
No les sentó muy bien a los teutones.
Qué bello es ver a todos los hispanos
gritando ¡Viva México cabrones!
Parece que no quedan favoritos,
Brasil no supo dar bien la estocada,
a Neymar se le colapsó el circuito,
con Suiza no hubo samba ni lambada.
A Messi le faltó hasta el propio Messi,
qué duro se le va a hacer el camino,
No hay grupo, no hay volantes ni otra tesis,
habrá que encomendárselo al destino.
Parece ser que Rusia iba en serio,
los zares no se andan con chiquitas,
pretenden reconstruir todo su imperio,
le ha sentado bien su propia cita.
Con Francia no se sabe bien qué ocurre
ganó con poco juego y menos gloria,
talento lo hay, pero se les escurre.
¿No hay nadie decidido a hacer historia?
A ver qué pasa el resto de partidos.
A ver si pasa algo divertido,
no sé, que Messi lave sus heridas,
que el único que puso la fragancia
del juego de verdad, el de la infancia,
es el país de Iniesta de mi vida.

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Naufragios

En la primera de sus acepciones, el DRAE dice que naufragio es la “pérdida o ruina de la embarcación en el mar”. Pero todos sabemos que cuando eso se produce violentamente, por mor de la fuerza descomunal de las aguas, lo verdaderamente importante es la pérdida de vidas humanas. Hace  poco, haciendo turismo por Baiona, encontré esta placa en el Cabo Silleiro, en recuerdo del naufragio que se produjo por aquellas costas el 31 de diciembre de 1948.

thalassa

Consulté el socorrido e inevitable gúguel y ahí estaba la noticia. Aparecía en el ABC del 1 de enero de 1949:

QUINCE MUERTOS AL NAUFRAGAR EN VIGO UN YATE NORTEAMERICANO CON PASAJE NORUEGO, QUE SE DIRIGÍA A VENEZUELA

Bayona, 31 (Urgente).-  Cuando se dirigía desde Vigo a Canarias y Venezuela, el yate norteamericano “Thalassa”, con pasajeros y tripulantes de nacionalidad noruega, en total quince personas, según la relación oficial que obra en el Consulado noruego en Vigo, chocó contra el islote Corbeiro, de Cabo Silleiro, hundiéndose, completamente destrozado.

Únicamente quedó con vida una niña de doce años de edad que, al parecer, fue llevada hacia un bajo de Cabo Silleiro por unos de los marineros, desapareciendo éste al arrebatarlo una ola, mientras la niña se internaba en tierra.

La única superviviente del naufragio regresó varias veces a la Galicia en donde perdieron la vida sus padres y sus dos hermanos. En una página de marinos mercantes, se relata el encuentro emocionado de esta persona, muchos años después, ante la tumba de sus familiares:

“Visiblemente emocionada tras leer la placa que el Concello de Baiona ha colocado sobre la sepultura de sus familiares, Arnhild relataba en el camposanto sus recuerdos de la tragedia, todavía nítidos pese a haber transcurrido seis décadas desde el 31 de diciembre de 1948. ‘Tengo grabada la imagen de cuando me levanté en la playa por la mañana. Había dos soldados y me llevaron a un hospital’. Solo un día antes, el yate Thalassa, en el que navegaba con sus padres, sus dos hermanos y otras diez personas, había zarpado desde Vigo rumbo a las Islas Galápagos, donde su padre iba a trabajar. Ante la marejada que empeoraba, el capitán decidió regresar. Pero ya no fue posible. Un terrible golpe de mar partió en dos la embarcación y Arnhild fue la única superviviente. ‘Después de una semana de cuidados me llevaron a Madrid para partir de nuevo a Noruega’, donde quedaría al cuidado de una tía hasta que se casó y formó su propia familia.”

En un día como hoy, en el que la cofradía marinera celebra su festividad y yo me acuerdo de mi madre que cantaba una letrilla de su tierra (A la virgen del Carmen / le han hecho un manto, / le han hecho un manto, / del color de los cielos, / azul y blanco, / azul y blanco), me viene a la memoria otro viaje reciente a un pueblecito del departamento de Côtes-d’Armor en la Bretaña francesa, del que salieron durante decenios goletas con rumbo a Islandia para la pesca del bacalao. En sus alrededores pude acercarme a la Croix des veuves (la cruz de las viudas), un monolito al borde de la mar en donde las esposas aguardaban ansiosas y expectantes el retorno de sus maridos, embarcados durante meses en el Gran Sol o más allá. Mujeres, muchas de ellas, que devendrían en viudas por mor de la fiereza de la mar y que se verían obligadas a enfrentar un porvenir que había sido truncado por el trágico hundimiento de las embarcaciones que tripularon sus compañeros en vida.

Hay días, semanas, meses o años en que otro tipo de naufragios se suceden estrepitosa y continuamente. Y no son precisamente los que protagoniza la mar, sino los que tienen que ver con la segunda acepción que les da el diccionario: la de la “pérdida grande, desgracia o desastre”, en este caso de la imagen de una institución básica para la convivencia, como es la que representa la Justicia. Sentencias y autos judiciales que la gente ve como incomprensibles y, sobre todo, injustos. ¿Qué conocimientos jurídicos tiene el personal para considerarlos así? Probablemente, ninguno. O, por lo menos, no tantos como los tribunales que emiten esas resoluciones. Pero hay una percepción o un sentido de la proporción y de la equidad que permite discrepar de lo que dictamina la justicia. Porque si se comparan hechos gravísimos que afectan a los poderosos, a los ricos, a quienes ostentan cargos y prebendas en las instituciones o en los aparatos del Estado, con lo que le pasa al pobre desgraciado que le ha dado un empujón o se ha resistido a una autoridad, o ha rapeado canciones en uso de su libertad de creación, o ha cometido la osadía de entrar por las bravas en el país huyendo de las hambres o de las guerras, no hay lugar para creer en la igualdad de trato de la justicia.

Concreto esta digresión en dos casos. Por un lado, un juez del Tribunal Supremo español, amparado por una Sala superior, se viene empecinando en adoptar resoluciones contumaces sobre un supuesto delito de rebelión que chocan con la calificación que en sentido contrario, y por los mismos hechos encausados, vienen reiterando tribunales de -hasta ahora- dos países de la misma órbita judicial. Y esto es independiente de la opinión que cada cual tenga sobre el conflicto territorial. Estoy hablando exclusivamente desde el plano judicial y a mí me parece tan tremendo todo este embrollo, que se puede hablar sin riesgo a equivocarse del naufragio de la judicatura española al que nadie, desde el ámbito institucional, acude a solventar sino más bien a enredar, entorpecer, complicar, retrasar o directamente impedir las operaciones de rescate. Y opiniones, por cientos, de juristas, catedráticos y académicos así lo vienen atestiguando.

Y por otro lado, unos hechos que afectan al anterior jefe del Estado, con eméritos honores y aforamiento, que aunque eran conocidos en distinto grado hace tiempo, ahora se reproducen profusamente en formato digital y son cuasi ignorados o, en el mejor de los casos, relegados al cajón de las noticias secundarias por sus colegas de prensa escrita, radio o televisión (ellos sabrán por qué). Más allá del juicio moral que a cada cual merezca los personajes implicados, lo peor del asunto es que no provoque una inmediata y contundente reacción ni del poder ejecutivo ni del judicial para averiguar la verdad de lo que algunos medios, por muy de extrema derecha que sean, están denunciando.

Porque las pruebas son tan evidentes que en un país normal, y éste que habitamos por muchas razones no lo es, implicaría que alguien de lo que la gente común entiende por los de arriba tomase las oportunas medidas para poner coto a tantos desmanes y que la ciudadanía supiera la verdad y nada más que la verdad de un naufragio que tiene visos de hundimiento sin remisión. Nos queda la esperanza de que, al menos en el poder legislativo, se debata la conveniencia de investigar esa verdad. Aunque mucho me temo que se siga la doctrina Marlaska, esto es, que la única verdad sea la judicial y, desgraciadamente, sepamos lo que eso significa en este país. (Véase a este respecto el artículo de Carlos Elordi, del que entresaco un párrafo: “Que los diarios de mayor difusión –El País, El Mundo, ABC, La Vanguardia- y las cadenas televisivas de mayor audiencia hayan decidido al mismo tiempo, seguramente coordinados por alguien, no mencionar ni de pasada las grabaciones de la princesa alemana es todo un síntoma de la altísima intensidad de la alarma que ha saltado en los círculos del poder. Que únicamente Podemos e Izquierda Unida hayan pedido que el parlamento, los tribunales y el Ministerio de Hacienda investiguen con urgencia cuánto hay de verdad en el asunto no hace sino confirmarlo.”)

Porque aunque parezca más que evidente la pretensión de los autores de la filtración para hacernos colar como periodismo de investigación lo que no son sino meras entregas de archivos provenientes de la camarilla de las cloacas del poder y que responden única y exclusivamente a sus intereses, tan espurios como crematísticos, lo sustantivo, lo significativo es el contenido que se infiere de esas informaciones. Que las cloacas existen, que anidaron en el franquismo, que nunca fueron depuradas en democracia y que utilizan el mismo modus operandi que pudo comprobarse en otras ocasiones con dosieres inventados sobre líderes de la oposición, vídeos escandalosos de personalidades políticas o audios demoledores de todo tipo, parece incontrovertible. Pero acudamos, como en otras ocasiones, al viejo proverbio oriental : cuando el sabio señala la luna, el necio mira el dedo. Y la luna puede que está aforada, pero no somos necios.

El libre albedrío

El tema se las trae. El DRAE lo define así: potestad de obrar por reflexión y elección. Y los filósofos de todo signo, desde Nietzsche a Schopenhauer, pasando por Karl Marx, se ocuparon profusa y contradictoriamente sobre una creencia que sostiene que las personas tienen el poder de elegir y tomar sus propias decisiones.

Un hombre de 88 años mata a su mujer enferma de Alzheimer y después se suicida en Asturias

Un anciano mata a su mujer en El Campello y se suicida

Un anciano mata a su mujer con alzhéimer y después se suicida en Madrid

El suicidio pactado del matrimonio de ancianos causa estupor en Ceares

La Felguera, El Campello, Madrid y Gijón. Son sólo cuatro ejemplos. Hay muchos más. Se cuentan en el gúguel. Muchos de estos casos se presentan en la prensa como violencia machista. ¿Estamos seguros de que eso es así? ¿Cuántas dosis de amor, de compasión, de llamadas de socorro, de desesperación o de libre albedrío hay en todos estos sucesos?

El último número de la revista de la Asociación Derecho a Morir Dignamente incluye un excelente artículo de su presidente, Fernando Marín, en el que se habla de la muerte voluntaria de todas esas personas “cuya vida no tiene sentido y para las que seguir viviendo es una pesada carga”. El problema va más allá del debate sobre la eutanasia que, por fin, parece que el Parlamento va a empezar a tratar.

En el artículo citado se hace referencia a otra noticia aparecida en prensa hace unos meses que contaba la historia de una pareja de ancianos, Haroldo y Celia, que vivían en Mazarambroz, un pequeño pueblo de Toledo:

“Celia padecía Alzheimer, por lo que tuvo que ser Haroldo el que cumpliera con su palabra. Veterinario de profesión, un día de enero de 2018 facilitó a Celia una sustancia que le provocó la muerte y que luego tomó él mismo. Pero falló. De madrugada, el personal de la residencia encontró a Haroldo con vida y lo trasladó al hospital. En el pueblo, la gente estaba en shock, deseando que Haroldo muriera y se reuniera con su compañera de toda la vida, tal y como habían planeado. Desgraciadamente sobrevivió y la jueza lo envió a la prisión de Ocaña acusado de homicidio. ¡Qué bestialidad! Enviarlo a la cárcel por un acto de amor.”

“En todo el mundo, la experiencia de los médicos implicados muestra que dar la muerte es, sobre todo, un acto de amor, que provoca una enorme gratitud en la persona que decide morir. Acompañar una muerte voluntaria es para los seres queridos una experiencia muy triste, pero muy satisfactoria, que da mucha paz, porque resulta muy consolador que la persona moribunda nos diga adiós con una sonrisa, con la tranquilidad de haber sido ella la que ha elegido el momento de liberarse, por fin, de una vida de sufrimiento.”

“Nadie debería hacer un juicio de valor sobre las razones para morir de otra persona, ya sea el deterioro de la calidad de vida o la ausencia de sentido. Sin embargo, cualquier regulación de la disponibilidad de la propia vida contiene una paradoja inevitable, pues a la vez que trata de respetar la decisión de morir de una persona, le exige el cumplimiento de unos requisitos y unos procedimientos, que limitan su libertad”.

Se cita también en el artículo el episodio de suicidio de una pareja de intelectuales muy conocida en Francia, que no había podido obtener la muerte asistida, y sobre la que el autor señala lo siguiente:

“Al igual que la pareja de ancianos del Hotel Lutetia de París o de la residencia de Mazarambroz, en Europa miles de personas deciden morir cada día. El hijo de Georgette y Bernard decía que sus padres temían mucho más la separación y la dependencia que la muerte. Su carta terminaba así: Debe de ser terrible para los que se creen en posesión de la verdad el saber que gente autónoma y cultivada decide libremente poner fin a sus días cuando el sufrimiento se vuelve intolerable.”

Para terminar, nada mejor que la bonita leyenda que se menciona en la entradilla del artículo de F. Marín:

“Uno de los más bellos y conmovedores mitos griegos narra la muerte de dos ancianos: Filemón y Baucis. Zeus visita la tierra bajo el disfraz de un vagabundo que pide alojamiento y, tras encontrar cerradas las puertas de los ricos, prueba en una miserable choza, habitada por una pareja de ancianos; y es allí donde acaba hallando hospitalidad. Para agradecerles su generoso trato, Zeus les pide sus deseos. Morir juntos, suspiran los ancianos. Zeus hace el deseo realidad: los viejos se metamorfosean en dos árboles y a la más leve brisa sus ramas se rozan suavemente”.

El veraneo

Hace unos días leí un artículo del escritor Javier Pérez Andújar (Bañarse es de pobres) con una entradilla que resumía bastante bien la situación actual: los currantes hacen vacaciones, los ricos veranean y los pobres, que cada vez hay más, se quedan en su casa hasta que los desahucian. Y añadía: “Para veranear es necesario mucho tiempo, el verano entero, como su propio nombre indica. Para veranear se necesita no toda una vida, sino toda una genealogía […] A orillas del mar se ve la diferencia entre la aristocracia y el pueblo. Los ricos no se mojan, bañarse es de pobres. Los ricos se quedan en el yate, en el hotel, contemplando con prismáticos las crestas de las olas. Meterse en el agua a dar manotazos para salir sacudiendo el cráneo mojado y resoplando como un caballo solo se le ocurre a quien debe 30 años de hipoteca. Las vacaciones son la versión ‘low cost’ del veraneo”.

Tras contar su experiencia personal por tierras catalanas, el articulista terminaba así:

“Las vacaciones eran eso, y también era la espalda pringosa de Nivea, y ducharse al volver para quitarse la playa de encima, y por las tardes correr entre los bloques con los perros que se hacían amigos nuestros, y la conciliación no era necesaria entre nosotros sino con el mundo. Luego he hecho otra clase de vacaciones y he visto más mundo del que vieron mis padres en toda su vida, y mis sobrinos desde niños han pateado más mundo que yo. Pero con todo ese mundo visto, creo que ni mis sobrinos ni yo tenemos más conocimiento de la vida del que tenían sus abuelos”.

Leyendo el artículo recordé que hace diez años escribí en la versión anterior de este blog un texto que titulé como el presente post y que, rescatándolo, me ha confirmado que las cosas, en una década, no han cambiado tanto. Comenzaba así:

“Antiguamente, cuando la clase obrera soñaba con ir al paraíso y los más afortunados cobraban una paga extra que llevaba el nombre de tal día como hoy, unos cuantos, muy poquitos, podían permitirse disfrutar de un período de descanso retribuido en su trabajo habitual.  Entonces se decía  irse de veraneo.  Los más pudientes de las clases medias emergentes veraneaban durante un período que podría superar el mes en la casita de campo, en Fuenterrabía, en Sitges o en la Malvarrosa.

Bien avanzada la dictadura, el régimen y los sindicatos verticales, en una utilización política del tiempo libre,  facilitaron  que algunos  obreros  y sus familias  conocieran,  a través  de la ‘obra  de educación  y descanso’, residencias veraniegas a precios módicos en Tarragona, Marbella y Perlora.

Algunos jóvenes del medio rural, con familias humildes pero adictas al régimen, se iban de uniforme a campamentos del frente de juventudes.  Los más, agostaban sus humores y carencias en albercas y ríos cercanos y unos pocos, que no tenían más capital que su dignidad, se esforzaban durante todo un año por meter en la cartilla del monte de piedad unos ahorros cercanos a las 3 pesetas con dos reales.  Era el mínimo exigido para entrar en el sorteo de las colonias de veraneo, financiadas por banqueros filántropos que lavaban su conciencia regalando a los hijos de la clase obrera estancias a la orilla de la mar.

Luego vinieron Benidorm, Torremolinos, Lloret, Salou; la entrada por millones de turistas extranjeros; la masificación del turismo nacional; la adquisición intensiva del automóvil, como paradigma de la libertad personal. Y se pasó del veraneo a las vacaciones y la misma clase obrera que soñaba con ir al paraíso ahora se cree que habita en él porque unos cuantos se van de vacaciones.  Eso sí, quien pueda tomarlas, porque aproximadamente la mitad de españolitos y españolitas no vacacionan y los inmigrantes, por razones obvias, menos.”

La cruda realidad, además de los desahucios de los que hablaba Pérez Andújar, es que, según el último informe de Oxfam, el 40% de la población no puede irse de vacaciones al menos una semana al año. Por tanto, hablar de vacaciones para millones de personas es un auténtico sarcasmo y no deja de ser simplemente un ejercicio de retórica que sólo se nos puede ocurrir a quienes practicamos esa rara afición de escribir de lo que se nos antoja. Pareciera, sin embargo, que esta otra realidad no existe, porque así se nos vende y se nos oculta cada año desde los medios masivos de comunicación. Cierto que a esa sensación contribuye la parálisis que en el ámbito educativo o político se produce durante dos meses; los cambios que se perciben en presentadores y programas informativos o deportivos de radios y teles con los que mucho personal se desayuna cada mañana o se acuesta cada noche; la molicie que produce la calor propia de la estación climatológica; o el bombardeo de imágenes de playas abarrotadas o de fiestas populares, con las que la peña, en todos lugares, vacacionen o no, acumula (o desgasta) fuerzas para emprender un nuevo curso que llegará indefectiblemente cuando acabe el verano que, parafraseando al poeta, durará lo que tarde en llegar el otoño. O el invierno. Vaya usted a saber con las cosas del cambio climático.

¿La cultura, un cheque en blanco?

“El Gobierno socialista, tal vez por una obsesión mecánica y cegata de diferenciarse lo más posible de los nazis, parece haber adoptado la política cultural que, en la rudeza de su ineptitud, se le antoja la más opuesta a la definida por la célebre frase de Goebbels. En efecto, si éste dijo aquello de ‘Cada vez que oigo la palabra cultura amartillo la pistola’, los socialistas actúan como si dijeran: ‘En cuanto oigo la palabra cultura extiendo un cheque en blanco al portador’. Humanamente huelga decir que es preferible la actitud del Gobierno socialista, pero culturalmente no sé qué es peor. Aún agrava las cosas el hecho de que tales criterios se los imiten todos: la oposición, los Gobiernos autonómicos, las cajas de ahorro, los organismos paraestatales, etcétera. Confieso que tal vez esté yo esta mañana un poco fuera de mí para escribir con la serenidad debida, pero es que acabo de recibir la gota que colma el vaso: es una carta cuyo infeliz autor va a sufrir por mi parte la injusticia de pagar por todos, ya que, como botón de muestra de la miseria a la que me refiero, considero apropiado transcribirla. Es del jefe de un organismo paraestatal (y no sé si hago bien callando nombres), que sin conocerme de nada me tutea, y dice así: ‘Querido amigo: / Te escribo para invitarte a participar con un texto tuyo, (sic por la coma) en un catálogo de una exposición que deseamos sea un tanto distinta. Se trata de una muestra de pintores actuales, que en lugar de pintar lienzos lo harán sobre abanicos. Sin embargo, no es una exposición de “abanicos” (sic por las comillas), sino que el soporte no será un lienzo. Por tanto, los abanicos son de gran tamaño, y los pintores tienen libertad absoluta para pintarlos, romperlos, jugar y lo que se les ocurra. / Estos soportes los hemos conseguido de China, Japón, y algunos más pequeños, Valencia. / Para el catálogo, nos gustaría que nos mandaras si aceptas, (he renunciado ya antes a seguir poniendo sic) un texto de dos-tres folios, que se ha acordado retribuir con 50.000 pesetas. Hemos invitado a los principales prosistas y poetas, cuya aportación creemos que podría ser muy interesante, y entre los que encontrarás a muchos amigos. Nos gustaría tener el texto a principios del mes de febrero. / Siguiendo nuestra costumbre, queremos subrayar especialmente el acto inaugural, y esperamos que la presentación de la muestra, a principios de mayo, tenga un aire festivo y refrescante. / Un abrazo, NN’.”

“Fíjense no más: si yo, que conozco a poca gente, habría de encontrar ‘muchos amigos’ entre esos ‘principales prosistas y poetas’ y todos ellos van a salir a 10.000 duros por barba, ¿cuánto no va a costar sólo el catálogo de tan descomunal parida? Añádanse a ello las probablemente superiores cantidades que van a cobrar los artistas por hacer el gilipollas con los soportes -embadurnándolos, rompiéndolos o jugando con ellos con absoluta libertad, como prevé el proyecto-, los costos de impresión del catálogo -a todo color, supongo-, gastos de organización, programación, franqueo, propaganda y qué sé yo qué más, precio de los soportes, con sus fletes e impuestos aduaneros nada menos que desde China y Japón, y, por fin, despilfarro de canapés y de borracherías para ‘el acto inaugural’, que el ente en cuestión se complace en asegurar que, ‘siguiendo su (nuestra) costumbre, quiere (queremos) subrayar especialmente’, y se tendrá a cuánto asciende la factura de la ‘festiva’, ‘refrescante’, indecente y repugnante monada cultural.”

“El autor de la carta se aprovecha de que los llamados intelectuales, teniendo precisamente por gaje del oficio el de no respetar nada ni nadie, no pueden sentir respeto alguno hacia sí mismos ni, por tanto, se van a dar jamás por insultados al verse destinatarios de una carta así, como se darían, en cambio, los miembros de cualquier otro gremio. No es esa, por consiguiente, la cuestión, sino la del insulto que el hábito generalizado de tales despilfarros es para el presupuesto y el contribuyente, así como el mal ejemplo y la degeneración que para cualquier idea de cultura supone la proliferación de mamarrachadas semejantes, de las que el actual Ministerio de Cultura -precedido tal vez por algunos ayuntamientos socialistas- es el primer y más entusiástico adalid. Pero, aunque los intelectuales estén excluidos del derecho a sentirse insultados por nada ni por nadie, sí pueden dolerse íntimamente por la constatación de su propia nulidad, y nada se la confirma tan palmariamente como la incondicionalidad ante la firma que caracteriza los actuales usos del tráfico cultural. Cuántas veces, en los últimos tiempos, he tenido que soportar que me dijeran: ‘Nada, dos o tres folios sobre cualquier cosa, lo que tú quieras, lo que se te ocurra… ¡Vamos, no me dirás que si tú te pones a la máquina … !’ Nadie te pide nunca nada específico, un desarrollo de algo particular que considere que has acertado a señalar en algún texto y, sobre todo, nadie te exige que lo que le envíes sea interesante y atinado; y así ves perfectamente reducido a cero cuanto antes hayas pensado y puesto por escrito y cuanto en adelante puedas pensar y escribir, para que solamente quede en pie la cruda y desnuda cotización pública de tu firma, sin que la más impresentable de las idioteces pueda menoscabar esa cotización; claramente percibes cómo, sea lo que fuere lo que pongas encima de tu firma, equivale absolutamente a nada.”

Ya se habrán dado ustedes cuenta (al menos, por la referencia a la moneda) que estamos hablando de un texto de hace unos añitos (la recuperación de este artículo se debe a habérselo oído referir al periodista Máximo Pradera, sobrino del autor). Y en efecto, los textos entrecomillados anteriormente se corresponden con los tres párrafos del artículo La cultura, ese invento del Gobierno, de Rafael Sánchez Ferlosio, escrito el 22 de noviembre de 1984. O sea, hace la friolera de 34 años. ¿Y no les parece a ustedes que estamos hablando de algo muy conocido en los gobiernos socialistas que se sucedieron desde entonces y que cabe la posibilidad de que hubiera llevado a cabo, sin cortarse un pelo, el tal Maxim Huerta, defenestrado recientemente?

Les recomiendo el artículo de Sánchez Ferlosio en su integridad que concluye en los siguientes términos:

“Pero estos gobernantes socialistas, que a veces gustan de proclamarse machadianos, o no han frecuentado mucho el aula de Mairena, o ya ni lo recuerdan. Cuando Mairena expuso su proyecto ideal de centro de enseñanza, contraponía claramente una posible Escuela Superior de Sabiduría Popular, como lo rechazable, frente a una posible Escuela Popular de Sabiduría Superior, como lo deseable. Así que lo que Mairena propugnaba podría, muy ajustadamente, designarse como elitismo barato, en el que, por afectar la baratura tan sólo a la actividad de la enseñanza, no al saber enseñado, la tal escuela podía permitirse concebir la aspiración de llegar algún día a hacer mayoritario ese saber. La política cultural de este Gobierno hace lo exactamente inverso al elitismo barato de Mairena: un populismo caro; mejor dicho, carísimo, ruinoso. Aunque, eso sí, ‘festivo y refrescante’, sobre todo si en el concepto de refrescos entran también los vinos y licores.”

Lo cierto es que los hermanos Sánchez Ferlosio, hijos de un fundador de Falange, Rafael Sánchez Mazas, desde posiciones políticas distintas a las de su progenitor y en absoluto reaccionarias, siempre estuvieron un tanto al margen de la cultura oficial, criticando lo que en conciencia consideraban oportuno fuera de donde fuese.  El pequeño, Chicho, que pasó por todo el arco de lo que puede ser considerado como izquierda, fue el autor de canciones ya míticas de combate y resistencia antifranquista. La ya clásica Gallo rojo, gallo negro, como se indica en esta página, “alude a una pelea de gallos, uno rojo y otro negro: ‘Se encontraron en la arena / los dos gallos frente a frente. / El gallo negro era grande / pero el rojo era valiente.’ El simbolismo es bastante elemental y no poco ingenuo: el gallo negro, grande y cobarde, representa el fascismo, la dictadura oprobiosa, mientras que el gallo rojo, pequeño pero valiente, encarna la lucha antifranquista del rojerío. Al final habla el gallo rojo y le hace una advertencia al gallo negro: ‘Gallo negro, gallo negro, / gallo negro, te lo advierto: / no se rinde un gallo rojo / más que cuando está ya muerto.’” Y el estribillo de otra de sus canciones, A la huelga, puesto de moda en la última movilización feminista del 8 de marzo:

A la huelga diez, a la huelga cien,
a la huelga, madre, yo voy también.
A la huelga cien, a la huelga mil,
yo por ellos, madre, y ellos por mí.

Privilegios anacrónicos

Por su interés pedagógico y como supongo que a todos nos viene bien conocer un poquito de nuestra historia, lejana y reciente, que es tanto como decir de dónde venimos, dónde estamos y hacia dónde vamos o deberíamos ir, transcribo más adelante la exposición de motivos de la proposición no de ley que presentó el grupo parlamentario de Esquerra Republicana a fin de instar al Gobierno a que legisle para el no reconocimiento de los títulos nobiliarios vigentes, así como el no otorgamiento de nuevos en el futuro. Ni que decir tiene que la propuesta fue rechazada con los votos en contra del PP, Ciudadanos y PSOE. A propósito de este último partido, hoy en el gobierno gracias a los votos entre otros de ERC, hay que recordar al personal para qué sirve que en los documentos de su último congreso federal (ese que tenía por lema “Somos la izquierda”) se haga referencia expresa a  su “tradición republicana“. ¿Qué implica recoger estas dos palabras en su ideario? ¿A quiénes pretenden engañar? El señor Tardá aclara algo las cosas en su intervención ante el Pleno en defensa de su iniciativa:

“Un recordatorio elemental: en los períodos más democráticos o bien se suprimieron o bien se ponderaron: Cortes de Cádiz, I República y II República. Hoy hay 2.700 títulos nobiliarios en el Estado español. Lo que me pregunto es cómo a un demócrata como lo son todos ustedes o cómo a un diputado o una diputada socialista no se les retuercen las entrañas cuando se trata de retirar o no el título nobiliario a un golpista cuando estos asesinaron a miles de republicanos, de los cuales muchos eran socialistas. Supongo, señorías, que la respuesta se halla en el hecho de que no se trata de algo simbólico, sino que se trata de algo profundo porque el debate está ligado intrínsecamente a la institución monárquica, una institución medieval no democrática, basada en la transmisión del poder por vía hereditaria, que la Constitución española resuelve con la mayor de las contradicciones. En el artículo 14 se afirma que todos los españoles son iguales ante la ley, sin distinción por razón de nacimiento o circunstancia social, mientras que, a la vez, otros artículos consagran que la Corona es hereditaria, que el Jefe del Estado es irresponsable y que el varón prevalece sobre la mujer en la línea sucesoria. Todo ello obviando la ilegitimidad de la reinstauración borbónica, la ilegitimidad de Juan Carlos I y, por ende, de Felipe VI; transmisión hereditaria, señorías, de la ilegitimidad. Una monarquía reinstaurada por el dictador, negando la posibilidad de decidir a los ciudadanos libres del actual Estado español, ¿porque en los años 1977 y 1978 éramos o no éramos libres? Luego, si éramos libres, ¿por qué razón los ciudadanos no tuvieron el derecho de decidir si optaban por la monarquía reinstaurada por el dictador, por un rey que había jurado los principios fundamentales del Movimiento y cómplice de la dictadura, o bien por la legalidad republicana abortada por las armas en 1936? Ante esta flagrante ilegitimidad está su necesidad de elevar un discurso constitucionalista que pervierte, amaga y silencia la realidad de la institución monárquica reinstaurada. Razón por la cual hoy ustedes mantendrán los títulos nobiliarios, siempre vigilantes en la defensa de las atribuciones del monarca”.

Como curiosidad (ver diario de sesiones), y a propósito de su apellido, el representante de Unidos Podemos, Marcelo Expósito, que defendió su voto favorable a la toma en consideración de la propuesta republicana, decía lo siguiente:

“No sé si se trata de una humorada o de un gesto de justicia poética que la dirección de mi grupo haya encargado defender en esta tribuna el sentido de nuestro voto en este debate sobre títulos nobiliarios a un diputado de apellido Expósito. En este punto me van a permitir que relate una breve historia personal. Cuando, siendo muy joven, empecé a interesarme por el origen de mi apellido, alguien me contó una historia que nunca he podido corroborar. En algún momento de finales de la dictadura, algunos asistentes sociales antifranquistas ejecutaron una acción simbólica sobre los nombres de los niños y las niñas que tenían a su cargo. Liberados de la obligación que durante muchas décadas estuvo vigente de marcar a los hospicianos y a los incluseros con apellidos como Expósito o Iglesia, decidieron nombrarlos en el Registro Civil con apellidos de nobles de España. Descubierto el pastel, estos desamparados fueron obligados a registrarse de nuevo, esta vez con apellidos banales. Seguramente se trata de una historia apócrifa, pero creo que hoy viene a cuento de lo siguiente: quienes llevamos inscrito en nuestro nombre nuestros orígenes plebeyos sabemos que la Ley 33/2006, de 30 de octubre, se contradice en sus términos cuando afirma que actualmente la posesión de un título nobiliario no otorga ningún estatuto de privilegio. Miente esta ley y miente porque el mero reconocimiento de unos apellidos sobre otros por parte del Estado es ya de por sí una forma de privilegio con la que tenemos que acabar”.

En la Exposición de motivos se recoge lo siguiente:

“La distinción de títulos nobiliarios nace de privilegios establecidos en la Edad Media y que han sido legitimados, perpetuados y ampliados por sucesivas legislaciones a lo largo de la historia.

El origen de la legitimidad en el actual Estado español legalmente proviene de las Siete Partidas del rey Alfonso X (señor de Castilla, Toledo, León, Galicia, Sevilla, Córdoba, Murcia, Jaén y el Algarve). Dicho reconocimiento, que sería refrendado por las Cortes de Alcalá de 1348 de Alfonso XI y traspuesto a la legislación de la Edad Moderna mediante la Novísima Recopilación impulsada por Felipe III en 1615, permanecerá tal cual hasta el siglo XIX, momento en que se produce el tránsito del Antiguo Régimen al Estado liberal.

En la práctica, dicha distinción suponía la legalización de un sistema feudal, clasista, en que por razones de nacimiento, unas clases poderosas y ociosas (nobleza) vivían con lujos a costa de unas clases trabajadoras, explotadas y sumisas (plebeyos), que sobrevivían sin más derechos, libertades ni recursos que aquellos que la graciosa voluntad de los señores les permitían.

El tránsito del Estado feudal al Estado liberal supondrá una primera limitación de los privilegios al reconocer la igualdad de derechos y deberes civiles y políticos de los ciudadanos (no de las “ciudadanas”). A pesar de ello, reconocerá la distinción por “rango y honor” de las personas, afirmando así en parte la validez del Derecho Histórico. No obstante, los privilegios suprimidos por la Ley de 11 de octubre de 1820, serán restablecidos por un Decreto de las Cortes el 30 de agosto de 1836, una vez finalizada la etapa política de reformas liberales.

Esta situación se mantendrá hasta el advenimiento de la I República Española, donde se da un paso más y, en virtud del Decreto de 25 de mayo de 1873, se establece no conceder más títulos nobiliarios en un futuro. Nuevamente, la finalización de este periodo político conllevará la restitución de la situación anterior con la aprobación del Decreto de 25 de junio de 1874.

Ya en el siglo XX se produce un nuevo avance en la limitación de los privilegios de los títulos nobiliarios con la promulgación de la Constitución republicana de 1931, que en su artículo 25 -el primero del Título III donde se fijan los “Derechos y deberes de los españoles”- se establece que “el Estado no reconoce distinciones y títulos nobiliarios”. No obstante, la finalización del periodo democrático y la instauración de la dictadura totalitaria retornará los títulos nobiliarios a la situación anterior, mediante la Ley de 4 de mayo de 1948 (desarrollada por el Real Decreto de 4 de junio de 1948).

La recuperación de los derechos y libertades democráticas no supuso, no obstante, la derogación de la legislación franquista en este ámbito. Es más, el Estado democrático y de Derecho no solo ha reconocido la validez de los títulos nobiliarios y sus mecanismos de sucesión -con el consentimiento del propio Tribunal Constitucional al amparo de la legislación franquista vigente-, sino que los ha legitimado nuevamente y ha creado nuevos títulos nobiliarios -incluso sucesorios-.

El Estado democrático actual debe entroncar con la herencia de los procesos de democratización de 1812-20, 1873 y 1931, en detrimento de la herencia de las etapas autoritarias, y en esta línea suprimir el reconocimiento de las distinciones clasistas de la nobleza por parte del Estado.”

Como último documento, reproduzco seguidamente el decreto de 1º de junio de 1931, que fue refrendado por el presidente de la República don Niceto Alcalá-Zamora, siendo ministro de justicia don Fernando de los Ríos.

Títulos nobiliarios

Con la instauración de la República se inaugura en España un nuevo régimen liberal y democrático, incompatible, por su esencia, con la práctica, tanto de concesión de títulos y mercedes de carácter nobiliario, reminiscencia de pasadas diferenciaciones de clases sociales, cuanto con el uso de éstos en actos oficiales y documentos públicos.

Por las razones expuestas, como Presidente del Gobierno Provisional de la República y a propuesta del Ministro de Justicia, vengo en decretar lo siguiente:

Artículo 1º No se concederá en adelante ningún título ni distinción de carácter nobiliario.

Art. 2º Los títulos nobiliarios existentes o concedidos con anterioridad, no llevarán anejo ningún derecho, opción a cargo ni privilegio de cualquier clase que sea.

Art. 3º En las actas del Registro civil y en todo documento o acto público sólo se consignarán los nombres y apellidos de los interesados.

La internacional de los nadies

Cuando hace una semana escribí Los nadies, rumbo a Valencia, recogía tres textos de Galeano que me parecieron paradigmáticos de las otras tantas patas de las sociedades actuales. Por un lado está la casta de los excluidos, de los vulnerables, de los ningunos o ninguneados, que decía Galeano. Son algo más que la clase obrera. Son los parias de la tierra. Recuérdese en este punto la definición de casta que entresaco de la wikipedia:

“Es un sistema social en el que el estatus personal se adjudica de por vida, por tanto en las sociedades organizadas por castas los diferentes estratos son cerrados y el individuo debe permanecer en el estrato social en el que nació.
Las características que diferencian los distintos estratos sociales son: la raza, la religión, etc. que por accidente adquiera al nacer y con lo cuál no puede cambiar. Las sociedades de castas pueden verse como sociedad de clase en la que se adquiere clase social con el nacimiento. Los sistemas de castas rechazan las relaciones estrechas con miembros de otras castas.”

Y sí, lo sé, en las sociedades abiertas y más o menos democráticas, las castas no son exactamente igual que como se definen más arriba y no funcionan, pongamos por caso, como en la India, en donde la “pureza” de la casta se mantiene endogámicamente y el matrimonio debe ser entre personas del mismo grupo social. Pero que las clases subalternas, que decía Raimon, lo tienen crudo, crudísimo, para acceder a los beneficios de las otras castas o clases de rango superior en la escala social, por utilizar los términos con que son reconocidos en el imaginario colectivo, es más que una evidencia.

Y es que cuando parecía que los y las jóvenes de la clase obrera ya podían ir a la universidad y licenciarse en algo, corrieron a devaluar las titulaciones, creando másteres elitistas que volvían a separar de nuevo a los pudientes de lo menesterosos, para no usar la expresión de ricos y pobres, tan obsoleta para los postmodernos.

Y claro que la reproducción de las clases y castas sociales se consigue de variadas maneras. Una de ellas es la apuntada. Esto es, la acción legislativa de los Estados para separar tu hambre y la mía, que decía el poeta. Es decir, las hambres de unos países y otros; las hambres de unos ciudadanos y otros dentro del mismo país; las hambres y sed de justicia de unos grupos sociales y otros dentro de una misma comunidad, ciudad, pueblo, barrio.

La segunda pata para la reproducción social está formada por los grandes medios de persuasión. Y más concretamente, la televisión. “La fábrica de embrutecimiento más poderosa y despiadada que conozco”, en palabras de un crítico profesional de la misma. La gota malaya del bombardeo comunicativo diario. En las sociedades del espectáculo, de la imagen, se reconvierten los aforismos de panem et circenses, cambiando las necesidades de pan y actualizando el circo en multitud de asuntos que obnubilen, atonten, embelesen u ofusquen a las grandes masas que votan cada equis tiempo. Y no sólo se trata de fútbol. Que también. Se trata de “mantener tranquila a la población u ocultar hechos controvertidos, proveer a las masas de alimento y entretenimiento de baja calidad y con criterios asistencialistas”.

Es lo que escribía Galeano, economizando las palabras pero no su contundencia: “La tele dispara imágenes que reproducen el sistema y voces que le hacen eco; y no hay rincón del mundo que ella no alcance. El planeta entero es un vasto suburbio de Dallas. Nosotros comemos emociones importadas como si fueran salchichas en lata, mientras los jóvenes hijos de la televisión, entrenados para contemplar la vida en lugar de hacerla, se encogen de hombros”. Y, como decía el maestro refiriéndose a América latina, “la libertad de expresión consiste en el derecho al pataleo en alguna radio y en periódicos de escaso tiraje. A los libros, ya no es necesario que los prohíba la policía: los prohíbe el precio”.

Y la tercera cuestión que merece un brevísimo comentario es el Sistema. Lo que en términos marxistas se conoce como la superestructura. El orden actual que algunos pretenden que sea el orden natural y eterno de las cosas; el mundo globalizado controlado por las grandes corporaciones que no se someten al refrendo popular; lo que interesa al establishment; los clubs de los más poderosos del planeta reuniéndose periódicamente en foros para debatir las fórmulas del doble lenguaje, de la doble moral, de lo que esos próceres de los negocios, de las finanzas y del orden internacional consideran que tiene que ser el “realismo”. Quienes osen oponerse a todo ese “sistema” desde la raíz, para transformarlo, serán considerados y anatemizados como “antisistema”, porque así serán tachados y denunciados por los grandes medios de comunicación que tienen en sus manos y controlan hasta las conciencias más recónditas del mundo mundial.

Cuando, parafraseando la letra de la Internacional, se apunta levemente, muy levemente en políticas destinadas a que  los nada de hoy algo (no todo) hayan de ser, los de siempre ponen el grito en el cielo, sentenciando que res clamat ad dominum (la cosa clama por su dueño), haciéndonos creer que la res son los bienes terrenales y el dominum son ellos.  La sagrada propiedad. ¿Cómo va a ser eso posible, desde su punto de vista? Los nada de hoy y de toda la vida tendrán que seguir siendo, porque así lo han decidido, “los dueños de nada; los ningunos, los ninguneados, corriendo la liebre, muriendo la vida, jodidos, rejodidos”.

Y quiero terminar con la referencia a un pequeñito debate que se suscitaba en el twitter a propósito de la llegada de las personas refugiadas en el Acuario. No, no me refiero a las políticas migratorias de este país y de la UE, sino al rol que deben tener los medios en un rescate humanitario de esta naturaleza. Opiniones controvertidas que dan que pensar. Porque lo que unos ven como refugiados con derechos, otros ven sinpapeles (en el argot creado por los dueños de la tierra) e inmigrantes sin derechos a encerrar en los infames CIEs. El debate se iniciaba con dos tuits:

– Unos 600 periodistas están acreditados para cubrir la llegada del #Aquarius. A periodista por refugiado, prácticamente.

Y la periodista Rosa María Artal publicaba este otro:

– Si es cierto que hay 600 periodistas acreditados en Valencia para el desembarco de los refugiados estamos de nuevo ante un circo.

Y algunas de las respuestas que obtenían eran las siguientes:

– Confirmando que es un acto más publicitario que humanitario.

– Dar publicidad a la solidaridad y la decencia es magnífico.

– Date cuenta que no solo son medios Españoles. Toda Europa y USA habrá enviado gente a cubrirlo. Un asunto de este tipo ha salido por todos lados. Es lógico , es noticia.

– Por una vez toda la razón. El otro día llegaron otros 600 a Tarifa más los qué salvó la guardia civil jugandose la vida. Y nada de periodistas presidentes políticos alcaldes y alcaldesas !!Todos rescatados sin tanta chusma aprovechada!!

– ¿No decían que la llegada de los barcos iba a ser algo sin periodistas ni medios de comunicación? No quiero imaginar si hubieran dado permiso.

– Me asquea tanto postureo cuando a diario miles de profesionales se juegan la vida en el Estrecho y ahora, parece que es la primera vez que se hace algo por ayudar a esta pobre gente.

– Sabéis que en Tarifa (Cádiz-España) en dos días 960 personas. Cuando queremos vender algo… qué pena. Periodismo???

– Un circo periodístico repugnante. Por supuesto con intereses comerciales, ahora es lo que toca vender.

– La #UnionEuropea tiene que tomar nota y ponerse las pilas, las personas refugiadas tienen derechos que se están negando muchísimas veces. ¿Os imagináis si los emigrantes entre guerras hubiesen sido rechazados en países de otros continentes?

– Si los políticos le dan publicidad hasta cuando inaguran una farola… ¿qué tiene de malo darle publicidad a esto?

– Si eso puede suponer un boom mediático que sacuda las instituciones europeas, pues bienvenido sea.

Por su parte el profesor de derecho constitucional y activista de los derechos humanos, Joaquín Urías, escribía lo siguiente:

Los nadies, rumbo a Valencia

Como continuación a mi primera entrega, transcribo tres textos breves de Eduardo Galeano pertenecientes a El libro de los abrazos. Uno de ellos dedicado a las 629 personas migrantes que vienen camino de Valencia, porque el gobierno xenófobo de un país que envió a la emigración a 2 millones de personas, allá por los albores del siglo pasado y con destino a los Estados Unidos de Norteamérica, ha considerado que son unos nadies y, por ende, no ha querido que atraque en sus costas el barco humanitario que los rescató de una muerte segura en aguas mediterráneas. Aquí, en nuestro país, la presión que vienen ejerciendo desde hace muchos meses los ayuntamientos del cambio y alguna que otra comunidad autónoma ha posibilitado la decisión gubernamental de carácter humanitario. Mientras tanto, el mar de fondo continúa y la política migratoria de la Unión Europea brilla por su ausencia. La misma Unión que siempre está presta y dispuesta a sancionar, multar, advertir, amenazar, recomendar u obligar a sus Estados miembros en lo tocante a la economía, el comercio, la industria o la agricultura, pero que en políticas humanitarias y de derechos humanos, como ya se ha visto con la crisis de las personas refugiadas, o no se mojan o no adoptan medidas proactivas en la defensa de las personas más vulnerables.

Los nadies

Sueñan las pulgas con comprarse un perro y sueñan los nadies con salir de pobres, que algún mágico día llueva de pronto la buena suerte, que llueva a cántaros la buena suerte; pero la buena suerte no llueve ayer, ni hoy, ni mañana, ni nunca, ni en lloviznita cae del cielo la buena suerte, por mucho que los nadies la llamen y aunque les pique la mano izquierda, o se levanten con el pie derecho, o empiecen el año cambiando de escoba. Los nadies: los hijos de nadie, los dueños de nada. Los nadies: los ningunos, los ninguneados, corriendo la liebre, muriendo la vida, jodidos, rejodidos.

Que no son, aunque sean.
Que no hablan idiomas, sino dialectos.
Que no profesan religiones, sino supersticiones.
Que no hacen arte, sino artesanía.
Que no practican cultura, sino folklore.
Que no son seres humanos, sino recursos humanos.
Que no tienen cara, sino brazos.
Que no tienen nombre, sino número.
Que no figuran en la historia universal, sino en la crónica roja de la prensa local.
Los nadies, que cuestan menos que la bala que los mata.

La televisión /3

La tele dispara imágenes que reproducen el sistema y voces que le hacen eco; y no hay rincón del mundo que ella no alcance. El planeta entero es un vasto suburbio de Dallas. Nosotros comemos emociones importadas como si fueran salchichas en lata, mientras los jóvenes hijos de la televisión, entrenados para contemplar la vida en lugar de hacerla, se encogen de hombros.

En América latina, la libertad de expresión consiste en el derecho al pataleo en alguna radio y en periódicos de escaso tiraje. A los libros, ya no es necesario que los prohíba la policía: los prohíbe el precio.

El sistema /2

Tiempo de los camaleones: nadie ha enseñado tanto a la humanidad como estos humildes animalitos.

Se considera culto a quien bien oculta, se rinde culto a la cultura del disfraz. Se habla el doble lenguaje de los artistas del disimulo. Doble lenguaje, doble contabilidad, doble moral: una moral para decir, otra moral para hacer. La moral para hacer se llama realismo.

La ley de la realidad es la ley del poder. Para que la realidad no sea irreal, nos dicen los que mandan, la moral ha de ser inmoral.

Temblores y desigualdad

Un superviviente fue a la morgue con la intención de preguntar por su hermano, sin imaginar que recibiría la noticia de que 17 miembros más de su familia también estaban entre los fallecidos:  “Siento que no me puedo sostener en pie. Nunca había sentido un dolor tan grande en mi corazón”. Cerca de 100 muertos y más de 200 personas desaparecidas es el balance hasta ahora de la erupción del Volcán de Fuego en Guatemala. “La lava empezó a fluir, destruyendo todo a su paso, además las nubes de gases letales desintegraban cualquier materia viva y sorprendió a varios pobladores que no lograron salir de las zonas más afectadas”.

Una inmensa bocanada de cenizas, arena y lodo que venía desde la montaña y terminó sepultando decenas de casas y a las personas que las habitaban, arrasando cultivos, fauna y flora, convertidos por mor de la naturaleza en polvo, escombro, desolación y gris muerte.

Unas semanas antes, en Hawai, ríos de lava de otro volcán, el Kilauea, habían destruido una gran extensión con centenares de casas, sin que en este caso se hubieran producido muertes o desapariciones de personas, que fueron previamente evacuadas por miles.

No hace mucho, para visitar la ciudad de Pompeya, hoy convertida en una atracción turística del golfo napolitano, me documenté sobre su historia y destrucción, allá por los comienzos de nuestra era. La carta de Plinio el Joven al historiador Tácito, sobre la muerte de su tío, es un extraordinario relato, que veinte siglos después aún sigue estremeciendo.

Así se describe en la Wikipedia la erupción del Vesubio: “En Pompeya por su parte, el fenómeno se inició como una finísima lluvia de cenizas que nadie sentía. Luego cayeron los lapilli, pequeñas piedras volcánicas que se parecen a las normales, piedras pómez de varios kilogramos de peso. La ciudad quedó envuelta en vapores de azufre que penetraron por las rendijas y hendiduras de las casas y villas, y se filtraron en las togas que la población se ponía en nariz y boca para protegerse. Los pompeyanos comenzaron a pasar angustiosos minutos, replegados en los rincones que podían encontrar. Y cuando en el último momento algunos trataron de huir, muchos murieron lapidados por las piedras pómez. Aterrorizada, la población retrocedió y se encerraba en sus casas. Pero era demasiado tarde. En algunos casos, los techos se derrumbaron, dejando sepultados a los inquilinos”.

Desde hace muchos años, gracias a las charlas que mantenía con un viejo amigo, aprendí que los llamados fenómenos naturales, terremotos y erupciones volcánicas, no afectan a todos por igual y que si bien no se pueden evitar, sí que pueden predecirse con suficiente antelación para que, de ese modo, se pudiesen salvar muchísimas vidas. Desde que tengo uso de razón política, comparto con José Menese que “yo creí que el sol salía / a todo el mundo calentando / y ahora veo que les va dando / según la experiencia mía / a algunos calor todo el día / y a muchos de cuando en cuando”.

Con el tiempo he podido comprobar, una y otra vez, cómo muchas de las grandes tragedias producidas por ese tipo de sacudidas de las placas tectónicas (a las que tampoco debe de gustarle demasiado que le toquen las entrañas con explosiones nucleares experimentales) han afectado principalmente a las zonas de población más depauperadas del planeta. Allá en donde pueden dedicar recursos suficientes para el estudio e implementación de sistemas de predicción, los efectos y las desgracias humanas son muchos menores.

En las creencias aymaras y quechuas, la Pachamama es “protectora y proveedora; cobija a los seres humanos, posibilita la vida y favorece la fecundidad y la fertilidad”. Pero “tiene hambre frecuente y si no se la nutre con las ofrendas o si casualmente se la ofende, ella provoca enfermedades”. Podemos creer o no en deidades y, aunque la Madre Tierra es una, sus temblores y sobresaltos se manifiestan de modo desigual por su superficie. Nos viene avisando desde hace siglos, desde sus orígenes podría decirse, para que nos cuidemos a la hora de poblarla allá en donde suele salir periódicamente a hacer sus necesidades. Y en todo caso nos manda señales frecuentes para que preveamos sus turbaciones y dediquemos esfuerzo, trabajo y voluntad para averiguar los momentos de sus deposiciones. Hagámosle caso. Nos va la vida en ello.

50 frases a la grey

Vaya por delante que no suelo hacerme demasiado eco de las equivocaciones y lapsus que padecen los demás. Sean o no políticos. Todos los tenemos y no es cosas de cebarse con la gente cuando no suele gustarnos demasiado que lo hicieran con nosotros mismos. Sucede, sin embargo, que el prota de esta historia ha caído de su pedestal, que ha sustentado precisamente con una retórica discursiva basada en un continuo llamamiento a la “sensatez”,  al “sentido común”, a la sabiduría popular de “El Tato”, al “orden”, a la “responsabilidad”, al “sentido de Estado”, a denostar las formas “atrabiliarias” de los otros contraponiéndolas al “saber comportarse” de la casta propia y al uso de numerosos latiguillos con los que ha venido adornando sus comparecencias en cualquier foro.

En demasiadas ocasiones, y de facto, ha tomado como idiotas a la peña, a la que más bien parecía considerar como una plebe estúpida, a la que se pudiera engañar casi siempre. El “casi” fue su perdición. Se enredó con su socio principal, al que terminó desquiciando (votó a favor del que criticaba a degüello) llamándolo aprovechategui, y descuidó y perdió al aliado imprescindible en el último suspiro de los minutos basura de un partido que no supo jugar hasta el pitido final, bien por voluntad propia o por consejo ajeno.

No se trata pues de hacer leña del árbol caído, sino de dejar constancia de la gramática gatopardiana de una época felizmente periclitada, aunque permanezcan todas las incógnitas y razonables incertidumbres sobre el porvenir. Más que nada porque ya conocemos el percal de los sucesores. Como dice el periodista Antonio Maestre, en un artículo muy recomendable, “Las personas de clase humilde se conforman con pequeñas victorias. ¿No es eso la felicidad? Pequeños triunfos puntuales que alimentan la esperanza y les hacen sentir poderosos, por un minuto, por un breve instante, hasta que vuelven a sus quehaceres diarios. La alegría dura poco en casa del pobre, por eso se alimenta de ilusión, porque es consciente de que el gran incendio necesario para arrasar con los cimientos de aquello que les hace la vida imposible no va a ocurrir. Por eso se afana en prender pequeños fuegos por todas partes con la vana esperanza de que se junten para cambiar de forma concreta su existencia y empezar a construir desde las cenizas una nueva realidad. No hay clase más realista que la trabajadora, sabe cuáles son sus dificultades y no se deja engañar por vanas promesas de cambio”.

El tuitero Aitor Galisteo ha estado avispado publicando un hilo en el twitter de las frases célebres, trabucadas, inconexas, desordenadas, absurdas, cambiadas, trastocadas, ininteligibles o tautológicas del expresidente Rajoy. Y eso que en el 99% de las veces que hablaba en público lo hacía como lector del texto que llevaba escrito. Se hubiera comprendido mejor si hubiera prescindido de los papeles. Porque, o bien la corte de asesores de comunicación son unos incompetentes, o el nota lee fatal, o añade de su cosecha las meteduras de pata que mueven a la chufla, o todo obedece a una estrategia comunicativa que consista en que hay que equivocarse de vez en cuando para entretener al personal, o hacer más humano al personaje, o recurrir a la risa, sonrisa o cachondeo del respetable. Casi siete años en el machito dan para este ejercicio de cotilleo periodístico y que muchos profesionales del ramo suelen utilizar con fruición. Todas las frases están acompañadas en el tuíter de sus correspondientes youtubes, que quedarán para los anales de la guasa y que muchas de ellas difícilmente podrán ser traducidas a otras lenguas. Fin de la cita, Mariano, que pronto llega el verano.

  1. “Es el vecino el que elige el alcalde y es el alcalde el que quiere que sean los vecinos el alcalde”
  2. “Lo que nosotros hemos hecho es engañar a la gente”
  3. “España es una gran nación y los españoles muy españoles y mucho español”
  4. “Somos sentimientos y tenemos seres humanos”
  5. “Dije que bajaría los impuestos y los estoy subiendo”
  6. “Todo es falso, salvo alguna cosa”
  7. “Haré todo lo que pueda y un poco más de lo que pueda si es que eso es posible, y haré todo lo posible e incluso lo imposible si también lo imposible es posible”
  8. “Una cosa es ser solidario y otra ser solidario a cambio de nada”
  9. “Hay cosas bonitas, otras no tanto, y no me acuerdo de ninguna”
  10. “Esto es como el agua que cae del cielo sin que sepamos por qué”
  11. “Ni a Hitler ni a Stalin les han nombrado persona “non grata” en Pontevedra”
  12. “Tenemos que fabricar máquinas que permitan seguir fabricando máquinas porque lo que nunca va a hacer la máquina es fabricar máquinas a su vez”
  13. “¿Ustedes piensan antes de hablar o hablan tras pensar?”
  14. “It’s very difficult todo esto”
  15. “Cuanto peor, mejor para todos y cuanto peor para todos mejor. Mejor para mí el suyo beneficio político”
  16. “La cerámica de Talavera no es cosa menor; dicho de otra forma, es cosa mayor”
  17. “Señor Presidente del Gobierno” (cuando aún él se encontraba en el cargo)
  18. “Como decía Galileo, el movimiento siempre se acelera cuando se va a detener”
  19. “A España vienen 75 millones de españoles cada año”
  20. “¿Y la europea?”
  21. “Un vaso es un vaso y un plato es un plato”
  22. “La segunda ya tal”
  23. “Me gusta Cataluña. Me gustan sus gentes. Son emprendedores. Hacen cosas”
  24. “Fin de la cita”
  25. “No he dormido nada, no me pregunten demasiado”
  26. “Hacemos lo que podemos significa lo que exactamente significa hacemos lo que podemos”
  27. “Lo importante es caerle mejor a más que a menos”
  28. “Vivo en el lío”
  29. “Va a subir el IVA de los chuches”
  30. “Bueno, one hour”
  31. “No es lo mismo que gobierne uno a que gobierne otro. Dicho de otra forma, es muy distinto, muy diferente”
  32. “Bueno, ha estado bien”
  33. “Lo único serio al final en la vida es ser serio”
  34. “La EPA de mañana es la que vamos a conocer en el día de mañana”
  35. “Querido alcalde de Alicante, que así se llama”
  36. “Tengo la costumbre de responder a los mensajes que me manda la gente y lo hago porque tienen mi teléfono”
  37. “La contestación tiene que ser gallega porque no la podría hacer riojana”
  38. “Portaos bien en las ponencias, porque si no os portáis bien en las ponencias es que os estáis portando mal en las ponencias”
  39. “Para mí ser Presidente del Gobierno de mi país es la pera”
  40. “Por las carreteras tienen que ir coches y de los aeropuertos tienen que salir aviones”
  41. “Es una afirmación ruiz, ruín, mezquina y miserable”
  42. “Muchas tardes y buenas gracias”
  43. “No entiendo ni mi letra”
  44. “Feliz 2016” (un 30 de diciembre de 2017)
  45. “Los cinco países del Sahel”
  46. “Me parecen bastante mejorables, por no decir que son una basura”
  47. “Ahí está. Increíble. ¿Quién es ese?” (Rajoy viendo el Roland Garros)
  48. “It’s very complicated”
  49. “- Si bien me quieres Mariano, da menos leña y más grano”
  50. “Hemos estado en un campo de alcachofas y a mí me emociona”.